no está claro qué tories son leales a la premier

El Gobierno británico sobrevivirá al verano: el final de curso más agónico para May

La premier ha tratado de adelantar el periodo ordinario de sesiones de la Cámara de los Comunes, porque cada día resulta crítico. Ahora, el horizonte político se desplaza a septiembre

Foto: Theresa May durante su aparición en un programa de la BBC, el pasado 15 de julio de 2018. (Reuters)
Theresa May durante su aparición en un programa de la BBC, el pasado 15 de julio de 2018. (Reuters)

El hecho de que Theresa May haya presentado esta semana una moción para que el periodo de sesiones ordinario de la Cámara de los Comunes concluyera el jueves, en vez del próximo martes, no es una mera anécdota. Mandar a sus señorías de vacaciones antes de lo previsto era un intento a la desesperada de garantizar su liderazgo, al menos hasta septiembre.

Ante la oleada de críticas, la moción finalmente fue retirada, aunque en la práctica la mayoría de los diputados han dado por terminado el curso escolar. La primera ministra británica pasará, por tanto, el verano en Downing Street. Pero nadie sabe lo que puede ocurrir a su regreso, cuando se entre en la recta final de negociaciones del Brexit. Los últimos días han dejado claro la situación agónica que se vive en Westminster.

Ya no es sólo la grave crisis que atraviesa el Ejecutivo o la guerra civil en las filas tories, sino el problema de las mayorías. No hay mayoría para apoyar un Brexit blando, pero tampoco la hay para un Brexit duro. Las vacaciones pueden mejorar el tenso clima que se vive en el Gabinete -donde en 9 días se han presentado 10 dimisiones-. Sin duda alguna los diputados comenzarán el próximo curso más relajados. Pero eso no cambiará los números. Negocie lo que negocie May con Bruselas, hay serias dudas de que luego pueda aprobarse en Londres.

En las filas conservadoras, no está claro quién es leal al Gobierno y quién es rebelde. Se trata de una cuestión que cambia cada día y dentro de cada día, cada hora. Este miércoles, por ejemplo, lo que amenazaban con rebelión eran los tories euroescépticos. Para evitar revuelta y conseguir aprobar la Ley de Aduanas, May aceptó sus concesiones. Pero entonces el jueves, los tories pro UE eran los que amenazan su liderazgo al querer sacar adelante una moción en el proyecto de Ley de Comercio para dejar al Reino Unido dentro de la unión aduanera si finalmente no se llega a un acuerdo de divorcio.

En ambos casos, la premier consiguió evitar la humillación “in extremis”. El miércoles, por 3 votos. El jueves, por 6. Todo fue gracias a la intervención de cuatro laboristas rebeldes y al error -para muchos imperdonable- del actual líder de los Liberal Demócratas y su predecesor que, por motivos de agenda, no estaban en eses momento en la Cámara. Si los dos políticos pro UE hubieran participado en la votación, es muy posible que el destino de May fuera ahora otro.

Boris Johnson llega a la Carlton House Terrace en Londres, el 10 de julio de 2018. (Reuters)
Boris Johnson llega a la Carlton House Terrace en Londres, el 10 de julio de 2018. (Reuters)

"Nunca había visto un clima tan tóxico"

La premier es consciente de que no tiene ningún tipo de poder en sus filas. Su autoridad desapareció en junio del año pasado, cuando convocó elecciones anticipadas y acabó perdiendo la mayoría absoluta. Por lo tanto, la única carta que le queda es la que pone encima de la mesa cada vez que se ve en serio peligro: si acabáis conmigo, daréis el poder a Jeremy Corbyn.

Sin claro candidato para la sucesión, una batalla por el liderazgo en el Partido Conservador puede acabar derivando en unas elecciones generales anticipadas. Todos lo saben. No es que los laboristas tenga un plan definido por el Brexit, tampoco es que se muestren especialmente unidos. Pero por ahora se limitan a ver desde la grada el circo romano de los rivales y lideran las encuestas de intención de voto.

Para forzar una moción de confianza contra May, el 15% de los diputados conservadores deben enviar una carta a Sir Graham Brady, presidente del Comité 1922, que representa a los tories sin cartera. Los euroescépticos capitaneados por el influyente Jacob Rees-Mogg pueden reunir a día de hoy, sin problemas, las 48 misivas necesarias. Lo que no está tan claro es que luego puedan reunir los 159 votos que harían falta para deshacerse de May y forzar tener batalla por el liderazgo. Y para presentar otra moción de confianza habría que esperar un año por lo que deben jugar bien sus cartas.

La última reunión del grupo parlamentario tuvo lugar el miércoles por la noche. No hubo petición de moción. Pero, tal y como ha confesado el que fuera presidente del partido, Lord Patten, nunca ha visto “un clima tan tóxico” ni tanta “hostilidad” en las filas tories como hasta ahora. Según ha podido saber El Confidencial, un importante núcleo duro del sector euroescéptico ya está trabajando para que, si se da el escenario, se pueda plantear una candidatura conjunta para presentar a Boris Johnson como futuro primer ministro y a Ress-Mogg como futuro responsable del Tesoro.

Jacob Rees-Mogg habla con la prensa frente al Parlamento, el pasado 9 de julio de 2018. (Reuters)
Jacob Rees-Mogg habla con la prensa frente al Parlamento, el pasado 9 de julio de 2018. (Reuters)

Preparando el congreso de septiembre

Según la última encuesta de YouGov, publicada a principios de mes, Johnson no es el más popular entre los miembros del partido, que en última instancia, son los que tienen que votar entre los dos candidatos que les presenten los diputados. Pero sus aliados aseguran que su popularidad se ha disparado desde que presentara su dimisión al no estar de acuerdo con la propuesta comercial que May ha presentado formalmente a Bruselas, un plan que, según Johnson, llevará al Reino Unido a “un limbo miserable y permanente”.

La estrategia plantea la creación de “un área de libre comercio para bienes”, con equivalencia normativa y un “dispositivo facilitado de aduanas”, que haría que el Reino Unido y los Veintisiete funcionaran como “un territorio aduanero combinado”. La premier defiende que es la única alternativa para evitar una frontera durante entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte y así lo ha recalcado de nuevo en la visita que ha realizado este jueves y viernes a la provincia británica. Por si no fueran pocos los problemas, los unionistas norirlandeses del DUP, de cuyo apoyo depende para gobernar en minoría, amenazan con retirar su respaldo si Irlanda del Norte acaba con un régimen distinto a la del resto del Reino Unido. May pasará luego todo el verano de gira por el país en un intento por convencer a los miembros escépticos del partido para que respalden su plan de cara a septiembre, cuando tendrá lugar el congreso anual de la formación.

Por su parte, el lobby pro UE apoyado por George Soros aprovecha la crisis para intensificar su campaña pidiendo un segundo referéndum en el que los británicos puedan votar entre salir del bloque con el acuerdo del Brexit que pacte el Gobierno o quedarse en el club comunitario con las condiciones actuales. De momento, la que fuera secretaria de Estado de Educación, Justine Greening, se ha convertido en la tory de más alto rango en apoyar públicamente un nuevo plebiscito.

Al otro lado del Canal de la Mancha, se observa cada paso con preocupación. Si se quiere cumplir con el calendario previsto, para otoño habría que cerrar un acuerdo de divorcio y esbozar, al menos un marco, sobre cuáles van a ser las futuras relaciones comerciales. Pero, tal y como está la situación, tanto Londres como Bruselas preparan paralelamente planes de contingencia.

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