Sánchez prepara una negociación con Cataluña larga, discreta y de gestos mutuos
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ACERCAMIENTOS CARA A LA MESA DE DIÁLOGO

Sánchez prepara una negociación con Cataluña larga, discreta y de gestos mutuos

Moncloa diseña un proceso de diálogo que requiere confianza de las dos partes y contactos discretos que preparen las reuniones periódicas de la mesa bilateral

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Hay una forma de buscar acuerdos y gestionar mesas de diálogo que consiste en trabajar discretamente para facilitar las reuniones formales y públicas. Se trata de que los encuentros públicos sean solo representaciones de lo que previamente se ha cocinado entre bambalinas, con protagonistas diferentes a los que se sientan a la mesa pública. A las reuniones públicas se llega casi con los comunicados posteriores pactados y, por supuesto, con gestos previos que faciliten el diálogo. Es esta la estrategia que ha adoptado Pedro Sánchez ante la reanudación de la mesa de diálogo con la Generalitat de Pere Aragonès. El presidente del Gobierno se juega mucho en esta reedición del órdago territorial catalán y necesita minimizar los riesgos.

Hay que prestar más atención a lo que no se ve que a lo que se ve. Este modelo tiene mucho recorrido en la diplomacia. Por ejemplo, se llega a las cumbres entre dos Estados con una agenda pactada y también con decisiones casi cerradas previamente por técnicos.

Sánchez y Aragonès escenifican su voluntad de iniciar una nueva etapa política

Se utiliza habitualmente en Europa con los llamados 'sherpas', fontaneros de los gobiernos que, como los guías que conducen a las sombras del Himalaya, van por delante para allanar el camino y pactar las agendas, las divergencias y los comunicados finales. Los primeros ministros o jefes de Estado entran luego a cerrar los acuerdos, desbloquearlos y anunciarlos.

Se hizo también algo parecido con las negociaciones para elaborar la Constitución de 1978. Los acuerdos no se tejían en la formalidad de la ponencia o la comisión constitucional, sino en la mesa de un reservado de restaurante.

El sistema ha funcionado también en conversaciones delicadas con posiciones previas de las partes muy alejadas. Por ejemplo, en los procesos de paz de Irlanda del Norte, en que los acuerdos iban precedidos de reuniones y contactos secretos. Se utilizó también en España en las conversaciones para poner fin al terrorismo de ETA. Incluso José María Aznar, como presidente del Gobierno, permitió que personas de su entorno participaran en esos contactos y hasta cruzó gestos con ETA para crear climas favorables y facilitar el diálogo.

Foto: El 'exconseller' de ERC Xavier Vendrell, con Laura Borràs. (EFE)

Con José Luis Rodríguez Zapatero funcionó el sistema y se culminó el alto el fuego definitivo de ETA. Para llegar a ese punto, fue necesaria una larga cadena de reuniones y contactos directos para alcanzar un punto de confianza mutua. Por ejemplo, el socialista Jesús Egiguren mantuvo contactos y conversaciones secretas durante nada menos que cuatro años con Arnaldo Otegi. Primero para lograr esa confianza, para acotar los temas a discutir y luego buscar salidas. Antes de diseñar la meta, hay que crear el camino y eso es muy importante porque, generalmente, quien acepta el procedimiento acepta el resultado.

Diálogo en Cataluña: negociación discreta

Con las obvias diferencias, empezando por la principal de la diferencia de métodos, como el terrorismo, este modelo es el que pretende aplicar Pedro Sánchez en Cataluña. Es decir, cuando se constituya la mesa de diálogo en el mes de julio, habrá un trabajo previo y secreto. El acto público de reunión de la mesa será el menos relevante de todos, más allá del efecto simbólico de la foto de la reunión.

Es un modelo que facilite el camino y el buen clima para esa negociación, con gestos mutuos, como el anuncio de concesión de indultos, respondido por la carta de Oriol Junqueras renunciando a la vía unilateral y seguido a principios de julio por la aprobación de las medidas de gracia. A continuación, llegará la primera reunión formal de la mesa de diálogo.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), durante la reunión del Consejo de Ministros celebrada este martes en el complejo de Moncloa. (EFE)

Al gesto de Junqueras le han precedido contactos que, como adelantó El Confidencial, buscaban facilitar el camino a los encuentros. Se trataba de lograr que ERC aflojara su discurso, evitara el 'volveremos a hacerlo' y pusiera el camino hacia el diálogo. De ahí la satisfacción del Gobierno por el gesto de Junqueras, que allana el camino.

