LA ERA POSCOVID CON FONDOS EUROPEOS

Verdes y digitales: cómo usar los fondos europeos para reinventar España

La economía española es la que cuenta con menor peso del sector tecnológico. Los expertos ven una oportunidad para cerrar la brecha y elevar la productividad

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España afronta esta crisis con la peor mano de cartas de todas, al menos entre las grandes economías. Los efectos económicos del coronavirus son más notables en sectores en los que la economía española tiene mayor dependencia que sus pares, a lo que se suma la temporalidad en el mercado laboral, la deuda externa o la brecha tecnológica. Pero no todos los mensajes son negativos. La reconstrucción es también una oportunidad para incentivar inversión verde y digital que evite, o al menos compense, cierres como los de Nissan o Alcoa que no hacen sino evidenciar la desindustrialización del país.

En un escenario de 'incertidumbre radical' a corto y medio plazo, sin previsiones fiables sobre la campaña turística del verano, clave para España, o si habrá un rebrote del covid-19 más adelante, las pocas certezas económicas que tenemos es que una vez más la crisis se ha ensañado con los más débiles del mercado laboral, o que el sector tecnológico es el ganador de la crisis. Al menos, en términos relativos. Y no es, precisamente, una fortaleza del tejido productivo español.

Peso del sector tecnológico en la economía, en %. (Fuente: BNP)
Peso del sector tecnológico en la economía, en %. (Fuente: BNP)

Al contrario, en el cuarto trimestre de 2019, según datos de Eurostat, el valor añadido del sector tecnológico, que viene a ser la riqueza generada, fue del 13,3% del valor añadido total, lejos del 17,3% de la media de la Unión Europea, donde solo Grecia, Bulgaria, Lituania, Polonia y Portugal quedaron por debajo. En Países Bajos, Irlanda, Luxemburgo y Bélgica la ratio supera el 20%, y Francia se acerca. En cuanto al empleo, el peso del sector tecnológico fue del 8,2%, un punto porcentual menos que el promedio. Mientras que la inversión en productos de propiedad intelectual supuso el 3,4% del PIB, lejos del 5% europeo.

Un informe de BNP Paribas pone énfasis de estos datos para, lejos de ser pesimista, focalizar la oportunidad de España para fomentar y acaparar inversión verde y digital que reduzca esta brecha. Un diferencial que ya viene descendiendo desde la anterior crisis. "Sería un error ignorar la profunda transformación que se está produciendo en la economía española", recuerda el economista Guillaume Derrien, quien firma el análisis.

El analista del banco francés comenta, para el corto plazo, que la reapertura de las fronteras en Europa "aumenta las esperanzas de una recuperación más fuerte de lo esperado en la segunda mitad de 2020". Pero España se juega mucho más que el PIB de este año. El crecimiento del sector tecnológico en la última década no ha sido suficiente. "El cierre de Nissan es el último ejemplo de las dificultades a las que se enfrenta la industria automovilística por los cambios tecnológicos y la mayor competencia de China en el segmento de los vehículos eléctricos", arguye.

El informe de BNP también recuerda que la crisis del covid-19 ha exacerbado las dificultades para la industria, pero el virus no es la causa principal de un problema estructural. El aumento en la participación de sectores de alto valor agregado en la economía está ocurriendo en la mayoría de los países desarrollados. Refleja la expansión de la economía digital, tanto en servicios (comercio electrónico, tecnología financiera o aplicaciones) como en la industria (automatización de la cadena de producción, robots industriales u objetos conectados). Sin embargo, España sigue a la zaga de otros países europeos importantes", arguye Derrien.

Pero aquí es donde entra el punto de vista que el banco francés comparte a lo largo del grupo y con sus grandes clientes. El argumento es que la respuesta a la crisis del coronavirus, los desafíos estructurales y los grandes paquetes de estímulo fiscal desde el Gobierno o desde Bruselas "deberían aumentar el peso de los sectores tecnológicos en todas las economías desarrolladas, y España tiene fortalezas clave para aprovechar esta ola de inversión".

Protesta por el cierre de Nissan. (EFE)
Protesta por el cierre de Nissan. (EFE)

En efecto, Bruselas debate con los gobiernos europeos un paquete de 750.000 millones de euros, para trabajar en las líneas de inversiones sostenibles (en el marco del 'green deal'), inversiones en transformación digital para elevar la productividad e inversiones sobre la resiliencia de la economía, como industria propia o salud. "El mensaje es que va a haber recursos de sobra, el reto es la capacidad de absorción y la colaboración público-privada, entre gobiernos y empresas", apunta Diego Vizcaíno, socio de AFI.

