primer encuentro en dos años

“Es una encerrona para Trump”: las dos Coreas vuelven a hablar

Representantes del Norte y del Sur se han reunido hoy y han acordado que Pionyang enviará una delegación a los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran en Corea del Sur

Foto: Un helicóptero surcoreano sobrevuela el Estadio Olímpico de Pyeongchang, que acogerá los Juegos de Invierno de 2018. (Reuters)
Un helicóptero surcoreano sobrevuela el Estadio Olímpico de Pyeongchang, que acogerá los Juegos de Invierno de 2018. (Reuters)

Nadie sabe con certeza qué ha llevado al líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, a aceptar la invitación del presidente surcoreano Moon Jae-in, a retomar las conversaciones entre los dos países, técnicamente en guerra desde hace más de 65 años. Pero representantes de ambos países se reunieron este martes en la Zona Desmilitarizada (DMZ), donde acordaron que Corea del Norte enviará una delegación de representantes de su Gobierno a los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran en febrero en el condado surcoreano de PyeongChang. Se trata de la primera reunión de este tipo en más de dos años, desde que Pyongyang decidiese cortar toda comunicación con Seúl tras el fracaso de la ronda de conversaciones entre ambos estados.

En aquel momento, el Gobierno conservador de Park Geun-hye mantenía una línea de confrontación y escasa tolerancia frente a los desmanes de su vecino del norte. Pero ahora, en la llamada Casa Azul -el equivalente surcoreano a la Casa Blanca- se sienta un nuevo presidente de izquierdas, mucho más abierto al diálogo que su antecesora. Durante meses, el ejecutivo de Moon ha visto con preocupación cómo la retórica incendiaria de Kim, y sobre todo de Donald Trump, acercaban a la península a una guerra en la que Corea del Sur sería una de las grandes perdedoras. Seúl ha asistido impotente al despliegue exprés del sistema antimisiles THAAD -aprobado por la anterior administración, pero a la que el partido de Moon se oponía por principio- y el envío de fuerzas navales a aguas coreanas, como respuesta a la escalada en el programa armamentístico norcoreano. Durante meses, Trump y su representante ante la ONU, Nikki Haley, han repetido que el diálogo con Corea del Norte es “una pérdida de tiempo”.

Pero la semana pasada, aprovechando un resquicio en el muro, Moon propuso este acercamiento, y la respuesta desde Pyongyang -que ve con alarma cómo los astros se alinean poco a poco en favor de una opción militar en la que el resultado más probable sería un cambio de régimen en el Norte-, ha sido positiva. Y en la agenda hay mucho más que un evento deportivo: Corea del Sur quiere abrir un diálogo con el ejército norcoreano y explorar la posible reunión de familias separadas tras la guerra, según dijo ayer el portavoz del Ministerio de Unificación, Baik Tae-hyun. Además, se especula sobre posibles medidas como la reapertura de la zona industrial conjunta en Kaesong, cerrada en 2016, y el regreso de turistas surcoreanos al Norte, que podrían minar el impacto de unas sanciones que empiezan a hacer mella seriamente en la economía norcoreana.

"Es una agenda abierta que permite la discusión sobre cualquier tema de interés mutuo. El foco principal y el resultado real será la participación del Norte en la Olimpiada", afirma Koh Yu-hwan, profesor de estudios norcoreanos en la universidad Dongguk y asesor del Consejo de Seguridad Nacional de Moon, en declaraciones a Bloomberg.

Sin embargo, este acercamiento ha sido percibido por algunos observadores, como Harry J. Kazianis, director de estudios de defensa en el conservador Centro para el Interés Nacional de EEUU, como una trampa potencial para Trump, al tratar de sembrar discrepancias en la histórica alianza entre este país y Corea del Sur. "Intentar meter una cuña entre Washington y Seúl negociando con sus compatriotas coreanos para cambiar la narrativa en la península desde la confrontación hasta la posible cooperación -y acabar con toda mención a una guerra por parte de Washington- tiene mucho sentido estrátegico para Kim Jong-un", escribe. Una Corea del Norte abierta a conversaciones permite presentar como la parte intransigente a una Administración estadounidense que se ha quedado sola en sus aseveraciones sobre la imposibilidad de negociar con Pyongyang.

