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Galerías de agua y un acueducto: el proyecto de Sevilla para bajar los termómetros 12 grados
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PROYECTOS DE LA EXPO 92

Galerías de agua y un acueducto: el proyecto de Sevilla para bajar los termómetros 12 grados

La ciudad recupera una propuesta ligada a la Expo 92 e inspirada en un sistema de canalizaciones persa. El reto ahora es aplicar estos modelos de laboratorio a las calles y avenidas de una ciudad donde falta sombra

Foto: Varias turistas en bikini se bañan en la fuente de la plaza de España de Sevilla para combatir el calor. (EFE/Raúl Caro)
Varias turistas en bikini se bañan en la fuente de la plaza de España de Sevilla para combatir el calor. (EFE/Raúl Caro)

¿Y si la temperatura en Sevilla no subiera de los 30 grados en verano? El sueño es posible y se demostró en la Expo del 92, donde se logró con éxito un microclima en determinados espacios de la isla de la Cartuja. Pero 30 años después, este acierto no se ha desarrollado ni aplicado, ni a ese ni a otro enclave de la ciudad. Sorprende en una capital que adolece de árboles y sombras en gran parte de sus barrios. Pero ahora que la sostenibilidad es un mandato y la emergencia climática más evidente que nunca, las instituciones trabajan en varios proyectos que persiguen “atemperar” la ciudad, lograr un confort térmico que permita recuperar la vida en la calle haciendo frente a los efectos del cambio climático. El más llamativo, que será inaugurado este otoño, se denomina 'qanat' y reproduce un mecanismo de galerías subterráneas y acueducto cuyo origen se remonta a los persas, un sistema que se aplicará también fuera de la Cartuja, en otra calle, la avenida de la Cruz Roja, que se ha convertido en otro laboratorio para ensayar 'oasis' en paradas de autobuses y el entorno de un colegio.

placeholder Vista del proyecto Qanat Cartuja. (Cedida)
Vista del proyecto Qanat Cartuja. (Cedida)

Las soluciones no son nuevas; el 'qanat' es un ingenio persa y quienes idearon el sistema de la Expo explican que basta con mirar en la judería de cualquier ciudad andaluza para encontrar ejemplos de lo que hoy se denomina bioclimatización. Casi todo está inventado. De hecho, las tecnologías planteadas por los catedráticos Ramón Velázquez, Valeriano Ruiz y Jaime López de Asiaín, que compró con acierto el ingeniero Ginés Aparicio, director de proyectos y construcción de la Expo, eran entonces innovadoras, pero en su base estaba algo que dicta el sentido común: para suavizar la temperatura, hacen falta muchos árboles, pérgolas con vegetación y agua. Todo esto estaba en el diseño de la isla de la Cartuja y hoy sigue siendo la solución más barata y reclamada por colectivos como la Red Sevilla por el Clima, que desde 2016 denuncia la tala de árboles, alcornoques vacíos y otras prácticas indebidas, convencido de la necesidad de diseñar y ejecutar estrategias por el clima para los que la capital aún no está preparada. Solo en el último año, el Ayuntamiento de Sevilla ha puesto en marcha una campaña para plantar 5.500 ejemplares o se han presupuestado iniciativas para cubrir con toldos, además de los enclaves estratégicos del centro histórico, algunos puentes que cruzan el río, por citar algunas políticas que contrastan con algunos macroproyectos en ejecución con los que el Gobierno municipal quiere dejar constancia de su compromiso por una mayor sostenibilidad.

Los proyectos ahora en marcha suponen la continuación de un trabajo que se inició para el 92 en la Universidad de Sevilla, en concreto, por el grupo de termotecnia que lidera el catedrático Servando Álvarez. Entre 1987 y 1993, investigadores sevillanos desarrollaron los trabajos técnicos para acondicionar los espacios abiertos de la Expo, un encargo sin precedentes en el mundo ni por su objetivo ni por su escala, lo que le proporcionó gran eco mediático y galardones. De esta labor resultó la aplicación de técnicas naturales de refrigeración en edificios de alta eficiencia energética y que luego se exportaron a otras muestras, como la Expo de Lisboa y la de Shanghái. Pero, sin duda, la aportación más popular fue el uso de agua micronizada que hoy se observa en toldos de veladores, un ingenio sencillo, pues consiste en mezclar aire seco con un poco de agua y dispersarla. Supuso toda una revolución en la Sevilla del 92, al conseguir una bajada del termómetro de hasta 12 grados.

Foto: Dos jóvenes se bañan en el río Guadalquivir. (EFE/José Manuel Vidal)

Pero el legado de estos ingenieros, que estudiaron con esmero hasta conseguir el nivel de confort óptimo en la Cartuja, va más allá de esos aspersores colocados en la denominada Esfera Bioclimática o las 12 torres que todavía se conservan en la avenida de Europa, que han sido replicadas en China, Estados Unidos o Italia. Un logro importante fue el Palenque, espacio donde se celebraban actos oficiales y que fue derribado tras la muestra, donde se jugaba con las sombras en sus zonas, una central y otra periférica. Gracias al enfriamiento del aire por conductos enterrados, la cobertura no se calentaba y la sensación térmica se conseguía bajar hasta los 28 grados, según las explicaciones del profesor Álvarez que, junto a su equipo, ha actualizado estas y otras investigaciones con la incorporación de nuevas tecnologías en aspectos como la sensorización remota o inteligencia artificial.

