UNA VICTORIA PODRÍA DISPARAR EL PETRÓLEO

El próximo cisne negro de la bolsa se oculta en las primarias demócratas de EEUU

'Subprime', quiebra de Grecia, Brexit, Trump... Pero ¿cuál será el siguiente acontecimiento que ponga contra las cuerdas al mercado mundial?

Foto: Un cisne negro, en una laguna helada. (Reuters)
Un cisne negro, en una laguna helada. (Reuters)
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En el mundo de las finanzas, se considera un cisne negro un acontecimiento imprevisible y atípico que tiene una gran repercusión y que, una vez que ha ocurrido, todo el mundo sabe explicar. Y si algo hemos aprendido en la última década es que esta metafórica ave se está apareciendo más en los mercados de lo deseable. 'Subprime', quiebra de Grecia, Brexit, Trump... Pero ¿cuál será el siguiente acontecimiento que ponga contra las cuerdas al mercado mundial?

Son tantos los frentes abiertos a lo largo y ancho del globo —tensiones geopolíticas, guerra comercial, Brexit, populismos, problemas de liquidez, deuda pública...— que los analistas han pasado por alto un riesgo que puede hacer saltar por los aires los mercados: un inesperado y abrupto repunte de la inflación en un escenario en el que ni se la ve ni se la espera, que obligue a reaccionar rápidamente a los bancos centrales con un cambio brusco de rumbo de sus políticas monetarias.

El petróleo, que históricamente es el activo que más incidencia tiene en la inflación mundial —no solo por su relación directa con el precio de la energía, sino porque de él se derivan más de 3.200 productos de consumo—, lleva sumido en un ciclo bajista desde julio de 2014, cuando el barril vio los 100 dólares por última vez. Ni siquiera un 'shock' como el ataque al corazón del mayor exportador mundial de crudo el pasado mes de septiembre, que interrumpió la mitad de la producción de Arabia Saudí, ha logrado sacar el oro negro de su depresión, a pesar del repunte puntual de los días posteriores.

A pesar de ello, aún no se debe descartar un inesperado repunte del precio que inicie un efecto dominó en la economía global. El problema es que con todos los focos dirigidos hacia el avispero árabe, donde la tensión es tan elevada que una chispa puede prender la llama, y hacia los movimientos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para apuntalar el precio, el principal riesgo que hay de cara a 2020 se está pasando por alto y es el resultado de las primarias del Partido Demócrata de Estados Unidos y, por extensión, "una victoria amplia de la izquierda en Estados Unidos", apuntaba Alex Fusté, economista jefe de Andbank, durante la presentación de las perspectivas de la entidad para el año que viene.

La clave está en una de las promesas anunciadas por la candidata Elizabeth Warren que afecta directamente al sector petrolero estadounidense: prohibir el 'fracking' hidráulico. Esto es, la extracción mediante esta técnica que consiste en 'exprimir', por así decirlo, el oro negro de los esquistos en las rocas y que ha permitido al país disputar a la OPEP la hegemonía del mercado mundial de crudo.

Es precisamente el fuerte desarrollo de esta industria, potenciada por Donald Trump, el que ha presionado el precio a la baja y ha evitado que los recortes de producción de los países de la OPEP y sus socios hayan tenido en el mercado la repercusión de antaño, por lo que ya no solo la prohibición del 'fracking' sino las meras restricciones podrían disparar el precio del barril.

Junto a Warren, el otro candidato más beligerante con el petróleo de esquisto, el también progresista Bernie Sanders, también se encuentra entre los favoritos de las encuestas y, según Andbank, "la presencia combinada de Warren y Sanders, defendiendo prohibiciones en la industria del 'shale', hace que, de alguna manera, el resto de candidatos demócratas también haga llamamientos a dichas restricciones".

Por ello, una victoria demócrata amplia que conlleve el retroceso de la industria hidrocarburífera en EEUU comprometería la producción de más de cuatro millones de barriles/día de los 11 millones que hoy exporta el país, según Fusté. Esto sería "particularmente traumático para el mercado energético global, ya que implicaría el aumento generalizado de los precios del crudo, con el consecuente aumento en las expectativas de inflación, causando un giro en las políticas monetarias hacia decisiones más restrictivas, lo que pondría fin al apoyo clave a los mercados desde el lado monetario", concluye.

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