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Del 'hay partido' (Sánchez) al 'efecto fan' (Feijóo): el termómetro político del Ibex
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Del 'hay partido' (Sánchez) al 'efecto fan' (Feijóo): el termómetro político del Ibex

Hasta el verano, el líder de la oposición ha explotado el 'efecto fan' provocado por su irrupción en el tablero de la política nacional

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El pasado 20 de junio, la cantante gallega Luz Casal celebró un concierto en el Teatro Real de Madrid. Su actuación estuvo acompañada por la Real Filarmónica de Galicia, rememorando el espectáculo que interpretó un verano antes en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela. La cita sirvió para que las fuerzas vivas del galleguismo instaladas en la capital se reuniesen para hacer patria. Y como cabeza visible de ese auditorio entregado, un nuevo vecino ilustre, Alberto Núñez Feijóo, expresidente de la Xunta, con despacho en Génova 13 desde la pasada primavera como líder nacional del Partido Popular, convertido en la otra estrella del evento.

Hasta el verano, el líder de la oposición ha explotado el 'efecto fan' provocado por su irrupción en el tablero de la política nacional, allí donde ha hecho acto de presencia, desde las señeras jornadas del Círculo de Economía (Barcelona) a la gala económica de The European House-Ambrosetti (Alcalá de Henares). Más que por su discurso, sin grandes novedades argumentales para el espectro del centro derecha, el mundo del dinero ha recibido con satisfacción al político gallego, a quien conoce de sobra por su trayectoria regional, "un tipo ordenado del que no esperan genialidades, pero sí empaque para construir una alternativa de Gobierno".

Foto: Pleno del Senado.

La aparente buena conexión de "Alberto" con la élite empresarial se explica, sobre todo, por la falta de 'feeling' que los patrones del Ibex tuvieron con su antecesor, Pablo Casado, un "buen chaval" al que terminaron viendo como un dirigente débil, sin autoridad entre los suyos, como evidenció la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y sin cintura para la interlocución ante la patronal CEOE, con cuyo presidente, Antonio Garamendi, llegó a mantener un pulso soterrado por instrumentalizar la oposición económica al Gobierno. La brecha era tal que la exministra popular Fátima Báñez, presidenta de la Fundación CEOE, tomó partido por su nueva casa.

Pese al viento de cola del cambio, reflejado ya incluso en algunas encuestas, Feijóo (61 años recién cumplidos) aún no ha superado el vértigo de la mudanza a Madrid. Nada de lo experimentado durante estos seis meses junto a Eva Cárdenas tiene que ver con el oasis gallego donde eran parte del 'establishment'. Lejos de ese confort, la pareja está ahora construyendo un nuevo hogar y un nuevo círculo social, para lo que cualquier excusa con trasfondo gallego, como el concierto de Luz Casal, sirve para abrirse a los usos y costumbres de la capital, donde las noches de vida social ofrecen alterne con aristócratas y 'celebrities' en un mismo salón.

Para la reconstrucción de la otra casa, Génova 13, el tiempo apremia. Pese a ser una persona de partido y llevar décadas ejerciendo el poder, Feijóo ha recurrido a una mayoría de gallegos para formar su círculo de confianza, pero ahora que el ciclo electoral asoma y toca crear el potencial Gobierno en la sombra, no tiene tantos ni tan buenos a los que sumar a la causa. Ni siquiera los oficios de Báñez han cosechado perfiles de enjundia para sumarse a la carrera por la Moncloa. Sobrarán candidatos (incluso cualificados) a ministro si toca, pero no hay tantos para jugársela ahora, asumir el riesgo de perder y hacer vida en la oposición.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la reunión del Consejo Político Federal del PSOE. (EFE/Javier Belver)

Antes de que el último CIS (mediados de septiembre) colocara de nuevo al PSOE como primera fuerza política en intención de voto, solo siete décimas por delante del PP, el clima de opinión entre los jefes del Ibex 35 a favor de Feijóo también se había templado durante el verano. O dicho de otra manera, nadie se atreve a dar por muerto al presidente Pedro Sánchez. Menos aún tras comprobar su capacidad para sortear la coyuntura actual sin crisis en su gabinete o sin adelanto electoral, incluso pese a la serpiente de verano no publicada, según la cual el líder socialista no sería el candidato para un nuevo mandato. Más que a 'fake', sonaba a inocentada.

Pocos capos del Ibex se atreven a confundir a estas alturas realidad con deseo. Ni siquiera los presidentes de eléctricas o bancos, afectados por impuestos especiales (y populistas) anunciados para sofocar el inflamado contexto económico, manejan escenarios futuros donde Sánchez no mantenga opciones. Y el motivo es muy simple: durante su breve pero intensa carrera, ha demostrado un instinto de supervivencia incontestable, y solo por eso, y no por los potenciales caudales de los fondos Next Generation, a los que algunas grandes corporaciones han renunciado, se ha ganado el beneficio de la duda en muchos grandes despachos.

Foto: Una persona sostiene una bandera de la Unión Europea. (EFE)

Este análisis vacacional confluye con el relato que ha lanzado Ferraz para el inicio de curso: hay partido. Curiosamente, el primer destinatario de ese mensaje es el propio PSOE, desgastado por la pura acción de gobierno en estos complejos últimos años y a la vez debilitado por la exposición a Unidas Podemos como socio en la Moncloa. Pero el segundo son los agentes económicos pendientes del BOE, más ilusionados con el PP tras llegar Feijóo y ahora que su competencia por la derecha se desvanece, pero abiertos a tener una interlocución constructiva con los socialistas, ajustados al papel de poli bueno en la coalición gobernante.

Ahora que los cuartos de máquinas electorales afinan sus estructuras, con parada intermedia en las municipales y autonómicas de mayo de 2023, las expectativas sobre las posibilidades de Ferraz y Génova están divididas. Más aún a 12 meses vista, con la cantidad de frentes abiertos en el horizonte inmediato, tanto en clave económica (inflación/recesión) como geopolítica (Rusia/Ucrania). Por los análisis compartidos en las cenas de este verano, los grandes nombres del Ibex, más que movilizados, prefieren pecar de prudentes: no dar por muerto a Sánchez antes de tiempo ni derrochar euforia con Feijóo (más allá del despido de Casado).

El pasado 20 de junio, la cantante gallega Luz Casal celebró un concierto en el Teatro Real de Madrid. Su actuación estuvo acompañada por la Real Filarmónica de Galicia, rememorando el espectáculo que interpretó un verano antes en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela. La cita sirvió para que las fuerzas vivas del galleguismo instaladas en la capital se reuniesen para hacer patria. Y como cabeza visible de ese auditorio entregado, un nuevo vecino ilustre, Alberto Núñez Feijóo, expresidente de la Xunta, con despacho en Génova 13 desde la pasada primavera como líder nacional del Partido Popular, convertido en la otra estrella del evento.

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