Los antisistema que llegaron por la derecha: Vox rompe amarras con la patronal y la Iglesia
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Con la CEOE, no; con las pymes, sí

Los antisistema que llegaron por la derecha: Vox rompe amarras con la patronal y la Iglesia

El de Abascal es un partido 'búnker', aislado del 'stablishment': apenas trata con el resto de formaciones políticas, el mundo empresarial, la jerarquía eclesiástica o los grandes medios

Foto: Santiago Abascal durante un acto en el Palacio de Vistalegre. (Reuters)
Santiago Abascal durante un acto en el Palacio de Vistalegre. (Reuters)

Vox celebra este fin de semana en Madrid su fiesta-convención en la cresta de la ola. El partido de Santiago Abascal es la tercera fuerza política del país, 52 escaños, y presenta una solidez de apoyos muy superior a la del resto. Según todos los estudios demoscópicos, por mucho que el PP de Pablo Casado crezca, Vox sigue fuerte y su gran comunidad de votantes (3,6 millones en las generales de diciembre de 2019) se amplía a ambos márgenes, a derecha e izquierda. Ahí se enmarca su giro discursivo con tintes sociales, dirigido a los "trabajadores". Aunque si algo le distingue de todos los demás es su marcado carácter antisistema, que le acompaña desde el inicio pero que se ha agudizado en los últimos tiempos. Es una formación 'búnker', aislada del exterior con todo lo que tenga que ver con la 'institucionalidad': sin trato con el resto de formaciones políticas, el mundo empresarial, la jerarquía eclesiástica o los grandes medios de comunicación.

Su relación con la CEOE es "nula", según confirman fuentes empresariales a El Confidencial. No hay contactos institucionales a nivel nacional, reconocen también desde la sede del partido. Otras fuentes empresariales preguntadas subrayan que su posición es contraria a "los extremismos", porque generan "incertidumbre", sean de derechas o de izquierdas.

Foto: Santiago Abascal, en una  imagen de archivo. (EFE)

Donde sí existe una mayor interacción, apuntan estas fuentes, es en las comunidades donde Vox sostiene a gobiernos del PP: Madrid, Murcia y Andalucía. Su papel de soporte a los ejecutivos autonómicos facilita ese "mayor acercamiento" con las instituciones en general, también las económicas. El pasado mes, Iván Espinosa de los Monteros, portavoz de Vox en el Congreso, acudió con la diputada malagueña Patricia Rueda a un encuentro con la patronal andaluza (CEA).

Vox sí ha tenido mayor contacto con organizaciones de pymes y de autónomos. Entienden que detrás de estos movimientos se encuentra el creciente interés de la formación en explotar ese caladero de votos. Estas fuentes traducen así su desigual relación con respecto a la CEOE: Vox prefiere distanciarse de las grandes firmas, pero arrimarse a las pequeñas.

Vox ha tenido mayor contacto con pymes y autónomos. Entienden que detrás se encuentra el interés en explotar ese caladero de votos

Sus críticas más sonadas contra la CEOE tuvieron lugar cuando su presidente, Antonio Garamendi, se mostró receptivo con los indultos a los presos del 'procés' al asegurar que "si las cosas se normalizan, bienvenidos sean". Y si en la patronal las relaciones son tensas, más aún en el ámbito sindical. Vox ha trazado una agresiva ofensiva contra las organizaciones tradicionales de izquierdas, acusándoles abiertamente de corruptos y de abandonar a los trabajadores, hasta el punto de lanzar hace un año su propio sindicato, Solidaridad, que supera los 10.000 afiliados.

En el IBEX35, su llegada generó más dudas, aunque Vox provoca menos rechazo que Podemos. Uno de los elementos que más inquieta es la falta de interlocutores cualificados, más allá del grado de conocimiento de Espinosa de los Monteros en el mundo directivo de su misma generación. Abascal llegó a solicitar asesoría a diferentes 'think tanks' liberales para armar su propio equipo económico, aunque no atrajo nombres de relumbrón. Nadie se ha manifestado abiertamente a favor de sus siglas, con excepciones como Luis del Rivero, expresidente de Sacyr. Aunque tampoco nadie lo hace en contra, conscientes del futuro papel que puede tener para formar gobiernos.

