SEIS LARGAS HORAS DE PLENO EN EL CONGRESO

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

El presidente, asfixiado por la derecha de PP y Cs y abandonado por los separatistas, se erige en la voz de la "España moderada". Es pronto para saber si el pleno supone un punto de inflexión

Foto: Pedro Sánchez, durante su comparecencia en el Congreso sobre Cataluña, este 12 de diciembre. (Reuters)
Pedro Sánchez, durante su comparecencia en el Congreso sobre Cataluña, este 12 de diciembre. (Reuters)

"Esto está cada vez más oscuro". El juicio de un parlamentario socialista sintetizaba lo que había sido una jornada de cambio de rumbo. Pedro Sánchez quiso escenificar en el Congreso su alejamiento del independentismo, ese que le reclaman con cierta desesperación cuadros de su partido y barones, sin dinamitar por completo los puentes, intentando dejar una mínima puerta abierta a la esperanza. Pero esa tregua no llega de Cataluña, de un Govern que causa desconcierto en el Ejecutivo y en el PSOE y del que ya no se fía y que no está dispuesto, al menos por ahora, a concederle el gran oxígeno de los Presupuestos de 2019. El aroma inequívoco es de final de ciclo, más todavía tras unas elecciones andaluzas que se convirtieron en una imprevista ducha de realidad para los socialistas. La sombra del adelanto de las generales late cada vez más fuerte, sin que nadie tenga la certeza de cuándo llegarán, aunque el presidente mantiene su idea, al menos de cara a la galería, de "agotar la legislatura", como trasladó a sus secretarios generales más fieles.

La política pendular en que se mueve España desde que el mapa parlamentario se fragmentó y el soberanismo siguió su huida hacia delante ha hecho que de nuevo el debate se sitúe en torno a Cataluña. Un terreno pedregoso que el PSOE sabe que no es el más favorable de cara a sus votantes y en el que su posición templada se deja oír menos que los bocinazos de PP y Ciudadanos, por un lado, y de los independentistas, por otro. Sánchez, no obstante, intentó aprovechar su comparecencia extraordinaria de este 12 de diciembre en el Congreso, a lo largo de seis largas horas, para vestir de largo el viraje de su estrategia. Elevó considerablemente el tono hacia los separatistas, endureció su discurso, anticipó firmeza si hay una quiebra de la legalidad, pero no entró al detalle de ninguna medida. El Ejecutivo se da por satisfecho con las cartas remitidas por el Govern, entiende que queda "garantizado" el mantenimiento de la seguridad y del orden público en Cataluña, y percibe un relajamiento del tono —excepción hecha del 'president', Quim Torra, cada vez más solo, y aferrado aún a la vía eslovena para la independencia—, y por eso no fue a más. No por ahora.

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

Los avisos, no obstante, están ahí. Y estaban programados para evidenciar ese distanciamiento con el secesionismo catalán. Recordó que está dispuesto a enviar a la Policía a Cataluña si persiste la actitud de "inacción" de los Mossos, y que no le temblará la mano a la hora de adoptar medidas extremas si se rompe la legalidad. "Todo lo que se sitúe fuera de la Constitución, fuera del Estatuto de autonomía de Cataluña [...] contará con la respuesta firme, pero serena, proporcional y contundente del Estado social y democrático de derecho".

El presidente escenifica su alejamiento de los soberanistas, a los que advierte de una respuesta "firme y contundente" si se saltan otra vez la ley


Esa respuesta "firme" y "contundente" puede materializarse en un nuevo 155, como demandan tenazmente PP y Ciudadanos, pero el Gobierno cree que el momento de apretar el botón rojo no ha llegado. La situación, subrayó Sánchez ante la insistencia y el acoso de la oposición, es "mucho mejor" hoy que hace un año, cuando Mariano Rajoy tuvo que echar mano de una medida excepcional tras dos referendos de autodeterminación, una ruptura de la legalidad y una declaración unilateral de independencia.

El paralelismo del Brexit

El presidente, como decían en su equipo, se esmeró en proporcionar "fondo" a su discurso inicial, conectando dos materias como el Brexit y el independentismo catalán. Ambos, dijo, se nutren de los "tópicos", de la cantinela de los "agravios", de la "culpabilización de un tercero", de la búsqueda de la división de la sociedad, de las "ensoñaciones". "Reivindicar, como reivindica el independentismo catalán, la vía kosovar, la vía eslovena, denota un desconocimiento de la historia, una manipulación inaceptable y la desesperación de quien ya no tiene ningún argumento más que la mentira para sostener sus posiciones políticas", atacó, categórico.

