La estrategia de Casado para liberarse de la presión de Ayuso y 'domar' a Vox
  1. España
LA PINZA QUE EMPUJA AL PP A LA DERECHA

La estrategia de Casado para liberarse de la presión de Ayuso y 'domar' a Vox

La convención del PP marca el plan de Casado para llegar al Gobierno: el objetivo es llevar a Vox a la esquina electoral y presentarlo como antisistema, pero los de Abascal se quejan de que los populares les copian su programa

placeholder Foto: Pablo Casado y José María Aznar. (David Mudarra)
Pablo Casado y José María Aznar. (David Mudarra)

La convención del Partido Popular no es un acto de cara a la galería, sino que está tejida para marcar la posición ideológica y estratégica del PP en los próximos tiempos. El propósito era doble, afianzar un espacio político y asentar el partido internamente, por lo que no resultaban esperables grandes anuncios en cuanto a posibles medidas de gobierno. No se planteó para difundir un programa de futuro, sino para reafirmar el liderazgo de Pablo Casado en torno al apoyo de los barones, y para asentar su espacio como formación líder de la derecha tras la desaparición de Ciudadanos.

Con la convención, Casado esperaba poner freno a los dos desafíos que podían cuestionar su recorrido hacia la Moncloa. El ascenso de Vox es uno de ellos, un crecimiento que las encuestas siguen reflejando. El otro es el perfil tan marcado de Isabel Díaz Ayuso, que amenaza con repetir la batalla ideológica que Esperanza Aguirre libró contra Mariano Rajoy. Ambas opciones, además, conforman una suerte de pinza, en la medida en que el crecimiento de Vox puede hacer crecer las dudas sobre la figura de Casado, y avivar las voces que reclaman un liderazgo que Díaz Ayuso representa. Precisamente por esta ligazón, basta con hacer frente de manera efectiva a Vox para que las ambiciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid se diluyan.

El PP mantiene una relación difícil con Vox. Al mismo tiempo que precisa restarle todo el voto posible, necesita que crezca, ya que es el único aliado, en estos instantes, que le puede facilitar la investidura. Y tiene que combatirlo, pero no de una forma demasiado hostil, lo que rompería puentes para una futura alianza. La convención está diseñada para resolver ese dilema.

Vox y su victoria en la guerra cultural

Durante la convención no ha habido referencias expresas a Vox, pero sí, y muy insistentes, respecto del peligro de los populismos para las democracias. Esa intención decidida de situar a los de Abascal en un espacio antisistema, mientras que el PP se resguarda como la única formación de centroderecha, es un objetivo claro. El problema es que las declaraciones que se han oído estos días tienen escasa correspondencia con el perfil moderado que esa posición exige. Para Iván Espinosa de los Monteros, portavoz de Vox en el Congreso, la estrategia del PP es evidente: “Primero nos atacan por lo que decimos, pero luego nos copian. Lo que estamos presenciando esta semana es una pequeña victoria en la batalla cultural que estamos librando, porque el PP nunca había hablado antes así”. En un tuit publicado el miércoles, Espinosa de los Monteros afirmaba que el PP “es una versión interesante de lo que Vox lleva diciendo desde hace años”. Para el dirigente de Vox, este cambio del PP tuvo un punto de inflexión: "Todo comenzó en el discurso de Ayuso de Navidad de 2020", afirma Iván Espinosa. Desde ese instante, el PP de Madrid asumió muchas de las proclamas de Vox, y el resultado fue un triunfo electoral espectacular. El PP nacional se habría dado cuenta de que esa fórmula funciona, y estaría trasladando al plano nacional la táctica que le sirvió localmente.

Como el PP ya no necesita taponar la fuga que se le abría por el centroderecha con Ciudadanos, moderarse no le generaría ningún rédito

Lo que señala Espinosa de los Monteros no es un sinsentido estratégico. El PP está obligado a recibir más votos si quiere llegar a la Moncloa, y para ello precisa aglutinar a las distintas derechas bajo su bandera, eso que Casado alababa a José María Aznar en su encuentro del jueves en la convención: fue el líder que logró unir las distintas sensibilidades en un partido claramente mayoritario. Pero los tiempos son otros, la mayoría absoluta no está al alcance de su mano, y Vox parece su único apoyo a la hora de investidura. El PP se ve en el marco de la foto de Colón, pero no por simple convicción ideológica, sino por la necesidad de las alianzas, aunque en una posición claramente mejor: ya no necesita taponar la fuga que se le abría por el centroderecha con Ciudadanos, con lo que la moderación no generaría ningún rédito. Al contrario, dejaría más espacio a Vox y tampoco les procuraría nuevos aliados. De manera que la estrategia no puede ser la rebaja del tono y un mayor sosiego, sino otra. Y a esa se refiere Espinosa de los Monteros.

El mapa reformista contra el comunismo

Fuentes de la dirección del PP señalan las diferencias que les separan de Vox en términos diáfanos. Sitúan a los de Abascal en el plano de los populismos de derecha y, por tanto, en un lugar no institucional: “A nosotros nos aplaude Merkel, a ellos Le Pen; para nosotros, cuanto más Europa mejor, y ellos aspiran a menos Europa”. La brecha se amplía a elementos políticos importantes en esta época, como el cambio climático (“están situados en el negacionismo y convocan actos para quemar la agenda 2030, mientras nosotros entendemos que sin los objetivos de desarrollo sostenible no hay desarrollo”) o la violencia de género (“continúan en el planteamiento de que es un invento de la izquierda y de que todas las violencias son iguales, porque también las mujeres pegan a los hombres”). Y, por supuesto, ponen énfasis en el planteamiento contra la inmigración: “Si el Brexit se produjo es porque alguien atizó lo que hoy está atizando Vox en España; el 'leave' ganó por un margen muy estrecho, y esa diferencia se debió a una campaña en la que se mostraba a varones musulmanes que estaban invadiendo el Reino Unido. Y no hay discurso de Vox que no hable de menas y de inmigración”.

