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Tensión en la ANC: el buque insignia del independentismo hace aguas
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Cascada de dimisiones y enfrentamientos

Tensión en la ANC: el buque insignia del independentismo hace aguas

La guerra sucia dentro de la organización llegó a ser de tal calibre que un grupo denominado también Salvem l’ANC apareció en escena para boicotear a los críticos y crear confusión

Foto: Concentración de la ANC celebrada el 28 de febrero. (EFE)
Concentración de la ANC celebrada el 28 de febrero. (EFE)

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha vivido en los últimos meses fuertes tensiones internas que han desembocado en dimisiones, enfrentamientos entre sectores y acusaciones de nepotismo y de autoritarismo por parte de la cúpula. Uno de los momentos más delicados lo vivió el pasado 2 de noviembre, cuando ocho miembros del secretariado nacional presentaron su dimisión. En el último semestre de 2020 dimitieron nada menos que 14 altos dirigentes, un 20% del secretariado nacional de la organización, además de otros militantes sin cargo en ese órgano.

Los ocho dirigentes que dimitieron en bloque fueron los que, días más tarde, convocaron una cumbre de todos los partidos independentistas con el objetivo de presentar una lista unitaria a las elecciones del 14 de febrero. ERC no asistió a la primera cumbre y criticó duramente a JxCat, que sí asistió, así como a Demòcrates de Catalunya (DC), una escisión de UDC que en 2017 se presentó en coalición con Esquerra y ahora se alió con Carles Puigdemont. Tras las duras críticas republicanas, ni JxCat ni DC acudieron a la segunda ‘cumbre’ y la idea naufragó. La naturaleza supremacista y xenófoba de algunas de las formaciones acabó dinamitando el proyecto.

Foto: El vicepresidente primero del Parlament, Josep Costa. (EFE)

La iniciativa, no obstante, supuso un fuerte revés para la ANC, que vio cómo los escindidos sí movían ficha y trataban de influir en política. Precisamente una de las acusaciones que realizan determinados sectores a la presidenta, Elisenda Paluzie, y a su equipo es la pasividad de la cúpula y la pérdida de peso tanto en la calle como en la escena política catalana. Apenas tres días después de la escisión de los 8 miembros del secretariado se daba de baja uno de los históricos, Albert Donaire, portavoz de Mossos per la Independència. Y dos semanas más tarde dejaba la militancia Txell Borràs, que había sido la dirigente más votada en la ciudad de Barcelona, que juntamente con Xavier Sunyer y Jordi Adroer intentaron que la ANC asumiera la hoja de ruta aprobada en primavera y aprobase al más alto nivel puntos como la obligación de implementar una estrategia conjunta de todas las fuerzas independentistas, exigir la unilateralidad a todos los partidos, ratificar en el Parlament la declaración de independencia aprobada el 127 de octubre de 2017 y rechazar cualquier Gobierno en el que estuviese alguna fuerza constitucionalista.

Guerra sucia

En cierto modo, la cúpula de la ANC está prisionera de los distintos bandos del independentismo: el sector de JxCat quiere más posicionamiento y el acatamiento total al Consell per la República, que maneja Carles Puigdemont. Otro sector, en cambio, exige un mayor acercamiento a ERC, puesto que afirma que este partido siempre sale perjudicado por las decisiones y las críticas de la cúpula de la Asamblea. El año pasado, dentro de la ANC, por ejemplo, surgió el colectivo Salvem l’ANC, un grupo de afiliados que pretendía jugar directamente en el terreno político principalmente a través de la movilización en la calle. Esta plataforma se arrogó la misión de salvaguardar la quintaesencia de la ANC y acusaba a la dirección de dominar verticalmente la organización “con mano de hierro, abandono de las calles y arrinconamiento de las
bases”.

La guerra sucia dentro de la organización llegó a ser de tal calibre que un grupo denominado también Salvem l’ANC, pero con un alias ligeramente distinto en Twitter, apareció en escena para boicotear a los críticos y crear confusión. El nuevo grupo ‘ful’ llegó a acusar a algunos sectores de la ANC de instrumentalizar la entidad a favor de Junts per Catalunya. Así, se filtraron documentos internos y actas de las reuniones (con el detalle de las votaciones nominales sobre temas candentes) e incluso se revelaron correos electrónicos en los cuales los responsables de la Crida Nacional (el invento de Puigdemont para desbordar al PDeCAT) apelaban a que sus dirigentes también lo eran de la ANC para atraer militancia hacia su nuevo partido.

