Acuerdo en Alemania: un paso adelante pero pocos motivos para el optimismo. Noticias de Mundo
BERLÍN no tendrá gobierno hasta marzo

Acuerdo en Alemania: un paso adelante pero pocos motivos para el optimismo

Una nueva gran coalición se acerca, aunque Berlín no vaya a tener gobierno, en el mejor de los casos, hasta marzo. El proceso está aún rodeado de incertidumbres que podían llevarlo al fracaso

Foto: Angel Merkel, Martin Schulz y Horst Seehofer tras el acuerdo. (Reuters)
Angel Merkel, Martin Schulz y Horst Seehofer tras el acuerdo. (Reuters)

El bloque conservador liderado por Angela Merkel y los socialdemócratas de Martin Schulz han llegado de madrugada a un acuerdo de bases sobre el que negociar la formación de un gobierno estable para Alemania. ¿Qué significa esto? Que una nueva gran coalición se acerca, aunque Berlín no vaya a tener gobierno, en el mejor de los casos, hasta marzo. Pero no hay que dejarse llevar por el optimismo, pensar que ya está todo encarrilado y la crisis en Berlín sofocada. El proceso está aún rodeado de incertidumbres que podían llevarlo al fracaso. Además, lo que une a unos y a otros en este pacto es más el miedo a unas nuevas elecciones que una visión común valiente sobre el futuro de Alemania. La legislatura del fin de la era Merkel se prevé farragosa y bronca, con un gobierno débil -y posiblemente dividido- y la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), crecida, como líder de la oposición.

Tras una última sesión de negociación de 24 horas, los equipos de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, la bávara Unión Socialcristiana (CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) han empezado a filtrar a los principales medios del país que, in extremis, se ha logrado un acuerdo. Fumata blanca en el último día de la primera fase de los contactos. El texto consensuado tiene 28 páginas. Ésta es la base sobre la que a lo largo de febrero se deberían a volver a encontrar todas las partes para cerrar los detalles del acuerdo de gobierno que debería después desarrollarse a lo largo de la legislatura.

Se da así carpetazo a la primera fase de los contactos entre conservadores y socialdemócratas, que empezaron el pasado domingo. Y también a los más de tres meses de parálisis en Berlín desde la elecciones del pasado 24 de septiembre. Atrás queda, sobre todo, el estrepitoso fracaso del primer intento de formar gobierno, las conversaciones entre conservadores, liberales y verdes, que reventaron de forma inédita tras cinco semanas de negociaciones. También el controvertido giro de 180 grados de Schulz, que pasó de aseverar que su partido marchaba a la oposición a abrirse a un nuevo pacto con los de Merkel.

No obstante, el camino hasta que Berlín vuelva a estar operativo es largo. Las cúpulas de los tres partidos involucrados deben ahora respaldar el texto y, en el caso del SPD, sus delegados deben respaldarlo en un congreso extraordinario, previsto para el 21 de enero en Bonn. Y además, tras la segunda fase de las negociaciones, los socialdemócratas convocarán a sus bases a un referéndum -como el que ya celebraron en 2013 para la gran coalición de la pasada legislatura- para ratificar el acuerdo final. Entonces el 87% de los militantes respaldaron la apuesta de la dirección, pero la situación es ahora radicalmente distinta. El SPD obtuvo en las últimas generales su peor resultado desde 1949 -un magro 20,5 por ciento- en gran medida por su participación como socio minoritario en el gobierno de Merkel. Hay dentro del partido un grupo -encabezado por sus juventudes- abiertamente en contra de la gran coalición.

