"los 'halcones' de trump están al mando"

Jaque a Cuba y Nicaragua: el objetivo de EEUU detrás de la 'operación Venezuela'

Estrangulando a Venezuela y PDVSA, Trump busca recolocar las piezas de un tablero que, una década atrás, estaba plagado de gobiernos socialistas. Hoy el escenario es muy diferente

Foto: Un hombre con una máscara de Trump durante una marcha contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Caracas. (Reuters)
Un hombre con una máscara de Trump durante una marcha contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Caracas. (Reuters)

América Latina es un gran tablero de ajedrez. Estados Unidos-Europa, con blancas, y China-Rusia, con negras, buscan promover sus intereses geoestratégicos a lo largo de la partida. Y, de todas las casillas, la ocupada por Venezuela es actualmente las más codiciada por los jugadores. Sus gigantescas reservas de materias primas sacian las necesidades de empresas chinas y rusas, donde a la vez emana el petróleo que bombea las finanzas de los amigos de la revolución bolivariana en la región: Cuba, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y una galaxia de estados caribeños.

Con su explícito apoyo a Juan Guaidó —autoproclamado presidente—, Donald Trump ha alineado sus torres con el firme objetivo de derrocar a Nicolás Maduro. A golpe de sanciones, Trump busca asfixiar económicamente al Gobierno de Maduro cortándole todo acceso a dólares por las ventas de petróleo en EEUU, donde la estatal PDVSA obtiene el 90% de sus ingresos. Y sin dólares no hay importaciones, se complican los pagos de deuda y no es posible revertir una producción petrolera en declive. PDVSA producía casi 3 millones de barriles diarios en 2014, en enero solo extrajo 1,1 millón de barriles al día en el país con mayores reservas probadas de petróleo en todo el mundo.

Mediante este movimiento, EEUU no solo da 'jaque' a Maduro, sino que lanza un misil contra la denominada "troika de la tiranía", triángulo formado por Venezuela, Cuba y Nicaragua al que así apodó recientemente John Bolton, el consejero de Seguridad Nacional de Trump. Con su 'diplomacia petrolera', Caracas ha apoyado a los aliados del chavismo con una simple fórmula: ayuda financiera y crudo barato. Cuba y Nicaragua —entre otros— compraban petróleo a precios preferenciales, mientras que Ecuador (con Rafael Correa) o Bolivia cerraban multimillonarios acuerdos de inversión con Venezuela.

Pero el precio del petróleo se hundió en 2014 y, desde entonces, la 'diplomacia petrolera' se ha ido prácticamente al garete. Cuba actualmente compra unos 50.000 barriles al día a Venezuela, sin embargo, hasta hace poco recibía 115.000 diarios con los que prácticamente cubría la totalidad de sus necesidades de consumo, ubicadas en 150.000 barriles. A cambio de estos barriles, Venezuela recibe médicos y expertos cubanos en áreas clave como seguridad e inteligencia.

Estrangulando a Venezuela y PDVSA, Trump busca precisamente recolocar las piezas de un tablero latinoamericano que, una década atrás, estaba plagado de gobiernos socialistas. Hoy el escenario luce muy diferente.

Los eslabones más vulnerables

De aquella 'pandilla' solo quedan Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia. Los gobiernos de socialistas en Argentina y Brasil son pasado tras la victoria de Mauricio Macri en 2015 y la de Jair Bolsonaro en 2018. Ecuador con Lenin Moreno en 2017 abandonó la estrecha relación que su antecesor Rafael Correa cultivó con el chavismo, mientras que en El Salvador la reciente victoria de Nayib Bukele entierra una década de gobiernos del FMLN, partido cercano a Maduro.

Y, a corto plazo, la vieja alianza socialista latinoamericana podría verse todavía más debilitada. Bolivia celebra elecciones en octubre y podría poner fin a 14 años consecutivos de Evo Morales, mientras que en Nicaragua no se puede descartar un cambio de gobierno debido a la profunda crisis sociopolítica que atraviesa Daniel Ortega. Van más de 325 muertos tras casi un año de protestas, según la OEA. Cuba, por su parte, busca su propia supervivencia desde 2014, cuando empezó su apertura ante la tormenta que se avecinaba sobre Venezuela.

