los planes de shinzo abe para el ejército

¿Estamos más cerca de una guerra entre Japón y Corea del Norte?

La voluntad de Abe de remilitarizar Japón ante las amenazas de Corea del Norte dispara las alarmas. ¿Puede impulsar el cambio constitucional necesario tras su victoria en las elecciones?

Foto: Soldados de las Fuerzas de Autodefensa de Japón pasan ante un misil Patriot Advanced Capability-3 en el Ministerio de Defensa, en Tokio. (Reuters)
Soldados de las Fuerzas de Autodefensa de Japón pasan ante un misil Patriot Advanced Capability-3 en el Ministerio de Defensa, en Tokio. (Reuters)

Las elecciones en Japón que se celebraron el domingo pasado han asegurado una mayoría de dos tercios en las dos cámaras al primer ministro, Shinzo Abe, suficiente para impulsar el cambio constitucional que podría remilitarizar el país ante las amenazas de Corea del Norte e iniciar una nueva ronda de reformas económicas.

En las últimas horas han saltado las alarmas por la propaganda de Pyongyang —que asegura que Tokio está preparando una invasión del país—, los análisis de urgencia de algunos medios occidentales, que llevan anunciando la “inminente remilitarización” nipona desde hace casi tres años, y algunas afirmaciones del propio Abe, consideradas más próximas a los sentimientos nacionalistas de su electorado que a las decisiones que puede tomar a corto plazo.

Esas alarmas asumían que el primer ministro tiene la voluntad y la posibilidad de reformar la Constitución, lo que permitiría que el país contase con un ejército convencional, capaz de intervenir en el extranjero y más moderno y efectivo. Mario Esteban, investigador principal del Real Instituto Elcano y experto en el este asiático, no lo ve tan claro: “Hablamos mucho de la mayoría de dos tercios que Shinzo Abe ha conseguido en las dos cámaras legislativas, pero olvidamos mencionar que no es suficiente para reformar la Constitución y, muy especialmente, el controvertido artículo nueve, que se refiere al papel del ejército”.

Hablamos mucho de la mayoría de Abe en las dos cámaras legislativas, pero olvidamos mencionar que no es suficiente para reformar la Constitución

Para ello, hace falta convocar y ganar un referéndum, para el que los últimos sondeos no reflejan una claro respaldo del sí en un país donde las decisiones más importantes no se toman sin amplios consensos. En Japón, socialmente, la mayoría simple no suele ser suficiente.

Además, Amadeo Jensana, director de programas económicos de Casa Asia y especialista en Japón, añade: “Los japoneses creen que, lógicamente, Corea del Norte es la primera interesada en no lanzar un ataque en serio, porque, si lo hiciera, estaría justificando una respuesta de Washington y Tokio que acabaría con el régimen de Pyongyang”.

A este argumento se suma el poder de los 'lobbies' y de las ideas pacifistas en la calle. Ana Goy Yamamoto, profesora y experta en Japón del Centro de Estudios en Asia Oriental de la Universidad Autónoma, recuerda que los grupos antimilitaristas nipones, que identifican la posibilidad de tener un ejército convencional con la tragedia de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, “son muy fuertes y están muy movilizados ante un primer ministro que es más vulnerable de lo que parece”.

¿Vulnerable con una mayoría tan amplia? Sí, matiza la experta, “la mayoría que ha conseguido Shinzo Abe en las votaciones no se corresponde con su popularidad entre la población”. De hecho, concluye, “el primer ministro convocó elecciones por sorpresa en septiembre porque los escándalos le habían hecho perder apoyos… Y se ha beneficiado de una baja participación y de la debilidad de una oposición sin un candidato fuerte”.

Shinzo Abe, durante un mitin electoral en Tokio, el 21 de octubre de 2017. (Reuters)
Shinzo Abe, durante un mitin electoral en Tokio, el 21 de octubre de 2017. (Reuters)

La tierra se mueve

De todos modos, es verdad que, en la última década, con el relevo y el fallecimiento de la generación que fue testigo de Hiroshima y Nagasaki y el retroceso del aislacionismo que compartía la mayoría de la sociedad, la potencia asiática ha ido dando pasos hacia la configuración de algo cada vez más parecido a una fuerza militar convencional.

