fotos (y 'fakes') para saltarse la censura

Sopa de murciélagos y cadáveres por el suelo: pánico en la red al virus de Wuhan en China

Las redes sociales se convierten en la principal fuente de información sobre la epidemia del coronavirus de Wuhan. Los bulos se mezclan con las noticias y propagan el miedo

Foto: Dos casos del virus de Wuhan confirmados en Taiwán. (Reuters)
Dos casos del virus de Wuhan confirmados en Taiwán. (Reuters)

Si alguien se limitara a leer la portada del Diario del Pueblo, el periódico del Partido Comunista de China, no tendría ni idea de que el gigante asiático vive su peor crisis sanitaria desde que la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) dejó casi 800 muertos entre 2003 y 2004. Porque, como es habitual, la primera plana de los últimos días ha estado copada por los quehaceres del presidente del país, Xi Jinping. Ayer mismo, mientras el país mantenía a 21 millones de personas encerradas en diferentes ciudades, el periódico abrió con el discurso de Xi para recibir al Año de la Rata, que comienza hoy. Todo apropiadamente acompañado de un retrato del mandatario con el roedor detrás y de una segunda fotografía con un nutrido grupo de dirigentes aplaudiéndole.

Aunque el Gobierno ha hecho hincapié en la necesidad de ser transparente, y la propia Organización Mundial de la Salud le ha aplaudido por ello, hay que bucear en las páginas interiores del diario, o en su web, para encontrar información sobre el coronavirus 2019 nCoV que tiene al país en vilo. Por su parte, el telediario de la noche de CCTV-1, el principal canal del país, también relegó la emergencia sanitaria a la quinta noticia del día. Los primeros minutos están casi siempre dedicados a Xi. Finalmente, la agencia Xinhua también dedica sus principales titulares al discurso del presidente sobre la necesidad de alcanzar “el sueño chino”.

A pesar de que periódicos como Caixin tratan de hacer hueco al periodismo de investigación, y en esta ocasión incluso el diario ultranacionalista Global Times ha establecido una página en la que ofrece información al minuto, es lógico que la población desconfíe tanto del Gobierno, tradicionalmente opaco en su gestión de todo tipo de crisis, como de los medios de comunicación, que están supeditados siempre a los mandatos del Partido. Eso último lo dejó muy claro el propio presidente en una visita a una de las principales redacciones del país: todas las instituciones se deben a la hoz y el martillo, incluida la prensa.

(Reuters)
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En esta coyuntura, las redes sociales se han erigido en fuente de información para la población, ansiosa de conocer la verdad sobre una situación que les puede afectar gravemente. “No me fío de las informaciones oficiales, ni de los datos que ofrecen, ni de la capacidad del país para hacer frente a la crisis”, afirma un joven de Shanghái que prefiere no dar su nombre. “Mi tía es médico. Ayer en su hospital identificaron cuatro pacientes infectados, pero no lo hicieron público. El número de fallecidos es seguro mayor de lo que se reconoce”, añade otra usuaria de Weibo que escribe bajo el pseudónimo Heybalding.

Este es el caldo de cultivo perfecto para que en las redes sociales corran tanto informaciones verídicas como todo tipo de rumores. Se dice que hay aviones fumigando toda la ciudad de Wuhan desde el cielo, que varios dirigentes políticos han huido de la ciudad a pesar de que la ciudad está teóricamente sellada, que los hospitales rechazan a pacientes que parecen haberse contagiado, y que se oculta a la opinión pública un hecho relevante: que algunos de los infectados fallecidos no desarrollaron fiebre en ningún momento de la enfermedad y que, por lo tanto, los controles de temperatura son totalmente ineficaces para prevenir la propagación del nCoV.

