los voluntarios de la anc se movilizan

El independentismo pasa de los despachos a la calle: “Nos quedaremos hasta el 1-O”

La posibilidad de saltar a las calles llevaba muchos días en el ambiente, y para los independentistas esto supone un punto de inflexión en el pulso del 'procés'

Foto: Varios miles de ciudadanos protestan por los registros de la Guardia Civil en la Rambla. (EFE)
Varios miles de ciudadanos protestan por los registros de la Guardia Civil en la Rambla. (EFE)

El independentismo ha saltado a lo largo del día de los despachos a la calle. La operación de la Guardia Civil contra 14 cargos públicos de la Generalitat y empresarios ha dado inicio a lo que los propios voluntarios desplegados por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) describían como una movilización que se intentará extender hasta el 1-O. “Somos la locomotora. El choque de trenes tenía que llegar y por fin llegó. Ahora ya no lo para nadie”, comentaba, triunfante, un delegado de la organización secesionista, que ya ha montado carpas en la confluencia de Gran Vía y la Rambla Catalunya, el epicentro de las protestas. “Aquí nos vamos a quedar día y noche. Empezará a llegar agua y comida. Todo esto es espontáneo. Nosotros solo damos cobertura. Tenemos mucha experiencia con estas movilizaciones y hemos tenido tiempo para prepararnos muy bien para lo que tenga que llegar”.

Los acontecimientos se precipitaron poco después de las nueve de la mañana, cuando la gente comenzó a congregarse a la puerta de la Conselleria de Economía, donde fue detenido el número dos de Oriol Junqueras. “Queremos votar”, “Independencia”, “No a la opresión”, gritaban. A los pocos minutos ya estaban allí los miembros de la ANC repartiendo banderas con el lema 'Democracia' y un rostro con la cara tapada.

El independentismo pasa de los despachos a la calle: “Nos quedaremos hasta el 1-O”

Desde primera hora de la mañana, los grupos de WhatsApp independentistas empezaron a hervir. En los mensajes se llamaba a la movilización y se ofrecía la dirección de las sedes en que había entrado la Guardia Civil por orden judicial. “No nos dejemos robar la democracia. Concentraciones ahora mismo para parar a la Guardia Civil”, convocaban los mensajes.

La posibilidad de saltar a las calles llevaba muchos días en el ambiente, y para los independentistas esto supone ya un punto de inflexión en el pulso del 'procés'. “Si esto crece y se llena, seremos imparables. El Gobierno de España ya no es una democracia y en esta calle tenemos que empezar la rebelión”, comentaba un joven que había llegado con su hermana, trabajadora social, desde Sabadell. “Hemos oído la noticia en la radio, y por redes sociales hemos decidido venir”.

Aunque son continuas las llamadas a la calma y se repite que no habrá violencia, el plan de los manifestantes sigue siendo mantener bloqueada la puerta de la Consejería de Economía para que los guardias civiles no puedan salir. Algo parecido a lo que ocurrió la tarde del martes en Terrassa, ante la sede de la empresa Unipost, donde la Guardia Civil se incautó de miles de notificaciones para la gente que supuestamente debía presentarse a las mesas electorales el 1-O. Allí, los agentes consiguieron abrirse paso por la puerta de atrás, donde había menos manifestantes concentrados, a quienes levantaron del suelo sin problemas. Pero Terrassa no es Barcelona.

Los Mossos desplegaron decenas de furgones policiales alrededor de las protestas y formaron barreras de contención. Fueron recibidos con un abucheo y los manifestantes bloquearon en pocos minutos un tímido intento por su parte de acceder hasta la puerta de la consejería. Posteriormente, la policía catalana relajó inmediatamente los controles y se mantuvo vigilante desde la distancia.

A media mañana, la concentración se reprodujo ante el Palau de la Generalitat. A la plaza Sant Jaume comenzaron a llegar independentistas. Primero poco a poco y luego ya organizados. Dentro, Puigdemont y su Gobierno se reunieron, y el presidente catalán acabó con una declaración manteniendo su compromiso de celebrar el referéndum.

Fuera, los agrupados cantaban 'L’Estaca', 'Els Segadors' y gritaban consignas a favor de la independencia. Increpaban también a los Mossos: “Sois catalanes, pero solo os importa vuestro sueldo. Trapero cobra 5.000 euros al mes y le da igual todo”. Los comentarios iban subiendo de tono. “Mientras la Guardia Civil busca urnas, los yihadistas van a su aire”, decía una señora.

Los 'consellers' abandonaron el edificio entre un baño de masas. El más explícito en sus declaraciones fue el consejero de Salud, Toni Comín, que salió de la sede del Gobierno con el puño en alto y entre aplausos gritó: “¡Votaremos! ¡Vamos ganando!”. Un rato después apareció Junqueras y la plaza rugió en su apoyo. “¡Guapo, guapo!”, le gritaron.

La impresión entre muchos independentistas es que el referéndum se desinfla ante las contundentes acciones de la Guardia Civil, pero al mismo tiempo crece el apoyo al Gobierno catalán, en especial a ERC. Algunos de ellos se negaron a hablar con El Confidencial y afirmaron que solo hablarían con medios catalanes. Había barretinas, esteladas, paraguas con la bandera catalana y un cartel de Rajoy disfrazado como un inquisidor.

La impresión es que el referéndum se desinfla ante las contundentes acciones de la Guardia Civil, pero al mismo tiempo crece el apoyo al Gobierno catalán

A mediodía y entre fuertes aplausos, los dirigentes independentistas de Òmnium y la ANC leyeron un manifiesto que era interrumpido continuamente por los gritos de apoyo. Lo hicieron a la puerta del ayuntamiento, en un espacio cedido por Ada Colau. “Esto es un asalto a las consejerías y un golpe de Estado. Que todo el mundo vaya a Gran Vía con la Rambla [donde se estaba concentrando la gente]”, clamó Jordi Cuixart, presidente de Òmnium. Jordi Sánchez, de la ANC, animó a hacer actos continuos a favor de la independencia durante todo el fin de semana (que coincide con las fiestas grandes de Barcelona, las de la Mercè).

Pese a insistir en que el referéndum sigue vivo, también habló por primera vez de la posibilidad de que esto no suceda. “Si al final no ponemos las urnas, nada será igual”. Sin papeletas, censo, sin colegio electoral y con las urnas escondidas, es muy difícil ya montar algo parecido a una votación democrática. Cuando hablaba, la plaza gritaba “¡No pasarán!”, como si esto fuese el Madrid republicano y la Guardia Civil, las tropas franquistas. De una concentración a otra desfilaba la plana mayor del independentismo social que ha impulsado el 'procés'. Miembros de la ANC y Òmnium, pero también Lluís Llach, Pilar Rahola…, y para dar sensación de unanimidad, tomaron la palabra el presidente de los rectores, el de las federaciones deportivas catalanas… “Estamos ante una situación histórica y la democracia está en peligro”, repetían.

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