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Sánchez 4.0: la épica socialdemócrata para recuperar el pulso político como azote del Ibex
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DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN

Sánchez 4.0: la épica socialdemócrata para recuperar el pulso político como azote del Ibex

El presidente del Gobierno cambia el rumbo para movilizar a su electorado. Una hoja de ruta hasta el final de su mandato en la que deja claro que no tirará la toalla sin antes jugar todas sus cartas

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aplaudido por la bancada socialista. (EFE/Chema Moya)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aplaudido por la bancada socialista. (EFE/Chema Moya)
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Pedro Sánchez ha elegido el debate sobre el estado de la nación como un punto de inflexión en la legislatura y también de su perfil político, acostumbrado a reinventarse ante las adversidades. Un cambio de rumbo, como le han reconocido sus socios, girando a la izquierda y materializando en medidas sus amenazas de las últimas semanas a los "poderes oscuros". Principalmente, con un nuevo impuesto a las energéticas y otro a la banca. Tributos extraordinarios a los beneficios empresariales, con los que se prevé recaudar 7.000 millones de euros en dos años, para financiar las nuevas ayudas anunciadas para "las mayorías sociales". En un contexto de creciente desmovilización de su electorado, trasvase de votantes socialistas al PP que, según las encuestas, se ha acentuado desde los comicios andaluces, y una desafección política por la espiral inflacionista que puede transformarse en inflamación social, el presidente del Ejecutivo se ha abonado a la épica socialdemócrata para intentar recuperar el pulso.

Sánchez alzándose como azote del Ibex para repartir sus beneficios entre las clases trabajadoras. Sin complejos, por sus "grandes dividendos". Así respondía el presidente desde la tribuna del Congreso al ser cuestionado por la caída de la bolsa tras el anuncio del impuesto a la banca. "Algunos habrán entendido de qué va la medida", añadían fuentes de Moncloa sobre estos efectos, al tiempo que se justificaba la adopción de subir la presión fiscal en estos momentos para visibilizar que "los que más ganan serán los que paguen".

Sánchez anuncia sendos impuestos a las grandes empresas energéticas y financieras

Un Sánchez 4.0 que deja atrás al secretario general del PSOE hasta su asesinato político en 2016, al que tras ello forjó el manual de resistencia con apelaciones 'antiestablishment' para recuperar el mando de Ferraz y al que trató de volver a virar al centro en el 40º Congreso de los socialistas dejando atrás el lema "somos la izquierda" y firmando una tregua con Felipe González. Con más reminiscencias al Sánchez que volvió a conquistar la secretaría general en contra de toda la cúpula socialista, justo cuando vuelve a visibilizarse su enfrentamiento con la vieja guardia socialista encabezada por Felipe González, el presidente del Gobierno se ha abonado a un nuevo discurso tratando de buscar la empatía con la ciudadanía y erigiéndose en defensor de las clases trabajadoras.

"Me voy a dejar la piel para defender a la clase media trabajadora de nuestro país", prometió antes de anunciar el nuevo paquete del plan anticrisis, que incluye la gratuidad de los abonos para los trenes de titularidad estatal o una ayuda complementaria de 100 euros mensuales para un millón de estudiantes becados. "Los sobrebeneficios no caen del cielo, salen del bolsillo de los consumidores que pagan los recibos", justificó respecto a los nuevos impuestos para asegurar que "este Gobierno no va a permitir que el sufrimiento de muchos sea el beneficio de unos pocos".

Foto: Pedro Sánchez en el debate del estado de la nación. (Reuters/Susana Vera)

"Pura socialdemocracia", lo definía un alto cargo de Ferraz. "Medidas progresistas" y un "mensaje de optimismo y de futuro para la clase media y trabajadora", resumían fuentes de la dirección del grupo parlamentario. "Un discurso muy ideológico y medidas muy ideológicas" para "dar un horizonte de profundidad a la legislatura", concluían fuentes de Moncloa.

El presidente del grupo parlamentario de Unidas Podemos, Jaume Asens, subía a la tribuna para agradecer un "cambio de guion" y un "golpe de timón progresista". Una bendición, tras los conflictos internos en la coalición de los últimos días por la "falta de valentía" del presidente en luchar contra la crisis, que da cuenta del giro del presidente del Gobierno. "Ese es el camino, sigamos haciendo posible lo imposible. Lleguemos lo más lejos que se ha llegado nunca, porque es lo que la gente nos pide", añadía el representante morado, aplaudiendo también que "plantamos cara a las eléctricas". "Enhorabuena, hoy se ha levantado de izquierdas", apuntaba más irónico el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. Un debate sobre el estado de la nación que pareció por momentos un debate de investidura, con el jefe del Ejecutivo dibujando una hoja de ruta para la legislatura cargada de guiños a sus potenciales socios de izquierdas.

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El jefe del Ejecutivo ha actuado también como jefe de filas de los socialistas. Si varios diputados socialistas reconocían que tras las elecciones andaluzas necesitaban un balón de oxígeno y un aldabonazo "como el comer", uno de los diputados que suelen situarse en los márgenes más a la izquierda del partido aplaudía que el presidente del Ejecutivo "ha formalizado un cambio". Un cambio "con concreción de medidas de protección a la ciudadanía por la inflación", pero, sobre todo, añadía, "en su relato político" mediante "un giro a la izquierda tras las elecciones en Andalucía".

Satisfacción en Moncloa por "cohesionar al Gobierno de coalición" y recuperar el pulso, también en el grupo parlamentario por recibir un impulso a la acción legislativa y, posiblemente, entre una militancia apagada tras los reveses electorales y siempre ansiosa por desplegar posiciones netamente socialdemócratas. Está por ver si este estímulo para el PSOE acaba calando también entre el votante medio. A quienes seguramente no les ha entusiasmado tanto el giro de Sánchez es a los barones socialistas. En su mayoría, tras la debacle del 19-J, reclamaron un discurso más moderado y buscando la "centralidad", tomando nota de la fórmula empleada por Juanma Moreno en Andalucía.

Foto: Pedro Sánchez en el debate sobre el estado de la nación. (EFE/Chema Moya) Opinión

Sánchez tiene un año y medio, hasta las elecciones generales, para volver a movilizar a los suyos y revertir el efecto Feijóo. "Nos queda mucho. Queda año y medio de legislatura", confían en Moncloa. Los sondeos no son halagüeños y el propio Sánchez no ha escondido las turbulencias económicas actuales y futuras, ante el previsible corte de suministro del gas por parte de Rusia.

Del cambio de rumbo en la estrategia del presidente para intentar recuperar el pulso se desprende un diagnóstico similar al lanzado por la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, en la presentación oficial de su plataforma política Sumar. "Soy consciente de que hay desafección ciudadana", reconoció el pasado viernes en la puesta de largo de su proyecto, para proponer como solución "impulsar un movimiento ciudadano desde la sociedad" y construir un "nuevo contrato social".

La solución de Sánchez, complementaria a la de Díaz ante la necesidad mutua de reeditar el Gobierno de coalición, pasa por una hoja de ruta socialdemócrata basada en un fuerte gasto público y rescate ciudadano. Si en Génova trasladan que a Pedro Sánchez se le está quedando cara de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando adelantó las elecciones en 2011 acuciado por la crisis económica, el jefe del Ejecutivo parece intentar responder, por su parte, que este relato no puede estar más equivocado. La inflación tumba gobiernos, pero Sánchez ha dejado claro que no tirará la toalla sin antes jugar todas sus cartas. Sánchez 4.0.

Pedro Sánchez ha elegido el debate sobre el estado de la nación como un punto de inflexión en la legislatura y también de su perfil político, acostumbrado a reinventarse ante las adversidades. Un cambio de rumbo, como le han reconocido sus socios, girando a la izquierda y materializando en medidas sus amenazas de las últimas semanas a los "poderes oscuros". Principalmente, con un nuevo impuesto a las energéticas y otro a la banca. Tributos extraordinarios a los beneficios empresariales, con los que se prevé recaudar 7.000 millones de euros en dos años, para financiar las nuevas ayudas anunciadas para "las mayorías sociales". En un contexto de creciente desmovilización de su electorado, trasvase de votantes socialistas al PP que, según las encuestas, se ha acentuado desde los comicios andaluces, y una desafección política por la espiral inflacionista que puede transformarse en inflamación social, el presidente del Ejecutivo se ha abonado a la épica socialdemócrata para intentar recuperar el pulso.

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