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Pinchazos en discotecas: un pánico sembrado de dudas que recorre Europa
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EL FENÓMENO EMPEZÓ EN REINO UNIDO EN 2021

Pinchazos en discotecas: un pánico sembrado de dudas que recorre Europa

Docenas de denuncias en varias ciudades españolas se multiplican desde hace días siguiendo un patrón que se ha repetido en varios países europeos. ¿Cuánto hay de real, cuánto de miedo?

Foto: Los ataques se están produciendo en ambientes nocturnos y de fiesta. (EFE/Marta Pérez)
Los ataques se están produciendo en ambientes nocturnos y de fiesta. (EFE/Marta Pérez)

Telecinco, ayer por la mañana. En pantalla, aparecen dos jóvenes amigas, Nicole y Vicky, de Lloret del Mar, tras un cartel sobreimpreso: "Víctimas de pinchazos para sumisión química". Vicky relata a cámara que, en una discoteca, un francés se le acercó y entabló conversación con ella. En un momento dado, Vicky vio que el chico tenía dentro de la riñonera una jeringuilla. En ese momento se organizó una trifulca entre ambos y el muchacho francés se perdió entre la gente.

Nicole, por su parte, no sintió pinchazo alguno. Fue cogiendo un taxi para volver a casa cuando notó que se le dormía el brazo. Les pidió a unas personas que pasaban por allí que le "golpeasen el brazo" y estas le recomendaron denunciarlo a la Policía y acudir a urgencias. En el hospital le encontraron a Nicole una herida similar a la de una aguja en el hombro, pero el análisis no detectó ninguna sustancia extraña.

Los medios de comunicación se han llenado en las últimas dos semanas de testimonios como estos: mujeres jóvenes que denuncian haber sido inoculadas con una sustancia química con el fin de someterlas. Solo durante el pasado fin de semana, se han registrado casos en Barcelona, Santander, Cádiz, Málaga, Bilbao y Córdoba. Cuatro comunidades autónomas han puesto en marcha planes especiales e incluso Irene Montero, ministra de Igualdad, no ha dudado en calificar estos pinchazos como casos de sumisión química.

Un pánico generalizado que muchos expertos ponen en tela de juicio: "Me temo que aquí, los que más miedo meten son los medios de comunicación", dice Mireia Ventura, jefa de análisis de Energy Control, uno de los laboratorios más reputados de España en materia de drogas. "No negamos que existan las agresiones con algo punzante, pero esta historia de que están inoculando drogas con una jeringuilla en las discotecas nos suena fantasioso, hay varias piezas que no encajan".

El dato más llamativo es la ausencia de la prueba: ninguna de las decenas de víctimas recientes ha dado positivo por sustancias en los análisis médicos ni ha sufrido una agresión sexual o un robo. Tampoco se ha encontrado ninguna jeringuilla en los locales ni se ha identificado a agresores. "Se me hace muy extraño que alguien se te acerque por detrás, te pinche con una aguja y pueda irse de rositas. Un pinchazo se nota y, en caso de que te inoculen algo, se nota mucho más", dice Ventura.

En las redes circulan avisos de todo tipo explicando qué se ha de hacer en caso de notar un pinchazo en una discoteca. Según estas informaciones, a menudo anónimas, se estarían administrando a las víctimas benzodiazepinas, éxtasis líquido o ketamina.

placeholder Los expertos no niegan que puedan existir pinchazos, pero los desvinculan de la sumisión química. (EPA)
Los expertos no niegan que puedan existir pinchazos, pero los desvinculan de la sumisión química. (EPA)

"Estas sustancias han de ser administradas de modo intramuscular. Esto significa que tienes que tener una aguja muy gruesa y clavarla varios centímetros bajo la piel. Además, hay que administrarla lentamente, en torno a 20 segundos, porque es bastante cantidad de líquido. Es una experiencia bastante dolorosa", dice la experta de Energy Control. "¿Cómo va a estar alguien poniéndote una inyección intramuscular sin darte cuenta, mientras bailas o estás en una cola? Es impensable".

Desde Energy Control tampoco ven adecuadas estas sustancias para los fines que aparecen en los medios: "Las benzodiazepinas puede que te den somnolencia y te hagan perder un poco la conciencia, pero no anulan tu voluntad. Y la ketamina es una droga muy aparatosa: hay temblores, pérdida de conciencia, alucinaciones... Dudo que ningún agresor se arriesgue con esa sustancia".

Otro de los señalados es el éxtasis líquido. En un caso registrado este pasado domingo en Gijón, una adolescente de 13 años denunciaba precisamente haber sufrido una agresión con un objeto punzante en la pierna, y más tarde según la Policía dio positivo en éxtasis líquido tras un análisis en el Hospital de Cabueñes. La relación entre ambos hechos, que aún están siendo investigados, es problemática, dado que esta droga, incolora e inodora, tiene una viscosidad demasiado alta como para inyectarla con facilidad, mucho menos en las cantidades de las que se está hablando.

"Temo que toda esta paranoia nos esté haciendo perder el foco"

"Temo que toda esta paranoia nos esté haciendo perder el foco", lamenta Mireia Ventura. "Porque la sumisión química existe y es un problema real. Se suele dar, además, en entornos conocidos, echando sustancias en la copa de la víctima. Y tampoco negamos, y más ahora que está en todos los sitios, que se estén dando agresiones con pinchazos, otra cosa es que se inocule nada en ellos".

Un ejemplo han sido los últimos Sanfermines, donde ocho personas han denunciado este tipo de agresión durante las fiestas. Las autoridades estuvieron rápidas a la hora de activar los protocolos por agresión sexual, sin embargo, no se encontró ninguna sustancia asociada a la sumisión química y se desconoce si realmente hubo esta intención o se trataba de coaccionar a través del miedo con un pinchazo.

Otra leyenda británica

Debido a lo reciente del fenómeno, aún no existe literatura científica que permita corroborar o desmentir que estos supuestos ataques en discotecas se hayan realizado con jeringuillas cargadas de un material desconocido con intención de anular la voluntad de la víctima. Sin embargo, sí que existe un reguero de falsas alarmas que recorre varios países de Europa con un patrón que se repite.

Una de las primeras noticias al respecto se remonta a principios de octubre de 2021 en la ciudad escocesa de Dundee. En un misterioso 'post' de Instagram, una usuaria llamada Amy Herbert relataba la experiencia de una víctima —no era ella— que, en primera persona, aseguraba haber sido inyectada con algo en el pub Captain’s Cabin. No hubo denuncia ni aquellos hechos quedaron nunca esclarecidos, sin embargo, los tabloides entraron a saco y pronto comenzaron a llenar sus páginas con casos similares que aparecieron en Aberdeen, Edimburgo y Glasgow.

Todos los casos eran muy parecidos. La víctima salía con amigas y, en un momento dado, comenzaba a sentirse extraña tras haber consumido una pequeña cantidad de alcohol. A continuación, se desmayaba o era llevada a casa y al día siguiente había olvidado parte de lo sucedido. Tras examinar su cuerpo, encontraban lo que parecía el rastro de un pinchazo.

placeholder Escocia fue uno de los primeros lugares en registrar denuncias por 'needle spiking'. (Reuters)
Escocia fue uno de los primeros lugares en registrar denuncias por 'needle spiking'. (Reuters)

Los síntomas coinciden con los de una intoxicación, aunque ninguno de estos casos acabó siendo confirmado como un caso de sumisión química; tampoco hubo robos o agresiones sexuales vinculados a este tipo de pinchazos. "No estamos encontrando ninguna droga dentro de las personas que podamos clasificar como una droga empleada para inyectar", dijo Laura McLuckie, superintendente de la policía escocesa. “Claramente, hay alcohol de por medio y claramente hay un uso recreativo de drogas de por medio”.

Pese a la falta de evidencias sólidas, el miedo al ‘needle spiking’, como se conoce allí el fenómeno, pronto atravesó el muro de Adriano y comenzó a prender como la pólvora en el resto de las islas británicas. A mediados de noviembre, se habían reportado 274 supuestos pinchazos en todo el Reino Unido. En enero, eran ya 1.300 denuncias. De estas, cero casos fueron confirmados. Algo similar ha sucedido el Francia, donde ha sido imposible hallar trazas de drogas en más de 800 denuncias.

Una de las preguntas que se hicieron entonces los investigadores fue qué sustancia podrían estar usando los perpetradores de estos ataques. En primer lugar, muchas de las drogas de las que se habla, como el gamma hidroxibutirato (GHB, más conocido como éxtasis líquido) o el flunitrazepam, una benzodiazepina tildada en ocasiones como ‘la droga de la violación’, no eran candidatas lógicas para ser administradas con una inyección por la gran cantidad de fluido necesaria.

Crece la alarma ante los pinchazos a jóvenes durante noches de ocio en toda España

Los toxicólogos británicos también andaban desconcertados por el hecho de que las víctimas adujeran distintos efectos secundarios, que no les encajaban con el relato del pinchazo súbito. "Es realmente difícil clavar una aguja en alguien sin que se dé cuenta, especialmente si tienes que mantenerla durante el tiempo suficiente, tal vez 20 segundos, para inyectar suficiente droga para causarles estos efectos”, explicaba Guy Jones, científico en The Loop, una ONG británica especializada que, como Energy Control, se dedica a testar drogas en festivales para evaluar su seguridad.

Hay otra derivada: si alguien estuviera inyectando este tipo de drogas (cuyos efectos se incrementan en presencia de alcohol u otras sustancias) a mujeres en discotecas, ¿no se habrían disparado las sobredosis? Incluso para el éxtasis líquido, cuya vida media es muy breve, las manifestaciones clínicas de una sobredosis están muy documentadas.

Otra de las candidatas de las que suele hablarse, la ketamina —un inductor de la sedación de uso veterinario—, es capaz de permanecer en el organismo hasta 14 días después de su administración, y, de nuevo, el riesgo de sobredosis es alto cuando hay alcohol u otras sustancias de por medio. Sin embargo, tampoco ha sido detectada en ninguno de los cientos de casos denunciados en toda Europa.

Foto: Síntomas y cómo actuar ante el pinchazo que se está denunciando en Barcelona.(istock)

Pero el miedo avanza, y por varias razones. Primero, porque las acusaciones son creíbles: intentar aprovecharse de mujeres mediante la adulteración de bebidas, habitualmente con alcohol, no es ninguna leyenda urbana. Segundo, porque la capacidad de análisis de los test empleados en estos casos es muy limitada. Y tercero, porque este tipo de historias son elevadas a certidumbre a través de titulares y programas de TV sensacionalistas: véase el auge de la escopolamina o burundanga.

Como escribía el sociólogo Robert Bartholomew en 'Psychology Today', "cualquiera que crea que fue drogada mientras estaba de marcha debe ser tomada en serio y sus afirmaciones investigadas a fondo. Sin embargo, una ola reciente de noticias que involucran jeringas tiene todas las características de un pánico social".

Muchos de los relatos que se escucharon entonces en Reino Unido son similares a los que se oyen ahora en España: mareos súbitos, no recordar lo que pasó durante varios momentos de la noche y la aparición de lo que podría ser el moratón causado por una aguja. Y antes que aquí, el miedo al ‘needle spiking’ recorrió también Países Bajos, Bélgica y Francia con los mismos argumentos y, de nuevo, ningún caso comprobado. Finalmente, el pánico a un ataque nocturno con jeringuillas y una sustancia desconocida está ya entre nosotros. Esperemos que con las mismas nulas consecuencias que en el resto de países.

Telecinco, ayer por la mañana. En pantalla, aparecen dos jóvenes amigas, Nicole y Vicky, de Lloret del Mar, tras un cartel sobreimpreso: "Víctimas de pinchazos para sumisión química". Vicky relata a cámara que, en una discoteca, un francés se le acercó y entabló conversación con ella. En un momento dado, Vicky vio que el chico tenía dentro de la riñonera una jeringuilla. En ese momento se organizó una trifulca entre ambos y el muchacho francés se perdió entre la gente.

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