Mientras se consolida el bloque de la derecha de PP y Cs, ERC vaticina a Sánchez que Cataluña será su "tumba política" y PDeCAT le afea que "triunfe" Vox

Sánchez tuvo que luchar contra un muro y otro del hemiciclo. De un lado, la esquina de las derechas, PP y Cs, un bloque que cada pleno se va solidificando, con discursos convergentes y sintonizados. Más si cabe ante una temática que, a ojos del PSOE, ni Pablo Casado ni Albert Rivera tienen empacho en utilizar como reclamo electoral, Cataluña.

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

De otro, tuvo que forcejear con los soberanistas, ERC y PDeCAT, que no concedieron tregua. Ambos portavoces, Joan Tardà y Carles Campuzano, acusaron recibo del giro del Gobierno y volvieron a demandar lo que para Sánchez es un imposible: un referéndum de autodeterminación. "La no negociación será su tumba política. Su cerrazón por desgracia nos va a abocar de nuevo a la desobediencia", le espetó un Tardà del que el Ejecutivo siempre espera un descuelgue de las tesis más duras pero que al final no acaba de dar el paso. Sánchez preguntó a ambos diputados si abandonaban la vía unilateral (no hubo respuesta) y les ofreció una reforma del Estatut, pero que concite el consenso del 75%-80% de la población catalana, y reciba el respaldo necesario de los dos tercios del Parlament. Reforzar el autogobierno, no caminar hacia la segregación.

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

El independentismo está a las puertas de un juicio histórico, el del 'procés', que arrancará el próximo martes y que promete convertirse en una bomba de relojería para los socialistas. Será un "desastre nacional", como el de Annual en 1921, auguró el diputado republicano, uno de los dirigentes separatistas en Madrid que, como Campuzano, se despega de la línea dura de Torra. Sin soltar amarras. Ya en la sesión de control, el diputado de ERC Gabriel Rufián, en un tono sorprendentemente conciliador, propuso a Sánchez armar un "frente antifascista para intentar evitar que los tres jinetes del Apocalipsis ultra, Casado, Rivera y [Santiago] Abascal [jefe de Vox] estén a las puertas de La Moncloa". Pero el líder socialista no quiere frentes. A la ultraderecha, le dijo, se le combate "con argumentos, con razones, apelando a la sensatez, lo que no están haciendo ni PP, ni Cs".

La resaca del 2-D andaluz

El portavoz del PDeCAT aconsejó a Sánchez que "retorne al espíritu de la moción de censura" y no apueste por la colisión, puesto que sería "entregarles a las derechas la hegemonía de España durante muchas décadas". Más aún, le afeó que haya concedido a Vox "el primer triunfo" al provocar un punto de inflexión en su discurso. El ambiente hostil lo resumió el ministro de Exteriores, Josep Borrell: la "política del ibuprofeno, intentar rebajar la tensión a ver si, con los ánimos más calmados, es posible afrontar la situación con más racionalidad", no ha funcionado. "Lo visto hoy [por este miércoles] en el Congreso no da muchas esperanzas". Y, mientras, Aitor Esteban, jefe del PNV en el Congreso, deslizaba las pocas ganas de arrimar el hombro a cambio nada: advertía que no tendría sentido que su partido apoyara unos Presupuestos —la tabla de salvación que permitiría a Sánchez continuar su andadura hasta 2020— si no tienen los apoyos garantizados. Y esta hipótesis es a día de hoy la más probable.

Aunque hay quienes en el PSOE ven el margen más "estrecho" y a Sánchez más solo, en La Moncloa subrayan que se vistió de un traje "presidencial"

