Aznar receta a Casado dar la batalla cultural contra la izquierda sin complejos
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CONVENCIÓN NACIONAL DEL PP

Aznar receta a Casado dar la batalla cultural contra la izquierda sin complejos

El expresidente insiste en que la receta de la victoria es dar la batalla cultural, evitar los complejos y los "políticos marionetas", y apuesta por que el PP defienda sus valores con total claridad

Foto: Pablo Casado y José María Aznar. (David Mudarra)
Pablo Casado y José María Aznar. (David Mudarra)

La convención nacional del PP va llegando a su recta final y desembocará el fin de semana en Valencia con todas las miradas puestas en la mesa de presidentes autonómicos (y la llegada de Isabel Díaz Ayuso) y el cierre de Pablo Casado, que se convertirá en el pistoletazo de salida de una larga precampaña de cara a las próximas generales. Este jueves fue el turno de José María Aznar, quien participó en uno de los coloquios más esperados y que confirmó el gran objetivo de Casado con el cónclave: lograr la reunificación de toda la derecha y el centro derecha bajo las siglas del PP. La receta del expresidente del Gobierno, considerado ‘padre político’ del actual líder, pasa necesariamente por dar la batalla de las ideas.

Aznar hizo de Aznar en la convención nacional. Sin giros ni novedades especiales, pero con un discurso determinante que se llevó grandes aplausos del público (incluido el presidente de la Junta de Andalucía) y el asentimiento constante de Casado, sentado a su lado. En la conclusión del discurso del expresidente estaba una de las claves: “No hay política ni victoria sin claridad moral. Las batallas que no se dan son las que inevitablemente se pierden”, avanzó. “La batalla cultural significa el respeto de tus ideas y defender los valores que crees en el sistema educativo y en el social. No hay nada peor que un político marioneta de las tiranías culturales hoy al servicio de las redes sociales”, zanjó.

Su planteamiento, no por poco novedoso, es menos relevante. Al contrario. El discurso de volver a las esencias del PP —apostando por el reformismo y el europeísmo, eso sí—, pero al fin y al cabo defender las ideas populares sin complejos y sin correcciones continuas (“hay que acabar con el revisionismo absurdo”, “sentirse orgulloso de la nación española y no pedir perdón” o “España no es un Estado plurinacional, ni multinivel, ni la madre que los parió”) da buena cuenta del camino marcado por el expresidente del PP. Y, fuera de toda duda, conduce a la línea inaugurada por Ayuso el 4-M.

Foto: José María Aznar junto a Pablo Casado. (EFE)

Casado llegará al fin de semana en Valencia con un apoyo total de los principales referentes de su partido (Rajoy le dio la bendición el lunes apoyando incluso una postura muy dura contra la política económica de Sánchez y uniéndose a las dudas de Casado sobre la recuperación, Esperanza Aguirre reapareció tras los últimos encontronazos cerrando filas, ahora Aznar, y todos los exlíderes europeos repitiendo que el líder del PP será el próximo presidente de España) y los barones autonómicos asumiendo un discurso que hace unos meses no veían nada claro. Falta por ver el encaje de Ayuso, protagonista ausente de la convención a miles de kilómetros desde Estados Unidos. El cónclave estaba pensado para consolidar el liderazgo de Casado y en el PP dan por hecho que el objetivo se cumplirá.

El diseño de la convención estaba pensado como una apertura ideológica con distintos debates que, sin embargo, son muy claros con las prioridades que tiene Casado en su hoja de ruta. Y además de la economía como eje vertebrador, considerando que una vez más el PP llegará al poder en una situación muy complicada (con la deuda disparada, las reformas sin hacer y los grandes asuntos, como las pensiones, en duda), apuntan a los grandes debates que siempre han defendido los populares.

