42 °C en qué sombra: ¿están las calles de Madrid preparadas para los 'superveranos'?
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EN 2050 ESTO VA A SER MARRAKECH

42 °C en qué sombra: ¿están las calles de Madrid preparadas para los 'superveranos'?

La amenaza de que las olas de calor sean más largas y frecuentes hace que muchos se pregunten si el espacio público y el urbanismo de las ciudades está adaptado a esa nueva realidad

Foto: La Plaza Mayor, poca sombra y 'privatizada'. (M. McLoughlin)
La Plaza Mayor, poca sombra y 'privatizada'. (M. McLoughlin)

Esta 'tourné' por Madrid empieza en la Puerta del Sol, un punto habitual de encuentro en la ciudad. La hora programada eran las 12:00 del mediodía del sábado 14 de agosto, día marcado en rojo en el calendario de los meteorólogos de todo el país: se esperaba que fuese la jornada grande de la ola de calor que ha hecho sudar la gota gorda al sur de Europa. En el caso de la capital española, las previsiones apuntaban a que el mercurio entrase en ebullición hasta el punto de tocar los 42 grados de temperatura.

La impuntualidad de uno de los autores de este texto —"diez minutitos" que se estiran finalmente hasta media hora de reloj— obliga al otro a resguardarse de un sol que empieza a enseñar la coletilla de justicia. Trata de buscar un lugar agradable. No hay más sombra que la que encuentra junto a la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Por supuesto no hay un banco a la vista. Los únicos sitios para sentarse son los bordes de las fuentes que ocupan el espacio central de la conocida plaza. El único árbol que hay en ese lugar está hecho de bronce. Es de la estatua del Oso y el Madroño que se levanta en una de las esquinas.

Foto: Dos grúas se alzan frente a varios edificios en Sopela. (Miguel Toña/EFE)

La siguiente parada es la Plaza Mayor. El mismo panorama: ni rastro de esa vegetación que otrora poblaba ese espacio y que la anterior corporación municipal, liderada por Manuela Carmena, se planteó recuperar parcialmente, aunque la idea quedase en un cajón. Prácticamente los únicos puntos de descanso allí son las terrazas de los bares, mayoritariamente frecuentados por turistas por una política de precios a la que los locales han declarado la guerra. Las bases de las cuatro farolas que adornan la plaza hacen las veces de bancos, pero son inútiles por la temperatura que ya ha alcanzado el granito en este momento del día.

No es ni mucho menos el único punto que ha cambiado una estampa verde por el gris del hormigón en las últimas décadas. La plaza de Ópera, junto al Teatro Real, prescindió de sus frondosos árboles, lo mismo que la de las Cortes, enfrente de las escaleras del Congreso, donde el césped desapareció hace mucho tiempo.

placeholder La madrileña Puerta del Sol es uno de los espacios más diáfanos de la capital. (M. Mcloughlin)
La madrileña Puerta del Sol es uno de los espacios más diáfanos de la capital. (M. Mcloughlin)

Otras de más reciente creación tampoco han dejado espacio a la vegetación. La de Callao apenas cuenta con un solitario y endeble árbol en la parte central, incapaz de proyectar una sombra útil. Ocurre prácticamente lo mismo con la explanada que se ha creado con la nueva estación de Gran Vía: el nuevo templete corona un espacio duro donde no hay ni un banco donde esperar o tomarse un respiro. Que se lo digan a la pareja de 'heavies' que llevan años merodeando la zona. Aunque la imagen es menos crítica, lugares como la plaza de la Luna o la de Jacinto Benavente tampoco suponen un espacio mucho más agradable durante los días de verano. Hay otros ejemplos fuera del distrito Centro. La plaza de la Remonta está ocupada en su gran mayoría por el adoquinado. Lo mismo en Aluche. La plaza frente a la sede de la Junta de Distrito es una explanada de cemento que conecta con un centro comercial y donde es imposible disfrutar de un espacio sombrío.

Todo no es igual. A 300 metros de ese lugar está la plaza de la estación de metro, llena de grandes árboles y bancos en su perímetro, casi todos ocupados un sábado al mediodía en plena ola de calor. Tirso de Molina, la del Dos de Mayo o la de Olavide son lugares mucho menos hostiles, con más protagonismo y peso de elementos verdes. Sin embargo, gran parte de estos agradables espacios están ocupados, nuevamente, por la iniciativa privada y por alguna de las 60.000 mesas de bares y restaurantes que, según el ayuntamiento, hay a día de hoy en la capital.