De PP y Ciudadanos, poco o nada puede esperar Sánchez. Casado subió a la tribuna sin papeles y entonó un discurso que incluso en la bancada socialista reconocían "duro, pero efectista". De nuevo volvió a la carga y pidió un 155 inmediato. "Aterrice, esto ya no da más de sí", máxime cuando "su socio" Quim Torra está "apelando a la guerra civil y al derramamiento de sangre", al apostar por la vía eslovena y "ulsterizar Cataluña". El jefe del PP pidió elecciones ya, igual que un Rivera aferrado a su "estribillo" —en expresión de la vicepresidenta, Carmen Calvo— de llamada a las urnas sin dilación y un 155 inminente. Sánchez se revolvió contra Casado por su estilo "faltón" y asimiló a ambos dirigentes. Les acusó de comprar sin miramientos el discurso de Vox. "Yo combato con argumentos el independentismo, usted —le dijo a Casado— lo que hace es no combatir el ultraderechismo, sino abrazar sus mismos argumentos". Con el presidente de Cs fue especialmente incisivo para ponerle frente al espejo: aprenda de Suecia, le aconsejó, donde las derechas europeas tienden un cordón sanitario a los ultras, "escuche menos a su ambición" y no se apoye en Vox en Andalucía.

Ese "espíritu de la moción de censura" está desintegrándose, aunque paradójicamente ninguno de los que ayudaron a Sánchez a destronar a Rajoy están interesados en un adelanto electoral que podría traducirse en un regreso del PP a La Moncloa, a lomos de un discurso más duro hacia Cataluña y auxiliado por Ciudadanos y tal vez por Vox. Sin embargo, era difícil no ver en el pleno de este miércoles las últimas bocanadas de una legislatura a la que Sánchez quiere dotar de contenido social antes de ir a las urnas. El único apoyo más fiel que le queda al presidente es el de Pablo Iglesias, que tanto se vistió de escudero en el hemiciclo que utilizó su segundo turno para responder al resto de la oposición, como si formara parte él mismo del Ejecutivo. El líder de Podemos aconsejó al mandatario socialista que "respire" y no "incendie" Cataluña, por muchas presiones que reciba.

Un panorama ciertamente "oscuro", "pinta cada vez más negro", musitaban diputados socialistas en los pasillos tras el debate. Todos coincidían en que el presidente hiló bien su discurso, que se visualizó esa mayor firmeza hacia los independentistas, que era uno de los objetivos perseguidos, que tras el tono institucional del discurso inicial recuperó 'punch' en su enfrentamiento con Casado y Rivera. Pero también eran realistas, y los números no dan. Los Presupuestos quedan cada vez más lejos. "El campo que nos queda es cada vez más estrecho, estamos cada vez más aislados", señalaban a su vez en Ferraz, con cierto realismo. Pero Sánchez quiere hacerse fuerte en ese espectro. Por eso le dijo al líder de Cs que, echándose en brazos de Vox, al final solo podrá pedir su voto, cuando lleguen las generales, "que llegarán", a la "España rancia y caduca", mientras el PSOE podrá dirigirse a la "España moderada y sensata", la que defiende los derechos conquistados en 40 años de democracia. Sánchez no deja de hacer aspavientos para indicar que es él quien ocupa el centro, el punto medio de los dos extremos, asfixiado entre las derechas y los soberanistas.

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

En La Moncloa, sin embargo, se respiraba satisfacción con el debate, porque había permitido a Sánchez vestir su traje "puramente presidencial". "Hoy es un hombre de Estado y presidente en sentido amplio: asume responsabilidad, liderazgo, y asume Gobierno y Estado. Son momentos de Estado y presencia de Estado, y por eso es incomprensible que la oposición no tenga sentido de Estado", señalaban desde el equipo de confianza del líder del Ejecutivo. En el Gobierno no creen que Sánchez esté ahora "más aislado que antes", puesto que "nunca tuvo atados los apoyos" que le llevaron al poder y los soberanistas "siempre siguen su estrategia propia". Razonan que el presidente encarna la "solución templada, constructiva".

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

La opción del superdomingo está ahí

La gran pregunta es si este debate supone una cesura dentro esta volcánica legislatura. Es pronto para saberlo. Antes, por ejemplo, queda atravesar el río proceloso del Consejo de Ministros del 21 de diciembre en Barcelona, amenazado por la paralización de la ciudad que quieren los CDR y que una parte del separatismo concibe como una "provocación". Después, el Gobierno presentará sus Presupuestos, ayunos, a día de hoy, de los apoyos necesarios. Entonces La Moncloa encenderá su máquina de producción de decretos leyes, para sacar adelante la artillería social antes de llamar a las urnas. "Quedan muchas cosas por hacer", le espetó a Casado en la sesión de control, porque "siete años de destrozos" del PP en el poder no son fáciles de reparar. Pero el aroma preelectoral es insoslayable. Lo dijo Tardà: ve al líder del Ejecutivo "en campaña".

