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En Sevilla tampoco hay playa: dos décadas de proyectos fallidos para tener un arenal
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TEMPORADA ESTIVAL

En Sevilla tampoco hay playa: dos décadas de proyectos fallidos para tener un arenal

El baño está hoy prohibido en la dársena del río Guadalquivir por su peligrosidad, pero hasta los años 60 hubo un arenal frecuentado y polémico: la playa de María Trifulca

Foto: Dos jóvenes se bañan en el río Guadalquivir. (EFE/José Manuel Vidal)
Dos jóvenes se bañan en el río Guadalquivir. (EFE/José Manuel Vidal)

Sevilla no tiene playa. Al menos ahora, porque hasta los años 60 funcionó en la capital un arenal para el baño conocido popularmente como la playa de María Trifulca. El baño está prohibido en la dársena del río Guadalquivir, tramo urbano que gestiona el Puerto de Sevilla, aunque en los días de más calor del verano es habitual ver a bañistas que desafían los peligros y las elevadas sanciones y se dan un chapuzón desde las escalerillas de los muelles, bajo los puentes y desde los pantalanes que hay próximos a la isla de la Cartuja.

Es difícil poner vallas al río, apuntan desde la Autoridad Portuaria de Sevilla. También es complicado lograr el encaje para que la ciudad, al estilo de otras urbes europeas, tenga, si no una playa como tal, una zona de recreo para tomar el sol y disfrutar de esa gran arteria que es el Guadalquivir y que, por ahora, ningún Gobierno municipal ha sabido explotar en todo su potencial. Y ello a pesar de que el deporte está presente en la lámina de agua. Sevilla cuenta con un Centro de Alto Rendimiento (CAR) de remo y piragüismo referente en Europa y con más de una decena de clubes deportivos con una gran actividad que, en los últimos años y al margen del ejercicio profesional, ofertan a precios populares rutas en canoa, travesías en kayak, pádel surf, dragon boat e incluso ejercicios fuera del agua, como el 'crossfit' y el yoga.

placeholder Una joven vestida de flamenca atraviesa en una tabla de pádel surf el Guadalquivir a su paso por Sevilla. (EFE/Juan M. De Lara)
Una joven vestida de flamenca atraviesa en una tabla de pádel surf el Guadalquivir a su paso por Sevilla. (EFE/Juan M. De Lara)

Un reto pendiente en Sevilla es convertir el Guadalquivir en un lugar de esparcimiento social, abrir sus espacios públicos y verdes al ocio, pues hay margen de crecimiento y hueco posible también para un arenal, una suerte de playa que convertiría a la capital en un destino redondo, según coincide el sector turístico. Pero el río es una de las grandes asignaturas por aprobar en la ciudad, donde no ha prosperado ningún gran proyecto en las últimas décadas.

Cual serpiente estival, la oportunidad de contar con una playa resucita cada verano desde 1999. El actual equipo de Gobierno de Antonio Muñoz asegura que el arenal “no es un tema que esté sobre la mesa en estos momentos”. El fracaso de los últimos proyectos obliga al Ayuntamiento de Sevilla a dar pasos firmes y a diseñar una idea con opciones de salir adelante, a pesar de que la llegada de nuevos proyectos privados es recurrente. El último que vio la luz fue muy fugaz. Más que una playa era un beach club que transformó en un arenal artificial de 4.000 metros cuadrados parte del Muelle de las Delicias tras la autorización del Puerto de Sevilla. El proyecto sumó restaurantes y zonas para practicar fútbol y voley playa; además de una pequeña piscina para iniciarse en el submarinismo y hasta una atracción que recreaba olas de surf. Un enfoque exclusivo y alejado de la idea de playa pública, con precios elevados y condiciones que abocaron a esta iniciativa al fracaso.

Foto: Vista del estadio de La Cartuja de Sevilla. (EFE/Raúl Caro)

Tal vez la idea con más opciones de futuro podría ser similar, pero más simple y pública: la transformación de parte de los muelles en una playa urbana al estilo de las de Paris Plages que emergen cada verano en algunos puntos a la orilla del Sena. Durante poco más de un mes la capital francesa celebra un evento muy esperado y aplaudido que va más allá de la recreación de una playa junto al río, pues se trata de una programación completa con actividades acuáticas, talleres infantiles, animación, conciertos, deportes al aire libre, biblioteca, exposiciones… Una propuesta que está muy en la línea de la política cultural impulsada por el actual alcalde socialista.

Este melón se abrió en Sevilla en 1999, con la presentación de un proyecto del megalómano alcalde Alejandro Rojas Marcos. La playa en el meandro que hace el río en el barrio de San Jerónimo fue una de las promesas estrella de su programa electoral y, aunque se convirtió en la chanza del momento, luego todos los aspirantes a la alcaldía han ido adaptando la idea. Esa primera playa proyectada por el andalucista se quedó simplemente en un boceto encargado a la multinacional Ayesa y contemplaba un novedoso sistema de inyección de oxígeno para purificar las aguas y crear olas artificiales en una zona que tendría un aforo para unas 2.000 personas con arena del fondo del río, chiringuitos, casetas-vestuario, duchas, área de juegos… y un presupuesto entonces astronómico de cuatro millones de euros.

placeholder Varias personas disfrutan de la tarde en la orilla del Guadalquivir. (EFE/Raúl Caro)
Varias personas disfrutan de la tarde en la orilla del Guadalquivir. (EFE/Raúl Caro)

