Las tres incógnitas que tienen a la izquierda en la sala de espera
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OTOÑO DE TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Las tres incógnitas que tienen a la izquierda en la sala de espera

Qué hará Yolanda Díaz, qué resistencia territorial tendrá Podemos y qué sucederá en las elecciones alemanas. Estos son los tres misterios que han llevado a la izquierda española a replegarse

placeholder Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)

La agenda ahora mismo más analizada de la política española es la de Yolanda Díaz. El jueves pasado estuvo en El Prat de Llobregat con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para celebrar la paralización del plan que hubiera ampliado el aeropuerto. El próximo lunes estará en Valencia con el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y con la vicepresidenta, Mónica Oltra. Cada viaje y cada reunión que celebra enseguida atrae la atención del PSOE, de Unidas Podemos y de Más País.

Las encuestas ahora mismo más leídas y estudiadas no son las españolas, sino las alemanas. Sobre todo en los calendarios de Moncloa y del equipo de Íñigo Errejón, la fecha del 26 de septiembre, el día de las urnas en Alemania, es un círculo rojo bien remarcado. Un día clave. Los sondeos dan la victoria al SPD de Olaf Scholz y preconfiguran un tripartito en el que entrarían Los Verdes y Die Linke, la versión germana de Unidas Podemos. Ante semejante posibilidad, los cuarteles de socialistas, "morados" y "errejonistas" se están llenando de exégetas, ya con sus portátiles encendidos a la espera del resultado de dentro de dos semanas.

Los movimientos internos que actualmente despiertan más interés son los que se están produciendo o pueden producirse en Podemos. La batalla orgánica vivida en Valencia y los escarceos producidos en Andalucía, en donde una serie de cargos han abandonado (razones personales, ha alegado la dirección autonómica), retratan a un partido que no parece restablecerse tras la última renovación. La llegada de Ione Belarra y de Lilith Vestrynge, de momento, no han contribuido a unificar criterios y apaciguar ánimos. La situación se está viviendo con preocupación tanto dentro como fuera de Podemos. Ya es revelador que Díaz anteponga un diseño más amplio y variado al que ofrece ahora Unidas Podemos, en donde vive IU.

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (EFE) Opinión

Estos tres rasgos indican la temperatura de la izquierda española, que es fría en este final del verano de 2020 porque las formaciones políticas y líderes que pueblan el espacio han optado por replegarse, vigilar y esperar. El otoño, y sobre todo, la primera mitad de 2022 (ojo a las elecciones andaluzas y quien sabe si también valencianas) acogerán los primeros movimientos. Será entonces cuando empiece la lucha por el voto ante una derecha en la que no se prevén tantas novedades. Mientras tanto, Pablo Iglesias se prodigará en tertulias y columnas.

La certeza y la hipótesis de Yolanda Díaz

El nombre del momento en la izquierda española es el suyo. Dijo el viernes en TVE que a partir de este otoño comenzaría la construcción de "un proyecto de país" basado en la escucha e interlocución con actores políticos, económicos y sociales. Aclaró acto seguido que no está en la confección de una candidatura electoral liderada por ella. Puede que por ser gallega, seguramente por su habilidad política, la ministra de Trabajo sabe caminar por el alambre. Quizá ayude reproducir sus declaraciones en la cadena pública, en concreto la contestación que dio al periodista Marc Sala cuando le preguntó por la dirección a la que apuntó Pablo Iglesias en su despedida del Gobierno. Avanzó que Díaz debía ser la futura candidata de Unidas Podemos. No tan rápido. Lean:

"Agradezco al exvicepresidente Iglesias su cariño, pero ya sabe todo el mundo que no estoy en esto. La decisión la tomaré yo sola. No estoy en esto, se lo anticipo, y aunque no estoy pensando en una candidatura, sí en levantar un proyecto de país para la próxima década. Ya lo estoy haciendo. Se acabó el tiempo en el que los gobernantes no escuchan o están sordos. Desde ya, este trimestre, me pongo a escuchar, pero no para construir una candidatura. Creáme que si estuviera pensando en una candidatura, lo diría, pero no estoy. Sí estoy trabajando para que mi país aborde un proyecto nuevo (...) Hay una España moderna que quiere cambios, que quiere un país que mire a Europa, con mujeres activas y con los cuidados en el centro; un país con vidas dignas. Tenemos diferencias con el PSOE, son conocidas, pero sí, voy a levantar un proyecto de país y tras eso decidiré lo que tengo que hacer".