Sánchez almuerza con los barones que no son presidentes, afines a él, y les traslada que quiere "agotar la legislatura" y desplegar agenda social

Tras el pleno, Sánchez almorzó en La Moncloa con los barones socialistas que no son presidentes autonómicos. Sus peones más afines. Solo faltaron dos a la cita: el castellanoleonés Luis Tudanca y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, en ambos casos porque tenían plenos en sus Cámaras. La comida, en la que el presidente no estuvo acompañado por nadie de su equipo —ni siquiera su director de Gabinete, Iván Redondo, y tampoco el secretario de Organización y ministro de Fomento, José Luis Ábalos—, sirvió para trasladar a sus fieles el mensaje de que tiene "la intención de aguantar hasta el final de la legislatura para poder desarrollar al máximo la agenda social", según indicaron varios de los presentes a la reunión.

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

Pero ¿qué es "agotar legislatura"? ¿Mayo de 2019, otoño, junio de 2020? Ninguno preguntó y el jefe del Ejecutivo no precisó más. No deslizó siquiera la opción del superdomingo del 26-M —hacer coincidir las generales con las autonómicas, municipales y europeas—, que espanta a buena parte de sus alcaldes y de los presidentes autonómicos pero que no disgusta del todo a los líderes territoriales que son más débiles en sus comunidades, porque creen que el tirón de Sánchez puede ayudar a sus candidaturas. En el partido sí existe la consciencia de que la continuidad de la legislatura, sin el combustible de los Presupuestos, quedaría muy en entredicho. Es más, a muchos les horroriza la opción de estirar los tiempos, por el temor al desgaste de la marca.

Sánchez sale del debate de Cataluña aislado y bajo la sombra del adelanto electoral

Los comensales contaban que vieron a Sánchez "fuerte", "muy bien", "seguro de sí mismo", "como nunca". Pero esa fortaleza interior del presidente, de la que ha hecho gala en toda su trayectoria política, aguantando los varapalos más duros, no se compadece con su fragilidad parlamentaria. Todo apunta a un adelanto de las generales, sea en mayo, sea en otoño, o incluso sea en marzo —la alternativa que por ahora se vislumbra con menor peso—, pero quizá Sánchez se cubre de nuevo con su coraza ultrarresistente, dispuesto a continuar hasta el final. Hasta "agotar legislatura", como dijo a los suyos. Con él nunca se sabe, y con un escenario tan caótico y cambiante en Cataluña, menos aún.

García-Page sugiere ilegalizar los partidos independentistas

Es cada día más claro que el entendimiento de Pedro Sánchez con los independentistas genera más que dolores de cabeza a los barones presidentes que se someten a las urnas en cinco meses. La prueba de ese nerviosismo se encuentra en las palabras, este miércoles en Toledo, del jefe del Ejecutivo de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, quien aseguró que en España se tendrá que acabar planteando el debate de si se permite que los partidos independentistas se sigan "beneficiando de la Constitución aunque abiertamente sólo quieren socavarla", informa EFE. El presidente autonómico fue bastante más lejos de la línea oficial.

En una entrevista en Onda Cero, el barón socialista sostuvo que existen dos modelos sobre los que España se tiene que aclarar. Page se remitió a un antecedente: el momento en que España decidió ilegalizar los partidos que amparaban la violencia en el País Vasco.

Aunque añadió que "seguramente queda mucho tiempo hasta que nos podamos plantear en España con consenso y mucha unanimidad que no entren en el juego político y no puedan beneficiarse de las reglas constitucionales aquellos que abiertamente solo quieren socavarlas, no descartaría que ese sea el proceso final".

Pero si eso se anticipa, "lo único que se hace es perjudicar el objetivo". García-Page apuntó de hecho quehay países en Europa que tienen prohibido expresamente los partidos independentistas, pero en España se optó por el modelo contrario y la Constitución de 1978 permite todo tipo de opiniones, lo que ha dado buen resultado los últimos cuarenta años.

Más aún: para el líder manchego, la ilegalización de los partidos separatistas "no es del todo imposible que acabe pasando en España si las cosas van a un punto en el que nos vamos a tener que acostumbrar por generaciones a convivir con un grupo de depredadores políticos, como está pasando en Cataluña". 

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