Junqueras pide calma hasta las municipales

La moción del Parlament mete presión a ERC para derribar el Govern de Quim Torra

La pelota no queda tanto en el tejado de JxCAT como de sus socios de ERC, dejando a los republicanos sin apenas incentivos políticos para apoyar una Generalitat en modo zombi

Foto:  El primer secretario del PSC, Miquel Iceta (i), y la portavoz del grupo socialista, Eva Granados (c), durante el pleno del Parlament. (EFE)
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta (i), y la portavoz del grupo socialista, Eva Granados (c), durante el pleno del Parlament. (EFE)

A Miquel Iceta, la jugada le salió redonda. Se notan las tablas parlamentarias del PSC ante el todavía amateurismo de Cs. Con 17 diputados, los socialistas catalanes tendieron su celada y esperaron con paciencia a que las piezas fueron convergiendo hasta el punto de colisión. Y así consiguieron la foto de ayer: el Govern de Quim Torra desobedece a un Parlament que le insta a convocar comicios o someterse a una moción de confianza. Torra, atrapado en sus propios simbolismos. No pasará nada, porque desde Waterloo ya han dado órdenes de hacer oídos sordos, pero la legislatura queda tocada de muerte. No hay Presupuestos, no hay mayoría, no hay plan de gobierno, como muy bien sintetizó el líder del PP, Alejandro Fernández. La pelota no queda tanto en el tejado de JxCAT como de ERC, dejando a los republicanos sin incentivos para sostener una Generalitat en modo zombi.

Torra no queda obligado a nada en lo jurídico. La moción es como muchas, que se ignoran desde el primer día pese a haberse aprobado en el pleno. Pero le condiciona en lo político y se le recordará todos los días que él, justamente el 'president' Torra, quien fuera gran defensor de la soberanía del Parlament, ahora ningunea a la Cámara. La misma soberanía que se utilizó para forzar la DUI en 2017 ahora se quiere ignorar cuando se pide la cuestión de confianza, pese a que la votación de ayer, esta sí, se enmarca de manera plena en la legalidad.

La moción del Parlament mete presión a ERC para derribar el Govern de Quim Torra

Desde Soto del Real, Oriol Junqueras ha tocado el silbato, según explican fuentes de su partido. Todos quietos hasta las municipales. Los 'tracking' son muy favorables a ERC, pero los republicanos son especialistas en decepcionarse a sí mismos. ERC respaldará al Govern hasta finales de mayo, según fuentes del partido. Ya ni la sentencia del Tribunal Supremo sirve para marcar una línea en el desierto.

La sesión de ayer empezó con la incertidumbre de lo que haría la CUP y acabó con reproches al PSC. Y sí, el PSC se llevó todas las críticas, pero también la victoria de obtener 62 votos contra 61. La veteranía de Iceta contra una Lorena Roldán que pagó su bisoñez política. Cuando salió al atril, no se sabía si estaba más enfadada con los independentistas o con la situación por tener que ir a rebufo de los socialistas, teniendo más del doble de diputados en la Cámara catalana. Roldán estaba tan incómoda que dedicó más críticas a Iceta que a los soberanistas. Y evitó decir lo que iba a votar su grupo.

Reproches entre el constitucionalismo

“También les digo una cosa, yo, siéndoles sincera, pues tampoco me sorprende, porque nosotros en Cataluña, al PSC, pues ya los conocemos. Si es que con ustedes empezó todo. Fue el señor Iceta el artífice de los famosos y nefastos tripartitos. Fue el señor Iceta el que no tuvo ningún reparo en hablar de conceder indultos a aquellos que han roto la convivencia en Cataluña”, lanceó la nueva líder de Cs en el Parlament. Una crítica excesiva para luego acabar votando a favor del denostado socialismo catalán.

Hasta el último momento, el constitucionalismo dedicó más tiempo a lanzarse reproches entre ellos que a responder a las críticas de los independentistas —Anna Caula, de ERC, calificó la iniciativa de “moción de censura encubierta”—. No hubo ese frente constitucionalista con el que fantasea Cayetana Álvarez de Toledo, pero las piezas estaban en su sitio y la atracción natural hizo que los socialistas solo tuviesen que cerrar el lazo.

Los comunes, por boca de su diputada Susana Segovia, también se batieron el cobre contra los socialistas: “Queremos saber cuál es el PSC que lleva esta propuesta, esta moción. ¿Cuál es el planteamiento que hace el PSC hacia Cataluña para salir de este conflicto? ¿El PSC tendrá la misma valentía que le está pidiendo al señor Torra para someterse a una cuestión de confianza? Porque mucho dependerá de lo que haga el PSC. ¿Qué es lo que el PSC irá a hacer e irá a decir en Madrid? ¿Es el PSC del 155? ¿Es el PSC que bloqueó el autogobierno de Cataluña o el PSC que, hasta hace poco, defendía el derecho a decidir de Cataluña como una salida a la situación política que estamos viviendo?

El PSC recibió el grueso de los ataques, pero al final arrastró a Cs, PP y comunes a votar su moción y luego la CUP puso la guinda evitando votar


Eva Granados no se mordió la lengua cuando le llegó el turno: “Me preguntaban que qué PSC somos. Nosotros somos el PSC de siempre, pero yo no sé qué comunes son ustedes, si los del señor Asens o los del señor Coscubiela”. Suerte que estaba pidiendo el voto a su iniciativa.

Costa, indignado

Ajeno al intercambio de golpes en el pleno, Iceta se mantuvo impertérrito en su escaño, pendiente de su móvil, como si tejiera su tela de araña desde la pantalla. Luego, cuando la CUP se lavó las manos y optó por no votar, quedó claro que Torra y su Govern habían caído en la trampa.

Al final, Josep Costa, de JxCAT, salió indignado del pleno y convocó a las televisiones llevando a cabo una de esas declaraciones de lo blanco es negro que tanto gustan en política catalana: “Creemos que políticamente la moción del PSC ha sido rechazada, porque nos tenemos que referir y ser fieles al resultado de las elecciones del 21-D", y culpó de lo que había pasado al “voto de calidad del juez Llarena”. En el pleno, claro, había pasado justo lo contrario hacía solo cinco minutos: la moción había prosperado. Por detrás, altos cargos de ERC aseguraban en privado que la culpa había sido de JxCAT por perder la mayoría al no asumir el mecanismo de sustitución de los presos, que sí habían aceptado sus diputados, entre ellos Junqueras. Ira y división. Iceta se había cobrado su pieza.

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