La inflación devora 24.000 millones de euros de los ahorros de las familias españolas
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En 2021

La inflación devora 24.000 millones de euros de los ahorros de las familias españolas

El repunte de los precios resta poder adquisitivo a millones de españoles. Especialmente al ahorro conservador en depósitos y fondos de renta fija

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La inflación supone un golpe para el ahorro conservador para el que es difícil encontrar precedentes similares, al ser un entorno de tipos al 0%, pero con la inflación disparada por encima del 3%. Si bien el Banco Central Europeo (BCE) cree es un repunte coyuntural, lo cierto es que supone un daño superior a los 24.000 millones para los ahorradores españoles.

En realidad, el efecto no es nuevo. Los tipos de interés llevan en negativo en términos reales varios años. La política de tipos al 0% del BCE, compaginada con compras de activos para mantener a raya las primas de riesgo de todos los activos de renta fija, ha provocado una situación en la que la inflación supera a la remuneración de los productos más conservadores, como depósitos, fondos monetarios o fondos de renta fija a corto plazo.

Foto: Pedro Sánchez y Christine Lagarde, en una imagen de archivo. (EFE)

El año pasado no hubo inflación con la parálisis de la actividad económica. La variación de los precios en el conjunto de 2020 fue del -0,3% en España, una situación generalizada en Europa que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, denominó inflación negativa en vez de deflación. Pero este año, con el efecto base de comparar el índice con el año pasado, la recuperación económica y los costes disparados de la gasolina o la electricidad, la inflación se situó el mes pasado en el 3,3%. Los economistas de Funcas pronostican un 2,4% para el conjunto del año, mientras que el BCE predice para la zona euro un 2,2%.

Pero ya en 2019, antes de la pandemia, el tipo de interés medio ponderado de los depósitos fue del 0,12%, mientras que en las categorías de fondos más conservadores, según datos de la patronal Inverco, los monetarios promediaron un resultado del -0,02%, los de renta fija a corto un 0,02%, los de renta fija a largo plazo un -0,01% y los de renta fija internacional un 0,06%. Sin embargo, la inflación fue del 0,7%. Es decir, hubo pérdidas de poder adquisitivo para los ahorradores, un efecto que se está magnificando este año.

Los depósitos de los hogares, según datos del BdE, han alcanzado los 942.800 millones en julio, cifra que se ha incrementado en verano por primera vez desde 2010. El tipo medio ponderado de los depósitos es, ahora, del 0,04%. Si se da por buena la previsión del 2,4% para todo 2021 de Funcas, que advierte, no obstante, de que podría alcanzar el 4% a corto plazo, la rentabilidad real de los depósitos será del -2,36%.

Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters)

Este resultado negativo equivale a una reducción del poder adquisitivo de los depósitos de las familias españolas de 22.250 millones. Pero el deterioro no se queda aquí. El patrimonio de los fondos españoles monetarios asciende a 4.515 millones, en renta fija a corto plazo son 35.299 millones y en renta fija a largo plazo otros 27.861 millones. Asimismo, la inversión de los españoles en fondos internacionales de renta fija asciende a 10.649 millones.

Dado que el grueso de esta inversión es conservadora, aunque en algunos vehículos de renta fija a largo plazo se asume más riesgo con bonos basura o sin calificación crediticia (‘high yield’), las rentabilidades medias están cercanas al 0%. Entre enero y agosto los monetarios pierden un 0,33%, los de renta fija a corto plazo un 0,08% y los de largo plazo ganan un 0,02%. A esto hay que sumar el efecto de la inflación.

Así, el golpe para el poder adquisitivo del ahorro en estos fondos asciende a otros 1.600 millones. El daño acumulado entre depósitos y fondos roza los 24.000 millones, sin contar con el deterioro en fondos mixtos, en los que en parte de su cartera hay renta fija, y otras formas de ahorro que se ven impactadas por la inflación. Gran parte de este ahorro es por precaución y por las restricciones al gasto provocadas por el covid, y los expertos esperan que se transforme en consumo. Pero, si así ocurre, será con menor capacidad de compra.

placeholder Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE)
Christine Lagarde, presidenta del BCE. (EFE)

De hecho, los fondos de renta fija más activos asumen más riesgo o se protegen con la duración de la cartera, como han hecho en Ábaco, a la espera de “oportunidades en nuevas emisiones”, teniendo mientras en cartera empresas cubiertas por sus activos, mientras que en Rentamarkets el director de inversiones, Ignacio Fuentes, señala que han abogado por reducir duraciones, “llegando a ser ligeramente negativa, en especial en Europa”. “Pensamos que el repunte de la inflación es transitorio y trabajamos en un escenario de inflaciones bajas (en torno al 2%)”, apunta Rafael Valera, CEO de Buy & Hold, donde apuestan por bonos con rentabilidad media del 4% con mineras, petroleras o bancos.

