Laura Borràs y Puigneró se descuelgan del Parlament paralelo que monta Puigdemont
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Elección aplazada a final de octubre

Laura Borràs y Puigneró se descuelgan del Parlament paralelo que monta Puigdemont

Portavoces del vicepresidente catalán confirman que no se presentará. Y fuentes oficiales de la presidenta de la Cámara catalana aseguran que tiene serias dudas

Foto: El vicepresidente del Govern y 'conseller' de Políticas Digitales, Jordi Puigneró (d), junto a la presidenta de la Cámara catalana, Laura Borràs. (EFE)
El vicepresidente del Govern y 'conseller' de Políticas Digitales, Jordi Puigneró (d), junto a la presidenta de la Cámara catalana, Laura Borràs. (EFE)
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La presidenta del Parlament, Laura Borràs, y el vicepresidente de la Generalitat, Jordi Puigneró, no tienen nada en común pese a ser los dos independentistas. De hecho, representan sensibilidades opuestas en JxCAT. La primera, al frente de la Cámara catalana, ocupa el segundo cargo de más importancia en Cataluña y forma parte del sector más radicalizado del partido, siempre abonado a la unilateralidad. El segundo constituye el puente entre el oficialismo de Junts y la cercanía a Carles Puigdemont, abogando por abanderar proyectos pragmáticos como la ampliación de El Prat. Pero ambos tienen algo en común: los dos han optado por descolgarse del Parlament paralelo que impulsa el expresidente catalán desde Bélgica. La decisión es solo una muestra, ejemplo relevante, pero personal al fin y al cabo, del desinterés generalizado con que el soberanismo ha recibido el nuevo proyecto del líder secesionista.

Fuentes cercanas a ambos políticos han confirmado que ningunos de los dos optará a un cargo en ese poder legislativo duplicado que responde al nombre de Asamblea de Representantes, y que contará con 121 miembros, de los que 81 serán escogidos entre los más de 98.000 socios que formen parte de los registrados como nuevos ciudadanos del Consell per la República. Los otros 40 se reservan a cargos electos independentistas, como es el caso de Puigneró y de Borràs. Pero si ellos, que son los representantes más destacados del poder ejecutivo y del legislativo en Cataluña se ponen de perfil, pocos parecen interesados en una iniciativa que adolece de cualquier sentido práctico.

Foto: El 'expresident' de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

Portavoces de Puigneró han confirmado que no se presenta. Y fuentes oficiales que representan a Borràs confirman sus dudas aunque por el momento aseguran que “no lo descarta”, pero que todavía tiene que hablarlo con otras personas y ver qué decide. Hay que recordar que el plazo acababa el pasado domingo, y que ninguno había dado pasos en ese sentido. La presidenta del Parlament, muy activa en redes y con más de 131.000 seguidores en Twitter, ha estado tuiteando mucho estos días sobre las mujeres afganas, por ejemplo, pero nada sobre la futura asamblea independentista.

De hecho, el pasado viernes, con 'agosticidad' y sin mucho bombo, Puigdemont y su Consell per la República aplazaron las elecciones para constituir la nueva Asamblea de Representantes, que se celebrarán de manera electrónica y a través de la aplicación móvil del Consell entre el 29, 30 y 31 de octubre. Este anuncio se hizo apenas 48 horas antes de que se iniciase el proceso previsto, es decir, que se pudiesen presentar candidaturas. Los comicios ya acumulaban dos años de retrasos. El órgano independentista no ha dado más explicaciones salvo alegar en una nota que “era una demanda de las bases” de la propia entidad. En la práctica, la falta de candidaturas y la marginalidad de los pocos que habían mostrado interés suponían un problema.

Foto: Carles Puigdemont (d) y Oriol Junqueras. (EFE)

Además, ERC tampoco quiere participar. Lo que deja fuera a medio independentismo y pone en cuestión la legitimidad de un órgano que no solo carecería de cualquier respaldo legal, sino que, pese a aspirar a convertirse en una cámara legislativa en la sombra, iba a comenzar su andadura sin representación de los catalanes contrarios a la ruptura. Así, sin ellos y sin los republicanos, al final participaría en el juego el 25% del soberanismo, pero, como muestran las ausencias de Borràs o Puigneró, solo lo harían aquellos más marginales o estrambóticos.