La idea, que hoy habría dado para mil y un memes, resucitó seis años después de manos del Gobierno municipal formado por PSOE e IU, que anunció el proyecto Enclave río. Ahí no se autorizaba el baño, que de por sí está prohibido, pero sí una playa artificial con sombrillas y chiringuitos más o menos en la misma zona, en las inmediaciones del Puente del Alamillo. Un modelo que también imitaba en cierta forma la playa del Sena de París. El entonces alcalde, el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín, agotó tres mandatos sin sacar adelante su iniciativa, a la que le salió un rival. En 2007, el ya candidato del PP a la Alcaldía, el popular Juan Ignacio Zoido, lanzó un proyecto particular que cambiaba ese entorno playero por piscinas olímpicas y públicas en el río en una ciudad que tiene déficit de este tipo de infraestructuras abiertas a todos los públicos. El modelo era el de urbes nórdicas como Copenhague y algunas alemanas. Pero, aunque ganó las elecciones municipales en 2011, el popular tampoco pasó a la historia por ser el alcalde que abrió el río a los baños y su idea se fue al traste tras fracasar el proyecto en el que estaban contempladas estas instalaciones, denominado Paseo del Arte y que pretendía convertir las orillas en una zona para el ocio y la cultura. El concurso quedó desierto y aunque había llegado a anunciar incluso plazos y presupuestos de más de 7 millones de euros para las piscinas, acabó hundido en el río.

Foto: Fachada de la Casa Grande del Pumarejo, símbolo sevillano contra la gentrificación. (Casa Grande del Pumarejo)

Su sucesor, el socialista Juan Espadas, ya había barajado en 2011, cuando perdió las elecciones, una particular versión de la playa. El proyecto era más discreto y se parecía al que ya lideró el anterior alcalde socialista. Bajo el nombre de Proyecto Guadalquivir, la idea era recuperar las márgenes del río con cinco actuaciones innovadoras que perseguían el fomento del turismo, el ocio, la restauración, el deporte y el medio ambiente en la ciudad. Era mucho más que una playa, pero ésta también iba en el paquete que contenía también inspiraciones en la Alhóndiga de Bilbao, en la plaza del Comercio de Lisboa y la plaza de la Ópera de Oslo. Además del arenal, sobre el papel se plasmaron plazas fluviales, muelle para embarcaciones de recreo y servicios náuticos de alta gama, enclaves para el esparcimiento infantil, rampas mecánicas, museos de esculturas, canchas, circuitos de footing y pantalones con bares. Espadas llegó a la alcaldía en 2015 y luego repitió en 2019, pero nunca llegó a resucitar el proyecto. Y en 2017 fue el Puerto de Sevilla quien autorizó en sus terrenos la instalación del antes citado beach club, que duró pocos meses.

La falta de una autoridad única sobre el río en Sevilla dificulta que ese y otros proyectos en las márgenes salgan adelante. Las competencias están repartidas entre las Administraciones públicas y ello supone habitualmente un montón de trabas burocráticas y, en ocasiones, políticas. El río como caudal de oportunidades es un lema que se repite en todas las campañas electorales y, probablemente, en las próximas volverá a aparecer en una ciudad donde el río era ya un lugar de esparcimiento y baños en 1727, fecha de un bando del arzobispo que prohibía estas prácticas por no verlas con buenos ojos. En 1806, el baño se reguló en otras zonas de Sevilla, como la Macarena, los Humeros, San Telmo y el barrio de Triana, cuando el cauce del Guadalquivir era otro, pues no se había aún modificado para evitar las inundaciones. En esa época, según las reseñas históricas, había incluso buzos que vigilaban la zona para evitar accidentes y controlar que hubiera un horario para mujeres y otro para hombres.

placeholder La playa de María Trifulca. (Cedida por Marcos Pacheco)
La playa de María Trifulca. (Cedida por Marcos Pacheco)

A principios de siglo, según cuentan cronistas de la ciudad como Nicolás Salas, el mayor movimiento experimentado por el Puerto de Sevilla y la aparición de barcos de vapor fueron desplazando estas actividades lúdicas, aunque el baño se mantuvo en algunos puntos de Triana. Y ya en los años 30 fue cuando se popularizó la playa de María Trifulca, en lo que hoy son las inmediaciones del Puente del Centenario, una zona ahora industrial donde sería impensable este arenal. En los años 50 se extendió la muletilla de “playa prohibida” al ser frecuentada homosexuales y prostitutas. También por los ahogamientos que se registraron, dado que el baño era muy peligroso en un lugar que cayó en declive a principios de los años 40 tras la explosión de un polvorín de Artillería próximo a la zona que causó numerosos heridos. Finalmente, esta playa quedó clausurada en los 60.

Hoy el recuerdo de María Trifulca evoca ya tiempos de Maricastaña, pero hay sevillanos que recuerdan y anhelan zonas de baño en el Guadalquivir, también río abajo, en las orillas de municipios cercanos a la capital como Coria o La Puebla del Río y, más al sur, en parajes como La Señuela, en Lebrija, antes de que el gran río se abra buscando el mar, una costa natural en la que aparecen muchas playitas fluviales cuando baja la marea.

Sevilla no tiene playa. Al menos ahora, porque hasta los años 60 funcionó en la capital un arenal para el baño conocido popularmente como la playa de María Trifulca. El baño está prohibido en la dársena del río Guadalquivir, tramo urbano que gestiona el Puerto de Sevilla, aunque en los días de más calor del verano es habitual ver a bañistas que desafían los peligros y las elevadas sanciones y se dan un chapuzón desde las escalerillas de los muelles, bajo los puentes y desde los pantalanes que hay próximos a la isla de la Cartuja.

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