Foto: Imagen: Irene de Pablo.

En el marco de las alianzas en el Congreso de los Diputados, sus canales de comunicación con otras siglas también son muy reducidos. Fuentes parlamentarias de diversos grupos confirman que no tienen cauces constantes con Vox, que no hay interacción con los de Abascal y que ni siquiera existen intercambios de información previos a las votaciones. Tampoco en el lado del PP, en el que señalan que sus conexiones en el Congreso son muy limitadas. Como ejemplo de esa ausencia de interlocución se encuentra la votación sobre el decreto de fondos europeos, imprescindible para el Gobierno y que Vox terminó salvando sin saberlo con su abstención. La CEOE presionó para que Casado y Abascal permitieran su aprobación, pero los populares se opusieron.

Como en el ámbito empresarial, sí que mantienen relaciones más estrechas con los populares allí donde gobiernan. En el caso del Ayuntamiento de Madrid, fuentes cercanas a José Luis Martínez Almeida inciden en la cordialidad y la fluidez que existe entre las dos partes y apuntan que no creen que la situación cambie pese a los últimos vaivenes por cuestiones de la política local.

Los de Abascal también han sido especialmente agresivos en sus declaraciones contra el estamento judicial. Cuando se encontraban a la espera de que el Tribunal Constitucional fallara sobre el estado de alarma, Olona llegó a deslizar que sus magistrados podrían estar siendo "cómplices" de Pedro Sánchez con su tardanza y advirtió de que si la demora era intencionada, "que la historia les juzgue". Hace solo unos días, debido a la posible extradición de Carles Puigdemont, el portavoz Jorge Buxadé fue un paso más allá y cargó contra la "justicia europea" —haciendo el signo de 'entre comillas'— al asegurar que "por encima de nuestro Tribunal Supremo no hay nada".

Foto: Zemmour firma un libro tras un mitin organizado en septiembre. (EFE) Opinión

Otro eje que caracteriza a la formación son su enfrentamiento público constante con los medios de comunicación, una colisión buscada sin disimulo, que es similar a la practicada por otras fuerzas populistas y que tiene como referente las líneas marcadas por los equipos de Donald Trump. Polarizar, identificar a los medios como una élite, como el "enemigo del pueblo" y desacreditarles por completo ante sus votantes, aupando en paralelo a plataformas y televisiones del todo afines a la causa.

Vox tampoco organiza las clásicas caravanas electorales con los profesionales que cubren su información. Su objetivo es claro, y tiene que ver con las estrategias emprendidas por el magnate neoyorquino: los medios son un filtro a lo que comunican y hay que evitarlo por todas las vías. Así lo han reconocido en varias ocasiones dirigentes de la organización ante las preguntas de este medio sobre diversos temas. "Lo que tenga que decir lo digo yo. No me gusta que otros lo cuenten", replicó ilustrativamente un destacado miembro de la misma. En las últimas semanas, Olona ha protagonizado un encontronazo con una periodista de La Sexta en los pasillos del Congreso y los señalamientos a reporteros son constantes.

La Iglesia

Las relaciones de Vox con la Iglesia católica son formales en al ámbito institucional, tensas con la mayoría de los obispos y profundas y arraigadas con algunos de los sectores más conservadores. La Conferencia Episcopal señala que "mantiene relaciones con todas las instituciones que se encuentran en el ámbito público", aunque "no hay nada especial en la relación con un partido o con otro". Lo cierto es que en los últimos años no se ha hecho pública ninguna reunión con la jerarquía eclesiástica española, por lo que apenas existen imágenes de sus líderes junto a los prelados españoles.