Papel residual

Toni Comín, vicepresidente del Consell, ya entregó con un retraso de más de un año el reglamento para las elecciones, que tenían que haberse celebrado hace dos, cuando la Asamblea de Representantes se llamaba todavía Asamblea de Cargos Electos, una entidad que se anunció en 2016, que en 2017 llegó a repartir carnés de miembros, pero que, cuando fracasó la DUI y se aplicó el 155, hizo mutis por el foro, justo en el momento en que en teoría su misión era asumir la legitimidad institucional ante el Gobierno central. El Parlamento paralelo solo se ha reunido una vez, en 2019. Entonces aprobó una declaración tan floja que sus miembros decidieron salir a cortar la diagonal, solo porque les pillaba cerca, como si una cosa compensase la otra.

Foto: Momento de las votaciones de la llamada Asamblea de Cargos Electos impulsada por el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)

Esta Asamblea tiene como primer objetivo, una vez que se constituya, designar a Puigdemont como presidente del Consell per la República. Por tanto, la legitimidad de este como representante de todos los catalanes o al menos de los independentistas depende de esta nueva entelequia conceptual, la cual ahora se encuentra embarrancada. El 'expresident', eso sí, ha sido escogido como eurodiputado de JxCAT, pero eso nunca le ha bastado y aspira a un liderazgo más transversal en Cataluña, como demostró en el acto de Perpiñán en marzo del 2020. Pero esa legitimidad ambicionada le obliga a superar la situación actual, en la que, de manera literal, se ha autoproclamado presidente de un ente que no existe.

Sin caja de resonancia

En la pasada legislatura, Borràs y el protector de esta última, el entonces 'president' Quim Torra, servían de caja de resonancia a la actividad del Consell. Ahora, con ERC presidiendo la Generalitat, Puigdemont los ha perdido. Igual que perdió al hombre de los grandes proyectos, el ideólogo Agustí Colomines, cuando dejó morir La Crida Nacional per la República, un partido que fracasó. Y la persona con capacidad organizativa, Jordi Sànchez, se ha centrado en trabajar para JxCAT. Esta combinación ha dejado al Consell per la República huérfano. O en manos de Comín, una variante sofisticada del concepto “orfandad”.

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont interviene por videoconferencia en el acto de inicio de campaña para las elecciones generales de JxCAT. (EFE)

Muchos independentistas no entienden nada. Y el nuevo aplazamiento electoral no ayuda. Algunos ya apuntan a que las elecciones a la nueva Asamblea no se llevarán a cabo hasta que se defina con ERC el nuevo papel que ha de tener el Consell per la República. Pero esto, cuando quedan tres semanas para que se celebre la mesa de diálogo, no parece una prioridad para Pere Aragonès, quien ha delegado la negociación para el nuevo órgano en la figura de la 'exconsellera' de Salut, Alba Vergés. Voluntad de llegar a un pacto sí, pero sin prisas.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, y el vicepresidente de la Generalitat, Jordi Puigneró, no tienen nada en común pese a ser los dos independentistas. De hecho, representan sensibilidades opuestas en JxCAT. La primera, al frente de la Cámara catalana, ocupa el segundo cargo de más importancia en Cataluña y forma parte del sector más radicalizado del partido, siempre abonado a la unilateralidad. El segundo constituye el puente entre el oficialismo de Junts y la cercanía a Carles Puigdemont, abogando por abanderar proyectos pragmáticos como la ampliación de El Prat. Pero ambos tienen algo en común: los dos han optado por descolgarse del Parlament paralelo que impulsa el expresidente catalán desde Bélgica. La decisión es solo una muestra, ejemplo relevante, pero personal al fin y al cabo, del desinterés generalizado con que el soberanismo ha recibido el nuevo proyecto del líder secesionista.

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