"HA ESTADO RECIBIENDO AYUDA DURANTE 22 AÑOS"

La economía de la paradoja: por qué el mundo paga las facturas de Corea del Norte

La ayuda humanitaria es uno de los cuatro pilares de la economía norcoreana. Según la ONU, tres de cada cuatro habitantes del país dependen de ella. Pero no es fácil modificar esa situación

Foto: Un soldado camina junto al río en el centro de Pyongyang, en abril de 2017. (Reuters)
Un soldado camina junto al río en el centro de Pyongyang, en abril de 2017. (Reuters)

“No sé si Corea del Norte sobrevivirá un año con las sanciones. Mucha gente morirá”. Con esta contundencia se expresaba Ri Jong Ho, un oficial norcoreano de cierto nivel que desertó en 2014, durante un acto en Nueva York a mediados de octubre. “No hay suficiente comida”, aseguró Ri, y las sanciones “han bloqueado completamente” el comercio. El desertor pasó a describir un desolador panorama energético en el que la mayoría de los hogares carecen de electricidad, mientras que en la capital sólo hay entre tres y cuatro horas al día.

Los comentarios de Ri atrajeron la atención de algunos medios estadounidenses, muy pendientes del enfrentamiento en marcha entre EEUU y la nación asiática. Pero no es el único signo de que las cosas podrían estar poniéndose verdaderamente feas en Corea del Norte. En julio, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó de que la producción de alimentos en el país había sido severamente dañada por la sequía (la peor desde 2001), incluyendo los cultivos de arroz, maíz, patatas y soja. “Hasta ahora, las lluvias estacionales en las principals áreas de producción de cereal han estado por debajo del nivel de 2001, cuando la producción de cereal se desplomó al nivel sin precedentes de apenas dos millones de toneladas, provocando un severo deterioro de las condiciones de seguridad alimentaria para una gran parte de la población”, declaró entonces Vincent Martin, representante de la organización para China y Corea del Norte.

Son, sin duda, malas noticias para un país en el que unos 18 de sus 25 millones de habitantes, tres de cada cuatro, vive de la ayuda humanitaria proporcionada por la comunidad internacional, según la ONU. “La situación es terrible. Puedes compararla a un enfermo que no muere pero está en coma y necesita tratamiento constante. Si interrumpes el tratamiento, morirá”, afirma Gianluca Spezza, investigador asociado en el Instituto Internacional de Estudios Coreanos en la Universidad de Lancashire Central y analista de asuntos norcoreanos.

“Corea del Norte ha estado recibiendo ayuda humanitaria de forma continua durante 22 años. Si no puedes arreglar este tipo de problema tras un periodo de tiempo tan largo, probablemente hay algo erróneo en la forma en la que los protocolos de ayuda están diseñados para Corea del Norte”, explica Spezza a El Confidencial, si bien puntualiza que se trata de su opinión personal y no la de los centros con los que colabora. “En general, la ayuda se considera una medida a corto plazo, como los sistemas de ayudas sociales en el estado del bienestar: si uno pierde su trabajo, recibe una prestación por desempleo durante unos meses hasta que consigue un nuevo trabajo y vuelve a ser productivo de nuevo. Pero si uno lee los protocolos para Corea del Norte, han establecido que necesita ayuda constante. Eso es un problema”, comenta.

En septiembre, el nuevo Gobierno de Corea del Sur aprobó un nuevo paquete de ayuda de 8 millones de dólares (el anterior ejecutivo conservador de Park Geun-hye la había cancelado tras el test nuclear de enero de 2016), financiados por el Ministerio de Reunificación. La medida ha causado roces con los gobiernos de Japón y Estados Unidos, que lo perciben como una concesión al régimen de Pyongyang en un momento en el que estos países promueven una estrategia de presión.

