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Vox pide foco: avisa a PP y Cs de que no negociará de tapadillo en Andalucía

El líder andaluz, Francisco Serrano, deja claro a los partidos que negocian el Gobierno que no admitirán que los "ninguneen" y complica las negociaciones pidiendo sitio en la mesa

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal (i), y el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Francisco Serrano. (EFE)
El presidente de Vox, Santiago Abascal (i), y el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Francisco Serrano. (EFE)

La estrategia de PP y Cs de 'con los votos de Vox pero sin Vox' para formar Gobierno en Andalucía y hacerse con el control de la Mesa del Parlamento ha durado medio día. El tiempo suficiente para que el candidato de Vox a la presidencia de la Junta, el juez en excedencia Francisco Serrano, haya advertido mediante unas declaraciones públicas a la agencia Europa Press de que no piensan prestarse a este juego. Quieren foco, sitio en la mesa de negociaciones y poder en la Mesa de la Cámara autonómica.

Todo apuntaba a que PP y Cs se las prometían demasiado felices o que había ya un acuerdo bajo cuerda del líder popular Pablo Casado con su excompañero de Nuevas Generaciones y actual líder de Vox, Santiago Abascal. Ambos son viejos conocidos y han compartido trayectoria política. Solo así se podía entender que los populares dieran por hecho el acuerdo con Vox sin nada a cambio. Pero no. El partido más a la derecha del arco parlamentario, la sorpresa en las elecciones andaluzas, da un golpe sobre la mesa.

Primero fue Cs quien insistió en que no tenía nada que negociar con Vox y endosó esa parte del acuerdo al PP. Luego el candidato popular, Juanma Moreno, dijo que sus negociaciones se iban a limitar también al partido naranja y se apoyó en unas declaraciones de Abascal en las que aseguraba que no iban a poner palos en la rueda del cambio político en Andalucía. Pero no fue eso exactamente lo que dijo el líder de Vox, que añadió un conjunto de condiciones que ahora vuelven a reivindicarse, aunque en muchos casos son imposibles de cumplir con la ley y la aritmética parlamentaria en la mano.

Sitio en la mesa

Serrano, responsable de Vox en Andalucía, aseguró en declaraciones a Europa Press que no van a permitir que los “ninguneen”. “Una cosa es que vayamos con humildad y otra que nos traten con desprecio”, advirtió tras el papel que interpretaron ayer Juanma Moreno y Juan Marín, que se arrogaron los votos de Vox mientras que se lavaban las manos y marcaban distancias con esta formación. “Nuestro partido y nuestros votantes merecen que los traten con dignidad”, agregó.

La aritmética es clara. Para que la voluntad de cambio que expresaron PP y Cs este martes en su primera reunión llegue a buen puerto necesitan los votos de Vox. No hay más que sacar la calculadora. Ambas formaciones suman 47 diputados frente a los 50 que arrojan PSOE y Adelante Andalucía. Eso supone que para sacar adelante el nuevo Gobierno, necesitarían al menos cuatro diputados de Vox que voten a favor.

En la Mesa del Parlamento ocurre lo mismo. Si los partidos que se autodenominan 'bloque del cambio' quieren tener el control de la Cámara, necesitan garantizarse el apoyo de Vox para conseguir la presidencia del Parlamento. Si no lo amarran, podría quedar en manos del PSOE, la fuerza más votada el pasado 2 de diciembre. Vox, además, puede negociar y pedir a cambio asiento con voz y voto en esa Mesa, órgano de gobierno y poder del Parlamento autonómico e instrumento clave para controlar los tiempos y la agenda política.

Las condiciones

Desde el partido de Santiago Abascal, vuelven a poner sobre la mesa las condiciones que ya expresaron en rueda de prensa días atrás tras conocerse su irrupción con 12 diputados en Andalucía. Entre esas condiciones expusieron la reforma del Estatuto de Autonomía para conseguir el cierre de Canal Sur y que se elimine de su preámbulo la consideración de Andalucía como “realidad nacional”, la derogación de las leyes de violencia de género, LGTBi y memoria histórica, la supresión del impuesto de sucesiones y una auditoría sobre el PER.

Estas condiciones son en parte imposibles de realizar, puesto que la reforma del Estatuto necesitaría dos tercios de la Cámara, 74 diputados, y las derechas en Andalucía suman 59. Otras medidas, como la supresión de sucesiones o lo que se refiere a “levantar alfombras” en la Junta, sí que entran en la guía de gobierno que negocian ya dos grupos técnicos de PP y Cs ante la próxima reunión del lunes que viene.

El problema no está tanto en las medidas como en la escenificación de estas negociaciones con Vox. El hecho de que PP y Cs estén eludiendo a toda costa admitir que tendrán que negociar con esta formación, no solo la investidura sino posiblemente buena parte de las reformas legales que el futuro Ejecutivo andaluz quiera llevar a la Cámara, ha indignado al partido de Abascal. Quieren foco, sitio en la mesa negociadora y se sienten, con 12 diputados, más que legitimados para ocupar su espacio político.

Cs viene insistiendo en que la abstención del PSOE evitaría que Vox tuviera la llave del futuro Gobierno andaluz. Los socialistas dejan claro que no piensan regalar la presidencia y que quieren que Cs y PP paguen el coste de un acuerdo con una fuerza de ultraderecha. Albert Rivera quiere un cordón sanitario frente a Abascal después de que referentes como Manuel Valls hayan exigido que se siga el ejemplo de otros países europeos como Francia o Alemania, donde los grandes partidos han pactado para aislar a las fuerzas populistas que existen ya en esos países.

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