El resultado es un proyecto que arrancó hace ya cuatro años y que estará culminado el próximo otoño: Cartuja Qanat. La propuesta cuenta con cinco millones de euros, está cofinanciada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional a través de la Iniciativa Urban Innovative Actions, quien aporta el 80%, y está liderada por el Ayuntamiento de Sevilla y otros seis socios: Emasesa, la Gerencia de Urbanismo, el PCT Cartuja, la Universidad de Sevilla, el Instituto Eduardo Torroja del CSIC y la Fundación Innovarcilla. Partiendo de una infraestructura abandonada del 92, un auditorio y un zoco, el objetivo es crear un refugio contra el calor en la calle Thomas Alva Edison. Un acueducto que ya está en pie conducirá hasta estas dos construcciones el agua procedente de aljibes.

Foto: La Plaza Mayor, poca sombra y 'privatizada'. (M. McLoughlin)

El sistema de refrigeración natural, según explica el equipo de Servando Álvarez, está basado en el uso del agua y el aire para crear un microclima especial más sofisticado del que tuvo la isla de la Cartuja durante la Expo del 92. La inspiración es una tradición con más de 11 siglos de antigüedad utilizada por el pueblo persa para amortiguar las altas temperaturas, pero el modelo es complejo. Con tecnologías de enfriamiento asociadas a sumideros medioambientales (galerías subterráneas) se refresca el agua durante la noche y por el día se produce aire frío (en el acueducto) para rebajar la temperatura de las superficies. “Hay un entramado de tubos subterráneos que parten de los 'qanats' que ya están semisoterrados y por los que bombeará aire frío en el zoco, una estructura arquitectónica nueva, o el acueducto que esparcirá agua con difusores hasta llegar al anfiteatro donde se están instalando otros elementos que también enfriarán el aire de manera natural”, explican los técnicos, que aseguran que el termómetro podrá bajar hasta 10 grados. De hecho, las primeras pruebas se han hecho a temperaturas de 37, aunque podría ser efectivo hasta los 41 grados.

La citada calle de la Cartuja contará con tres grandes espacios: un anfiteatro que fue en su día quiosco de espectáculos, con capacidad para 200 personas y que se sitúa en depresión respecto al nivel de la avenida para minimizar la entrada de aire exterior. Durante el día, el aire se enfriará mediante el uso del agua del estanque y de los 'qanats' y se distribuirá a través del frente del escenario y los peldaños de las gradas, creándose una especie de 'lago de aire' a baja temperatura: un zoco de nueva creación con forma rectangular de 750 metros cuadrados para espacios múltiples. Al estar dos metros bajo el nivel de la avenida, se minimizará la entrada de aire exterior y, además, contará con unas barreras semitransparentes. Y un tercer elemento abierto, lineal, con mobiliario y zonas verdes que unirá el espacio 'atemperado' con otra calle. En resumen, Cartuja Qanat proporcionará a Sevilla un nuevo enclave, que será usado también como extensión del campus universitario y que se transformará en un oasis en medio de un territorio de calor que los ingenieros que participan en el proyecto quieren convertir en una “isla atemperada” donde el CSIC ensaya con nuevos materiales, como celosías, en un estudio dirigido por José Antonio Tenorio. Los primeros actos están programados ya para el mes de septiembre.

placeholder Vista del proyecto Qanat Cartuja. (Cedida)
Vista del proyecto Qanat Cartuja. (Cedida)

Pero el reto no termina en este laboratorio urbano de la Cartuja. El equipo que trabaja en el 'qanat' también lo hace en una réplica en otra calle de la ciudad, en concreto, en la avenida de la Cruz Roja de Sevilla. Aprovechando las obras de reorganización del entorno, la empresa de aguas Emasesa, donde participa el ayuntamiento de la capital, está instalando este sistema de refrigeración natural en las marquesinas de las paradas de autobús, en un colegio y en una plaza. Este proyecto será realidad gracias a la aportación también de dinero europeo: a través del programa Life Watercool se destinarán dos millones de euros a financiar esta intervención integral, atendiendo a criterios de sostenibilidad y adaptación al cambio climático, que tendrá una inversión total de 3,7 millones (55% de aportación europea). Además del Ayuntamiento de Sevilla, participan en el programa Emasesa, la Universidad de Sevilla y dos compañías privadas.

Estas iniciativas son también ejemplo de un nuevo modelo de gobernanza público-privada que combina el conocimiento científico con el patrimonio cultural en un “laboratorio vivo para el cambio a través de la ecoinnovación”, comentan fuentes de Emasesa. La intención del Gobierno municipal es ir exportando estas experiencias a otros puntos de la ciudad, pero, mientras tanto, según reclaman los vecinos, plantar árboles también es una buena solución.

¿Y si la temperatura en Sevilla no subiera de los 30 grados en verano? El sueño es posible y se demostró en la Expo del 92, donde se logró con éxito un microclima en determinados espacios de la isla de la Cartuja. Pero 30 años después, este acierto no se ha desarrollado ni aplicado, ni a ese ni a otro enclave de la ciudad. Sorprende en una capital que adolece de árboles y sombras en gran parte de sus barrios. Pero ahora que la sostenibilidad es un mandato y la emergencia climática más evidente que nunca, las instituciones trabajan en varios proyectos que persiguen “atemperar” la ciudad, lograr un confort térmico que permita recuperar la vida en la calle haciendo frente a los efectos del cambio climático. El más llamativo, que será inaugurado este otoño, se denomina 'qanat' y reproduce un mecanismo de galerías subterráneas y acueducto cuyo origen se remonta a los persas, un sistema que se aplicará también fuera de la Cartuja, en otra calle, la avenida de la Cruz Roja, que se ha convertido en otro laboratorio para ensayar 'oasis' en paradas de autobuses y el entorno de un colegio.

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