Aznar, de hecho, fue claro en sus consejos a Casado, especialmente en todo lo que tiene que ver con la batalla cultural. “La Ley de Memoria Democrática tiene que ser derogada porque es una incitación completa al enfrentamiento, al revisionismo histórico. Las cosas se hacen desde la concordia, no con mecanismos del odio. No se trata de volver al enfrentamiento, sino de tener un país que tiene propósitos comunes”. El expresidente dedicó buena parte de su intervención a criticar los dogmas de la izquierda que, a su juicio, cada vez más se están “latinizando”.

placeholder Casado y Aznar, durante el coloquio. (David Mudarra)
Casado y Aznar, durante el coloquio. (David Mudarra)

Especialmente duro se mostró al hablar de las recientes palabras del Papa (al que no mencionó en ningún momento), en las que volvió a pedir perdón a México por los “pecados cometidos” durante la conquista española. Con argumentos calcados a los que esgrimió Ayuso desde EEUU hace un par de días, también señaló que “el nuevo comunismo de allí se llama indigenismo”, e insistió en que el indigenismo "solo puede ir contra España, no contra otros países o Estados Unidos". “Yo no voy a engrosar las filas de los que piden perdón. Estoy orgulloso de la nación española con sus claros y sus oscuros, pero no pediré perdón”. Casado ha evitado pronunciarse al respecto a pesar de las distintas oportunidades.

Y más allá del chascarrillo ("se llama Andrés Manuel López Obrador ¿por los aztecas, los mayas o los incas?", dijo Aznar entre risas y algún aplauso), el expresidente sí advirtió a Casado de que otro de los retos será recuperar el liderazgo y la fortaleza internacionales que, a su juicio, han quedado absolutamente mermados con el Gobierno de Sánchez. “La debilidad se huele. Y si lo eres en Europa, lo eres en Estados Unidos, en Iberoamérica y en África, y luego pasa lo que pasa”, dijo en clara referencia a cómo se están reconfigurando las alianzas geoestratégicas mundiales y el menor peso de la UE. Exactamente en estos términos se expresó el día anterior Sarkozy.

Otro punto caliente llegó, como no podía ser de otra manera, al hablar del asunto catalán. Aznar, que en cada ocasión que pudo reivindicó el legado de su Gobierno (presumiendo muy poco del resto de ejecutivos populares en manos de Mariano Rajoy), advirtió a Casado de que las dos fechas en que menos sentimiento nacionalista ha habido en España se corresponden, según los datos del CIS, con 1999 y 2003. Con él dentro de la Moncloa. Y continuó: “Es una etapa concreta y no es una casualidad”.

Foto: El líder del PP, Pablo Casado. (EFE)

A partir de 2004, con algunos años de excepción en medio, la política empezó a funcionar mal. No es un problema de nuestra Constitución”. Fue la frase de partida para lo que venía a continuación en una crítica reiterada que siempre ha hecho Aznar al resto de gobiernos socialistas, pero también al de su sucesor popular, que apostó por centrarse en la gestión y al que acusó de renunciar a hacer política. Especialmente en Cataluña. “España es una nación, no siete, ni cuatro, ni tres, ni 17 ni 21. Es una nación plural, pero una. Y no es un Estado plurinacional, ni multivel, ni la madre que los parió”, espetó volviendo a concitar aplausos en la sala.

Enlazó con el asunto de la lengua y muy especialmente aconsejó a Casado no titubear en el asunto. “En España, hay una lengua común que es el español. Después hay lenguas cooficiales en las CCAA en las que se hablan. Pero en las instituciones de Madrid se habla en castellano, que es el idioma que conoce todo el mundo. Y en la educación yo tengo el derecho de que usted me enseñe la lengua que yo elija”, volvió a zanjar el expresidente, augurando que esta reconstrucción social será el otro gran reto que tendrá por delante su pupilo si llega a la Moncloa. Aznar dijo no tener dudas de que lo hará, “y lo harás bien”, añadió. Un rato después, subía al escenario Mario Vargas Llosa. El Premio Nobel puso el colofón a la jornada: "Votaré al Partido Popular".

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