la cdu y el spd quieren acabar con la parálisis

Merkel corteja a Schulz: comienza el largo camino para formar Gobierno en Alemania

La canciller debe hilar muy fino para hacer las concesiones mínimas que persuadan al socialdemócrata a reeditar la gran coalición de antaño sin alienar a sus bases más conservadoras

Foto: Angela Merkel habla con Martin Schulz en una reunión del Bundestag, el pasado 21 de noviembre de 2017. (Reuters)
Angela Merkel habla con Martin Schulz en una reunión del Bundestag, el pasado 21 de noviembre de 2017. (Reuters)

La canciller alemana, Angela Merkel, y el líder del Partido Socialdemócrata (SPD), Martin Schulz, se reunieron ayer por primera vez para estudiar cómo dotar a la locomotora europea de un nuevo Gobierno y sacarla de la parálisis. 80 días después de las elecciones y rodeados de un hermetismo extremo, los dos líderes empezaron a desbrozar un terreno trabado de minas políticas. La cristianodemócrata aspira a reeditar la gran coalición de la pasada legislatura. Busca estabilidad y predictabilidad, en resumidas cuentas. Schulz, presionado por la responsabilidad de estado, quiere contribuir a que haya un gobierno, pero está dispuesto a vender muy cara su apoyo a un nuevo ejecutivo, porque sabe que eso, a la larga, daña a su partido.

Del encuentro no se sabe con seguridad ni dónde tuvo lugar. Tras el fiasco de las mediáticas negociaciones de los conservadores con liberales y verdes, que se saldaron con un rotundo fracaso hace cuatro semanas, esta vez todo se ha querido mantener en secreto. Nada que despiste o desgaste. Ni detalles sobre la cita ni comparecencias públicas ante los medios tras la reunión. Tan sólo la filtración de que la dirección del SPD votará mañana si autoriza el comienzo formal de las negociaciones. El objetivo ahora es, para ambas partes, ceñirse a lo básico. La misión: dotar a Alemania de un gobierno. En esto Merkel y Schulz están más que de acuerdo. El resto es otra historia.

La canciller, amante de la estabilidad y enemiga de los experimentos, quiere atraerse al SPD a una nueva gran coalición como las de su primera y su tercera legislatura. Esto es, un pacto de gobierno muy detallado por escrito (el texto de 2013 tenía 185 páginas) en el que se describan todas las iniciativas legales que se tiene previsto sacar adelante en los próximos cuatro años y se repartan los ministerios a partes casi iguales. El proceso de negociación es tortuoso, porque implica cesiones dolorosas por ambos lados, pero el resultado es un gobierno previsible, aburrido incluso, pero a prueba de bombas. Merkel tuvo que aceptar en la pasada legislatura, por ejemplo, el salario mínimo interprofesional, subidas en varios tipos de pensiones y el adelanto de la edad de jubilación en algunos casos excepcionales. Fueron condiciones sine qua non de los socialdemócratas con las que tuvo que tragar.

Schulz, por su parte, recela de esta opción. Y con razón. Las tres veces en que su SPD ha entrado en el gobierno como socio minoritario de los conservadores, lo ha pagado en las siguientes urnas. El pasado 24 de septiembre, pese a que en la legislatura previa los socialdemócratas se habían apuntado varios tantos programáticos claros, el partido obtuvo su peor resultado electoral en unas generales desde 1949. Una gran coalición supone para el minoritario el desgaste de estar en el gobierno sin poder cosechar gran parte de los reconocimientos. En consecuencia, su perfil se desdibuja y sus electores se esfuman. Además impide a la formación renovarse, que era la gran aspiración del SPD tras el descalabro electoral de otoño. La cúpula teme acabar desapareciendo, como el Pasok griego o el Partido Socialista francés.

No obstante, la presión es enorme. Alemania nunca se ha visto en esta situación. Nunca había sucedido que unas negociaciones de coalición fracasasen y que se agitase la posibilidad de una repetición electoral. Schulz ha accedido a hablar con Merkel tras recibir en las últimas semanas múltiples presiones para que abandonase su posición inicial -la de marchar a la oposición- y accediese a hablar con la canciller. Presiones externas desde el bloque conservador de la Unión Cristinodemócrata (CDU) y la bávara Unión Socialcristiana (CSU), y también del mismísimo presidente alemán, el exsocialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, que ha apelado a la "responsabilidad" de los partidos. Pero también presiones internas. Porque hay entre las filas socialdemócratas quienes temen perder su asiento en el Bundestag si se llegan a repetir las elecciones.