En ese sistema de negociación, son fundamentales los relatores o facilitadores, que median y favorecen y miden los gestos de las partes. Hace tiempo, esa figura fue objeto de polémica, pero son utilizadas en casi todos los procesos similares. Son útiles si no se conocen. Por ejemplo, José María Aznar y ETA utilizaron al entonces obispo de San Sebastián, que acudía a las reuniones de Suiza y levantaba acta.

Peligros y riesgos

Fuentes del Gobierno admiten que la dificultad es que ambas partes tienen un camino estrecho y difícil en ese proceso. Sánchez está limitado por la imposibilidad legal de aceptar algunas peticiones como la autodeterminación y la amnistía, y también por el desgaste de su Gobierno ante la opinión pública y en su propio partido por críticas de los barones.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (i), y el presidente de ERC, Oriol Junqueras. (EFE)

ERC tiene su camino condicionado por la presión de JxCAT, con quien comparte Govern, y una opinión pública independentista que puede acusarlos de traidores. Hay que tener en cuenta que Esquerra lleva tiempo en un tránsito difícil y arriesgado que ha incluido los acuerdos con Sánchez.

En enero, antes de las elecciones autonómicas, el propio Junqueras aseguraba categórico en El Confidencial que nunca renunciaría a la unilateralidad. Ya al frente del Govern y garantizada su posición hegemónica en el independentismo, ERC ha podido avanzar en ese camino. El trasatlántico necesita siempre mucho espacio para virar.

En ambos casos, no obstante, la presión externa y de sus propios partidos es también en sí misma un arma de negociación. Es decir, Sánchez puede alegar que no está en condiciones de aceptar según qué cosas por la presión de sus barones, de tal forma que esas mismas declaraciones críticas de dirigentes regionales del PSOE pueden ser también convenientemente pactadas con el presidente del Gobierno y líder socialista.

Foto: Pedro Sánchez y Pere Aragonès, llegando a la primera reunión de la mesa de diálogo. (EFE)

Queda aún mucho para que esas conversaciones entren en asuntos concretos. Hay posiciones previas, como la que maneja el Gobierno para que en una hipotética consulta no se someta a votación una posición de “mantenimiento o salida de España”, sino un acuerdo cerrado previamente entre el Estado y la Generalitat. Así se garantiza su viabilidad, su éxito y su futuro.

El gesto de Junqueras afecta directamente a las argumentaciones de rechazo de la oposición, que invocaban la ausencia de arrepentimiento y la voluntad de reincidir en las mismas conductas. El Gobierno da por disuelto otro de los argumentos de rechazo por parte del PP: el de la bilateralidad. Los populares aceptaron sin rechistar la foto de las banderas en la Puerta del Sol de Madrid con una presidenta de comunidad negociando de tú a tú con el presidente del Gobierno.

Y las citadas fuentes del Gobierno se ven fortalecidos por la posición del PP en la protesta en la plaza de Colón, con la compañía de la extrema derecha, y en la recogida de firmas idéntica a la de 2006 contra el Estatut, que desde hace 15 años acumulan polvo en un almacén del Congreso. Ambas acciones crean dudas en la dirección del PP.

Hay una forma de buscar acuerdos y gestionar mesas de diálogo que consiste en trabajar discretamente para facilitar las reuniones formales y públicas. Se trata de que los encuentros públicos sean solo representaciones de lo que previamente se ha cocinado entre bambalinas, con protagonistas diferentes a los que se sientan a la mesa pública. A las reuniones públicas se llega casi con los comunicados posteriores pactados y, por supuesto, con gestos previos que faciliten el diálogo. Es esta la estrategia que ha adoptado Pedro Sánchez ante la reanudación de la mesa de diálogo con la Generalitat de Pere Aragonès. El presidente del Gobierno se juega mucho en esta reedición del órdago territorial catalán y necesita minimizar los riesgos.

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