Han soplado a favor vientos como la necesidad de la participación de los soldados nipones en crisis humanitarias globales, el debilitamiento de Estados Unidos como superpotencia hegemónica, la emergencia de un rival abrumador como China y las amenazas, cada vez más concretas, de un régimen como el de Corea del Norte. Todo eso ha provocado que, según Mario Esteban, en estos momentos, “la principal diferencia entre un ejército y lo que tiene Japón sean las duras restricciones y requisitos que tiene que cumplir cuando se despliega fuera de sus fronteras”.

El miedo, por supuesto, se ha intensificado en los últimos cinco años y, con él, también el apoyo a la creación de unas tropas sin tantas restricciones. Desde 2012, Tokio y Pekín se han enfrentado en una agria disputa por las islas Senkaku /Diaoyu, Donald Trump ha cancelado la firma del Tratado Transpacífico que iba a fortalecer la presencia estadounidense en la región y a incluir a Japón mientras excluía a China y, por último, Pyongyang lanzó un misil en agosto que atravesó, como advertencia, el cielo japonés. Las tropas desplegadas en distintas bases por la primera potencia mundial ya no tranquilizan a la población tanto como antes. De hecho, el Gobierno ha anunciado el diseño, con apoyo estadounidense, de un escudo antimisiles para el año que viene.

Más allá del capítulo de Defensa, los medios de comunicación han anticipado que estas elecciones significarán probablemente un acelerón en las reformas económicas. Amadeo Jensana, de Casa Asia, añade contexto: “Abe ha conseguido con éxito la devaluación de la moneda y los tipos de interés para relanzar la economía japonesa en los últimos años, ha inyectado recursos para provocar un estímulo fiscal; y las dos cosas, la caída del precio de la financiación y el estímulo, han contribuido a acumular seis trimestres seguidos de crecimiento económico”.

Ana Goy Yamamoto aclara que “el éxito, aunque notable para los estándares japoneses, ha sido más moderado de lo que puede parecer”. ¿Por qué? Porque “no se ha alcanzado el objetivo de inflación que se pretendía —sobre todo por el desplome del precio mundial del crudo— y el crecimiento ha sido más bien tibio, a pesar de todo el gasto público”. Además, añade, “ni se ha animado a las empresas a gastar o invertir los más de 400.000 millones de yenes que tienen ‘aparcados’ en sus balances, ni se ha trasladado ese crecimiento a los salarios de la gente como se prometió ni, por supuesto, se han emprendido las reformas estructurales anunciadas”.

Para Mario Esteban, del Real Instituto Elcano, “lo de las grandes reformas estructurales empieza a sonar cada vez más a propaganda”. Según él, “el Gobierno lleva años diciendo que necesita más apoyos para aprobar cambios en profundidad que dinamicen las empresas, que mejoren su fiscalidad, que faciliten la contratación y el despido y que estimulen la creación de 'startups”. La realidad, concluye, “es que nadie sabe si lo harán esta vez, pero lo que sí sabemos es que hasta ahora se ha hecho muy poco”.

Japoneses pasan ante una pantalla con las cotizaciones de bolsa, en Tokio. (Reuters)
Japoneses pasan ante una pantalla con las cotizaciones de bolsa, en Tokio. (Reuters)

Amadeo Jensana es algo más optimista. Por eso, afirma, “hay que entender que a los japoneses les gustan los cambios progresivos, la mejora continua, y no la disrupción o las reformas agresivas”. Recuerda que “esas mejoras, cuando son profundas, tienen que contar con amplios consensos para que no amenacen la sostenibilidad del Gobierno… Y los consensos tardan años en forjarse”.

Por otro lado, sigue, “deberíamos reconocer que el Ejecutivo de Shinzo Abe acaba de cerrar la negociación de un gran tratado comercial con la Unión Europea —es cierto que todavía tienen que ratificarlo— y que consiguió que su país se sumase al Tratado Transpacífico impulsado por Estados Unidos”. Las dos iniciativas exigieron un compromiso reformista de Tokio que iba mucho más allá de las palabras o las declaraciones de los políticos.

Irónicamente, advierte Jensana y lo secundan los otros dos analistas consultados, “la gran novedad de estas elecciones no es el cambio: es la estabilidad”. Shinzo Abe, si se mantiene en el puesto en 2019, puede convertirse en el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el poder desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Llegó después de seis años en los que hubo seis primeros ministros distintos. Su agenda de medidas —las cumplidas, las que le quedan por cumplir y las que nunca cumplirá— se ha mantenido relativamente constante desde que asumió el poder en 2012. A Abe no parece que le gusten las prisas… y a los japoneses tampoco.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios