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Díaz se desvincula del fracaso electoral de Podemos y reivindica un nuevo proyecto
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ELECCIONES EN CASTILLA Y LEÓN

Díaz se desvincula del fracaso electoral de Podemos y reivindica un nuevo proyecto

Desde el entorno de la vicepresidenta lamentan los resultados, pero se muestran ajenos al tratarse de un proyecto en el que Díaz no milita y a una campaña en la que no participó

Foto: La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Javier Lizón)
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Javier Lizón)

El divorcio de Yolanda Díaz con Unidas Podemos está más cerca de consumarse tras las elecciones de Castilla y León. No solo por el fracaso electoral, que la vicepresidenta segunda lamenta aunque mostrándose ajena, sino por la lectura que tras los resultados han hecho desde la cúpula de la formación morada, optando por el atrincheramiento. Fuentes del entorno más cercano a la ministra señalan, en primer lugar, que ni participó en el diseño de la campaña ni contribuyó a ella. Se desliza así su nula identificación con una formación en la que "no milita", subrayan estas mismas fuentes.

Como consecuencia de ello, en segundo lugar, se descargan las responsabilidades por el batacazo del pasado domingo en las "dirigencias" de los partidos, aun sin querer concretar para referirse en genérico a todas las siglas del campo progresista. Por último, se alude a la necesidad de "parar los tiempos", abrir una profunda reflexión sobre la abstención del electorado progresista y responderse "por qué solo están movilizados una pequeña parte de ciudadanos".

Los planteamientos de la vicepresidenta no son totalmente nuevos ni fruto de la coyuntura. Vienen madurándose en su equipo desde hace meses y los resultados en Castilla y León solamente los han reforzado y hecho más explícitos, lo que no hace más que profundizar la brecha de Díaz con Podemos: de la distancia de su futuro proyecto político con el actual espacio hegemónico en el sector de Unidas Podemos en el Gobierno.

Si el ánimo de diferenciarse venía haciéndose cada vez más evidente, ahora se deja claro que el "proyecto de país" que pretende liderar debe ser algo "nuevo", sin dependencias. Las apelaciones a "parar los tiempos" resuenan a la advertencia de que "si hay ruido me voy", que ya expresó cuando anunció su intención de poner en marcha un nuevo proyecto, mientras que las críticas a las "dirigencias" se mueven en el marco que Díaz ha establecido entre "política" y "politiqueo".

La lectura de la dirección de Podemos del 13-F es que sus siglas podrían ser prescindibles, reconociendo la negativa dinámica electoral, pero no su espacio al subrayarse de cara al futuro proyecto de Díaz que "lo importante es poner a su disposición la herramienta y el espacio político". En la misma línea insistía estos días el exvicepresidente y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, quien avisaba a Díaz que su liderazgo solo no bastaba, “que todo dependa de una personalidad". Las críticas al personalismo del proyecto de Díaz tampoco son nuevas en Podemos, y para señalar sus riesgos hasta se llegó a comparar con Macron o Manuela Carmena.

“Encomendarse solo al cambio de nombre, a la recomposición del espacio y a un nuevo liderazgo como ingredientes de la salvación futura no parece demasiado prudente”, abundaba Iglesias, quien ha pasado de analista a volver a marcar la línea política del partido. En el análisis que ha repetido en tertulias, en su programa de 'La Base' y en un análisis publicado en Ctxt, el exlíder de la formación advertía que no bastaba encomendarse "al milagro Yolanda Díaz", sino potenciar los partidos de cara a "armarse para la batalla ideológica sin complejos".

Nada más lejos de lo que opina Díaz. Respecto a la batalla ideológica, fuentes cercanas a la vicepresidencia responden que "no estamos en el siglo XVIII", en referencia al eje ideológico de derecha e izquierda. A ello añaden, con una visión más de conjunto, que estamos en un "momento fundacional". No como en la Transición, según matizan estas fuentes, pero con elementos que podría ser compartidos. Las reflexiones de Díaz suelen ser crípticas cuando se refiere a su futuro proyecto político y, sobre todo, a su interrelación con Podemos o los partidos del espacio confederal, pero más allá de las interpretaciones da cuenta de sus distancias geográficas. "Yo soy libre", suele responder a quién le demanda mayor concreción o claridad en su planteamiento.

Si para Podemos la conclusión del 13-F es retornar a las ideologías duras frente al ascenso de la ultraderecha, como en su momento tras las andaluzas en las que irrumpió Vox o más recientemente en la campaña de las madrileñas, para Díaz la respuesta es más compleja. Apuesta por la transversalidad, "ensanchar" el campo de juego huyendo de arrinconarse en la izquierda del tablero. La solución a los problemas desde la política, que no tanto de los partidos, según entienden desde su equipo, "no va tanto de posiciones ideológicas, sino de resolución de los problemas".

Esta diferencia de partida respecto a las ideologías duras y la transversalidad, así como el relato con el que mostrarse ante el electorado, se evidenciaba este miércoles con Díaz apostando por ofrecer al PP en Castilla y León un "cordón democrático" para que gobierne sin Vox. En esta línea, abogaba por "cualquier posición favorable para que no dependan la educación ni la sanidad ni la dependencia ni los servicios públicos de la extrema derecha". Minutos después de estas declaraciones en los pasillos del Congreso, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, trasladaba al líder del PP, Pablo Casado, que estaba dispuesto a darle su apoyo en Castilla y León si asume un veto a Vox "para todos los días, para siempre y en todos los territorios".

Desde Podemos entienden que la abstención de los socialistas para facilitar este escenario es sinónimo de "gran coalición" entre PP y PSOE, lo que no haría más que engordar a la formación de ultraderecha. En lo inmediato, respecto al gobierno de coalición, las diferencias son notorias con Díaz apostando por la estabilidad dentro del Ejecutivo de coalición y los morados con una lectura más rupturista para marcar perfil propio frente al PSOE. El 13-F marca un punto de inflexión en la relación entre Díaz y Podemos, ya de por sí deteriorada, con la primera apostando por soltar amarras con un proyecto en caída electoral y los segundos advirtiendo de que las aventuras personalistas no tendrán recorrido.

El divorcio de Yolanda Díaz con Unidas Podemos está más cerca de consumarse tras las elecciones de Castilla y León. No solo por el fracaso electoral, que la vicepresidenta segunda lamenta aunque mostrándose ajena, sino por la lectura que tras los resultados han hecho desde la cúpula de la formación morada, optando por el atrincheramiento. Fuentes del entorno más cercano a la ministra señalan, en primer lugar, que ni participó en el diseño de la campaña ni contribuyó a ella. Se desliza así su nula identificación con una formación en la que "no milita", subrayan estas mismas fuentes.

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