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¿Y si al final vuelve el lobo de la inflación? Así sería el golpe de gracia para el conservador

A corto plazo, el impacto de la inflación en la cartera de un ahorrador conservador puede parecer limitado, pero según se avanza en la escala temporal, la dimensión del golpe se agiganta

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Si la economía actual fuera el cuento de Pedro y el lobo, ya ni el propio niño protagonista insistiría con la advertencia porque no encontraría quien se la creyera. Y sería muy comprensible, porque hay quienes se han pasado más de una década anunciando que los precios de la cesta de la compra se iban a disparar y, de momento, nada.

Los profetas del apocalípsis inflacionario llevan tocando sus trompetas desde finales de 2008. El argumento parecía infalible: como los bancos centrales se habían entregado con desenfreno para salir de la crisis, al arte de la impresión de billetes (planes de expansión cuantitativa, dicho en la jerga), los consumidores se lanzarían a comprar y acabarían provocando un estallido de los precios. Pero no. O al menos no reflejan eso las estadísticas oficiales.

En las economías desarrolladas, la inflación se ha mantenido desde entonces por debajo del 2% (el nivel que los bancos centrales consideran deseable para tener un crecimiento sano). En EEUU, sí ha superado de vez en cuando esta cota, pero en la zona euro ni nos hemos acercado. Hace años que está estancada cerca del 1% y las expectativas que cotizaban en mercado no eran precisamente alcistas hasta ahora.

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Y menos mal, porque esta ausencia de inflación ha sido casi el único alivio para el inversor más conservador en toda esta crisis. Aunque el dinero en depósitos y cuentas corrientes no paga intereses, al menos tampoco ha perdido mucho poder adquisitivo por esa ausencia de tensiones en los precios. ¿Pero puede volver y dar el golpe de gracia al ahorrador?

Menos lobos, caperucita, respondería el mercado… Eso, o quizá algo así como “pensar en la inflación ahora es como pensar en esquiar en verano”, que le decía el otro día un usuario a David Cano, socio de AFI, cuando éste retuiteaba este gráfico destacando el “brutal aumento de la oferta monetaria” en 2020.

“En esto sí que soy contrarian”, reconoce Cano. “Creo que esta vez sí va a venir la inflación. Que el multilplicador monetario esté subiendo, por mayor solvencia de los bancos, provoca que el aumento de la base monetaria (que esta vez está siendo muy superior) incremente de forma brutal la oferta monetaria”, detalla. Es decir, mucho más dinero llegando a los bolsillos del consumidor y que, si se mantiene, acaba provocando subidas de precios.

Desde M&G Investments también contemplan esta posibilidad, aunque ahora parezca lejana por los datos que se están publicando. Por ejemplo, la caída del 1% del IPC en España en mayo. “El confinamiento nos ha obligado a quedarnos en nuestras casas, con lo que en general hemos gastado menos y, a nivel mundial, hemos recortado en gran medida nuestros viajes y desplazamientos. Sin embargo, muchos de los motores del descenso de la inflación son de naturaleza transitoria”, destacan.

“Anticipamos un repunte del gasto una vez se vuelva en cierta medida a la normalidad”, explican desde la gestora británica. “En función de cuánta demanda esté reprimida y de lo dispuestos que estén los consumidores y las empresas a desprenderse de su ahorro cuando comencemos a emerger de la crisis, el aumento del gasto podría impulsar la inflación”, añaden.

En Schroders, creen que el riesgo también ha aumentado y apuntan a otras dos razones, además de la política monetaria: “Los choques de oferta provocados por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que se han visto ahora exacerbados por los confinamientos para contener el covid-19, y se traducen en menor globalización o incluso desglobalización” y la situación de las materias primas: “Después del colapso de los precios del petróleo, se está produciendo una importante destrucción de la oferta”, por lo que, “cualquier signo de normalización de la demanda aumentaría los precios desde niveles históricamente reducidos”.

Desigualdad y tensiones políticas, más leña al fuego

Y, por si fuera poco, desde Bank of America lanzan otro argumento muy de actualidad social y política: “Solventar la desigualdad en la riqueza requiere inflación y redistribución de una tarta económica estancada. Una analogía de la época de finales de los 60, con malestar social y civil, más peso de los gobiernos, un mundo más pequeño (final de Bretton Woods entonces), subida de los tipos de interés, caída del dólar y mercados de renta variable volátiles”. Por eso, el consejo de los estrategas que firman su último informe semanal de flujos es claro: “Protégete contra la inflación en 2020”.

A corto plazo, el impacto de la inflación en la cartera de un ahorrador conservador puede parecer limitado, pero según se avanza en la escala temporal, la dimensión del golpe se agiganta. Pongamos un capital de 50.000 euros, que se mantiene en liquidez y no obtiene rentabilidad, y una inflación del 2% anual (el objetivo de los bancos centrales). ¿De cuánto sería la pérdida de poder adquisitivo?

Al cabo de un año, de 1.000 euros, pero al cabo de 10 años, esta cifra se dispararía a 9.146 euros, y pasados 20 años, hasta 16.600 euros, casi un tercio de lo ahorrado. Un auténtico desastre para el ahorrador que no quiere asumir riesgos invirtiendo en los mercados financieros. Puedes hacer tus propios cálculos con esta herramienta que te traemos El Confidencial y Finect.

¿Cuánto valor perderán tus ahorros por culpa de la inflación?:

¿Pero cómo cubrirse ante la inflación? Los asesores y gestores recomiendan activos reales, que puedan incorporar también a sus precios estas tensiones inflacionarias. Entre ellos, acciones de compañías con poder para subir precios, activos inmobiliarios de calidad o activos refugio anti inflación como el oro. Mientras en el mundo de la renta fija, estarían los bonos ligados a la inflación, “cuyos cupones y valor se ajustan en base a una medida de la inflación”, como explican desde M&G Investments.

¿Se cumplirá esta vez la profecía de la vuelta de la inflación? ¿Aparecerá el monstruo que hasta ahora estaba dormido y que podría devorar el poder adquisitivo de nuestros ahorros? Para los más escépticos, David Cano apunta una última razón: “Los bancos centrales quieren que haya inflación y van a permitir que se vaya por encima del objetivo. Es una de las mejores formas de ayudar a reducir la abultada deuda pública… A costa, eso sí, de los ahorradores”.

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