“Dibujo para olvidar que mi hermano está muerto, para borrar estos recuerdos de mi memoria; cuanto más dibujo, más logro olvidarlo”. Azzam, de 10 años, solo ha conocido la guerra. Crece en la Aldea Infantil SOS de Saboura, en Siria, y participa en un programa de recuperación emocional a través del dibujo que le ayuda a afrontar su experiencia y a construir un futuro más esperanzador. Como él, más de 250 millones de niños y niñas en el mundo crecen en países afectados por la guerra y los enfrentamientos. Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, Aldeas difunde el testimonio de estos niños y niñas, y alerta del impacto que los conflictos armados tienen en la salud mental infantil, así como de la necesidad de garantizarles acceso a una atención psicológica especializada.

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