UN TEÓLOGO APODADO EL CURA, NUEVO NÚMERO dos

Cuatro mandos clave de los Mossos dimiten para no seguir las órdenes de Interior

La sombra de Trapero en la policía autonómica catalana sigue siendo alargada. Varios de sus hombres han decidido pasar a la reserva para no estar bajo las directrices de Zoido

Foto: El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido (d), y el nuevo jefe de los Mossos, el comisario Ferran López. (EFE)
El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido (d), y el nuevo jefe de los Mossos, el comisario Ferran López. (EFE)

La estructura de los Mossos d’Esquadra se tambalea. Esta semana, la cúpula del cuerpo, que ahora encabeza Ferran López y a quien nombró el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, para sustituir al ‘major’ Josep Lluís Trapero, comunicó a la plantilla de la policía autonómica catalana los cambios de destino de algunos de los hombres relevantes en la estructura. Veteranos policías de los Mossos han accedido ahora a la primera línea, en sustitución de los hombres puestos a dedo por Trapero. La estrategia de Interior ha funcionado, ya que los promovidos son “gente de la casa”, algunos de la primera promoción, lo cual implica que tienen una acreditada carrera dentro del cuerpo y no pueden ser tachados de “usurpadores”.

Pero lo más importante es lo que no se ha dado a conocer: una cascada de dimisiones de hombres clave que tiene lugar a las pocas semanas de la ‘rebelión oculta’ de los Mossos bajo el mando de Trapero. Al menos cuatro pesos pesados han anunciado a la cúpula policial que cesan de sus cargos para pasar a ‘segunda actividad’. Eso implica una huida en desbandada de los hombres que han controlado los destinos del cuerpo los últimos años, e incluso los responsables de algunas de las decisiones más polémicas, aquellas que ni siquiera se han hecho públicas todavía.

El principal de los ‘huidos’ es Manel Castellví, el poderoso comisario de Información. Su área ha sido crucial en el trabajo de inteligencia de los Mossos. De carrera paralela a la del propio Trapero, Castellví era uno de los comisarios con más peso dentro de los Mossos, hasta el punto de que su nombre se había barajado en alguna ocasión para sustituir al ‘major’. Tras su marcha, según han indicado a El Confidencial fuentes internas de los Mossos, cogerá las riendas de esta área sensible su segundo hasta este momento, Miquel Justo Medrano, curiosamente un hombre cuya compañera es del Cuerpo Nacional de Policía (CNP).

El exjefe de los Mossos Albert Batlle (c) y los comisarios Josep Lluís Trapero (i) y Manel Castellví. (EFE)
El exjefe de los Mossos Albert Batlle (c) y los comisarios Josep Lluís Trapero (i) y Manel Castellví. (EFE)

Otro de los hombres fuertes que deja el cargo es Francesc Camprubí, hasta ahora jefe de escoltas. Este veterano inspector había pasado por varias localidades como jefe de los Mossos antes de recalar en el destino clave de control de los escoltas, un puesto que genera un caudaloso río de información, ya que no hay que olvidar que los casi dos centenares de escoltas son los que, con sus partes diarios, facilitan una copiosa información sobre los movimientos y reuniones de los altos cargos del Gobierno.

También dejará el cargo el intendente Jaume Giné, responsable de los Mossos en Tarragona, que había visto ya hace medio año cómo Trapero le ponía en su región policial un comisario de su total confianza. Su marcha, según algunas fuentes, puede tener relación con el hecho de que en la última promoción se le negase el ascenso a comisario. Joaquim Belenguer, jefe del área de Girona, es otro de los altos mandos que se van a segunda actividad. Este último es el único que ha reconocido oficialmente Interior como cesante que pasa a segunda actividad.

El Cura, de número dos

En el organigrama de los Mossos, los cambios no dejan de ser también importantes. Miquel Esquius, hasta ahora jefe de Movilidad, pasa a ser el nuevo número dos, al ocupar el puesto de jefe de la Comisaría Superior de Coordinación Territorial, el puesto que tenía Ferran López antes de acceder a jefe del cuerpo. Curiosamente, Esquius, a quien apodan ‘el Cura’, es teólogo de formación y, según quienes le conocen de antaño, “no se ha distinguido por nada en particular. De hecho, los cambios que se han acometido son con gente de perfil bajo, que estaban apartados de responsabilidades de primera fila porque no eran de la total confianza de Trapero pero de trayectoria sólida”.

La mano derecha de Esquius será Josep Lluís Rosell, que había estado en la Escuela de Policía, en Arenys de Mar, y que había ocupado el puesto de jefe de la región policial de Lleida. Rosell es considerado del ‘núcleo duro’ de los Mossos porque es de la primera promoción del cuerpo. Por su parte, el puesto que Esquius dejó en Movilidad será ocupado por el intendente Vicenç Gasulla. Como nuevo jefe de Tráfico (uno de los destinos que también había tenido Esquius) fue nombrado el inspector Andreu Gómez, mientras que de número tres de los Mossos (o sea, como jefe de la Comisaría Superior de Coordinación Central) continuará una de las personas de confianza de Trapero, el comisario Joan Carles Molinero, hombre a quien se vincula ideológicamente con ERC.

Uno de los cambios más llamativos es el del comisario Joan Figuera como jefe de la Sala Central de los Mossos. Figuera era, hasta ahora, el número cuatro del organigrama, ya que había sido ascendido antes de verano por Trapero a jefe de la Comisaría General de Recursos Operativos. Ahora se le relega a “un destino de poca relevancia”. Su lugar será ocupado por el intendente Daniel Pérez, su segundo, que con anterioridad ya había sido jefe de esta división pero que fue relegado por Trapero. Así pues, de Pérez dependerán ahora unidades tan importantes como la Brigada Móvil (Brimo, o sea, los antidisturbios), los Grupos Especiales de Intervención (GEI) o las Áreas Regionales de Recursos Operativos (ARRO).

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