LO ABANDONA A PARTIR DEL MES DE SEPTIEMBRE

Madina deja el escaño y la política y desea "la mayor de las suertes" a Pedro Sánchez

El diputado socialista, que apostó al cien por cien por Susana Díaz en las primarias, traslada a la portavoz parlamentaria su decisión de iniciar una nueva etapa profesional fuera de la política

Foto: Eduardo Madina y Susana Díaz, el pasado 17 de mayo en Madrid, en la recta final de las primarias socialistas. (EFE)
Eduardo Madina y Susana Díaz, el pasado 17 de mayo en Madrid, en la recta final de las primarias socialistas. (EFE)

Eduardo Madina deja la política. Sale después de años en primera línea y después de haberse visto derrotado dos veces por Pedro Sánchez. En 2014, cuando perdió las primarias contra él, y en 2017, cuando su candidata, por la que él hizo campaña activa, Susana Díaz, fue vencida. Ahora el diputado vasco renuncia a su escaño para emprender una "nueva etapa profesional que nada tendrá que ver con la actividad política e institucional". A partir de septiembre ya no estará en la Cámara Baja. Se va y desea "la mayor de las suertes" al secretario general.

Fue este viernes, pasadas las 12 de la mañana, cuando el Grupo Socialista rebotó el comunicado de Madina, en el que trasladaba que había expresado a la portavoz parlamentaria, Margarita Robles, su decisión de dejar su escaño. "A partir del mes de septiembre ya no desempeñaré mi actividad como diputado socialista en el Congreso. Representar a una parte de nuestra sociedad a través de las razones de la socialdemocracia, ha sido el mayor honor que me ha concedido el PSOE y todos aquellos ciudadanos y ciudadanas que confiaron en él". También trabajar al lado de sus compañeros del grupo en todo este tiempo, añade, le ha dejado "suficientes muestras de calidad humana, talento y capacidad" como para saber que ha tenido el "enorme privilegio de formar parte de un grupo absolutamente excepcional". "A todos ellos, muchísimas gracias por tanto".

"Deseo la mayor de las suertes tanto a Pedro Sánchez como al PSOE, un partido fundamental en el desarrollo de nuestro país que siempre me tendrá a su disposición", incide Madina, que añade que los valores y principios de los socialistas seguirán siendo los suyos y continuarán guiando su vida. El secretario general le devolvió el cumplido a través de su cuenta de Twitter, agradeciéndole su trabajo y deseándole suerte. Y después dio la bienvenida al nuevo diputado que entrará en su lugar, José Enrique Serrano, nueve de la lista por Madrid, exjefe de Gabinete de los presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero y uno de los fontaneros más leales y eficaces a las siglas. "Se pierden cosas y se ganan cosas", comentó en rueda de prensa en Ferraz la número cuatro, Carmen Calvo, al referirse al relevo del vizcaíno.

El anuncio, conducido con el máximo sigilo, no podía sorprender a nadie a estas alturas. Eduardo Madina (Bilbao, 11 de enero de 1976) ya se encontraba, virtualmente, fuera del Congreso desde que Díaz perdió las primarias del 21 de mayo. Puso toda la carne en el asador para que ella venciera. Toda. Fue uno de los hombres de su equipo de campaña —aunque no siempre estaba al corriente de todas las decisiones que se tomaban—, el dirigente al que la presidenta andaluza quería proyectar en el futuro. Pero ella fue arrollada por Sánchez. La goleó, con el 50,26% de los votos, frente al 39,90% de la baronesa.

La vacante de Madina será ocupada por el veterano José Enrique Serrano, exjefe de Gabinete de González y Zapatero y fontanero fiel a las siglas

Tras el fracaso, a Madina ya se le veía menos en el Parlamento, apenas disfrutaba de los corrillos con los periodistas. Se refugiaba en muchas ocasiones en su amiga Soraya Rodríguez, exportavoz en el Congreso y aún diputada por Valladolid. Estaba taciturno, buscaba protegerse, salir del foco. Cuando se le preguntaba si dejaría su escaño, contestaba lacónico: lo único que tenía por delante eran las vacaciones de verano, y luego ya vería. Finalmente, decidió anunciar su marcha en el último día de mayor actividad de la Cámara Baja. Era cuestión de tiempo.

