ABANDONOS, BAJAS Y MIEDO

Los médicos afrontan la nueva ola agotados y deprimidos: "Gastamos la energía en marzo"

Desde Atención Primaria hasta medicina interna pasando por enfermería, la depresión, el hartazgo y la fatiga marcan el inicio de un curso que puede ser muy largo

Foto: Cientos de MIR iniciaron este lunes una huelga en Cataluña. (EFE)
Cientos de MIR iniciaron este lunes una huelga en Cataluña. (EFE)

Sandra Montaño llegó al sector sanitario por vocación. Quería ser enfermera como su abuela, por las historias que contaba. Después de un par de años trabajando en residencias y en el sistema andaluz de salud, aterrizó a los 26 en plena campaña covid. “Fue brutal. Me impactó muchísimo el primer día. Todo estaba en pleno brote, había aún mucho caos, muchísimo estrés entre todo el personal, los pasillos llenos de cosas para los aislamientos, la gente muy malita (sobre todo ancianos), sola en las habitaciones, pacientes que te cogían la mano sin apenas verte para calmarse...”, cuenta a El Confidencial.

“En Cádiz, no ha estado fatal la cosa como en Madrid, pero a mí el trabajo me ha destrozado. A nivel físico, psíquico, motivacional y vocacional”, explicaba en redes sociales. “Y solo he estado tres meses en covid, ahora estoy en plantas limpias, más desprotegida aún. Porque nunca sabes a quién vas a tratar. Y rezando, día tras día, por que no suene tu teléfono para una oferta de un mes en planta covid. No, no quiero volver”. Como matiza, “si tuviera que volver, volvería, porque no tengo otro remedio y es mi trabajo y es lo que toca, pero me frustraría muchísimo”.

"El peor sentimiento para un médico es que te importen menos tus pacientes, y eso nos está pasando a muchos de nosotros"

La sensación de hartazgo, frustración y cansancio es habitual en los ámbitos de la práctica médica que se han topado de frente con el coronavirus. Ángel Luis Rodríguez Domingo es el responsable del servicio de salud mental del sindicato Amyts y desde marzo ha entrevistado a decenas de médicos con necesidad de asistencia mental. Según los cálculos del servicio, alrededor de más de un 60% presentaban síntomas compatibles con la depresión. “Hay un gran número de médicos que están sobremedicándose para aguantar”, explica a El Confidencial.

Ha sido un proceso de varias fases. En marzo y abril, cuando la presión asistencial aumentó de repente, la respuesta más generalizada fue la del subidón adrenalínico. “Pasaron una etapa de muchos nervios y estrés, con angustia y ansiedad, irritabilidad, falta de control de impulsos y mucho miedo mientras vivían situaciones que les iban a pasar factura más tarde”, señala Rodríguez.

Ahora es el momento de cobrar esas facturas. Justo cuando la segunda ola se encuentra en pleno ascenso, es decir, en el peor momento posible. “Después, a medida que todo esto se tranquilizaba, ese nerviosismo desapareció y el sistema de estrés se agotó, lo que dio lugar a un debilitamiento físico y psicológico”, señala el psicoterapeuta. “Síntomas de depresión, engancharse a sustancias como antidepresivos o hipnóticos, querer dejar la profesión… en definitiva, estrés postraumático”.

Pesadillas, falta de descanso nocturno, sensación constante de alerta y embotamiento emocional son algunos de los síntomas referidos con más frecuencia por los profesionales., que se encuentran ante "un túnel donde no se ve la luz al final", en sus propias palabras.

Los médicos afrontan la nueva ola agotados y deprimidos: "Gastamos la energía en marzo"

Desde primera línea

Álvaro Alejandre está en su quinto año de residencia en Medicina Interna el Gregorio Marañón, desde donde ha visto desde primera fila la llegada de la segunda ola. “Desde luego, en mi centro estamos ya en ella”, explica. “La diferencia es lo que hay en la calle: en la primera ola, hubo un confinamiento total, ahora es como en marzo, pero con la gente haciendo vida normal”. El número de pacientes aumenta, su gravedad también y las UCI se llenan. “La diferencia es que ahora estamos ya quemados de la primera ola y cansados, porque no nos ha dado tiempo a recuperarnos”.

