las urnas conllevan meses de parálisis

¿Elecciones o gobierno en minoría? Alemania se hunde en la incertidumbre

Alemania se ha enfangado de golpe en la inestabilidad. El colapso de las negociaciones para formar una coalición aboca al país a una incertidumbre inédita para la locomotora europea

Foto: La canciller alemana Angela Merkel durante una reunión del grupo parlamentario de la CDU/CSU en el Bundestag, en Berlín. (Reuters)
La canciller alemana Angela Merkel durante una reunión del grupo parlamentario de la CDU/CSU en el Bundestag, en Berlín. (Reuters)

Alemania se ha enfangado de golpe en la inestabilidad. El colapso de las negociaciones para formar una coalición entre conservadores, liberales y verdes aboca al país a una situación de incertidumbre inédita para la locomotora europea, que se precia de ser un "ancla de la estabilidad" en el continente. A la vista está un gobierno de Angela Merkel en minoría, algo que no desean ni la canciller ni la mayor parte de la sociedad alemana. O, la opción que va cobrando fuerza pese a sus derivadas insondables, la celebración de nuevas elecciones. Recurrir de nuevo a las urnas provocaría meses de parálisis institucional en Alemania y Europa. Y en absoluto asegura una resolución a la cuestión de fondo, porque los resultados podrían ser muy similares.

El camino hasta el presente ha sido tortuoso. La senda que se abre ahora en Alemania podría serlo aún más.

Un camino incierto se abre...

El presidente alemán es quien tiene ahora la sartén por el mango. Es una de las pocas ocasiones en las que la constitución otorga a este cargo eminentemente protocolario unas competencias de relevancia política. Frank-Walter Steinmeier, exministro de Exteriores por los socialdemócratas, va a convocar ahora a los líderes de todos los partidos con representación parlamentaria. Angela Merkel ha pasado ya este lunes por su despacho y está previsto que los responsables de los demás partidos en el Bundestag desfilen por la sede presidencial de Bellevue a lo largo de esta semana.

En una declaración institucional, Steinmeier ha exigido a todas las formaciones "disposición al diálogo", "reflexión" y "responsabilidad". "El 24 de septiembre los partidos se postularon para asumir la responsabilidad de gobernar Alemania. Una responsabilidad que, según la Constitución, no se puede devolver sin más a los electores", subrayó el presidente, que ha advertido de los riesgos que se avecinan.

A continuación, aunque sin un período de tiempo prefijado, el presidente alemán debe designar un candidato a la Cancillería y convocar una primera votación en el Parlamento. Tanto en ésta primera ronda como en la segunda, que se tiene que celebrar en un plazo máximo de 14 días, la candidata deben obtener mayoría absoluta para resultar elegida. Si no, la ley prevé que se celebre de inmediato una tercera votación en el Bundestag en la que la candidata saldría elegida con mayoría simple.

Pero eso no haría automáticamente a Merkel canciller. Porque el presidente alemán tiene la potestad, en los siguientes siete días, de proclamar jefe del Ejecutivo a la candidata más votada o convocar de nuevo elecciones. Steinmeier se ha mostrado reacio a llamar de nuevo a las urnas. Pero la gran mayoría de los partidos y la sociedad apunta en sentido contrario.

La canciller aseguró este lunes en una entrevista en la televisión pública ZDF que unas nuevas elecciones eran una "mejor vía" que un gobierno en minoría. Su partido, agregó, no tiene ningún miedo a acudir a las urnas (y ella está dispuesta a liderarlo). Lo mismo han dicho la mayoría de partidos. Los que negociaban para formar una coalición y los que no.

La sociedad alemana, aferrándose a la querencia alemana por la estabilidad, también prefiere elecciones antes que un Ejecutivo que tenga que buscar apoyos variables en el Bundestag (una fórmula que hasta el momento no se ha dado en la República Federal). Según una encuesta para la cadena pública ARD, el 63% de los alemanes optaría por repetir los comicios. Solo un 29% apoyaría un gobierno en minoría. Otro sondeo, de la casa Forsa para la televisión RTL, situaba como opción más deseada también la reedición de las elecciones (45%), seguida por una gran coalición de conservadores y socialdemócratas (29%) y por un Ejecutivo en minoría (24%).