Por contra, las relaciones de la formación con algunos obispos han sido más bien conflictivas. Aunque Vox ha tratado de movilizar a su favor el voto católico, la jerarquía se ha mostrado reacia a esa vinculación. Ante las elecciones de marzo de 2019 el arzobispo de Granada, Javier Martínez, firmaba una dura carta en la que sostenía que "votar a una cierta derecha es votar a una cierta izquierda". Sin citar directamente a Vox, monseñor Martínez mostraba su "preocupación creciente" por una "cierta derecha que se erige como la visión cristiana del mundo", pero no lo es. También el secretario de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, ha afeado algunas de las acciones del partido. En su momento calificó de "doloroso" el cartel en que comparaban la pensión de una anciana con las ayudas a los menores extranjeros.

Foto: Jorge Buxadé, en una rueda de prensa. (EFE)

Abascal llegó a viajar a Roma a buscar el apoyo que no encontraba en España. En septiembre de 2019 anunció en Twitter que se había reunido con el cardenal Sarah, por entonces prefecto de la Congregación para el Culto Divino, y líder del sector más contestatario con el Papa Francisco. Sin embargo, la maniobra no consiguió sus frutos y, unos meses después el diario oficial de la Santa Sede calificaba a Vox como un partido de "extrema derecha". Por contra, buena parte de los dirigentes de Vox siempre han mantenido una estrecha relación con las organizaciones más tradicionalistas vinculadas al catolicismo. Es el caso de Hazte Oír, la organización que puso en circulación el autobús con el lema "los niños tienen pene, las niñas tienen vulva". Ya en 2012, el mismo Abascal, entonces como presidente de la Fundación Denaes, fue homenajeado por esta organización.

Pero el entorno en el que Santiago Abascal se ha situado más alejado del resto de siglas es probablemente el de la vacunación. Buena parte de sus líderes no han visibilizado su inmunización como sí han hecho dirigentes de otros partidos. En Vox se han esmerado en defender los derechos de quienes son escépticos con el fármaco anticovid y lo enmarcan en la libertad de elección. Como parte de esto han rechazado en todo momento las fórmulas de certificados de vacunación para acceder a espacios públicos, alegando que se vulnera la privacidad, una tendencia que entronca con los posicionamientos sostenidos por otras fuerzas ultraderechistas europeas como Fratelli d'Italia. Dirigentes de Vox consultados por este medio consideran que su papel no tiene que ser de ningún modo animar a la vacunación.

Foto: Cierre de la convención nacional del PP en la plaza de toros de Valencia. (EFE)

Sí se fotografió vacunándose Macarena Olona, que recibió críticas de parte de sus seguidores negacionistas, mientras que el portavoz de Sanidad, Juan Luis Steegman, hematólogo en el Hospital de la Princesa de Madrid, se ha posicionado claramente a favor. En los últimos días la formación ha recibido un rapapolvo público de uno de los comunicadores más afines a sus postulados, Federico Jiménez Losantos, que en su programa en EsRadio cargó contra el argumento de Vox con el que defiende a quienes no se vacunan: "Es que no está del todo testada... Tu testa sí que no está testada... ¿Qué quieres que esperásemos entre uno y cuatro años (...) mientras la gente se moría de mil en mil diarios? Pero cuánto imbécil hay en este mundo". Días antes Abascal había rechazado confesar en su programa si se había inmunizado.

Vox celebra este fin de semana en Madrid su fiesta-convención en la cresta de la ola. El partido de Santiago Abascal es la tercera fuerza política del país, 52 escaños, y presenta una solidez de apoyos muy superior a la del resto. Según todos los estudios demoscópicos, por mucho que el PP de Pablo Casado crezca, Vox sigue fuerte y su gran comunidad de votantes (3,6 millones en las generales de diciembre de 2019) se amplía a ambos márgenes, a derecha e izquierda. Ahí se enmarca su giro discursivo con tintes sociales, dirigido a los "trabajadores". Aunque si algo le distingue de todos los demás es su marcado carácter antisistema, que le acompaña desde el inicio pero que se ha agudizado en los últimos tiempos. Es una formación 'búnker', aislada del exterior con todo lo que tenga que ver con la 'institucionalidad': sin trato con el resto de formaciones políticas, el mundo empresarial, la jerarquía eclesiástica o los grandes medios de comunicación.

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