Algunas preguntas son inevitables: ¿no hay más espacios públicos salpicados de verde porque el madrileño de a pie lo que quiere es entregarse al castizo 'cañatapa' o la gente revienta las terrazas porque no hay lugares agradables donde pasar estos episodios estivales? Si Madrid es la capital europea con más árboles por habitante, ¿por qué un paseo en julio o agosto parece ser un recorrido asfixiante a través de una isla de calor? ¿Están preparadas sus calles y sus plazas para tener un clima más propio de Marrakech, con 'superveranos' más largos y una canícula más intensa?

"Yo creo que la oferta genera demanda. Si te das cuenta, siempre que se genera un nuevo espacio público con sombra y verde se te llena en días de sol y calor", explica Antonio Giraldo, urbanista, geógrafo y creador de Parque 30, un proyecto que propone convertir la M-30 en un gran pulmón verde. Este experto recuerda el verano en el que se instaló un trozo de césped en la Plaza Mayor. "Se llenó. Y se llenó de madrileños. Es algo muy revelador, teniendo en cuenta que es una zona que los que vivimos en la ciudad no frecuentamos".

Giraldo destaca que Madrid tiene espacios verdes muy buenos, como es el Parque del Oeste, la Dehesa de la Villa o el Retiro. "El problema es que no hay coherencia, no están bien conectados. Tienes la Casa de Campo a dos kilómetros del centro y, sin embargo, la percepción es que está lejísimos", describe. Sostiene que fuera de estos entornos cree que la ciudad "no está preparada para veranos cada vez más extremos" desde el punto de vista del urbanismo.

"Tiene grandes carencias de lugares de esparcimiento y de sombra. Está todo muy concebido hacia el consumo privado, no hay suficientes fuentes, no hay suficientes baños públicos. Muchas veces están fuera de servicio. Eso te condiciona incluso querer salir a dar un paseo largo, porque si te entran ganas de orinar o de hidratarte, que es algo que va a pasar cuando hace mucho calor, vas a tener que entrar a un bar a hacerlo", comenta este experto.

En este sentido cabe destacar que ciudades del tamaño de Bilbao, ante episodios climáticos así, optan por habilitar fuentes portátiles en zonas transitadas en donde no hay este tipo de instalaciones fijas. "Además, ya no es que no te ofrezcan el espacio, sino que la normativa refuerza la idea del consumo. En un banco no puedes sentarte a beber unas latas de cerveza libremente y en una terraza, que igual está a 30 metros, no te ponen ninguna pega".

Durante esta ola de calor se ha dado, además, un suceso que ha generado cierto revuelo: el ayuntamiento, atendiendo al protocolo, cerró algunos días los principales parques de la ciudad, reduciendo las posibilidades de aguantar el chaparrón de altas temperaturas en un lugar que no fuese tu propia casa o un bar. Lo hacía por el peligro de desprendimiento de ramas y eventuales caídas de árboles.

placeholder Callao, otra plaza dura y desnuda. (M. Mcloughlin)
Callao, otra plaza dura y desnuda. (M. Mcloughlin)

En lugares como Barcelona, ante la amenaza de este tipo de episodios, han creado una red de 162 refugios climáticos, instalados en lugares como parques, jardines, museos, escuelas públicas... "Aquí hemos visto como hay gente que ha recurrido a los centros comerciales, que han hecho ese papel de refugios climáticos en Madrid. No todo el mundo tiene aire acondicionado y esos espacios, que no dejan de ser privados, ofrecen climatización en un lugar donde uno puede pasear y sentarse", añade Giraldo. Está convencido de que el cierre de parques en esta ocasión también ha estado condicionado por el efecto de Filomena, ya que aún no se han completado los trabajos de limpieza necesarios.

