Los 9.000 del Ibex vs. los 35.000 del Dow Jones: historia de dos éxitos poscovid
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Los 9.000 del Ibex vs. los 35.000 del Dow Jones: historia de dos éxitos poscovid

Las expectativas de recuperación económica favorecen dos índices con un fuerte componente cíclico y mejor capacitados para navegar las dudas sobre la inflación

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El Ibex estableció al cierre de este lunes un nuevo máximo en los últimos 15 meses, rebasando la cota de los 9.100 puntos por primera vez desde que los estragos del coronavirus convirtieron el índice bursátil español en uno de los grandes perdedores a nivel mundial. Con nueve alzas en las últimas 11 sesiones (en las que se ha anotado una ganancia superior al 8%), un retorno superior al 13% desde el arranque del año y un repunte que rebasa el 40% en poco más de seis meses, el índice español se cuenta ahora en el lado opuesto, el de los triunfadores de la gran apuesta que vienen realizando los inversores desde el último tramo de 2020 por la recuperación pospandémica.

La composición del índice, que tantas veces ha jugado en contra de la bolsa española en los últimos años, se revela ahora como uno de sus grandes aliados, por el peso especial de compañías ligadas al ciclo económico, que deberían encontrar en la recuperación pospandémica un escenario propicio para la mejora de sus cuentas de resultados (que ya en este primer trimestre del año están batiendo previsiones de forma consistente). Incluso la banca, azotada de forma inclemente a lo largo de la última década por una continuada sucesión de reveses, se desquita ahora con una llamativa remontada —comandada por un redivivo Sabadell— y ofrece al Ibex una especie de salvaguarda, nada desdeñable, ante el que parece el riesgo más inminente para el mercado: un repunte persistente de la inflación.

En paralelo, el Dow Jones se destacaba este mismo lunes también como el índice más vigoroso de Wall Street, alcanzando por primera vez a lo largo de la jornada niveles por encima de los 35.000 puntos, aunque acabó cerrando con ligeras pérdidas. Al igual que en el caso del Ibex, el centenario índice estadounidense ha encontrado en las compañías más ligadas al ciclo económico, como Goldman Sachs, Carterpillar, American Express o Chevron, los principales baluartes de una escalada que también hace caso omiso a los miedos que germinan en torno a la inflación y que sí han dejado una huella más notoria en el S&P 500 y, sobre todo, el Nasdaq, por el mayor peso de las compañías tecnológicas.

En 2007, cuando marcó récord, el Ibex cotizaba en niveles superiores a los del Dow Jones

Resulta evidente, en cualquier caso, que la celebración que comparten este lunes el Ibex 35 y el Dow Jones no resulta, ni mucho menos, equiparable. Al fin y al cabo, este anda festejando un récord histórico, reflejo de la fortaleza evidenciada casi desde los primeros instantes de la pandemia, mientras que el índice español ni siquiera ha sido aún capaz de recuperar las cotas en las que se movía antes del batacazo propiciado por el coronavirus, cuando llegó incluso a superar los 10.000 puntos.

Aunque generalmente los puntos no suponen una referencia válida para comparar la mayor o menor salud de los distintos índices (que suelen establecer niveles diferentes como punto de partida), en este caso puede resultar significativo el hecho de que cuando el Ibex llegó a los niveles más altos de su historia, al filo de los 16.000 enteros, se movía en cotas superiores a las que entonces registraba el Dow Jones, que hoy lo aventaja en más de 25.000 enteros. A lo largo de los poco más de 13 años transcurridos, el índice estadounidense ha experimentado una revalorización que supera el 270% —algo más de un 10% de retorno anual—, frente a unos rendimientos totales del Ibex del 11,07% (menos del 0,8% al año) si se incluyen los dividendos.

Precisamente, el de los dividendos ha sido aducido constantemente como uno de los puntos que distorsionan la historia reciente de la bolsa española, ya que mientras el índice español los descuenta, otros mercados internacionales los agregan a su rendimiento. Y no cabe duda de que el relato cambia mucho si se cuenta que el Ibex dista aún casi un 40% de unas cotas récord que no roza desde finales de 2007 que señalar que, si se incluyen los dividendos, el índice español se encuentra a tan solo un 6% de su máximo histórico, que data de febrero de 2020.