Ante este escenario, los asesores financieros, responsables de asignación de activos (‘asset allocation’, en la jerga, que deciden en qué tipo de activos invertir) y banqueros privados mueven carteras contrarreloj para aliviar el golpe a sus clientes. Porque, aunque los bancos se esmeran en vender fondos, algo que están consiguiendo con suscripciones netas a niveles récord en 18.500 millones entre enero y agosto, y muchos de ellos con más peso en renta variable, hay clientes que siguen en depósitos o en fondos conservadores porque su perfil (horizonte temporal o miedo a las pérdidas) les impide asumir más riesgo.

¿Cómo están gestionando el repunte de la inflación en las carteras conservadoras las principales entidades? Estas son las estrategias.

Guillermo Santos, socio de iCapital

Se trata de contar en cartera con activos que no sufran en precio cuando suben los tipos de interés por desplazamientos hacia arriba de la curva y su positivización (suben los tipos a medio y largo plazo que descuentan un escenario inflacionista aunque los cortos estén anclados en el cero). Bonos flotantes, bonos financieros, bonos asiáticos y estrategias de duración negativa.

Diego Fernández, director general de Inversiones de AyG

No hay grandes cambios en la gestión de patrimonios por la inflación, porque pensamos que, si bien es posible que pasemos a un régimen de inflación algo más alta que en los últimos años, la mayor parte de los factores inflacionistas son temporales. En cualquier caso, el escenario inflacionista no puede ser obviado completamente y debemos buscar inversiones que puedan funcionar en ese contexto, como el oro y, principalmente, la renta variable de calidad y las acciones de compañías con capacidad de trasladar subidas de precios a sus clientes.

Álvaro Galiñanes, director de Inversiones de Santander Private Banking Gestión

Los repuntes que hemos visto en buena parte de los índices de precios han tenido durante este año su reflejo en un aumento de las pendientes de las curvas de tipos, sobre todo por el incremento de rentabilidades de los tramos más largos que anticipan un endurecimiento de las políticas monetarias. Teniendo en cuenta que hemos estado buena parte del año sobreponderados en renta variable en todos nuestros perfiles de inversión y, por tanto, el riesgo lo hemos asumido por este lado, las apuestas en renta fija, en general, y para los perfiles más conservadores, en particular, han sido más cautelosas. En términos de duración, hemos estado manteniendo posiciones incluso por debajo de nuestras referencias en momentos del año, buscando estrategias que a la vez no tuvieran una gran dispersión de vencimientos. Respecto al riesgo crediticio hemos diversificado las carteras con estrategias muy globales que incluyen flotantes, deuda financiera y deuda corporativa. Como cobertura natural para el aumento de los precios, en ciertos momentos, hemos incluido materias primas y bonos indexados a la inflación. Estos últimos responden muy bien a los incrementos reales de los precios porque cupones y principal se resetean en función de la evolución de los índices de precios al consumo. Con un escenario de crecimiento y de evolución de tipos que nos habíamos trazado a comienzos de año, hemos evitado vencimientos largos y un posicionamiento agresivo en deuda emergente.

Foto:  El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. (EFE)

Jaime Martínez, director de Asset Allocation de BBVA AM

Nuestro escenario central es que el repunte de la inflación en la eurozona será transitorio, aunque seguirá en niveles elevados todavía durante varios meses. Por tanto, no hemos realizado cambios radicales en las carteras aunque sí una serie de actuaciones para adaptarnos al entorno actual. En primer lugar, hemos reducido la exposición estratégica a activos de renta fija de la zona euro, con una reducción de la sensibilidad a los tipos de interés, incrementando a su vez el peso en cartera de aquellos mercados de renta fija donde los tipos reales son más altos, como los mercados emergentes o más recientemente los bonos locales de China. Por otro lado, y en previsión de un escenario más negativo en términos de subida de la inflación, hemos realizado un análisis histórico de aquellos activos que mejor pueden proteger a las carteras, diseñando un modelo que identifica las fases de la inflación y nos indica qué activos hay que sobreponderar en cada una de ellas. En la actualidad, el modelo apoya el aumentar la exposición a materias primas y a las acciones más vinculadas con estas, algo que también hemos implementado en las carteras este año. Por último, mantenemos también posiciones en una selección de activos alternativos líquidos orientados a aportar rentabilidad con un riesgo limitado en esos hipotéticos entornos inflacionistas.