"Los internistas ya llegamos a la pandemia justos de fuerzas, porque después de la temporada de gripe no habíamos podido descansar"

El Marañón es uno de los puntos calientes de la capital en este momento. El bajón moral se ha dejado notar en el equipo después del respiro de verano, donde algunos hasta pudieron cogerse vacaciones. La mayor parte de descansos, no obstante, han sido por bajas por contagio de covid. “En ti mismo notas el cambio de humor”, explica Alejandre. “Hay quien está más cansado, más irritable… Y llega un punto que he comentado con muchos compañeros, y siento decirlo, pero en que el ‘burnout’ hace que te importen menos los pacientes que estás tratando. Y esa es la peor sensación que puede tener un médico. Enfrentarse a una segunda ola con esos sentimientos...”.

Como recuerda el psicoterapeuta, es una sensación que ha visto entre muchos de sus pacientes y que encaja con síntomas predepresivos. En las encuestas realizadas, muchos profesionales admitían su propia sorpresa por la indiferencia que sentían hacia el trabajo, especialmente entre los más vocacionales que lo que buscaban era cercanía. “Antes tenías motivación, era una situación que requería tu energía y dabas todo de tu parte”, explica Alejandre sobre los primeros meses. “Ahora ya no queda esa energía, estamos con la reserva”.

Los médicos intensivistas del Centro Hospitalario de Santiago de Compostela. (EFE)
Los médicos intensivistas del Centro Hospitalario de Santiago de Compostela. (EFE)

Alejandre, vocal MIR de la SEMI (Sociedad Española de Medicina Interna), ha elaborado junto a la doctora Cristina Macía, vocal de internistas jóvenes de la misma organización, un estudio sobre la salud mental de los internistas. El trabajo muestra que alrededor de un 40,1% presentan síntomas de ‘burnout’, y el 58,3%, un cansancio emocional elevado. Aunque Macía, que trabaja en el hospital Povisa de Vigo, reconoce sentirse afortunada frente a sus compañeros de la capital, Barcelona o País Vasco, también recuerda que es una situación que viene de lejos. No es únicamente por el covid.

“En nuestro trabajo del año pasado ya mostrábamos que un 30% tenían síntomas de ‘burnout’”, explica. “Los internistas hemos llegados a la pandemia justos de fuerzas, sin haber tenido vacaciones, porque llegamos al covid tras el pico de gripe”. La medicina interna estuvo en primera línea desde el principio, al tratarse de una enfermedad respiratoria. “Mentalmente estamos más preparados para lo que se nos viene encima, porque ya lo hemos vivido, sabemos qué va a pasar, es lo mismo que hace unos meses. Pero es duro ver que no se ha intentado evitar la segunda ola, que se podría haber hecho más”.

"Ha llegado gente muriéndose al centro de salud, hemos sedado a gente en sus domicilios, y todo eso se ha olvidado"

Casi la mitad de los encuestados (un 46,6%) se plantea trabajar en el extranjero, justo en el momento en el que más médicos se necesitan. “Durante los últimos años se ha ido mucha gente o se ha cambiado de especialidad”, explica. “Si fuese una interinidad habría gente dispuesta, pero no en esas condiciones. ¿Cómo vas a cambiarte de comunidad por un contrato de unos meses?”. No es cuestión de dinero, añade, sino de precariedad.

“Ahora es una especialidad precaria sin paro, porque no hay gente de la que tirar”, concluye. Según su estudio, un 27,93% afirma haber obtenido alguna compensación por el exceso de trabajo. Es decir, más de uno de cada tres no ha obtenido un pago adicional por las horas extra. “Cuando te dan un contrato de un mes en Madrid en plena pandemia la gente se marcha a otras comunidades”, añade Alejandre. “Necesitamos médicos porque hay una presión espectacular, pero no los hay para el contrato que están ofreciendo. Volveremos a enfrentarnos a lo mismo y lo superaremos, porque para eso estamos, pero a un precio muy alto. Hay gente con una fuerza de voluntad increíble y la ha perdido toda”.

Saliendo por la puerta de atrás

El correlato de los últimos meses es un aumento en las renuncias entre profesionales. Irene García Zurita es una médica de Atención Primaria que ha pasado por centros de Vallecas y Fuentidueña y que ha decidido dejarlo. Actualmente está preparando una renuncia colectiva con otros colegas en su misma situación que no pueden más. “La Atención Primaria está desgastada desde hace mucho tiempo, pero lo de los últimos meses ha sido insostenible”, explica a El Confidencial. “Cuando empecé en Atención Primaria sabía que estaba mal, pero tenía la ilusión de que mejorase. No ha hecho nada más que empeorar”.