Reparto de árboles y fuentes

Cuando se le pregunta por la presencia de árboles en las distintas zonas de Madrid es tajante: "Creo que, dependiendo el lugar, están mal repartidos o mal escogidos. Tienes el ejemplo de la calle Alfonso XII. Tienes unos ejemplares estupendos pero en un acera de metro y medio de ancho. No invita a disfrutar, invita a transitar y listo". En la ciudad hay unos 19 árboles por cada 100 habitantes. La cifra de árboles utilizada incluye unidades arbóreas en zonas verdes, arbolado viario y arbolado de zonas verdes con tipología viaria. Quedan excluidos los árboles de parques históricos, singulares y forestales, que elevarían ese número. Pero también hay otra cifra que solo tiene en cuenta los que están en la calle, aproximadamente un 35% de los primeros. El número de árboles por cada 100 habitantes sería entonces de siete. Se utilice una cifra u otra, la foto de los distritos es muy parecida. Villa de Vallecas, Vicálvaro, Moncloa-Aravaca o Barajas son los que más árboles tienen por habitante, entre otras cosas porque tienen una población menor. Distritos dentro de la M-30 como Centro, Tetuán, Chamberí, Retiro, Salamanca o Arganzuela son los que menos tienen.

El distrito de Tetuán sale mal parado siempre. Es el segundo que menos árboles viarios y el que menos árboles de calle por habitante tiene. Y también es la zona de la capital con menos calles arboladas: solo el 34%. Carabanchel y Usera son los otros distritos con menos de la mitad de sus calles arboladas.

Foto: Proyecto Piensa Sol, recuperado por Almeida. (Foto: COAM)

¿Y qué ocurre con las fuentes? En total, en toda la ciudad de Madrid hay 1.986 fuentes de agua para beber, según los últimos datos publicados por el ayuntamiento. Una fuente por cada 1.670 habitantes. La mayoría, 1.651 (un 83,1%), está en zonas verdes. En episodios de calor extremo, la normativa municipal obliga a balizar zonas de algunos parques e incluso a cerrarlos. Por ejemplo, durante la reciente ola de calor se cerraron ocho parques, lo que impedía el acceso a unas 90. Otras 335 fuentes, el 16,9% del total, están situadas en la vía pública, y su funcionamiento no debe verse afectado por las altas temperaturas. Salvo que estén estropeadas (o se decida cerrarlas por motivos sanitarios, como ha pasado durante la pandemia), prestan servicio siempre. Pero su distribución nuevamente es muy desigual.

¿Plantar más o plantar bien?

"De la misma manera que las personas sufren golpes de calor, los árboles también los padecen", explica José González, decano-presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales. "La madera y la materia viva no escapan a los cambios de temperatura. Sufren episodios en los que se retraen y se expanden. La principal razón para cerrar estos lugares suele ser el viento, pero en situaciones así también aumenta el riesgo de caídas y desprendimientos", argumenta, viendo lógicas las precauciones del ayuntamiento en este sentido. "Además es que caen sin avisar, el viandante no está tan en alerta como cuando hay viento". Sin embargo, González matiza que, si "se cierran estos lugares", se debería crear y disponer de otros espacios en la ciudad donde poder disfrutar de un entorno fresco.

placeholder Un hombre se refresca en una fuente en Madrid. (McLoughlin)
Un hombre se refresca en una fuente en Madrid. (McLoughlin)

Los árboles y la vegetación juegan un papel fundamental en esto. Un bulevar arbolado puede suponer una sensación térmica ocho grados menor que una completamente desnuda o con apenas ejemplares plantados. La temperatura del asfalto puede multiplicarse y pasar de 30 grados a la sombra a 60 grados si el sol incide directamente sobre su superficie. Lo mismo ocurre con las aceras y los empedrados.

"Madrid es una de las capitales mundiales con más arbolado. Hay que seguir en ese camino. Si estamos hablando de que vamos a sufrir más episodios climáticos de este tipo y en entornos como un parque podemos encontrarnos entre cinco u ocho grados menos, hay que reforzar esta estrategia", añade González, quien apunta que esto "no es un problema exclusivo de Madrid". "El cambio climático es un problema global".