Javier Navarro y Paula Satrústegui, gestor y socia de Planificación Patrimonial en Abante

En un contexto como el actual, con los tipos en mínimos, para conseguir algo de rentabilidad y, por tanto, superar la inflación, hay que asumir algo de riesgo en nuestras inversiones. La cuestión es cómo asumimos ese riesgo, entendido como volatilidad del activo. En nuestra opinión, la relación entre el riesgo de la renta fija en estos momentos y la rentabilidad que te ofrece es asimétrica y hay que ser muy selectivos a la hora de invertir en el activo. Por eso, preferimos alejarnos de la renta fija gubernamental, especialmente con duraciones largas, ya que hay poco que ganar y mucho que perder si los bancos centrales, en un entorno de inflación, empiezan a endurecer sus políticas monetarias. La inflación es el enemigo silencioso del ahorro, porque, si dejamos nuestro dinero ‘parado’, debajo del colchón o en una cuenta que no nos dé ninguna remuneración, con el paso del tiempo y por el efecto de la inflación, nuestro dinero pierde valor. Por ejemplo, si dejamos 10.000 euros debajo del colchón, con una inflación del 2%, en cinco años su valor equivalente será el de 9.057 euros. Si pasan 20 años, equivaldrán a 6.729 euros.

Pedro Pablo García, director de Asset Allocation de Mutuactivos

Estamos manteniendo bajos niveles de exposición a tipos de interés (duración) y comprando bonos reales, cuyo principal se ajusta con la inflación. Dentro de lo que el riesgo de una cartera conservadora permite, invertimos en renta variable diversificada con cierto sesgo cíclico, ya que son los sectores que mejor reaccionan ante un entorno de crecimiento y pueden trasladar mejor las subidas de precios.

Foto: EC Diseño.
A la Fed no le preocupa la inflación… por ahora
The Wall Street Journal Justin Lahart

Ángel Borrego, director de Inversiones en BNP Paribas Wealth Management

La gestión del riesgo de inflación se está realizando en las carteras conservadoras mediante dos enfoques diferentes. Por un lado, mantenemos una duración en la cartera de renta fija muy defensiva con mayor concentración en vencimientos menos sensibles a un aumento de la pendiente de las curvas de tipos de interés y, por otro lado, desde 2020 hemos ido incrementando el peso relativo en aquellos activos que podrían ser más defensivos ante aumentos de inflación, tanto bonos ligados a inflación de modo directo o a través de fondos posicionados en materias primas, especialmente metales. La inflación ha sorprendido al alza tanto en Estados Unidos como en Europa y, aunque comenzamos a ver algo menos de presión, especialmente en la subyacente, esperamos que los niveles de inflación se mantengan altos durante meses, siendo un indicador relevante a seguir en la construcción de las carteras.

Álvaro Soldevilla, responsable de Gestión Discrecional de Deutsche Bank España

En un escenario donde esperamos un repunte moderado de la inflación que se traducirá posiblemente en una reducción en los estímulos monetarios, es recomendable reposicionar las carteras conservadoras con respecto a su sensibilidad a tipos de interés. De esta forma, nuestro posicionamiento se ha ajustado reduciendo la exposición a activos de deuda pública, lo que reduce también la duración agregada de la cartera. Por el contrario, en línea con nuestra visión razonablemente optimista respecto al ciclo y crecimiento económico, hemos incrementado nuestra exposición al segmento de crédito 'high yield' con duraciones cortas, lo que entendemos que puede seguir favorecido por el mayor apetito al riesgo de los inversores.