Muchas de estas historias compartidas por WeChat o Weibo vienen acompañadas de documentos gráficos que supuestamente corroboran la información y que, en ocasiones, son borrados por la censura, otorgándoles así una sensación de mayor veracidad. Cuando algún mensaje es borrado sin que sea refutado, el público chino lo atribuye no a que sea un bulo sino a que el Gobierno no desea que se conozca su contenido. Está el vídeo borroso de un avión fumigando que podría volar en cualquier parte, fotografías poco nítidas de hombres vestidos de civil subiendo a furgonetas de la Policía que podrían hacerlo por cualquier motivo no espurio, y documentos de audio que teóricamente recogen declaraciones ‘secretas’ de expertos que revelan una verdad tenebrosa que también podría ser fabricada.

(Reuters)
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Las Autoridades han rebatido la información del uso de químicos desde aeronaves, pero en la mayor parte de los casos guardan silencio y dan alas a la especulación. Y ninguna ha sido tan rocambolesca como la de una sopa de murciélago que se ha hecho viral incluso fuera de las fronteras de China. Aunque varía el mensaje que acompaña a las fotografías y los vídeos de una cena en la que un grupo de personas degusta este plato horripilante, hay una constante: se asegura que es una delicia culinaria de Wuhan y que ahí reside el origen de la infección.

Si bien es cierto que los científicos contemplan la posibilidad de que el origen del coronavirus se esconda en una especie de murciélago, y que las imágenes no han sido retocadas, basta con hacer una búsqueda en Google para descubrir que, en realidad, se trata de un plato típico de Palau, un pequeño país insular del Océano Pacífico. “Aunque jamás lo había visto, la verdad es que yo misma creí que era cierto hasta que comprobé que en Wuhan no comemos eso”, afirma azorada una joven de esa ciudad que envió las imágenes a todos sus amigos, incluido este periodista. “Es verdad que hay muchas mentiras circulando por la Red, pero la culpa es del Gobierno, que no informa lo suficiente”, critica.

A las redes sociales que funcionan de forma similar a WhatsApp, Twitter o Facebook se han sumado plataformas de vídeos cortos como Douyin -Tik-Tok en el extranjero- o Kuaishou. Aunque suelen estar destinadas al ocio más banal, ahora se han convertido en emisoras de actualidad en las que términos como ‘virus’ o ‘neumonía’ se han colado entre los más buscados. Y hasta aquí han llegado algunos clips aterradores compartidos luego por todas las vías. Ayer, el más impactante fue el que grabó una supuesta enfermera mientras recorría los pasillos de un hospital en el que había varios cadáveres en el suelo, junto a pacientes a la espera de tratamiento. “Llevan aquí tirados toda la mañana. Estas son las condiciones en las que tenemos que trabajar”, denunciaba la mujer.

(Reuters)
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Otros clips mostraban cómo sanitarios tienen que dormir sentados en las esquinas, completamente agotados, y uno de los más virales mostraba a un médico, protegido con una mascarilla y unas gafas especiales, a punto de llorar mientras afirmaba a gritos por teléfono que él también quería volver a casa.

En otro que provocó la indignación de medio país se ve a un grupo de ciudadanos aparentemente limpiando mascarillas usadas para venderlas como nuevas. “No hay ética. Mientras en Japón reducen el precio para que la gente pueda acceder a ellas, en China hacemos cosas como esta o las tiendas disparan el precio”, criticaba un usuario de Kuaishou.

Todos estos vídeos, que contienen información no verificada, proyectan una imagen muy diferente de la que se refleja en los medios de comunicación oficiales, donde se subraya el orden con el que China está enfrentando la crisis sanitaria. Si en los periódicos aparecen médicos completamente protegidos por trajes contra amenazas biológicas, en los vídeos las enfermeras piden que se les donen mascarillas.

Mientras en la televisión se muestran consultas impolutas, en las redes proliferan largas colas de pacientes. Y cuando el Gobierno pide calma, los internautas publican vídeos de supuestos infectados que caen redondos en plena calle y se rompen la crisma. “Se está viendo que los dirigentes regionales están tratando de tapar lo que sucede, mientras que la gente hace todo lo posible por sacarlo a la luz”, se lamenta un periodista que trabaja en un medio estatal y que pide no dar su nombre. Sin duda, la guerra de la información es tan cruenta como la que se libra contra el coronavirus de Wuhan.

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