AMBAS DICEN TENER A LOS EXPERTOS DE SU LADO

La batalla entre Sanidad y la CAM divide a los técnicos sobre cómo confinar Madrid

El ministerio ha intensificado su presión sobre Díaz Ayuso aludiendo a criterios técnicos y la comunidad pone como estandarte al médico Antonio Zapatero para defender su 'modus operandi'

Foto: Terrazas vacías en el centro de Madrid a principios de septiembre. (EFE)
Terrazas vacías en el centro de Madrid a principios de septiembre. (EFE)
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En la capital de España, el número de hospitalizaciones, ingresos en UCI y muertes diarias por covid-19 aumenta día tras día mientras Moncloa y la Comunidad de Madrid juegan al pañuelo antes de decretar un cierre total de la región o una ampliación de las restricciones. Hace dos meses, hablar de un nuevo confinamiento en Madrid era algo impensable, hace unas semanas pasó a ser algo improbable, y actualmente es algo inevitable.

Buena parte de esta parálisis institucional reside precisamente en el temor a gripar de nuevo la economía, no solo madrileña sino nacional. "Si Madrid no se reactiva, España se hunde", dijo Isabel Díaz Ayuso a finales de agosto cuando Fernando Simón alertó del inquietante aumento de casos en la CAM. Pero cada día que pasa, los rumores acerca de un desenlace como el de marzo aumentan.

En esta tensa partida, ambos se esfuerzan por utilizar argumentos técnicos y no ideológicos: al menos en teoría sus decisiones están basadas criterios científicos, aunque sean prácticamente irreconciliables, a juzgar por la bronquedad creciente de los tonos adoptados por el ministro Salvador Illa y el viceconsejero de Salud pública, Antonio Zapatero.

La pregunta ya no parece si habrá un segundo confinamiento en la región —ya es demasiado tarde— sino cómo debería articularse, algo que sorprendentemente aún no está en el debate público. Si no podemos volver a lo de marzo, ¿hacia qué modelo de 'lockdown' debemos ir para vaciar las UCI sin que el PIB siga desmoronándose?

El viceconsejero de Salud de la Comunidad de Madrid, Antonio Zapatero. (EFE)
El viceconsejero de Salud de la Comunidad de Madrid, Antonio Zapatero. (EFE)

"El confinamiento funciona muy bien —y cuanto antes se aplica y con más severidad, mejor funciona—, pero tiene que ser el último recurso", dice el investigador Salvador Macip, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, un país que como España se debate acerca de entrar en nuevos confinamientos. "Hay que saber escoger qué confinamiento necesitamos y en qué momento".

La principal diferencia entre ambos enfoques son las prisas: Illa insiste en adoptar restricciones generalizadas cuanto antes, mediante la adopción del estado de alarma autonómico si es preciso, mientras Zapatero insiste en un aumento gradual de las mismas en función de cómo evolucione la situación. Una situación paradójicamente especular a la vivida hace seis meses, cuando era Ayuso la que insistía en la adopción de medidas urgentes mientras Illa respondía "seguimos en la fase de contención".

El ministro Salvador Illa. (EFE)
El ministro Salvador Illa. (EFE)

Que esta segunda batalla por Madrid se haya trasladado al terreno científico es sin duda una ventaja con respecto al mes de marzo: hoy tenemos muchas más evidencias sobre nuestro común enemigo el SARS-CoV-2, conocemos mejor la enfermedad, qué ocasiona, y algo hemos aprendido sobre las cosas que funcionan y las que no. Pero también tenemos una enorme desventaja en el abismo que existe entre las evidencias que funcionan y lo que los políticos acaban dictando. Los últimos ejemplos son los del propio Illa exigiendo una reducción del 50% de aforo en terrazas —pese a que está bastante demostrado que el virus contagia 20 veces menos en exteriores— o al vicepresidente de la CAM, Ignacio Aguado, llamando al Ejército para (entre otras labores) desinfectar las calles, una medida ineficiente como pocas.

Definir el confinamiento

Nuestro incorregible 'madridcentrismo' no debe hacernos olvidar que los segundos confinamientos llevan sucediendo desde hace meses en España, si bien es complicado trazar el límite entre endurecimiento de medidas, regreso a las fases de la desescalada o confinamiento como tal. En casos como las comarcas oscenses, Totana o ahora Badajoz, sí se hablaba de un regreso a la fase 2 o fase 1, pero en otros como A Mariña, Lleida, Aranda de Duero en Burgos, Íscar y Pedrajas en Valladolid o, actualmente, Andorra en Teruel, sí se han producido confinamientos 'duros', es decir, ni entrada ni salida del municipio.