"Te vas a casa sabiendo que hay gente a la que no has llamado con dolor de pecho o síntomas de cáncer porque tienes que priorizar rastreo"

En el caso de la Atención Primaria, hay un factor sumado de incomprensión y falta de reconocimiento, a pesar del esfuerzo realizado en marzo. “Ha llegado gente muriéndose a los centros de salud, hemos sedado a gente en sus domicilios, y todo eso se ha olvidado”, lamenta. “Yo hacía turnos de mañana y tarde porque mis compañeros estaban infectados y el resto estaba en Ifema. Emocionalmente, está esa carga emocional de que no hemos hecho nada. Pero sí que hemos hecho mucho, pero ni el gobierno ni la CAM hablan de ello. El peso ha caído en Atención Primaria cuando estábamos ya agotadas”.

Una de las sensaciones que han llevado a García a querer dejarlo es el chantaje emocional de tener la sensación de estar al borde de la desaparición. “Todos mis compañeros tenemos la sensación de que se está agotando, de que la primaria se va a acabar”, explica. “Eso es emocionalmente agotador, trabajar en algo que sabes que va a desaparecer. El 50% de nuestra agenda ha sido rastrear, dar bajas a sintomáticos, trabajo burocrático. Antes ya teníamos agendas de 60 pacientes que no podíamos manejar y ahora llegamos a tener 100”.

“Te vas a casa sabiendo que hay gente a la que no has llamado quizá con dolor de pecho o síntomas de cáncer porque tienes que priorizar el rastreo y dar bajas, que ha recaído sobre nosotros”, prosigue. Muchos de sus compañeros de profesión sienten lo mismo, que no están dando un servicio “digno” a la gente. El motivo por el que se decantaron por la Atención Primaria, al que hay que unirle un chantaje emocional que pesa sobre ellos como una losa. “A mí me dijeron que si estábamos tan mal nos cerraban, así que pasaba todo el día en el centro, mañana y tarde, con listas de 120 pacientes”.

Entre muchos médicos y profesionales, abunda la sensación de abandono especialmente durante el verano. Son los portadores de las malas noticias que nadie quiere escuchar, lo que los lleva a juntarse en grupos con otros compañeros donde sí son comprendidos. Después de ser los héroes que debían sacrificarse por los demás en mitad de la pandemia, han pasado a ser “asesinos” o “cómplices”, como aparecía en unas pintadas a la entrada del hospital de La Paz en Madrid que han corrido como la pólvora entre los grupos de WhatsApp. Una herida más en su corazón.

"Hablar con médicos es hablar de contagios, de UCI, de muertos, a veces el cansancio viene derivado de sentirse solos e incomprendidos"

“Es como si todo nuestro sacrificio de estos meses no hubiera servido para nada, ni para aprender un poquito, es muy frustrante”, lamenta Sandra. “Tanto a nivel político, social y de todo. Hemos pasado de ser héroes a ser asesinos o a vivir según muchos por encima de nuestras posibilidades por al menos tener un sueldo. Yo no quiero que salgan a aplaudirnos, es nuestro trabajo, y hemos hecho y hemos estado cuando era necesario. Pero yo quiero hacer mi trabajo bien y segura. Mi vocación no me da de comer, ni me protege de todo, ni es una excusa para trabajar gratis. Yo solo pido, que si para la próxima la gente va a salir a los balcones a las 8, sea para reclamar una sanidad pública de calidad”.

“Los profesionales se sienten traicionados y abandonados, tienen la sensación de que se les ha dejado solos en la pelea mientras en las grandes ciudades la gente sigue su vida normal”, explica Rodríguez. “Se forman pequeños guetos de profesionales aislados de la sociedad, porque hablar con médicos es hablar de contagios, de UCI, de muertos, a veces el cansancio viene derivado de sentirse solos”. En parte, es consecuencia de ese negacionismo ‘light’ del “no es para tanto”.

El gran riesgo a corto plazo, si no estamos ya inmersos en él, es afrontar una segunda ola y un futuro incierto con plantillas quemadas, mermadas y en plena depresión. “Si no se cuidan laboral y emocionalmente, si no se cuenta con ellos y se les tiene en cuenta, habrá aún menos disponibles”, concluye Rodríguez. “No es cuestión de sacar médicos como churros: si las condiciones no son buenas, seguirán marchándose al extranjero, a la privada o a hacer otra cosa”.

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