Este ingeniero forestal pone el acento en la selección. "No se trata únicamente de plantar más. Hay que plantar mejor. Me consta que se lleva trabajando tiempo en esto", aclara. "Hay que elegir bien las especies y bien los genotipos". Pero pone algo sobre la mesa: no hay que hacerlo todo pensando en el calor. Rescata el ejemplo de Filomena y los 10 días de hielo y frío que siguieron a la borrasca más brutal que se recuerda en décadas en las calles de Madrid. "Muchas especies ornamentales de las que había en la ciudad no han podido soportar este episodio".

placeholder Vista de la plaza del Dos de Mayo en el madrileño barrio de Malasaña. (M. Mcloughlin)
Vista de la plaza del Dos de Mayo en el madrileño barrio de Malasaña. (M. Mcloughlin)

Por eso es importante "saber muy bien qué y dónde se coloca". González defiende la necesidad de "biodiversificar el arbolado". Los expertos recomiendan que la presencia de un ejemplar determinado nunca supere el 30% del total de árboles o plantas que hay en dicho lugar. "Tener un gran abanico te permite estar mejor preparado. Un episodio de calor, de frío o una plaga puede suponer una gran pérdida si apuestas todo a un mismo tipo".

"No podemos obviar que hay un problema evidente con lo que llamamos 'isla de calor' en el centro de ciudades como Madrid", explica Jorge Arévalo, socio del estudio Paisaje Transversal, que insiste en los diversos estudios que llegan a cifrar entre ocho y 10 grados las diferencias de temperatura que hay entre unos distritos y otros en la capital. Obviamente, la presencia de más espacio para los automóviles y la generalización de plazas duras, según este arquitecto y urbanista, han colaborado a este fenómeno. "Evidentemente el diseño del espacio público es fundamental para abordar esta problemática", argumenta. "Esa cantidad de asfalto, la permeabilidad de los suelos... Son cosas que inciden directamente en ese aumento de temperatura y de la sensación térmica".

Jorge Arévalo comparte el diagnóstico de Antonio Giraldo: la elección y la popularización de plazas duras son cuestiones de un modelo de ciudad orientado más hacia el consumo. "Hemos obviado la plaza como lugar de encuentro y de intercambio social. Cuando eso ocurría, se adaptaban para generar una sensación de confort y permanecer en ellas, con vegetación, con elementos de agua y zonas de sombra", explica. En su lugar, han aparecido plazas que invitan a no permanecer y empujan hacia lugares de consumo. "Un buen ejemplo es la Puerta de Sol o la de Callao. Son lugares que se han creado para el tránsito, que rápidamente te comunican y te dirigen hacia zonas mucho más comerciales".

placeholder La Plaza de Ópera. (M. Mcloughlin)
La Plaza de Ópera. (M. Mcloughlin)

Obviamente la vegetación necesita tiempo para desarrollarse y las reformas de las plazas y calles pueden demorarse años o décadas entre que se aprueba la documentación, se escoge el proyecto y se ejecuta. Pero tanto Arévalo como Giraldo hablan de actuaciones que se pueden llevar a cabo en el corto plazo de manera mucho más sencilla y con una inversión, a veces, ínfimamente menor. Es lo que se llama urbanismo táctico, que sería el equivalente a hacer 'microcirugías' en los barrios y las calles de las ciudades sin llevar a cabo grandes inversiones ni cambios estructurales. Un buen ejemplo es cómo la ciudad de Los Ángeles decidió pintar de blanco el asfalto en zonas residenciales para conseguir reflejar la luz y generar menos calor. "Si levantas una zona de seis plazas de 'parking' y en ese lugar pones una pequeña pérgola, unas enredaderas y unos bancos generas un espacio para los vecinos a un precio no muy alto", señala Giraldo.

Foto: Trabajadores pintan de blanco las carreteras de Los Ángeles. (Foto: City of LA)

Arévalo habla de lo ocurrido en Barcelona con las 'supermanzanas'. En la Ciudad Condal se ha ejecutado esto, que básicamente consiste en 'agrupar' el tráfico que discurre por el interior de determinadas manzanas y llevarlo a los límites (con excepciones como el transporte de mercancías para los locales de la zona), ganando el espacio interior para la vida vecinal. "Además de la fácil implementación, permite experimentar muy fácilmente con los fines del espacio público para crear parques, pero también espacios culturales o deportivos", defiende. Sin embargo, avisa: "Puede ser muy útil, pero hay que hacer otros cambios estructurales si nos queremos adaptar al entorno climático que viene. Hay que estudiar cambios en el terreno, en la permeabilidad de los suelos o la generalización de arbolado de alineación que genere sombras".

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