el trabajo en la escena internacional

Maduro, contra las cuerdas: la estrategia de la oposición para llegar hasta aquí

Que buena parte de la comunidad internacional respalde a Guaidó no es azaroso. Esto es una estrategia que se viene gestando desde hace tiempo. Al menos, un año

Foto: El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y autoproclamado presidente interino del país, Juan Guaidó (c), habla con los medios de comunicación. (EFE)
El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y autoproclamado presidente interino del país, Juan Guaidó (c), habla con los medios de comunicación. (EFE)

En béisbol, estar en tres y dos es estar en cuenta máxima (tres bolas y dos 'strikes'), sin posibilidades de acción. Entre la espada y la pared. Así parace que ha dejado la oposición a Nicolás Maduro y la cúpula del Gobierno en estas semanas. No ha sido algo que consiguieran solos, ni ha surgido de modo repentino, al menos no todos los elementos en juego. Que buena parte de la comunidad internacional respalde a Juan Guaidó, bien dándole apoyo bien diciendo que lo reconocen como presidente encargado de Venezuela, no es azaroso. Esto es una estrategia que se viene gestando en el tiempo. Al menos, un año.

La mesa de diálogo entre oposición y Gobierno empezó en 2014, después de las protestas de ese año. Desde ahí, han tenido altos y bajos, y no muchos resultados, como se evidencia en la coyuntura actual. En enero de 2018 se retomó con varias reuniones en República Dominicana pero, finalmente, en febrero, no se llega a los acuerdos que ponen sobre la mesa ambas partes.

Es allí mismo donde cada parte decide aplicar su estrategia. Nicolás Maduro se inclinaría por hacer elecciones y adelantarlas de diciembre a mayo, con la idea de no tener un contexto económico aún más complicado. La oposición se implicaría en el escenario de deslegitimar las elecciones.

Una simpatizante de Juan Guaidó sostiene una bandera de Venezuela durante una misa en Caracas. (Reuters)
Una simpatizante de Juan Guaidó sostiene una bandera de Venezuela durante una misa en Caracas. (Reuters)

“Esa estrategia de la oposición implica un trabajo por el cual se decide la no participación en las elecciones, se decide no convalidarlas. Y, paralelamente, por fuera, se busca lograr acuerdos para que los países desconocieran esa elección. Esos dos puntos se suman a un tercero: construir una alternativa al Gobierno usurpador en la Asamblea Nacional y hablar de ilegitimidad y usurpación de Nicolás Maduro. Además, también entra en juego mantener el pacto que la oposición había hecho en diciembre de 2015 de elegir una junta directiva cada año por consenso”, explica la analista Colette Capriles.

Tras las protestas y la actividad política de 2017, y con la caída del diálogo, la llegada de las elecciones en mayo, con los resultados esperados y conocidos, pareciera que Venezuela y en concreto la oposición, cayó en hibernación. Solo fue de puertas hacia adentro.

No fue 2018 un año de letargo, sino de trabajar en el escenario internacional. Se hicieron denuncias muy fuertes con respecto a las condiciones de inequidad y falta de transparencia que rodearon las elecciones del 20 de mayo, pero esa campaña contundente de denuncia fue en foros internacionales. 2018 fue el año de demostrar a la comunidad internacional lo que estaba pasando en Venezuela”, explica la analista política Aimeé Nogal.

Por ello, dice Nogal, ahora retoman la agenda porque tienen el apoyo exterior. “Julio Borges, María Corina Machado... Muchos dirigentes se apoyaron en eso. Fue el año del tema de la ayuda humanitaria, corredores para facilitar la migración. Y ese también es un factor innegable: la migración y su impacto regional, no solo en el tema de seguridad sino en los mercados laborales”.

Fortuna y virtud

“Era una estrategia pensada. Hasta ahora, ha funcionado con variables que no podías prever hace un año, por ejemplo, la hiperinflación”, dice Colette Capriles en referencia a la caída de la economía. “Las variables colaterales son eso, el contexto económico y que el Gobierno lo ha hecho mal. No está nada empático”. Y, dice, también la “suerte” en cómo ha caído Juan Guaidó.

“Puedes tener todo armado, pero luego el tipo puede no funcionar. Hasta ahora parece que sí ha ido bien. Tiene apoyo exterior y hubo un buen comportamiento de los extremos de la oposición”, dice Capriles.

Y el tiempo. “A Guaidó le tocó la suerte de ser presidente de la Asamblea antes de la toma de posesión de Nicolás Maduro. Eso es un elemento histórico. Se juntaron la fortuna y la virtud, que decía Maquiavelo. El filósofo político se refería con la fortuna a cómo le va en su vida, si vive o muere. Y la virtud, que es la capacidad de entender el momento político. Este muchacho [Guaidó] sorprendió por la virtud de poder entender el momento, y sin tantas estridencias ni poses para la galería, ha planteado un reto para Maduro y ha tenido fortuna. Hasta ahora, Maduro no lo ha podido repeler”, explica Luis Salamanca, analista.

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