No solo ha ocurrido por términos municipales, sino también por barrios dentro de las ciudades, como ha sucedido recientemente en Palma de Mallorca, que confinó los distritos de Can Capes, Son Gotleu, la Soledat Nord y Son Canals, logrando reducir la incidencia a la mitad en menos de dos semanas. Otros ejemplos extranjeros, particularmente de Alemania, muestran la eficacia de estos microconfinamientos: cuando se hacen pronto, solo afectan a una pequeña zona de la ciudad y permiten reducir los casos mientras el grueso de la población sigue con su vida.

Una mujer pasea su perro en Palma durante el primer día de las nuevas medidas de confinamiento. (EFE)
Una mujer pasea su perro en Palma durante el primer día de las nuevas medidas de confinamiento. (EFE)

El problema es que la Comunidad de Madrid es demasiado grande y ya es demasiado tarde, la transmisión comunitaria lleva semanas produciéndose y los casos aparecen sin saber dónde se contagiaron, porque las cadenas de rastreo están rotas. La viróloga del CSIC Margarita del Val, con quien tuvimos ocasión de hablar esta semana en 'Descifrando el virus', cree que un confinamiento total solo es eficaz en zonas más pequeñas y que el problema de Madrid requiere una respuesta más compleja.

¿Cómo salir exitosamente de un confinamiento 'blando' a casi siete millones de personas? Estas son algunas de las claves y lo que los expertos consultados opinan al respecto. Recuerden que la última palabra nunca la tiene la ciencia sino la política.

El tamaño de la 'zona roja'

Existe cierto consenso en que el confinamiento por zonas básicas de salud, que ha puesto en marcha la comunidad, plantea muchos problemas. "Hay varias formas de hacerlo, pero con la segregación por zonas básicas de salud, Ayuso no lo está haciendo de forma atinada, dado que no está eligiendo bien sus unidades de aislamiento", explica el epidemiólogo Javier del Águila.

Para Macip, es necesario "un confinamiento perimetral para evitar que la gente salga de la Comunidad de Madrid". El área metropolitana de la capital es un vórtice que en la primera ola logró afectar también gravemente a los servicios sanitarios en áreas de Toledo, Guadalajara, Segovia o Ávila, por lo que convendría reducir la incidencia en todo el área para evitar también un efecto contagio.

La Policía carga contra un grupo de manifestantes anti confinamientos selectivos en Madrid. (EFE)
La Policía carga contra un grupo de manifestantes anti confinamientos selectivos en Madrid. (EFE)

Sin embargo, hay un factor que no se está teniendo en cuenta. Lo que sugiere Sanidad, decretar de golpe un confinamiento de todo Madrid, tiene el riesgo de provocar un éxodo como los que ocurrieron en Lombardía o la propia CAM en el mes de marzo, con miles de personas huyendo hacia sus provincias natales o segundas residencias. Los casos de A Mariña o Lleida ya mostraron la ineficacia de los llamados 'confinamientos blandos' y su efecto sobre la movilidad.

Es decir, hacer las cosas a tramos, como está haciendo Ayuso, que decretó el cierre de 37 zonas y más tarde las amplió hasta las 45, puede ser ineficaz, generar que los barrios más humildes la acusen por discriminarlos y provocar muchos 'coladeros' dentro de la ciudad y la región, pero al mismo tiempo su gradualidad evita que se produzcan coladeros hacia fuera.

Prioridad al colegio y al trabajo

Una vez establecido el perímetro, lo siguiente es decidir qué va a suceder dentro de él y qué se va a prohibir. En este sentido, tanto el Gobierno como la administración autonómica concuerdan a grandes rasgos con las excepciones que permiten moverse: ir al médico, acudir al trabajo, centro educativo o a realizar gestiones, volver a casa, salir a cuidar de personas mayores, menores y dependientes o causas de fuerza mayor o situación de necesidad.

"Dentro de las zonas problemáticas, habría que quedarse con lo esencial: el colegio, el trabajo que no se puede hacer en casa y poco más", dice Macip. "Los colegios tienen que estar abiertos, es esencial. Son un problema, obviamente, porque generan transmisión, pero no podemos tener en casa durante meses a los niños. En Reino Unido plantean hacer una semana blanca y un confinamiento durante dos semanas para parar el golpe", dice este investigador residente en Leicester.

Un grupo de niños entra en su aula en la Escola Catalonia de Barcelona. (EFE)
Un grupo de niños entra en su aula en la Escola Catalonia de Barcelona. (EFE)

Del Águila discrepa de este tipo de medidas, dado que afectarían a aquellas familias sin recursos suficientes como para tener a sus hijos dos semanas extra en casa. "Me parece peligroso, porque no todo el mundo puede permitírselo, toda medida focalizada tiene la ventaja de ser quirúrgica, pero al mismo tiempo puede tener el riesgo de amplificar desigualdades que ya existen en la sociedad".