En diciembre pasado, uno de los socios, Jordi Pi, a quien se le había impedido presentar su candidatura para optar a la presidencia, envió un extenso correo a los militantes de algunas sectoriales y territoriales de la Asamblea anunciando que había comenzado un proceso de recogida de firmas para solicitar la convocatoria de una asamblea general extraordinaria para presentar una moción de censura a todo el secretariado nacional. Con la abundante documentación adjuntada, Pi denunciaba la deriva de la ANC, el abuso de poder, la falta de democracia interna y la pérdida de la capacidad de presión e influencia política.

Foto: El escritor peruano Mario Vargas Llosa, uno de los firmantes del manifiesto. (EFE)

La iniciativa no sirvió de mucho, porque los socios de la ANC prefirieron no remover el asunto en plena precampaña electoral. “Hoy ya estoy fuera de la ANC. Me di de baja y no quiero saber nada más de ella. Es más: prefiero ni perder el tiempo hablando de las deficiencias que denuncié. Es un tema cerrado para mí”, señaló Jordi Pi a El Confidencial. Entre otras cosas, denunciaba que la hoja de ruta votada por los socios en la asamblea general de primavera fue luego adulterada. Entre otras reivindicaciones, la ANC rehusó supeditarse al Consell per la República, cosa que algunos socios le recriminan todavía.

Más conflictos

En el mes de enero, Xavier Vidal, coordinador territorial de Sarrià-Sant Gervasi, la zona alta de Barcelona, dimitió de su cargo, provocando otra crisis dentro de la entidad. Vidal había pasado por Solidaritat per la Independència (una escisión de ERC) y por Primàries, la candidatura auspiciada por la propia ANC, pero luego se integró en Demócrates de Catalunya. De hecho, este dirigente siempre había sido crítico con Paluzie y su círculo más próximo, recriminándole demasiada pasividad. Además, es uno de los impulsores de la plataforma Catalans per la Independència, partidaria de la máxima “O con nosotros o contra nosotros”.

En febrero, con la cercanía de las elecciones, los conflictos internos se multiplicaron: Jordi Ollé dimitió de sus responsabilidades en el grupo de trabajo que había creado la ANC para realizar el seguimiento de las elecciones, para puntuar a las distintas formaciones. Ollé protestó primero por la exclusión de esas valoraciones de dos partidos: el Partit Nacionalista Català (PCN), de reciente creación y liderado por Marta Pascal, y el Front Nacional de Catalunya, que presentaba al empresario Albert Pont como candidato. Además, se mostró en desacuerdo con la intención de crear un frente único con el resto de las cinco candidaturas ‘indepes’, tal y como presionaba el sector de JxCat.

Foto: Miembros de la ANC queman una gran foto del Rey con gritos de "fuego al Borbón". (EFE)

Por su parte, Carles Fité abrió otro frente durante la campaña electoral al considerar que las valoraciones que daba la ANC a los partidos soberanistas eran para favorecer a determinadas candidaturas y perjudicaban claramente a ERC, partido del que él mismo había sido candidato en las municipales en Vilobí d’Onyar, cerca de Girona. Fité había entrado en el secretariado de la organización en junio del año pasado, precisamente en sustitución del primer gran dimisionario: Salvador Vergès, que se fue el 22 de junio pasado dando un portazo y acusando a Paluzie de tener “tics sectarios”. Vergès, que el pasado 14-F concurrió de tercero en la lista de JxCat por Girona, aspiraba a una vicepresidencia que Paluzie le negó. Claro que Vergès ha acusado a los españoles de “torturadores y represores” y es uno de los que alimentan la teoría del expolio fiscal de los 16.000 millones anuales.

En definitiva, las dos principales almas de la ANC mantienen un pulso en el seno de la organización. Desde JxCat se intenta un acercamiento y se procura meter presión con la ‘candidatura única’ mientras que desde ERC se quiere marcar distancias. “Si la ANC quiere jugar a política, que se presente a las elecciones, pero que no intente instrumentalizar ni mandar en los partidos políticos”, reflexiona un miembro destacado de los republicanos.

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