Funcionarios norcoreanos camino de un acto laboral en el campo, el 5 de enero de 2018. (Reuters)
Funcionarios norcoreanos camino de un acto laboral en el campo, el 5 de enero de 2018. (Reuters)

Simpatía por el Norte

Pero una realidad que a menudo pasa desapercibida en EEUU es la comprensión de muchos surcoreanos hacia sus vecinos septentrionales, con los que, a pesar de la abismal diferencia de sistemas políticos y económicos, se sienten en ocasiones mucho más cercanos. Un proceso acentuado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. "La retórica de Trump ha estimulado la simpatía por Pyongyang en Corea del Sur, donde la gente rechaza las críticas tan ásperas hacia sus compañeros étnicos. Había algunas caras sombrías en la Asamblea Nacional de Corea del Sur cuando Trump habló allí contra los abusos de derechos humanos del régimen de Kim", señala B. R. Myers, profesor de la Universidad Dongseo de Busan, en una reciente entrevista con Slate.

"Un número considerable de surcoreanos realmente no está demasiado feliz de tener tropas estadounidenses estacionadas allí. No digo que estén de parte de Corea del Norte, pero están de acuerdo con Pyongyang en que no debería haber soldados estadounidenses allí. La Administración estadounidense debería tener esto en cuenta", explica Gianluca Spezza, investigador asociado en el Instituto Internacional de Estudios Coreanos en la Universidad de Lancashire Central y analista de asuntos norcoreanos. "Ambas comunidades coreanas son muy nacionalistas. Ambas se consideran -y ese es el problema- el único Gobierno legítimo del pueblo coreano. En el Sur reaccionan de forma mucho más severa si Japón reclama las islas Dokdo que si Corea del Norte hace algo malo", dice a El Confidencial.

No obstante, algunos expertos son escépticos respecto a este 'peligro'. "La perspectiva de una reanudación del diálogo intercoreano ha desatado amplios miedos de que Kim esté simplemente buscando un movimiento con el que podría quebrar la alianza EEUU-Corea del Sur", indica John Delury, profesor asociado de Estudios Internacionales en la Universidad Yonsei. Pero "creer que todo en las conversaciones Norte-Sur se reduce a las malévolas intenciones de Kim de abrir una brecha entre Washington y Seúl implica una lógica peligrosamente reduccionista. Pasa por alto la complejidad de las relaciones intercoreanas, que tienen sus propios ritmos, su propia historia y su propio destino. De hecho, la idea de que Seúl pueda ser tan naif como para ser engañada por Kim para que rompa lazos con Estados Unidos puede ser más dañina para la alianza que cualquier cosa que Kim pueda decir o hacer", subraya Delury en un artículo para la publicación Foreign Affairs.

De momento, el propio Trump no parece demasiado insatisfecho con este acercamiento. "Ahora mismo están hablando de Olimpiadas. Es un comienzo. Es un gran comienzo", afirmó el pasado sábado. El presidente está convencido de que se trata de una cesión norcoreana forzada por él mismo: "¿Alguien cree realmente que conversaciones y diálogo entre Corea del Norte y del Sur estarían en marcha ahora si no hubiese sido firme, fuerte y dispuesto a implicar todo nuestro 'poder' contra el Norte?", tuiteó. Pero su propio Secretario de Estado, Rex Tillerson, parece un poco más escéptico: "Puede ser significativo, puede ser importante. Puede ser una reunión sobre las Olimpiadas y que no pase nada más", declaró este fin de semana. La respuesta estará en lo que suceda a partir de hoy.

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