El Parlamento europeo, paralizado

La crisis sanitaria dilata el suplicatorio de Puigdemont y da tiempo al 'expresident'

Con la alerta de salud pública cebándose en Cataluña, el peso político del residente en Waterloo ha decaído mucho, mientras que la figura que crece es Quim Torra

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)

La crisis sanitaria que vive Europa por culpa del coronavirus ha paralizado el Parlamento Europeo y esto ha tenido un efecto inesperado: el proceso de suplicatorio que tramita la Cámara sobre Carles Puigdemont y los otros europarlamentarios independentistas, Toni Comín y Clara Ponsatí, se ha dilatado y va para mucho más largo que entre los seis y nueve meses que se preveían en un principio. Eso ofrece al 'expresident' algo que le irá muy bien: tiempo. Si la perspectiva era tener que dejar la Cámara europea e iniciar una batalla legal para evitar que la Justicia belga no le extraditase, algo poco probable, por otra parte, pero siempre engorroso, ahora ese horizonte se aleja en el tiempo.

Esta es la parte buena para Puigdemont. La mala es que, con el Parlamento Europeo casi paralizado, la visibilidad del líder soberanista ha caído en picado. El problema que se plantean en Waterloo, según fuentes políticas de ese entorno, es cómo aprovechar la tregua judicial que les ha facilitado el Covid-19 para la causa. El giro de los últimos días del Consell per la República para volcarse en actividades benéficas va en ese sentido.

La crisis sanitaria dilata el suplicatorio de Puigdemont y da tiempo al 'expresident'

Y eso se ha vuelto más complicado. Con la alerta de salud pública cebándose en Cataluña, como en el resto de España, el peso político de Puigdemont ha decaído mucho. El coronavirus ha dinamitado muchas cosas, y la estrategia del autodenominado 'exilio catalán' no ha sido una excepción. La idea de que lo importante era un supuesto 'Gobierno legítimo' que marcaba las líneas maestras desde Waterloo mientras que la Generalitat se limitaba a ser el 'Gobierno efectivo', minusvalorando la Administración catalana, ha saltado por los aires a medida que se acumulaban los muertos.

Un total de 3.231 personas ya han fallecido en Cataluña víctimas de la pandemia, según los últimos datos de la Conselleria de Salut. Con ese panorama, hasta los catalanes más independentistas quieren más efectividad y menos simbolismo, justo lo contrario de lo que les había prometido Puigdemont cuando arrancó la legislatura. En Perpiñán, Puigdemont pidió a sus seguidores que estuviesen preparados. Pero nadie estaba preparado para lo que vino de verdad.

Todas las perspectivas que había dibujado Puigdemont se han desvanecido. No solo era la idea de un 'president' custodio. Es que lo importante, que era que la convocatoria de elecciones era una decisión que se iba a tomar en Waterloo, también se ha difuminado. Ahora ya está claro que en otoño no habrá elecciones en Cataluña. Lo único que preocupa sobre el otoño catalán es que no haya otro brote del virus, como avisan algunos expertos.

Ni el líder del PSC, Miquel Iceta, el mayor entusiasta de convocar comicios catalanes, los pide ahora. La legislatura catalana que todos decían que iba a ser corta, en este momento, incluso podría agotarse. Y si no lo hace será porque el Tribunal Supremo acaba confirmando la suspensión de Quim Torra, algo que igual que ha pasado con el suplicatorio de Puigdemont, también va para más largo. Si alguien tiene el botón de las elecciones catalana, ya no es Puigdemont, es Manuel Marchena.

Lejos de la acción

Con el foco puesto en la Conselleria de Salut, que gestiona ERC, Puigdemont se ha quedado lejos de la acción y ya no puede influir en el día a día de la Generalitat, solo centrado en tapar las múltiples vías de agua que la epidemia genera en el sistema público de salud, la economía, las arcas públicas o la política social.

La nueva crisis se ha centrado en la Conselleria de Salut, que está en manos de ERC, lo que deja a Puigdemont poco margen para influir en el día a día

Mientras Carles Puigdemont busca cómo resituarse en el nuevo paradigma que ha generado el virus, la figura de Quim Torra va creciendo día a día. El mundo se derrumba y los catalanes han mirado a ver quién estaba al frente. Como ese invitado inesperado que acaba convertido en el centro de la fiesta, Torra ha ido asumiendo protagonismo. Se ha convertido en el adalid de un confinamiento más duro y se ha centrado en buscar un 'hecho diferencial' en la manera de enfrentarse a la pandemia. Cuando Pedro Sánchez tuvo que paralizar la economía, como Torra llevaba pidiendo desde hacía semanas, se apuntó un tanto. Además, como el peso de la gestión lo lleva ERC, son los republicanos los que se están comiendo los mayores sapos, como la catástrofe sanitaria en los geriátricos catalanes, con más de 1.000 muertos a sus espaldas.

Hombre de Estado

Cuando apoya la prolongación del estado de alarma, que evidentemente recorta libertades, Torra se erige en lo más parecido que Cataluña puede tener a un hombre de Estado. Cuando apuesta por asesorarse por el virólogo Oriol Mitjà, marca perfil propio, no solo frente a Madrid sino incluso contra el criterio de una parte de Waterloo, como es el caso del 'exconseller' de Salut Toni Comín. Torra se ha dado un baño de realidad, pero fue el primero en anunciar, y reconocer, que vendrían días duros. Ni Cs cuestiona ahora que sea el presidente de la Generalitat. Como se descuide un día de estos, Puigdemont llamará por teléfono a Torra y este no podrá cogérselo. No por nada. Solo porque estará gobernando a los catalanes.

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