TRAS LA PROPUESTA FRANCO-ALEMANA

Bruselas presenta su fondo ante el covid en un ambiente de fuertes divisiones

La Comisión Europea presenta el miércoles su esperada propuesta para un Fondo de Recuperación del coronavirus días después del acuerdo franco-alemán

Foto: Una persona pasa frente a la entrada de la Comisión Europea. (EFE)
Una persona pasa frente a la entrada de la Comisión Europea. (EFE)

El Ejecutivo comunitario, liderado por la alemana Ursula von der Leyen, publica este miércoles su propuesta para un Fondo de Recuperación ante el coronavirus días después de que Alemania y Francia acordaran su propia oferta, un fondo basado en medio billón de euros en forma de transferencias. La Comisión Europea ya confirmó que su propuesta iría en esa dirección.

El plan del Ejecutivo comunitario busca encontrar una solución al pulso entre nórdicos y sureños respecto a cómo debe componerse el fondo: un lado defiende que debe ser mayoritariamente en forma de créditos, y otro lado, el de los más afectados, defiende que el dinero debe llegar en forma de transferencias. Von der Leyen ya explicó tras la última cumbre digital que tratarían de lograr "un equilibrio" entre ambos. La canciller alemana Angela Merkel y el presidente galo, Emmanuel Macron buscaron dar un primer paso hacia la solución con su acuerdo anunciado el pasado lunes 20 de mayo.

Los llamados ‘frugales’ (Países Bajos, Dinamarca, Austria y Suecia) mostraron su oposición y presentaron un documento en el que proponían que el fondo se estructure en forma de préstamos. Viena, donde el Gobierno depende de Los Verdes, es seguramente el más abierto a buscar un acuerdo, y su canciller, Sebastian Kurz, podría ser el primero de este grupo en considerar que una parte del fondo se estructure en forma de subsidios. España e Italia, aunque creen que debería haber más de medio billón de euros, han mostrado su apoyo a la idea presentada por Merkel y Macron.

La propuesta franco-alemana está muy en línea con lo que se presentará este miércoles. También en su estructura: los fondos serán recaudados por la Comisión Europea emitiendo deuda, y habrá un reembolso que no se producirá de manera que sean los Estados miembros que han usado el dinero del fondo los que tengan que encargarse, sino que será de manera solidaria, y se añadirá la posibilidad de aumentar los recursos propios a través de nuevos impuestos europeos.

Banderas europeas, cerca de la sede del Ejecutivo comunitario. (Reuters)
Banderas europeas, cerca de la sede del Ejecutivo comunitario. (Reuters)

Números e ideas

Los números parecen relativamente claros, no solo porque se haya estado hablando de ellos desde hace semanas, sino también porque Martin Selmayr, el antiguo y poderoso jefe de gabinete del expresidente Jean-Claude Juncker y brevemente secretario general de la Comisión Europea, famoso por sus conflictivas y delicadas filtraciones a la prensa, ha dado los datos a la agencia de noticias de Austria, país donde ahora representa al Ejecutivo comunitario. Y lo hizo no en forma de “fuente comunitaria”, sino con sus nombres y apellidos, aunque portavoces de la Comisión Europea no confirman los datos.

La propuesta se construye sobre la idea franco-alemana de un fondo de medio billón de euros, en la que Berlín y París trabajaron coordinados con la Comisión Europea. Según contó Selmayr a la agencia austriaca de noticias, Bruselas propondría un fondo de medio billón de euros conformado fundamentalmente por transferencias, aunque seguiría habiendo sobre un 30% o un 40% de créditos. Este miércoles se espera que la propuesta sea similar a la explicada por el representante permanente, aunque con algunos cambios que se han producido durante la última semana.

Los fondos se repartirán, según han comentado ya varios miembros del Ejecutivo comunitario, con un enfoque centrado en las prioridades de la Comisión, especialmente sobre transición verde y digital. Y no llegarán a cambio de nada: los Estados miembros tendrán que seguir las recomendaciones del Semestre Europeo, que normalmente suelen ser desoídas por las capitales, y en las que se establecen recomendaciones sobre inversiones y ajustes.

En principio estaba previsto que Bruselas publicara la propuesta el 6 de mayo, pero una filtración a la prensa, en la que se apostaba por un fondo de 300.000 millones en transferencias y otros 300.000 millones en préstamos, acabó por retrasar su presentación entre duras críticas de eurodiputados y analistas, que consideraban el plan como poco ambicioso y acusaron a la Comisión de "hechicería financiera" por inflar las cifras.

A partir de entonces Von der Leyen se aisló, trabajó con un grupo de colaboradores muy pequeño y ha mantenido a ciegas al resto de la Comisión Europea mientras buscaba un acuerdo en el triángulo Bruselas-París-Berlín. Desde dentro de la institución y desde fuera, comenzaron las críticas con una técnica que muchos consideraban errónea: la Comisión había perdido la oportunidad de marcar el debate, de lanzar la primera propuesta y de empujar la conversación hacia sus intereses.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)

Fuentes diplomáticas señalaban la semana pasada que la Comisión Europea debía haber cumplido con su rol tradicional: poner sobre la mesa la propuesta más ambiciosa posible, que después suele ser reducida en el Consejo. A partir de este miércoles comenzará un duro debate, que alcanzará su punto álgido durante la cumbre de junio, con el objetivo de que todo esté en marcha con el inicio de los nuevos presupuestos europeos, el próximo 1 de enero.

Eso significa que hay un calendario muy apretado. Es también en parte la razón por la que la Comisión Europea ha tardado algo más en presentar su propuesta: quiere evitar que los nórdicos más ortodoxos puedan derribar la idea rápidamente, e intentar que el acuerdo sea más sencillo. Por lo pronto la UE ya cuenta con algunos instrumentos para hacer frente a la crisis, entre otros el esquema de apoyo al empleo de 100.000 millones de euros de la Comisión para ayudar a financiar figuras como el ERTE, algo más de 200.000 millones del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) para financiar sistemas sanitarios, y otros 200.000 millones en garantías paneuropeas del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

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