Sobre el texto, hay pocos motivos para el optimismo tanto en Alemania como en Europa. El acuerdo se entiende como una medida de supervivencia política por todas las partes. Merkel se encuentra en una posición inusualmente débil tras los malos resultados electorales: con el 33% de los votos la CDU/CSU obtuvo su segundo peor resultado en unas generales. Sus decisiones en la crisis de los refugiados soliviantaron al sector más conservador de su partido y provocaron la marcha de cerca de dos millones de votos, que fueron para los liberales y para la ultraderecha. Schulz, por su parte, está luchando a cualquier precio para mantener con vida su carrera política, en estado comatoso tras la debacle electoral. Horst Seehofer, el presidente de la CSU, acaba de tener que ceder la presidencia del Land de Baviera a su mayor rival interno en el partido y de este acuerdo depende que pueda quizá prolongar cuatro años más su vida pública como ministro en Berlín.

Acuerdo en Alemania: un paso adelante pero pocos motivos para el optimismo

Con estos mimbres, no es de extrañar que no haya audacia en el texto consensuado. Según las primeras filtraciones, el acuerdo tiene medidas para contentar a unos y otros, dando aquí algún dulce, suavizando allá algún punto que en las filas contrarias pueda doler más. Así hasta repartirse los 45.000 millones de euros de ingresos extras que según las últimas estimaciones oficiales va a tener el Gobierno federal disponibles para la próxima legislatura gracias, entre otras cuestiones, a un aumento de la recaudación vía impuesto de la renta. La boyante situación de la economía alemana -y en especial del mercado laboral- ha facilitado en este sentido las negociaciones.

Como exigía la bávara CSU, se va a tratar de limitar el número de refugiados que se acogen a una horquilla anual de entre 180.000 y 220.000 y se va a endurecer ligeramente el derecho de reagrupación familiar para extranjeros. A cambio el SPD podrá esgrimir ante sus bases que se van elevar las aportaciones de las empresas a la seguridad social, para que vuelvan a pagar lo mismo que los trabajadores, y que se va a mantener el nivel de las pensiones hasta 2025. También que se incluya el derecho de los trabajadores para volver de la media jornada a la completa. La CDU, por su parte, destacará que ha conseguido que no se suban los impuestos -como querían los socialdemócratas, que proponían elevar del 42 al 45 por ciento el último tramo. Además, podrá aducir que ha logrado incluir en el texto la reducción progresiva del llamado impuesto de solidaridad que los ciudadanos del oeste pagan para la modernización del este.

Parece además que ha quedado fuera del acuerdo cualquier plan medioambiental radical. No se va a poner una fecha final para los motores diésel (como sí han hecho otros países como Francia y Reino Unido) ni se ha diseñado un calendario para cerrar las contaminantes centrales de carbón del país. Los grandes anuncios de campaña para invertir en educación y en internet de banda ancha no parecen haberse materializado, al menos no en la escala prometida. Sobre los planes comunes para Europa tampoco ha trascendido nada por el momento. Pero no se puede esperar que Berlín abrace las propuestas de integración para la eurozona del presidente francés, Emmanuel Macron, pues implicarían mayores aportaciones financieras por parte de Alemania, algo a lo que los conservadores se niegan.

Rueda de prensa tras el acuerdo. (Reuters)
Rueda de prensa tras el acuerdo. (Reuters)

En este contexto, se prevé una legislatura difícil en Berlín y reformas graduales o de poco calado en Europa y la eurozona. Según una encuesta publicada este jueves, el 56% de los alemanes cree que Merkel, aunque logre formar gobierno, no terminará la legislatura. Las conversaciones sobre su posible sucesor inundan ya los mentideros de Berlín y los principales medios. Tampoco se salvan de este tipo de conversaciones Schulz y Seehofer.

Además, el acuerdo entre los dos grandes partidos tiene una perturbadora derivada en Alemania: el liderazgo de la oposición recaerá en la tercera mayor fuerza política, AfD, que el 24 de septiembre obtuvo el 12,6 por ciento de los votos y que ahora cuenta con 92 escaños en el Bundestag. Cuando Merkel, por ejemplo, acuda al parlamento alemán para una declaración de gobierno la primera réplica a sus palabras vendrá de un representante de esta formación de carácter ultranacionalista y xenófoba. Sus líderes han hablado de disparar a refugiados en la frontera y animado a sentirse orgullosos de los soldados alemanes en la II Guerra Mundial.

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