Si Steinmeier optase por disolver el Bundestag tras esa semana de reflexión, las nuevas elecciones deberían celebrarse en un plazo máximo de 60 días. Como pronto, el próximo febrero. Alemania llevaría para entonces medio año inactiva y ciertamente limitada para tomar decisiones ejecutivas ante situaciones imprevistas. Aún peor es la situación en la UE, que daba por sentado que, tras los comicios en Alemania, el renovado eje franco-alemán con Merkel y Emmanuel Macron al frente, lograría dar al bloque el espaldarazo que precisa para avanzar en su integración y superar su actual crisis de identidad. Pero hasta que Berlín no resuelva su actual laberinto político no pueden esperarse decisiones cualitativas en asuntos clave como el gobierno de la eurozona, el Brexit, la unión bancaria, la política común de Defensa o la política migratoria. Y el mundo (China, Rusia, Turquía o Estados Unidos) no espera.

Angela Merkel durante su reunión con el presidente Frank-Walter Steinmeier tras el fracaso de las negociaciones para formar una coalición. (Reuters)
Angela Merkel durante su reunión con el presidente Frank-Walter Steinmeier tras el fracaso de las negociaciones para formar una coalición. (Reuters)

... tras una senda tortuosa

Tirando del hilo político que acaba en el colapso de las negociaciones para formar coalición se llega, tras desenrollar mucho la madeja, a la crisis de los refugiados. Éste ha sido sin duda el fenómeno que más ha polarizado Alemania en los últimos años. La llegada de más de un millón de extranjeros desde 2015 a la primera economía europea supuso un antes y un después en la era Merkel. La situación fracturó a los conservadores y dio una excusa a la ultraderecha para azuzar el miedo y lograr réditos electorales. En las generales la CDU de Merkel y su hermana bávara la Unión Socialcristiana (CSU) obtuvieron un 33% de los votos, su peor resultado desde 1949. La ultraderecha irrumpió por primera vez en décadas en el Bundestag y, con el 12,6% de los votos, se convirtió en tercera fuerza.

Otro de los elementos clave para entender la situación actual es la situación del Partido Socialdemócrata (SPD). En las elecciones lograron un 20,5% de los votos. Quedaron segundos, pero cosechando sus peores registros en unas generales. La formación achacó los resultados al desgaste propio del socio minoritario en la coalición de la legislatura previa y anunciaron su marcha a la oposición. Era el momento de renovarse, anunciaron. Su presidente, Martin Schulz, se enrocó en esta postura la misma noche de las elecciones. Y de ahí no ha salido.

Con la ultraderecha fuera de todo cálculo político y los socialdemócratas retirados por voluntad propia solo había un camino hacia adelante, según la aritmética, para la canciller. Se llamaba Jamaica porque la bandera de este país caribeño tiene los tres colores que tradicionalmente representan a conservadores (negro), liberales (amarillo) y ecologistas (verde).

Se trataba de un pacto inédito a nivel federal, pero excitó no pocas mentes en sus primeros compases. Conservadores, liberales y verdes podían dar un soplo de aire fresco a Berlín. Fundar un gobierno conjunto que apostase a la vez por dinamizar la economía y proteger el medio ambiente, que modernizase Alemania y revitalizase Europa. Un ejecutivo con las mejores cabezas de cada partido. De este sueño quedan ahora sólo las ruinas.

Las consultas duraron cinco semanas y cada avance había costado sangre, sudor y lágrimas. En asuntos como la política migratoria, los impuestos las diferencias seguían siendo insalvables. El FDP anunció al abandonar las conversaciones que el texto base común que habían logrado consensuar tenía más de 270 puntos de fricción.

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