Jesús Amador, responsable del Servicio de Asesoramiento Independiente de Bankinter

El primer paso es asesorar a los clientes y transmitirles que la inflación se va a moderar gradualmente, pero va a permanecer en niveles superiores al 3% al menos hasta principios de 2022 por el aumento de la demanda, los mayores precios de la energía y los cuellos de botella en determinados componentes. En este contexto de 'yields' cercanas a 0% en renta fija y erosión de la rentabilidad real, los inversores conservadores deben tener en sus carteras un porcentaje de activos de renta variable de calidad respaldados por el crecimiento del ciclo económico y los resultados empresariales. En la parte mayoritaria de renta fija, hemos incluido desde principios de año bonos ligados a inflación y fondos de baja volatilidad y retorno absoluto que contribuyan a preservar el patrimonio. En los activos más dinámicos de renta fija, preferimos fondos de crédito con duración reducida que puedan tener cierta exposición bien seleccionada a 'high yield'. Aporta más valor el riesgo de crédito que el riesgo de duración ante la tendencia actual de estrechamiento de diferenciales.

Raquel Blázquez, jefa de Inversiones de Banca Privada de Ibercaja

En la parte de renta fija, estamos en general infraponderados en deuda soberana, donde no vemos valor, y sobreponderados en crédito, tanto 'investment grade' como 'high yield'. Y con respecto a duración, estamos en duraciones bajas, puesto que vemos repuntes en la parte media y largas las curvas. En renta variable, es el activo financiero donde vemos más valor, a pesar de lo ajustado de las valoraciones actuales. Debido a ello, tratamos de apurar los límites máximos por mandato en este tipo de activo, ya que pensamos que es una de las coberturas naturales frente a la inflación, porque, invirtiendo en compañías líderes en sus segmentos y con ventajas competitivas sostenibles, serán capaces de trasladar ese incremento de precios al cliente final.

Foto: Sede del Banco Central Europeo. (EFE)

Carlos Andrés, director de Gestión y Asesoramiento de Banca March

Hemos identificado la necesidad de invertir de forma diferente a como lo veníamos haciendo en muchas clases de activos. Una de ellas era la renta fija, quizás el activo más penalizado por un aumento de la inflación. El sustituto más evidente, en nuestra opinión, era la inversión alternativa líquida. Y lo es porque nuestras soluciones en este activo presentan un perfil de riesgo asumido y rentabilidad esperada muy similar al comportamiento histórico de la renta fija. Además, las carteras han venido incorporando algunos activos de economía real que son otro excelente antídoto frente a la inflación, ya sea capital riesgo, deuda privada, 'venture capital' o activos inmobiliarios.

Jesús Hoyos, director gerente de Sabadell Urquijo

El repunte vivido en la inflación, especialmente en EEUU desde el pasado mes de abril, pensamos que es temporal y que se irá ajustando a la baja hacia la zona del 2% de aquí a 2023. Por eso no estamos tomando decisiones drásticas en la distribución de activos de las carteras de nuestros clientes aunque sí hemos realizado algunas actuaciones más tácticas para beneficiarnos de ese repunte temporal comentado. En este sentido, desde antes del verano hemos incorporado bonos ligados a la inflación, aunque con corta duración, de manera que las carteras tengan cierta protección ante la inflación esperada para este año que, en el caso de EEUU, esperamos que supere el 4% anual. Por otro lado, hemos reducido la exposición a activos de deuda pública dado que pensamos que el tipo de interés de segmento de renta fija debería subir gradualmente desde los niveles actuales con la consecuente caída en el precio del mismo. Por el contrario, mantenemos sobreponderados los activos del segmento de ‘high yield’ y deuda financiera que es donde más potencial de ganancia vemos que existe actualmente.

Félix López, socio de ATL Capital

Vamos a un escenario de medio plazo donde los tipos de interés se situarán por un periodo largo de tiempo por debajo de la inflación, con lo que los activos tradicionales de inversión de los perfiles más conservadores no van a cubrir la inflación. Nuestra primera gestión ha sido trasladar este pensamiento a dichos inversores, ya que la única manera de intentar aumentar la rentabilidad futura es asumiendo algo más de riesgo y diversificando más las carteras en busca de nuevas fuentes de rentabilidad. Habrá inversores que lo acepten, pero otros que no. Para estos últimos, creemos que les espera un horizonte donde los activos tradicionales más conservadores perderán valor en términos reales, esto es, después de la inflación.

La inflación supone un golpe para el ahorro conservador para el que es difícil encontrar precedentes similares, al ser un entorno de tipos al 0%, pero con la inflación disparada por encima del 3%. Si bien el Banco Central Europeo (BCE) cree es un repunte coyuntural, lo cierto es que supone un daño superior a los 24.000 millones para los ahorradores españoles.

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