El Gobierno busca poner a prueba el giro anunciado por Casado
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tras la moción de censura de Vox

El Gobierno busca poner a prueba el giro anunciado por Casado

Renovación de instituciones, gobiernos autonómicos respaldados por Vox y leyes como la de memoria histórica, la de libertad sexual o la de eutanasia, pruebas para el líder del PP

Foto: El Gobierno busca poner a prueba el giro anunciado por Casado
El Gobierno busca poner a prueba el giro anunciado por Casado

Pablo Casado llevaba semanas aguantando las presiones de quienes le pedían que anunciara antes de llegar al debate el voto del PP en la moción de censura para salirse del foco de un escenario que, 'a priori', no podía salirle bien. Cuentan en su equipo que el líder del PP tenía claro en qué momento y cómo tenía que hacerlo, sabiendo que ese anuncio forma parte de una estrategia general para distanciarse de Vox que ha ido retrasando desde que en verano de 2018 llegó a la presidencia del PP.

El discurso de Abascal del miércoles sorprendió al equipo de Casado por sus críticas a la Unión Europea —"los sueños de Hitler", dijo— y por su tono claramente de extrema derecha. Con esos mensajes, Casado entendió que tenía aún más sentido poner distancia con Vox y desarrollar ese discurso que había preparado desde hace semanas.

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El PP, en un análisis que coincide con el del Gobierno y el de Unidas Podemos, sostiene que la moción ha servido para visibilizar esa extrema derecha que representa Vox. No porque sus mensajes hayan sido novedosos, pero sí porque se han escuchado todos juntos, uno detrás de otro.

De esa forma, el líder del PP consiguió su mejor día desde que dirige el partido, precisamente cuando las circunstancias eran peores para él. A partir de hoy, tiene que convertir en hechos sus palabras del debate de la moción de censura, que suponen un giro evidente sobre las expresiones que ha venido utilizando en los últimos meses, aunque nunca haya llegado al nivel de dureza de Vox.

Casado consiguió también el aplauso más caluroso de sus diputados y el reconocimiento de muchos que nunca le apoyaron y que llevan tiempo cuestionándole. Y logró también dar una alegría a los diputados del PP, necesitados de algún triunfo político. La paradoja del debate es que quien entró como víctima sale como triunfador, en una especie de paralelismo del 'Manual de resistencia' que creó la leyenda de Pedro Sánchez contra las adversidades.

Miembros del Gobierno admiten que Casado ha salido reforzado (contra todo pronóstico) y elogian la capacidad de superar las dificultades con las que llegó esta semana al Congreso.

De hecho, el discurso del líder del PP ha descolocado en gran medida al Gobierno. Gran parte de la estrategia de Moncloa se basa en utilizar la polarización entre derecha e izquierda, identificando al PP con la foto de Colón, de la que, según le interesa al Ejecutivo, sale y entra Ciudadanos, pero siempre están PP y Vox.

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No hay que olvidar que, como ha asegurado el líder de la oposición durante el debate, la división de PP, Vox y Ciudadanos hace casi imposible que el centro y la derecha puedan gobernar por simple aritmética. Esa certeza estaba también en el vaticinio reciente de Pablo Iglesias sobre la imposibilidad de que el PP vuelva al Consejo de Ministros.

Casado ha contribuido y retroalimentado esa estrategia con su dura posición respecto a las prórrogas de los estados de alarma, y así se ha desarrollado la legislatura.
Por eso, tras el vapuleo de Casado a Abascal, salieron a la tribuna el vicepresidente, Pablo Iglesias, y la portavoz de PSOE, Adriana Lastra, con discursos elaborados previamente en los que se sitúa al líder del PP junto a Vox, casi como si nada hubiera pasado minutos antes en el hemiciclo. Esas dos intervenciones tenían como objeto subrayar la cercanía entre el PP y Vox.

Y la línea argumental del Gobierno y el PSOE es la de poner en duda que el giro que se intuye en la estrategia del PP sea real y tenga continuidad en hechos concretos. Eso es lo que pretende hacer a partir de ahora: poner a prueba al supuesto nuevo Casado. Para empezar, con el emplazamiento a negociar la renovación de instituciones como el Consejo General del Poder Judicial. Con eso ha cerrado el debate el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y con eso machacarán el Ejecutivo, el PSOE y Unidas Podemos como prueba del nueve de su cambio de posición.

Ya antes del debate, varios miembros del Gobierno esperaban que, una vez pasada la moción de censura, el PP aceptaría negociar. El propio presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, deseó que cuando esta moción "pase y fracase" haya acuerdos entre el PP y el PSOE. Otra prueba, según el Gobierno, es la de las comunidades autónomas en las que gobierna el PP con Ciudadanos, gracias al voto de Vox. Abascal le ha recordado a Casado que depende de ellos, especialmente en Madrid y Andalucía, donde los tres partidos negocian los Presupuestos.

El PSOE busca fórmulas para retratar al PP en esas administraciones y mostrar su dependencia de Vox, para visualizar que la ruptura entre Casado y Abascal no va más allá de la táctica del momento del debate.

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Y también lo pondrá a prueba en leyes que el Gobierno ha impulsado en los últimos meses y que, precisamente, buscaban empujar al PP y situarlo lo más a la derecha posible. La principal es la de memoria histórica, y hay otras como la de eutanasia, la del aborto o la de libertad sexual que están ya en trámite. En el debate, Casado se distanció también de Vox en las referencias sobre la dictadura. Así, a la frase de Abascal sobre “el peor Gobierno en 80 años”, Casado ha contestado con "el peor Gobierno en 40 años", es decir, en el periodo democrático.

Y al tiempo, el líder del PP ha utilizado la intervención de Pablo Iglesias para mantener distancia de la Ley de Memoria Histórica. “Que los abrazos que se dieron el abuelo de Iglesias y el mío, no lo deshagamos sus nietos”, le ha dicho el líder del PP. Viene también la constitución y arranque de la comisión de investigación sobre Kitchen, donde el terreno embarrado será propicio para duros enfrentamientos y nada adecuado para moderaciones.

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El equipo de Casado asegura que sí hay un punto de inflexión en el PP, aunque no por eso van a cambiar su posición respecto al Gobierno. De hecho, mantienen las condiciones imposibles para renovar el CGPJ. Aunque también se interpretó que la destitución en agosto de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria suponía un giro al centro. La exportavoz es una de las derrotadas de la moción. Ella apostó por la abstención en un vídeo colgado en las redes.

Y, por supuesto, el PP asegura que han conseguido en el debate dejar claro que Casado lidera la oposición. Albert Rivera intentó el sorpaso al PP y fracasó, y Podemos lo intentó con el PSOE con el mismo resultado. Admiten que Vox sí puede haber logrado impulso para consolidar la representación parlamentaria en Cataluña, como le auguran algunas encuestas.

Al acabar el debate, frente al Congreso, media docena de personas, con banderas de España, gritaban frases contra Casado por no haber apoyado la moción de censura. Ahí está la contraindicación del mensaje de Casado, y se refleja en medios de comunicación, teóricamente afines al PP, pero que criticaron a Casado cuando destituyó a Álvarez de Toledo y ahora lo hacen por votar en contra de la moción de Abascal.

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