Este factor es de una importancia crucial en un país en el que la ayuda humanitaria es uno de los cuatro pilares de la economía. Los otros son los acuerdos bilaterales o unilaterales con China, que proporciona la mayor parte de los alimentos y energía; un incipiente mercado privado, especialmente en las regiones fronterizas en las que la gente puede cruzar a China o Rusia y hacer pequeños negocios; y un diminuto sector basado en el contrabando llevado a cabo por algunos diplomáticos norcoreanos.

“Hay que tener en cuenta que no existen estadísticas económicas oficiales de Corea del Norte. Hay ‘estadísticas espejo’ de los países que comercian con ella, y uno puede hacerse una idea de lo que pasa”, argumenta Spezza. “Ahora, con las nuevas sanciones, la economía probablemente volverá a caer. Los medios norcoreanos llevan varias semanas, desde su aprobación, difundiendo el mensaje de cómo su economía y su gente está sufriendo. Su objetivo es persuadir a la ONU de que las levante o al menos las suavice, pero no creo que suceda”, dice.

Un niño camina por un campo de maíz dañado por una inundación tras un tifón en la provincia de Hwanghae sur, en septiembre de 2011. (Reuters)
Un niño camina por un campo de maíz dañado por una inundación tras un tifón en la provincia de Hwanghae sur, en septiembre de 2011. (Reuters)

De la hambruna al 'incentivo humanitario'

Sin embargo, el profesor indica que es importante poner las cosas en perspectiva. “La economía norcoreana ya colapsó oficialmente durante tres años entre 1992 y 1995”, indica. En aquel período, que se prolongó hasta 1998, cientos de miles de norcoreanos fallecieron por la hambruna creada por la desaparición de la cooperación soviética y los errores de gestions en la propia Corea del Norte. Algunas fuentes elevan el número de fallecidos a más de 3 millones, aunque la mayoría de los expertos lo cifra en algún punto entre 600.000 y algo más de un millón. En cualquier caso, una de las peores tragedias de final de siglo.

“Si miras los datos de las organizaciones que trabajaban en Corea del Norte, el país entero se vino abajo. La gente se puso más enferma, la esperanza de vida bajó entre 6 y 8 años. Durante mucho tiempo los norcoreanos solían vivir más años y estar mejor alimentados que en el sur, y hasta principios de los años 80 los niños norcoreanos estaban más sanos y había menos mortalidad infantil que en Corea del Sur. Y de repente todo se hundió”, indica Spezza. “La peor parte llegó tras la muerte de Kim Il Sung, en 1994. Desde entonces, el país ha estado mejorando lentamente”, señala.

A principios de octubre, Donald Trump tuiteó que EEUU ha estado “donando miles de millones de dólares a Corea del Norte” desde hace 25 años y “sin recibir nada a cambio”. Pero en realidad, el gran valedor del régimen de Pyongyang es China, cuyo apoyo es imposible de cuantificar. “Podemos monitorizar lo que viene de Occidente, de Japón, de Corea del Sur, pero lo que viene de China es casi invisible a la hora de definir qué es comercio y qué es ayuda”, indica Elliot Tepper, investigador del Centro de Estudios de Seguridad, Inteligencia y Defensa de la Universidad Carleton de Canadá, a la publicación Global News.

“La ayuda se divide en dos sectores, el humanitario y el del desarrollo. El consenso es que Corea del Norte solo puede recibir ayuda humanitaria. Pero por su propia naturaleza, la ayuda humanitaria no puede mejorar un país. Es como la medicación de emergencia, puede impedir que el problema empeore, pero no puede mejorar. Es imposible”, opina Spezza. Pero ahí está la clave de la cuestión: “La ayuda humanitaria se supone apolítica por naturaleza. Se da por hecho que las agencias humanitarias no interfieran con las decisiones políticas del país donde trabajan. Pero en Corea del Norte la mayoría de los problemas son políticos, el resultado de muchas decisiones políticas erróneas de su Gobierno. Así que a menos que se deje eso claro y se renegocie la forma en la que funciona la ayuda, las cosas no van a cambiar”, comenta.