"Las administraciones públicas están ahora muy volcadas en el corto plazo, como avales públicos o los ERTE, pero se necesita también una visión de medio y largo plazo porque, aunque los primeros fondos lleguen en 2021, se debe haber hecho trabajo previo para establecer prioridades y orientar los recursos. Nos jugamos la renta per cápita y el bienestar de las próximas décadas", avisa Vizcaíno, porque la alternativa "es la obsolescencia de parte de la industria. Hemos gozado de un valor añadido industrial que no se puede dar por sentado, porque necesita inversión".

De hecho, el 'boom' exportador de la última década se ha explicado más por la devaluación interna, ante la reducción en términos reales (descontando inflación) de los salarios, que por el valor añadido, como mostró un estudio realizado por la Fundación BBVA y el IVIE. "El valor añadido doméstico de las manufacturas españolas no alcanza el 40% de sus exportaciones brutas", señaló el estudio, que avisó de que "para el conjunto de la industria manufacturera, España retiene un menor valor añadido de sus exportaciones que los otros países".

Con todo, hay tres puntos por los que BNP ve a España como potencial ganadora de la reconstrucción. Por una parte, el sector de las energías renovables, que "se beneficia de un paisaje y un clima favorables para su desarrollo, en particular la energía solar. El liderazgo de España en este sector podría representar una fuente significativa de empleo para el país. La industria de la energía solar podría generar 1,73 millones de empleos en Europa, lo que equivale a casi la mitad de los nuevos empleos en todo el sector de energía renovable en la región".

Los otros dos tienen que ver con la digitalización. España, recuerda BNP, es un "centro importante" de 'fintech' con 224, según el informe de estabilidad financiera del Banco de España, cerca de las 261 de Alemania pero será la cifra más alta de Europa por habitante cuando culmine el Brexit. De forma más general, "España está bien ubicada en capacidad digital", dice el análisis del banco francés, haciendo referencia al índice de digitalización de la economía y la sociedad (DESI), que sitúa a España por encima de la media europea y por delante de, por ejemplo, Alemania.

Informe DESI. (Fuente: Comisión Europea y BNP Paribas)
Informe DESI. (Fuente: Comisión Europea y BNP Paribas)

Otros grupos financieros internacionales comparten esta visión optimista para España. "Ningún país europeo tiene la posibilidad como España de convertirse en el equivalente de California en los próximos veinte años", resume Kim Catechis, responsable de estrategia de inversión de Martin Currie, filial de renta variable de Legg Mason. El jefe de inversiones destaca la posición estratégica en Europa, por ser puerta de Latinoamérica y África, y el espacio físico que da potencial a la energía solar (3.000 horas de sol anuales).

Para apuntalar esta visión optimista, Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor del IE School of Global and Public Affairs, recuerda la respuesta española a las crisis: "Siempre ha demostrado más resiliencia y adaptación de lo que se piensa, se ve en los individuos, trabajadores o directivos, y esto es algo que valoran positivamente las multinacionales".

¿Es posible un consenso de cambios?

Entre los retos de la economía española, está la reubicación en la U industrial, explica Otero. Es decir, en la primera vertical estaría la investigación, las patentes o el diseño, y en la segunda la diferenciación, la marca y el marketing. Son las partes de mayor valor añadido, mientras que en la horizontal, donde tradicionalmente ha tenido más peso la industria española, están la manufactura y la distribución.

España, prosigue, tiene un desarrollo inferior a otras grandes economías europeas en formación de mandos directivos, inversión en I+D, menor tamaño de las empresas y una falta de cultura de asociación en las empresas. "Hay buenos ejemplos en País Vasco o Cataluña, pero es difícil encontrar institutos de investigación de pymes como en Alemania", puntualiza. Asimismo, el experto considera que "hay problemas estructurales en educación, formación profesional, meritocracia en el sector público y en el privado, digitalización y uso de las nuevas tecnologías, o internacionalización e idiomas".

"Es una lista muy diagnosticada", alude, pero "si España se desarrolla en los próximos 30 años como en los últimos 30 años no me preocupa". Eso sí, "la economía ahora es más exportadora, pero nos ha faltado un paso en capital humano e intangibles. Un paso para el que se necesitan recursos y ahora los va a haber, la duda es si se van a usar bien", cuestiona Miguel Otero.