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Pero, en cualquier caso, en términos equiparables, el rendimiento de la bolsa española desde la pasada crisis financiera la sigue situando claramente a la zaga de las grandes plazas mundiales, apenas superando al FTSE MIB italiano, en lo que viene a ser reflejo de los problemas particulares que ha padecido la economía española, pero también de un mercado que no ha logrado abrirse a las tendencias más pujantes de la economía (el 'boom' tecnológico de los últimos años ha pasado de largo para el Ibex) mientras sufría en sus carnes el declive de sus principales pesos pesados.

Asumiendo esa perspectiva, una recuperación cíclica como la que parece estar protagonizando el Ibex difícilmente puede ofrecer el recorrido necesario para cerrar la brecha abierta con todos aquellos mercados que lo han superado de forma recurrente durante más de una década, como es el caso del Dow Jones. Aunque la reapertura de los fundamentales negocios turísticos y hosteleros y la consiguiente mejora de la actividad general en España previsiblemente ofrecerán un contexto de fuerte mejora de los resultados empresariales durante varios años, que ha de tener reflejo en las valoraciones de los inversores, lo cierto es que ya a día de hoy es difícil encontrar en las valoraciones del índice español un descuento relevante respecto a sus pares europeos, ni siquiera con las estimaciones a más largo plazo.

Y es lógico imaginar que, agotado ese impulso cíclico, los inversores volverán a dirimir entre aquellos negocios con mayores márgenes de crecimiento a futuro y esos otros sometidos a unas condiciones de mercado mucho menos prometedoras, como los que han predominado en el índice español desde hace varios lustros.

El Ibex requiere más que una recuperación cíclica para recuperar el terreno perdido

Sin embargo, los aires de transformación con que se presenta el relato de la recuperación pospandémica permiten sostener una visión algo más alentadora respecto a las perspectivas del Ibex, si efectivamente logran apuntalar en España, en Europa y a nivel global, un entorno de mayor crecimiento potencial (con su componente de mayores tasas de inflación) y mayor innovación, en el que sea posible para las cotizadas españolas ofrecer a los inversores algo más que la perspectiva del retorno a unas tasas de rendimientos que ya resultaban mediocres antes del estallido de la crisis.

Es obvio que la transformación del entramado empresarial a que aspira España a través de planes como el España Puede no tendrían un reflejo inmediato en la composición de un Ibex que hasta la fecha se ha mostrado poco capacitado para ofrecer un relevo a sus antiguos campeones, a pesar de la revolución que supuso hace unos años el auge de Inditex y de los nuevos aires que han introducido en los últimos años grupos como Amadeus, Cellnex o, más recientemente, Fluidra. Pero apenas un cambio en las condiciones económicas en que navegan las empresas de la bolsa española puede volver a despertar el interés de los inversores, nacionales e internacionales, por un mercado que durante años ha parecido territorio prohibido.

Recuperar el terreno perdido con el Dow Jones probablemente sea un propósito demasiado ambicioso. Pero este arranque de 2021 al menos ha demostrado que en un contexto apropiado el índice español es capaz de mantener el ritmo de los más grandes. Que esto no se convierta en un espejismo con una fecha próxima de caducidad requerirá algo más que el fin de la pandemia.

El Ibex estableció al cierre de este lunes un nuevo máximo en los últimos 15 meses, rebasando la cota de los 9.100 puntos por primera vez desde que los estragos del coronavirus convirtieron el índice bursátil español en uno de los grandes perdedores a nivel mundial. Con nueve alzas en las últimas 11 sesiones (en las que se ha anotado una ganancia superior al 8%), un retorno superior al 13% desde el arranque del año y un repunte que rebasa el 40% en poco más de seis meses, el índice español se cuenta ahora en el lado opuesto, el de los triunfadores de la gran apuesta que vienen realizando los inversores desde el último tramo de 2020 por la recuperación pospandémica.

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