Desde Vox se objeta que esta diferencia no es clara y que, en muchas ocasiones, el PP acaba reproduciendo sus posturas, también sobre estos asuntos. Como cuando Cuca Gamarra, portavoz en el Congreso, señaló la necesidad de poner fin a la inmigración ilegal. Tampoco aceptan que se les tache de antieuropeos “cuando nosotros abogamos por una Europa fuerte y unida, pero por otro camino”, señalan fuentes de Vox.

El indigenismo como nuevo comunismo, a lo que Aznar dio su beneplácito, no es una ocurrencia: contiene un programa político definido

En todo caso, son estos elementos los que pueden permitir a Pablo Casado separarse de los de Abascal, trazar un mapa reformista, acogerse a la defensa de las instituciones como opción ideológica fundamental y a la vuelta a una economía con reglas y sin déficit como programa político de futuro. Es probable que el discurso del domingo de Casado, el del cierre de la convención, vaya en la dirección de mostrarse como una formación responsable y centrada, y por supuesto alejada de la tentación de los populismos, gracias a que puede subrayar las diferencias de grado con Vox.

Sin embargo, lo que señalan los de Abascal es otra cosa: que hay sintonía en muchos asuntos, como la concepción de la democracia, la defensa de la economía de mercado y de las libertades, así como en grandes temas de política exterior (la necesidad de presencia en Iberoamérica para combatir a las izquierdas y el vínculo decidido con EEUU), o la lucha contra el identitarismo. Justo todo eso en lo que Aznar y Casado coincidieron en el acto de Sevilla este jueves. Esa era la fórmula Ayuso. Porque el indigenismo como nuevo comunismo, a lo que Aznar se sumó, no es una mera declaración llamativa, sino un programa político definido, con características precisas y con recorrido internacional, como ya ha sido explicado. Desde esta perspectiva, estamos ante un partido ideológicamente rearmado alrededor de los temas sectoriales que se han tratado en la semana de la convención y que, precisamente por ello, ha dejado de temer la fuga de votos a Vox.

Por qué Vox no roba voto al PP

“Vox no es un partido, es un movimiento”. En esta afirmación, de fuentes muy cercanas a la presidenta de la Comunidad de Madrid, se sintetiza la fórmula Ayuso: ausencia de hostilidad, cuando no simpatía, por los votantes de Vox, señalamiento de las diferencias, “son antieuropeos, y lgtbifóbicos, y nosotros no”, y la transmisión de que todo aquello que convence a los seguidores de Abascal, como la valentía, la rebeldía y el arrojo, ya están encarnados en Díaz Ayuso. Por lo tanto, el planteamiento no es acercarse a Vox, sino relegarle a un rincón en el que puede ser útil: “A Vox se le puede robar voto, pero muy poco ya. Si tienen un 8% en Madrid, se les puede quitar un 2% y dejarles en el 6, pero no más. El resto son gente que nunca antes han votado al PP, falangistas y esa clase de grupos, y no lo van a hacer nunca”.

"Le Pen se lo ha explicado, todos esos electores que antes eran comunistas y viven en los barrios, ahora se están pasando a la derecha populista"

El planteamiento de Génova es muy similar. Cuando había tres partidos en la derecha, el escenario era más complicado, pero se ha aclarado ahora que ya solo existen dos: “Hemos decidido que hagan lo que quieran, porque su ámbito de crecimiento ya no está en los votantes del PP, sino por el lado de las personas desfavorecidas. Por eso agitan la idea de que vienen los inmigrantes del islam, de modo que los que menos tienen les perciban como un peligro”, señala un miembro del comité de dirección de Casado. Se trataría de un remedo español de las tácticas del populismo europeo, destinadas a ganar voto por la izquierda. “Le Pen se lo ha explicado, todos esos electores que antes eran comunistas y viven en los barrios, ahora se están pasando a la derecha populista, y es ahí donde agitan el discurso de odio para crecer. Ese es el ámbito en el que pueden incrementar su presencia. Por eso Rufián combate a Vox, y por eso lo hace también el PSOE, porque saben que pueden restarles apoyo en esos barrios”, añade este dirigente popular.

Si Vox es un movimiento más que un partido, el objetivo del PP es aprovechar la energía que generen en beneficio propio, que otros agiten el clima social y los populares aparezcan como el único partido capaz de aprovechar el descontento de manera pragmática. Ese es el objetivo principal de la convención, porque, una vez apagada la amenaza Vox, las aspiraciones de Díaz Ayuso serán menores. Y recoger las fórmulas que les han funcionado a los demás parece el camino elegido por la dirección del PP.

La convención del Partido Popular no es un acto de cara a la galería, sino que está tejida para marcar la posición ideológica y estratégica del PP en los próximos tiempos. El propósito era doble, afianzar un espacio político y asentar el partido internamente, por lo que no resultaban esperables grandes anuncios en cuanto a posibles medidas de gobierno. No se planteó para difundir un programa de futuro, sino para reafirmar el liderazgo de Pablo Casado en torno al apoyo de los barones, y para asentar su espacio como formación líder de la derecha tras la desaparición de Ciudadanos.

Pablo Casado Espinosa de los Monteros Partido Popular (PP) Vox
El redactor recomienda