De los fondos de reconstrucción, "España recibiría 77.300 millones de euros en subvenciones, o el 6% de su PIB anual. Además, Bruselas impondrá condiciones estrictas para el uso de estos fondos, lo que también podría atenuar las 'fricciones' políticas y el prolongado debate dentro del gobierno español", estima William de Vijlder, economista jefe de BNP Paribas. La oportunidad también serviría para reducir la desigualdad regional. "El gobierno debería continuar implantando tecnologías relacionadas con la energía renovable en zonas donde el desempleo es alto (Andalucía o Extremadura), lo que ayudaría a reequilibrar sus economías respecto a Madrid", apostilla.

Así, los fondos europeos y su condicionalidad "son razones para ser optimista, pero algunos de los problemas estructurales de la economía española seguirán ahí, y hay que abordarlos con reformas", comenta Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas. "La solución no pasa solo por inversión en nuevas tecnologías, sino que hay factores como el tamaño de las empresas y su menor potencial de asociación o aprovechamiento de las nuevas tecnologías", agrega.

El economista pone el acento en la estructura del mercado laboral por la temporalidad, los falsos autónomos y diferentes contratos precarios. "Son trabajadores que rotan mucho, y que no pueden aprovechar las nuevas tecnologías, y en las empresas se pierde capital humano", argumenta. Sobre la inversión, cree que ya hay programas de incentivos fiscales y presupuestos que no se usan al completo por falta de estabilidad, y que "hay que evitar el 'efecto ganga', por empresas que aprovechan los incentivos pero que hubieran invertido igualmente, como grandes empresas".

Consenso para la reindustrialización

Si en algo coinciden los economistas es en la necesidad de un consenso que incluya diferentes formaciones políticas, gobiernos y el sector empresarial, representando a grandes y pequeñas compañías. En realidad, es un mensaje por el que también ha abogado la cúpula empresarial en las conferencias organizadas por la patronal CEOE, con quejas, ruegos y críticas.

Hay varias lecciones que se pueden extraer de estas declaraciones. Una es que España debe abordar reformas estructurales en educación o en el mercado laboral para elevar la productividad y el crecimiento potencial e inclusivo. Otra es que el Ibex se ha vuelto socialdemócrata, en línea con una tendencia global que deja atrás el paradigma neoliberal. Y también se ha visto que cada sector va a pedir beneficiarse de los recursos públicos —nacionales y europeos— que se pongan encima de la mesa para la reconstrucción. Pero como avisan algunos economistas, cuanto más presencia tenga el sector, más capacidad de hacer 'lobby', con la paradoja de que industrias como la tecnológica pesan menos en el PIB aunque son las que se recomienda potenciar.

"En España históricamente ha habido complejo a tener ambición con un plan de política industrial y tecnológica, pero ahora debemos crear un ecosistema con gente formada, un marco normativo que incentive la inversión en I+D y que se fomente la competitividad y asociación de las empresas", dice Vizcaíno desde AFI. "Para ello se necesitan medidas, idealmente con consenso. Saber qué modelo de país y de tejido económico queremos, para orientar hacia ellos las inversiones".

En general, se espera un proceso similar en todo el mundo desarrollado, así como un paso atrás en la globalización. "La epidemia ha demostrado las ventajas de la producción local y evidenciado los riesgos de la desindustrialización. Los productos ligados a la sanidad han adquirido una nueva dimensión estratégica y probablemente el consumidor prefiere pagar más con tal de asegurarse su disponibilidad. Ciertas actividades podrían retomarse en Europa, frenando también la tendencia de desindustrialización y generando puestos de trabajo directos e indirectos", opina Juan Barriobero, gestor de DWS.

Europa está tomando medidas protectoras contra la competencia de China o India para impulsar la industria de mayor valor añadido, como por ejemplo "los microchips, donde la ubicación es importante debido a la demanda, las preferencias o la regulación", comenta Sebastien Galy, responsable de estrategia macro de Nordea AM. "Las inversiones hacia sectores y tecnologías clave, desde el 5G hasta inteligencia artificial, hidrógeno limpio o energía renovable en alta mar, son probablemente clave para el crecimiento futuro. Dichas evoluciones y cambios estructurales requieren tiempo para desplegarse y un apoyo político sostenido", añade Kevin Thozet, ejecutivo de Carmignac.

Y en este proceso de ‘desglobalización’ también supone una oportunidad para España, apunta Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano: "Si en el mundo post covid vamos a un fenómeno de ‘insourcing’ (relocalizar la actividad fabril) España tiene grandes virtudes en el binomio coste laboral vs productividad".

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