Foto: Ada Colau y Yolanda Díaz. (EFE)

El mensaje es calculadamente equilibrado, algo que Díaz y su equipo llevan semanas midiendo. Por un lado, se aleja de la tutela de Pablo Iglesias; por otro, elude el campo de batalla electoral; por último, estira una línea hacia el futuro y la deja ahí suspendida, en el terreno de la hipótesis. Desde hace no mucho tiempo, Díaz baraja una certeza y una probabilidad. La certeza es que quiere edificar un proyecto político nuevo que resulte de la adición de siglas y personas. La probabilidad es si lo liderará ella. Esta mezcla de certidumbre y de misterio es justo lo que ha provocado que alrededor de la vicepresidenta segunda se esté creando una enorme expectación.

El 'momentum' de la izquierda española es repliegue y táctica, y no solo por la vigilancia que PSOE, Podemos, Más País y fuerzas periféricas han puesto sobre la ministra. Si la coyuntura de ahora fuera una película de espías, habría un montón de espías.

En Ferraz, sede del Partido Socialista, son conscientes de que la irrupción de Díaz en la liza electoral revolverá el ambiente, no porque pueda captar a los militantes 'pata negra', con los que se cuenta en toda circunstancia, sino porque pueda acaparar el interés de ese otro cuerpo de votantes de izquierda que últimamente bailan entre el espacio de Podemos, el de Más País y el del propio Partido Socialista. Un vistazo por los últimos barómetros del CIS depara que las valoraciones ciudadanas de Pedro Sánchez y de Yolanda Díaz están más o menos a la par, incluso con la vicepresidenta por encima, y muestra también que en la escala de ubicación ideológica el margen de separación es muy pequeño. Los expertos y estrategas han detectado que entre los afines a las siglas del puño y la rosa la diputada gallega es bien recibida.

Los finos cimientos que sujetan a Podemos

Un salto a la primera línea de Díaz, que es además una de las ministras mejor puntuadas por los encuestados del CIS, también retocaría los planes de Errejón, si es que no han llegado a un acuerdo para entonces. Ambos tienen pendiente una conversación telefónica y una reunión. Ambos saben que se va a producir. Fuentes de Más País recalcan que los objetivos coinciden, y esto es a la vez una ventaja y un inconveniente, porque seguramente habrá entendimiento, y al mismo tiempo, ruptura. De la misma manera que la vicepresidenta podría aspirar a encabezar una amalgama progresista, Errejón también, aunque con un matiz no menor: no quiere a Podemos cerca (tampoco en Podemos le quieren a él).

Las encuestas demoscópicas elevan a Más País a un umbral de cinco diputados, arriba o abajo. No es nada en comparación con las pretensiones de Díaz, pero sí un éxito para una estructura que se sustenta ahora mismo en dos más Joan Baldoví, de Compromìs. El exdirigente de Podemos es tan obsesivo con las encuestas y los discursos como Pedro Sánchez. Eso les une. Errejón siempre ha rastreado el terreno para ocupar un espacio desde el que crecer. El carácter medioambientalista que ha imprimido proviene de una lectura meticulosa del contexto actual y es muy probable que la reivindicación de un espacio propio sea el muro que le separe del que podría delimitar la vicepresidenta segunda.