En cuanto al trabajo, las administraciones también coinciden en que, a corto plazo, el fomento del teletrabajo es lo único viable: "Los empresarios tienen que entender que el teletrabajo quizá no es la mejor solución para todo, pero es lo mejor ahora mismo", explica Macip. "Ya tendremos tiempo de volver".

Acudir a la escuela y a trabajar son dos pasos adelante con respecto al primer confinamiento, en realidad, el precio a pagar por poder mantener la economía a flote. Ese precio lo pagaríamos, principalmente, con nuestros momentos de ocio. En la desescalada, los bares y restaurantes fueron de los primeros en abrir con restricciones, un lujo que actualmente quizá no podamos permitirnos.

3. Ocio no, excepto parques

"Para mantener esto, hay que sacrificar cosas como cenar en casa con los amigos o salir a tomar algo", indica Macip. "El ocio tendría que pasar a un segundo plano y evitar al máximo los encuentros con otras personas. Quedar con amigos a tomar una cerveza se tendría que acabar durante un tiempo. Cuanto menos tengamos que estar así, mejor, pero ahora mismo es necesario".

Quedar con amigos a tomar una cerveza se tendría que acabar durante un tiempo

En verano, era sencillo decir "quedamos pero en una terraza", pero en las próximas semanas, con la bajada de las temperaturas, este factor se empezará a difuminar.

"Lo que hay que hacer ahora es no trasladar la actividad de las terrazas al interior", explica el investigador catalán. "Con el frío, se acaban las terrazas y se acaba el salir a tomar algo. La transmisión en esta segunda ola viene en gran parte de quedar con los amigos a cenar, encuentros con familiares, cenas en casa, todo eso hay que ponerlo en pausa, congelar la socialización, y más en interiores".

Vista del Parque Los Mosquitos, en Ciudad Lineal, que permanece cerrado. (EFE)
Vista del Parque Los Mosquitos, en Ciudad Lineal, que permanece cerrado. (EFE)

Nos quedan los parques, si es que la Comunidad de Madrid decide reabrirlos. "Hay pocas cosas que fortalezcan nuestro sistema inmunitario, pero una de ellas es el ejercicio moderado y continuo", dice Margarita del Val. "Por favor, que nos dejen los parques abiertos durante el día y controlen los aforos, pero que podamos hacer ejercicio".

"Los parques también permiten mantener un cierto contacto social seguro, lo que no tiene sentido es poder salir solo a los bares", añade Del Águila.

4. Medidas para evitar el incumplimiento

En estos momentos, ningún tipo de política debe obviar que la gente está muy hastiada. Llevan meses cumpliendo órdenes, han perdido a seres queridos o empleos y los casos siguen subiendo. Aquel confinamiento que funcionó bien la primera vez puede no hacerlo igual esta segunda. El puño de hierro debe ir envuelto en un guante de terciopelo. "Recurrir al Ejército o a la Policía para garantizar unas medidas de salud pública y que alguien no se mueva de sus barrios puede ser complicado, porque todo el mundo rápidamente evoca su imaginario", dice Del Águila.

La ausencia de criterios epidemiológicos claros, contrastables y equiparables en todo el país tras la desescalada ha encendido las últimas protestas contra las medidas tomadas por Díaz Ayuso y en el rifirrafe con Salvador Illa. ¿Por qué distritos con más incidencia no fueron confinados? ¿Por qué Sanidad saca ahora el límite de 500 nuevos casos por cada 100.000 habitantes, de dónde sale ese baremo y por qué no supimos de él hasta ahora? ¿Por qué Madrid y no Navarra o antes Aragón y Cataluña? Cunden la desconfianza y la sensación de arbitrariedad, lo cual dificulta que los ciudadanos cumplan con las restricciones.

Ni la Comunidad de Madrid ni el Ministerio de Sanidad han mencionado, más allá de las medidas anunciadas, programas de ayuda o acceso a servicios básicos para los ciudadanos que queden confinados.

"Poner en marcha un nivel de apoyo social y labor comunitaria, meter a colectivos vecinales y servicios sociales, asegurarte de que todo el mundo va a tener acceso a alimento o medicina", dice Del Águila. "Hay que hacer algo como lo que hizo China en cuanto a la gestión comunitaria de la zona confinada, aunque Baleares creo que ha hecho algo parecido". Esta semana, se publicó que en Palma la cifra de personas que van a comedores sociales se había duplicado. Durante la primera oleada, esta labor se cumplió gracias a despensas solidarias y esfuerzo vecinal, pero ahora, con el agotamiento de estos esfuerzos, establecer nuevos mecanismos para proteger a las personas que se quedan dentro de la 'zona roja' es perentorio.

No solo por su bienestar —que no es poco— sino para que puedan contribuir positivamente a las medidas contra la pandemia.

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