"Cuba y Nicaragua van a verse directamente afectados por las sanciones y lo que pase en Venezuela", dice Rodrigo Páez, investigador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Así, las sanciones de EEUU incluyen además a la nicaragüense Albanisa, una distribuidora de petróleo copropiedad de PDVSA y del gobierno de Ortega. Las sanciones también impactan al banco Bancorp —propiedad de Albanisa—medidas que dañan al Ejecutivo nicaragüense afectado por la crisis económica derivada de la inestabilidad política.

Nicolás Maduro habla con el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en Caracas. (EFE)
Nicolás Maduro habla con el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en Caracas. (EFE)

Ya en octubre, el propio Gobierno de Nicaragua estimó unas pérdidas de 1.180 millones de dólares por las protestas que se iniciaron en abril de 2018. Cerca de 347.000 personas han perdido su empleo y el crecimiento en el sector turístico, una de sus principales industrias, se detuvo como consecuencia de las manifestaciones. A esta situación, hay que sumarle el fin del petróleo barato venezolano. "Nicaragua se benefició del petróleo barato, pero fue de los primeros países a los que Venezuela se lo cortó cuando se desplomaron los precios", dice Antonio Gil Fons, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Autónoma de Guadalajara (México).

Cuba, por otro lado, dio comienzo en el segundo mandato de Obama a descongelar sus relaciones con EEUU. Las embajadas en La Habana y Washington abrieron de nuevo sus puertas en 2015, tras permanecer cerradas desde 1961. "La apertura de Cuba se produjo según Venezuela entraba en crisis", dice Gil Fons sobre un proceso que con la llegada de Trump se frena en seco. Es entonces, en 2017, cuando EEUU aprueba las primeras sanciones contra Venezuela.

La estrategia de Trump con Cuba

"Trump ha supuesto un cambio radical en la política exterior de EEUU con América Latina", dice Páez. "Los 'halcones' están al mando de una política exterior que es definitivamente más agresiva que en la época de Obama", dice Páez en referencia a Bolton, quien ya ocupó un puesto importante en el Departamento de Estado en la administración de George W. Bush durante la invasión a Irak.

Para Gil Fons, este cambio responde a la constante estrategia de Trump de buscar "negociar desde una posición de fortaleza". "Él se vende como un gran negociador, pero solo tiene éxito en sus negociaciones cuando logra una posición de fuerza", dice. En ese aspecto, el profesor considera que la estrategia de EEUU con Cuba pasa por esperar a que Venezuela caiga aún más o esperar a que Guaidó tome el poder en detrimento de Maduro.

"Los 'halcones' están al mando de una política exterior que es mucho más agresiva que en la época de Obama"

"Si en Venezuela hay un cambio, Cuba se encontrará con un gran problema porque la economía rusa no es tan boyante y la de China también enfrenta varios problemas", agrega el experto. Sería entonces cuando Trump podría intentar abrir una negociación desde una posición de superioridad. "Es justo lo que hizo con el tratado de libre comercio: cuando dijo que el TLCAN se acababa, entonces México y Canadá firmaron el nuevo acuerdo", considera Gil Fons.

Pero no es la primera vez que Cuba se enfrenta a una complicada situación geopolítica y el régimen sale airoso. Ya a inicios de los 90 —tras la caída de la Unión Soviética (URSS)— la economía cubana se vio severamente afectada y obligó al Gobierno a realizar un drástico cambio del modelo productivo. Durante la Guerra Fría, la URSS compraba casi todo el azúcar que la isla producía y, además, a precios superiores a los que ofrecían los mercados. Para salvar a la isla del colapso, Fidel Castro implementó un drástico programa de racionamiento, a la vez que diversificó la economía a sectores como el turismo y la captación de remesas como vías para obtener dólares.

"Seguramente en Cuba ya han previsto otras fuentes de suministro de petróleo en Europa y Asia, aunque no es lo mismo que Venezuela que está muy cerca", dice Páez, quien se muestra escéptico ante una posible caída del gobierno cubano como consecuencia de la crisis venezolana. "Si algo nos ha enseñado Cuba, precisamente, es que ha sido capaz de sobrevivir a muchísimas crisis", dice Páez. Al final de cuentas, casi 30 años después de la caída del telón de acero, el Gobierno comunista de Cuba sigue existiendo; la URSS, a pesar de todo su poder económico, no.

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