Foto: La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante un pleno del Senado. (EFE)

Sin embargo, el gran choque previsiblemente enfrentará a Díaz con Ione Belarra e Irene Montero. En Podemos consideran que ese lugar rico en siglas y tendencias progresistas ya existe: su propio partido. Mientras la ministra de Trabajo quiere usar la fuerza centrífuga, las de Derechos Sociales e Igualdad prefieren la centrípeta. El centro, obviamente, es UP. A no ser que acerquen posiciones, las inercias apuntan a una distancia cada vez mayor. Fuentes de la formación "morada" reconocen que hay mucha expectación por lo que vaya haciendo la interlocutora de Sánchez en el Gobierno, pero no inquietud. Añaden que la nueva dirección defenderá el lugar ya creado y ocupado. "Solo nosotras podemos lanzar un mensaje creíble contra los oligopolios, ciertas prácticas empresariales, las cloacas y los medios de comunicación", argumentan.

Pero en Podemos también admiten que el trabajo de recomposición orgánica que deben acometer es arduo. No llegan buenas noticias de los territorios, en donde la caída parece imparable. Sus representantes han desaparecido del Parlamento gallego, sus fuerzas se han visto mermadas en Euskadi, y aunque aguantaron el tipo en Cataluña gracias a la marca de 'los comunes', el resultado de Madrid dejó un sabor agridulce (es la última fuerza de la Asamblea). Las perspectivas en Andalucía no son buenas, de ahí la búsqueda de un candidato/a que pueda salvar los muebles. En la Comunidad Valenciana tampoco reina el optimismo. Ahora bien, como en Podemos se propongan cortar las alas a Díaz, lo conseguirán, apunta una de las fuentes consultadas.

Alemania

Si Scholz se convierte en el nuevo canciller alemán a partir del 26 de septiembre, un dirigente español se sentirá pletórico: el presidente del Gobierno. Desde hace tiempo, Sánchez considera que la referencia socialdemócrata europea reside en Portugal y en España y que ambos países han marcado el camino para una salida de la crisis económica y social provocada por la pandemia. Una salida eminentemente socialdemócrata. Que Alemania se una a esta visión sería un hito.

Resulta significativo que una de las ideas fuerza que ha empezado a usar Moncloa sea la siguiente: a diferencia de las soluciones a la crisis financiera de 2008, que tardaron en llegar y que agravaron las brechas sociales, arguyen, las de la actual serán más rápidas e igualarán las capas sociales. Está por ver que así sea porque han saltado a la palestra elementos que cuestionan sobremanera la velocidad y el calado de tales soluciones, como el precio de la luz o las ineficiencias del mecanismo del ingreso mínimo vital. Sánchez se ha marcado como objetivo la demostración de que el PSOE claro que sabe arreglar desaguisados económicos.

La victoria del SPD sería muy bien recibida en el PSOE. Sería, de hecho, un revulsivo. Ya desde hace días Moncloa estudia las encuestas germanas y los cruces de tendencias para analizar qué ha llevado al candidato socialista, un tipo discreto y un ministro que rehuye las estridencias, a ser el favorito. Puede que haya factores que imitar. El tiempo dirá. De lo que no duda ninguna fuente es que si hay viraje político en Alemania, quedará certificado que el rumbo adoptado en España es el correcto. Sánchez intensificará su agenda social y sus leyes para una recuperación justa. Y si Los Verdes alemanes entran en la coalición, Errejón tomará nota y verá validada su estrategia. La izquierda, en España, está tomando posiciones. Se trata de salir bien cuando empiece la carrera electoral porque justo eso es lo que pasará en 2022.

La agenda ahora mismo más analizada de la política española es la de Yolanda Díaz. El jueves pasado estuvo en El Prat de Llobregat con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para celebrar la paralización del plan que hubiera ampliado el aeropuerto. El próximo lunes estará en Valencia con el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y con la vicepresidenta, Mónica Oltra. Cada viaje y cada reunión que celebra enseguida atrae la atención del PSOE, de Unidas Podemos y de Más País.

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