Debate en el Bundestag, el 12 de diciembre de 2017. (Reuters)
Debate en el Bundestag, el 12 de diciembre de 2017. (Reuters)

Caramelos políticos e institucionales

Así las cosas, acaba de empezar en Alemania un cortejo político de características inéditas y resultado difícil de predecir. Merkel va a tratar de atraer a Schulz hacia su opción preferida mientras el socialdemócrata se resiste a avanzar. La canciller tendrá que ofrecerle caramelos políticos e institucionales para que éste camine hacia sus posiciones. Si en un final del camino está la gran coalición, en el otro se sitúa el gobierno en minoría de los conservadores, una fórmula que no se ha dado en siete décadas en Alemania. Entremedias se encuentran, en una compleja escala de grises, varias modalidades sin antecedentes a escala federal. Éstas van desde un apoyo externo con acuerdos puntuales para cuestiones básicas como los presupuestos a una "coalición cooperativa" en la que se pactarían a priori y por escrito los temas con coincidencias (y el SPD tendría hasta varios ministerios), pero se dejarían abiertos los puntos de discordia para debatir en el parlamento.

"No queremos gobernar a cualquier precio. Pero tampoco debemos no querer gobernar a cualquier precio", argumentó Schulz la semana pasada en un congreso de su partido. Explicó que su intención es "ver qué contenidos" podría lograr implementar el SPD en un posible nuevo gobierno y hablar "luego" sobre "la forma de gobierno". "Quizá una cooperación, quizá una tolerancia, quizá una coalición", indicó Schulz ante los delegados tras apuntar que podría esbozarse una "nueva forma" de sustentar al ejecutivo.

La clave es cuánto avanzará Schulz hacia las tesis de Merkel. Cuánto puede moverse el socialdemócrata desde su posición inicial sin alienar a su partido y sin dañar, aún más, su deteriorado liderazgo. Paralelamente, también es esencial ver cuánto cede Merkel para atraerse a Schulz, pese al riesgo de erosionar la base electoral de su partido por el flanco más conservador en la legislatura en la que la ultraderecha ha irrumpido por primera vez en el Bundestag. Y con el 12,6 por ciento de los votos (94 escaños). Para el SPD implicarse en el gobierno es poder implementar más contenidos de su programa, pero a costa de cercenar su capacidad de destacarse con una identidad propia en las oposición y de renovarse, de ser flexible. Para la CDU/CSU se trata de ver hasta qué punto una legislatura estable compensa las cesiones políticas e institucionales al SPD.

Las dos posiciones extremas tienen, además de las respectivas contraindicaciones para socialdemócratas y conservadores, sus perjuicios para el conjunto del sistema político alemán. Un ejecutivo en minoría tan débil como el que puede liderar Merkel en el contexto actual, con apenas un 32,9 por ciento de los votos, podría verse incapaz de gobernar, tirar pronto la toalla y convocar elecciones anticipadas. Por su parte, una nueva gran coalición dejaría a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) como líder de la oposición, al ser la tercera fuerza más votada tras la CDU/CSU y el SPD, y acercaría el riesgo de una deriva a la austriaca. En el país vecino, la concatenación de grandes coaliciones durante una década ha desgastado a los dos principales partidos de centro-derecha y centro-izquierda y ha catapultado a la ultraderecha.

El baile que ahora comienza en Berlín también puede leerse en clave europea. Una mayor implicación socialdemócrata en el gobierno significará una apuesta más nítida del próximo gobierno alemán por avanzar en la integración de la UE. Schulz llegó a abogar recientemente por los "estados unidos de Europa" tras criticar abiertamente las cautelas de Merkel y de su hasta hace poco ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, con la unión bancaria y las propuestas de profundización de la eurozona de Emmanuel Macron. El presidente francés ha pedido un presupuesto para el euro y un ministro común de Finanzas. Merkel, muy en su línea, no ha dicho que no, pero ha dado largas a la iniciativa. Schulz, que ha sido presidente del Parlamento Europeo, podría ser un ministro de Exteriores extraordinariamente influyente y bien conectado en Bruselas.

Merkel deseó esta semana unas negociaciones "ágiles", pero el proceso se prevé largo y plagado de etapas críticas que pueden mandar todo lo avanzado al garete. Tras la reunión de ayer, la maratón sigue mañana con una reunión de trámite de la cúpula del SPD en la que se debe dar luz verde a Schulz para que dé comienzo a la primera fase de las negociaciones, denominadas "sondeo". Este período, que puede prolongarse algunas semanas, servirá para abordar los diferentes temas en la agenda política y ver las semejanzas y diferencias de ambos partidos. Si la fase culmina con éxito, un congreso extraordinario del SPD, previsto ya para enero, debe permitir a Schulz embarcarse en la segunda fase de las conversaciones, el momento de la negociación pura y dura. Aquí en principio es cuando debería solidificar el modelo de gobierno y las relaciones entre ambos partidos. Políticas y, dado el caso, poltronas. Si socialdemócratas y conservadores lograsen ponerse de acuerdo en esto, para lo cual serían precisas varias semanas, el SPD debería llevar la propuesta final ante sus militantes, que deben ratificar en referéndum el planteamiento de la dirección.

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