La relación de Madina con Sánchez no era recuperable. El desprecio era mutuo, desde hacía años. Ambos hicieron ver su incompatibilidad en las primarias en las que rivalizaron, en 2014. Después de ser derrotado, comenzó su primera y dura travesía en el desierto. Permaneció su escaño hasta finales de 2015, hasta finales de legislatura, aunque condenado al ostracismo. No daba entrevistas, buscaba no aparecer en público, aunque la prensa sí era conocedora de sus discrepancias con Sánchez en temas de calado, que se fueron acentuando con las convocatorias electorales. Protestas calladas de las que Ferraz tenía constancia. Sabía que él era un adversario interno clarísimo.

Madina deja el escaño y la política y desea "la mayor de las suertes" a Pedro Sánchez

De siete por Madrid, y a la segunda

En las generales del 20-D, Sánchez le incluyó en las listas por Madrid, aunque en el puesto número siete, lo que no le garantizaba que saliera elegido, dados los pésimos pronósticos. Y así fue. Se quedó fuera del Congreso. Pero entró a la segunda. En los comicios del 26 de junio, concurrió en el mismo lugar de la candidatura, pero la pequeña subida del partido en Madrid posibilitó que ingresara de nuevo en la Cámara Baja.

La gestora proyectó al diputado y le nombró coordinador de la ponencia política. Tras la victoria de Sánchez, se le veía taciturno y desubicado

Su protagonismo fue creciendo, a medida que Sánchez se quedaba más aislado dentro de su propio grupo y en el partido. Madina fue uno de los que votó en su contra en el tormentoso comité federal del 1 de octubre al final del cual dimitió. Con la llegada de la gestora de Javier Fernández, el diputado vasco pudo despuntar otra vez. El presidente asturiano era su gran aliado y amigo, el que siempre confió en él, igual que el extremeño Guillermo Fernández Vara. Ambos fueron los dos únicos barones que confrontaron con Susana Díaz en 2014 y que le animaron a no rendirse. Ella, en vista de que no tenía el camino expedito, lanzó a Sánchez, aunque pronto ambos rompieron, casi al mismo tiempo que la presidenta andaluza recompuso su relación con Madina.

Susana Díaz se abraza a Edu Madina en el acto de presentación de su candidatura a las primarias, el pasado 26 de marzo en Madrid. (Reuters)
Susana Díaz se abraza a Edu Madina en el acto de presentación de su candidatura a las primarias, el pasado 26 de marzo en Madrid. (Reuters)


Javier Fernández y su número dos en la cúpula interina, el andaluz Mario Jiménez, proyectaron al diputado vasco. Lo lanzaron para que explicase la nueva óptica del partido ante los medios. Y lo designaron como coordinador de la ponencia política, en pie de igualdad con el responsable de la parte económica, José Carlos Díez. Pero ambos renunciaron a defender su trabajo en el 39º Congreso Federal, a la vista de que el vencedor en las urnas pretendía desmantelar casi en su integridad el texto y que el repuesto líder quería situar a dirigentes de su confianza.

Nunca tuvo sintonía con Sánchez y nunca tuvieron buena relación. Ya pasó su travesía en el desierto en 2014 y ahora quedaba otra vez fuera de juego

Madina hizo de telonero de Díaz en el lanzamiento de su campaña en Madrid, el pasado 26 de marzo y en un atestado pabellón de Ifema. "Durante mucho tiempo me habéis pedido que estemos juntos. Muy bien, hoy, Susana y yo estamos juntos". Era la escenificación pública de una reconciliación cuajada mucho tiempo atrás, y celebrada por todos los popes que arroparon a la candidata. "Si entro en un pabellón como este, con miles y miles de militantes, y veo a Felipe González, a Alfonso Guerra, a José Luis Rodríguez Zapatero, a Pepe Bono, a Matilde Fernández, a Carme Chacón y a Alfredo Pérez Rubalcaba, y yo estoy aquí porque está Susana, entonces este es mi sitio y este es mi partido".

Madina deja el escaño y la política y desea "la mayor de las suertes" a Pedro Sánchez

Era ese su sitio, en efecto. Su PSOE era el PSOE que defendía Díaz. Por eso se sentía como fuera de lugar en el PSOE de Pedro Sánchez. Y eso que la dirección, consciente del impacto que provocaría su relevo, le mantuvo en el puesto que le concedió la gestora, la portavocía de la Comisión Mixta de la UE. Estaba convencido de que el partido no podría remontar con el madrileño al frente, que lo que buscaba era diluir su personalidad centenaria. Al final su salida era la única que le quedaba tras años de desencuentros. El final del viaje político de un dirigente al que muchos alababan por su integridad, sus principios y su brillantez y que en ocasiones despistaba por sus cambios de humor. Un socialista visceral que sentía que no encontraba su sitio en el nuevo PSOE.

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