reunión en la cárcel de lledoners

Iglesias apuesta todo a convencer a ERC y Puigdemont para cogobernar con Sánchez

"En la próxima investidura —de Pedro Sánchez o no— tendrá que haber pactos con nosotros, pero también con los catalanes y los vascos. Y entonces ya aparecerá un Frankenstein"

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), conversa con el presidente de ERC, Oriol Junqueras, durante la manifestación tras los atentados yihadistas en Cataluña. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), conversa con el presidente de ERC, Oriol Junqueras, durante la manifestación tras los atentados yihadistas en Cataluña. (EFE)

Contribuir al desbloqueo, o al menos sentar las bases para normalizar la relación política con los partidos independentistas, intentar afianzar el bloque de la moción de censura para sacar adelante los Presupuestos pactados entre el Ejecutivo y Unidos Podemos y, llegados a esta pantalla, coger el impulso necesario para configurar un Gobierno de coalición progresista tras las próximas elecciones. La reunión de Pablo Iglesias con el presidente de ERC, Oriol Junqueras, este viernes en la cárcel de Lledoners es una apuesta a todo o nada.

Iglesias apuesta todo a convencer a ERC y Puigdemont para cogobernar con Sánchez

La eterna dependencia de los nacionalismos periféricos para llegar a La Moncloa se cortocircuitó con el 'procés', y el fantasma del Gobierno Frankenstein es una línea roja que obligó a Pedro Sánchez —Ferraz mediante— a intentar su investidura fallida en 2016 no con Podemos y el apoyo de los independentistas sino con Ciudadanos. La moción de censura sorteó esta línea roja por el imperativo de la regeneración y ahora Iglesias, con la evidencia de las encuestas en la mano y el irreversible panorama catalán, busca normalizar lo que el bloque conservador apodó como Gobierno Frankenstein. Esto es, facilitar el diálogo con quienes ya fueron socios imprescindibles para llevar a Pedro Sánchez a La Moncloa.

Una política de hechos consumados. Después de que Ferraz haya levantado el cordón sanitario con 'los podemitas', se intenta que el siguiente sea el de los independentistas. Sería la única vía para que Podemos cogobierne con el PSOE tras las próximas elecciones, cuando las mayorías absolutas ya forman parte del pasado. De ahí la apuesta del todo o nada, en la que el líder de Podemos se juega su capital político y quizá también el de su formación, como ya ocurrió tras el 1-O. De hecho, el propio Iglesias fiaba su futuro en la política institucional a cogobernar con Sánchez después de las próximas elecciones generales. O Moncloa o Galapagar. No mantendrá un acta de diputado en la oposición.

"En la próxima investidura —de Pedro Sánchez o no— tendrá que haber pactos con nosotros, pero también con los catalanes y los vascos. Y entonces ya aparecerá un Frankenstein con todos los elementos institucionales del sistema político. A mí, igual que a ti, Frankenstein me parece una figura simpática. Es un tipo sensible y bueno que cuida a la niña. En todo caso, son unos salvajes con antorchas los que quieren matarlo, pero él es un monstruo entrañable". Así anticipaba Iglesias su hoja de ruta, entre la ironía y la constatación de lo inevitable, en un diálogo con el periodista Enric Juliana que se recoge en 'Nudo España' (Arpa), un libro que saldrá a la luz la próxima semana.

El papel de mediador que está asumiendo Iglesias sigue el mismo esquema que el que ya realizó durante la moción de censura. Podemos trata de atraer a las formaciones independentistas, y el PSOE, ahora ya en el Gobierno, al PNV. Con todo, los primeros son condición 'sine qua non' para que los segundos también sumen sus votos para sacar adelante los Presupuestos. El protagonismo adquirido y el marco instalado asociando a Iglesias con un "presidente bis" que negocia en nombre del Gobierno, como lo ha calificado la oposición, ha llevado al Ejecutivo a reaccionar.

Primero fue la portavoz del grupo parlamentario socialista, Adriana Lastra, quien afirmaba este jueves tras el pleno que "donde se pactan y se negocian los Presupuestos es en el Congreso de los Diputados con el resto de fuerzas parlamentarias. Y eso vamos a hacer". Un mensaje que apuntalaba pocas horas después desde Bruselas el presidente Pedro Sánchez: "Agradezco al señor Iglesias su apoyo a esta propuesta presupuestaria. Pero también recuerdo: la negociación en nombre del Gobierno la hace el Gobierno". El Ejecutivo niega que Iglesias sea su "enviado" ni que hable por boca del Gobierno, pero sin demasiado ahínco, conocedor de que la moción de censura hubiese fracasado sin el concurso de Iglesias, como podría ocurrir ahora con los Presupuestos, precipitando el fin de la legislatura.

Desde el entorno de Pablo Iglesias tratan de rebajar también su papel. Encuadran su reunión con Junqueras dentro de un acto de normalización política, para "hablar de política en general, no solo de Presupuestos" y como continuidad a la visita que ya realizó el pasado mes de junio en la cárcel de Soto del Real a Jordi Cuixart, líder de Òmnium Cultural, o la posterior reunión con el president de la Generalitat, Quim Torra, para asfaltar el camino a Pedro Sánchez. No en vano, fue el propio Sánchez quien dio órdenes al ministro del Interior para que se coordinase con el gabinete de Iglesias y facilitase la visita, que no fue ordinaria sino de carácter institucional, en calidad de cargo público. No se descarta que, como durante las negociaciones para la moción de censura, Iglesias telefoneó al 'expresident' Carles Puigdemont.

La apuesta por el todo o nada añade en esta ocasión complicaciones añadidas. Fuentes de En Comú Podem en el Congreso reconocían la dificultad para llevar a los independentistas a una posición intermedia, buscando un gesto del Gobierno que no sea el "imposible" de pedir a la Fiscalía que rebaje las penas de los dirigentes presos. La dirección del PDeCAT tampoco era la misma cuando se celebró la moción de censura que ahora. Marta Pascal coincidía más con el posibilismo del portavoz en el Congreso, Carles Campuzano, que con Waterloo. Riesgos que algunas voces en Podemos aplacan, al entender que en el contexto actual la sociedad demanda diálogo ante un conflicto enquistado. "No se valora tanto la oposición radical a los que mandan como la capacidad de hacerse cargo de las diferencias, gestionarlas y ponerlas de acuerdo", aseguran.

El líder de Podemos acudiría más a escuchar que a llevar una propuesta, según su entorno, pero pase lo que pase este viernes en Lledoners, y se hable de lo que se hable, el secretario general sigue la máxima de "ganar el imaginario colectivo" para que el electorado visualice a Iglesias gobernando. Una imagen que, paradójicamente, está contribuyendo a reforzar la oposición encabezada por el PP. Ya cuando Iglesias se reunió con Torra, el entonces portavoz de los populares en el Congreso, Rafael Hernando, interpretó que Iglesias se había convertido en el "vicepresidente en la sombra" de Pedro Sánchez. Esto es, "ser fuerza dirigente antes de gobernante", al tiempo que se capitaliza el acuerdo presupuestario y se erige la bandera de los 900 euros.

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