“Además, el Gobierno norcoreano sabe que la ayuda va a llegar, así que cuentan con ello y hasta pueden permitirse desviar una porción para el mercado negro. No tiene ningún incentivo para cambiar. Por último, las agencias internacionales no quieren generar críticas políticas porque perderían el acceso al país y no podrían ayudar a nadie”, añade Spezza. Otros especialistas han señalado, además, otro elemento negativo adicional del sistema de ayudas: la posibilidad de que funcionen como incentivo para que el régimen norcoreano siga creando problemas, con la esperanza de obtener algo a cambio en las subsecuentes negociaciones. “Crean una crisis y aceptan dar marcha atrás a cambio de recibir un abanico de diferentes tipos de asistencia”, afirma Tepper. En las últimas décadas, la oferta de ayuda ha servido para llevar a los norcoreanos a la mesa de negociación en al menos dos ocasiones.

Sin soluciones fáciles

Por eso, algunos observadores se han mostrado extremadamente críticos con el envío de ayuda humanitaria a Corea del Norte al tiempo que el país prosigue con su programa armamentístico y nuclear y sus prácticas cuestionables. Como señala un informe de la Fundación Heritage de 2010, hay indicios de que el régimen norcoreano ha desviado en ocasiones alimentos recibidos por los donantes internacionales hacia las fuerzas armadas, en línea con su doctrina ‘Songun’ (“el ejército primero”), uno de sus pilares ideológicos.

Por eso se le ha dado tanta relevancia a la espectacular deserción, a mediados de noviembre, de un soldado destinado a la frontera, que recibió varios disparos mientras trataba de huir. Al ser sometido a cirugía, se descubrió que su estómago contenía parásitos de gran tamaño, que apuntan a una alimentación deficiente.

“Esta deserción en particular es diferente, debido a la persona que la hizo: un joven oficial, probablemente un sargento. Es miembro del ejército, y se le presupone un elemento muy leal al régimen, porque las personas destinadas en las fronteras, debido a su proximidad a otros países, deben resistir la tentación de desertar”, indica Spezza, señalando que, por lo general, los desertores toman la ruta habitual a través de China, no en la propia frontera. En cuanto a los parásitos, señala: “Es un signo común de unos estándares de salud bastante pobres, de una mala higiene, pero es normal en países sin un buen sistema de salud. Puede ser fruto de bacterias, de no tener acceso a agua limpia, de comida no fresca y otras causas. Pero es lo mismo en África, en India o Indonesia, y en otras partes de Asia. Lo significativo en este caso es que sabemos que normalmente el ejército es la parte mejor alimentada de la población, la que recibe mayores porciones que la media y a la que se le da mayor prioridad”, asegura.

“Todo el mundo querría que el problema de Corea del Norte desapareciese, o que mejorase mágicamente. Pero muy poca gente quiere sentarse y decir honestamente que las políticas de 35 años no han funcionado así que hay que cambiar eso”, dice Spezza. “No creo que se vaya a producir un colapso, al menos si la situación, a menos que tengamos una sorpresa como la de esta deserción y empecemos a tener grupos, de cinco soldados ahora, diez soldados el mes siguiente… Eso sería un signo. Pero la gente ha estado prediciendo el colapso de Corea del Norte durante 35 años y no se ha producido”, asegura.

De modo que la cuestión norcoreana tiene muy mala solución, como han descubierto los sucesivos gobiernos occidentales que han lidiado con ella. “¿Qué se puede hacer? La proliferación nuclear siempre atrae sanciones, así que no se puede escapar de ellas”, cree este experto, que tampoco cree que la retirada unilateral de la ayuda sea una buena idea, ni por supuesto la opción militar. “Se haga lo que se haga, norcoreanos inocentes sufrirán. En todos los casos habrá víctimas entre la población. Quienquiera que crea que hay una solución indolora al problema norcoreano, está equivocado”.

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