MARTIN SELMAYR, FIGURA CLAVE EN BRUSELAS

Ascenso y caída del ‘Rasputín de Bruselas’, el hombre en la sombra de la UE

Martin Selmayr lo ha sido todo en Bruselas. Su ascenso meteórico y las maniobras a puerta cerrada levantaron los recelos de muchos y han generado su caída y destierro

Foto: Martin Selmayr, mano derecha de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. (Reuters)
Martin Selmayr, mano derecha de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. (Reuters)

Martin Selmayr siempre estaba ahí. Donde fuera que estuviera Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, solo había que mirar detrás para encontrar la cara del alto funcionario alemán. Siempre en la sombra, Selmayr ha sido uno de los personajes más relevantes en Bruselas durante el último lustro, un ascenso que le catapultó a dirigir toda la maquinaria funcionarial de la Comisión Europea y cuyas consecuencias le han llevado a hacer las maletas: le acaban de desterrar de la capital comunitaria.

Selmayr (Bonn, 1970) es un blanco fácil para los euroescépticos. Representa los tópicos que los eurófobos tienden a aplicar a Bruselas. Es un funcionario, no elegido democráticamente, con un gran poder sobre muchas personas, un federalista radical, que cree en la posibilidad de derribar los Estado – nación como objetivo del proyecto europeo. De hecho, en cierto modo, sus posturas radicales proeuropeas le han salvado de muchas críticas desde dentro del sistema político de la UE.

Su influencia y relevancia ha llegado a ser tan grande, que Ursula von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea, tuvo que prometer a algunos eurodiputados en las audiencias previas a su investidura que Martin Selmayr no continuaría en su puesto de trabajo si ella salía escogida.

‘El monstruo del Berlaymont’ o el ‘Rasputín de Bruselas’, algunos de los numerosos motes que ha recibido Selmayr, muestran hasta qué punto se ha convertido en un personaje relevante, con una enorme influencia en la esfera pública europea.

Selmayr abraza a Juncker, presidente de la Comisión. (Reuters)
Selmayr abraza a Juncker, presidente de la Comisión. (Reuters)

Una carrera por Bruselas

El alemán comenzó su carrera en Bruselas en 2004, cuando entró en la Comisión Europea para convertirse en portavoz de Sociedad de la Información y Medios, bajo la batuta de la luxemburguesa Viviane Reding, que le nombraría jefe de su gabinete en 2010 para dirigir la cartera de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía.

El alemán no entendía el descanso y todo el mundo que lo conoce le califica de adicto al trabajo, tremendamente eficiente, un hombre que rápidamente entendió el funcionamiento de los pasillos de Bruselas mejor que nadie. Los golpes de manos, el uso de la prensa o el movimiento de hilos para ganar batallas hacían que Selmayr fuera, desde el primer momento, una joven estrella.

En 2007 Reding perdía por goleada la batalla por derribar el 'roaming'. Casi todas las capitales estaban en contra de la medida. Tras una reunión, Reding anunció el acuerdo para acabar con él. Las capitales no daban crédito. La comisaria acababa de inventarse que había un acuerdo respecto a una medida a la que se oponía prácticamente la totalidad de países después de una reunión en la que ni siquiera lo había hablado. La prensa europea publicó a lo grande y las capitales ya no pudieron frenar lo que acabaría por ser una realidad. Selmayr era su jefe de prensa.

Después el alemán se convirtió en asesor principal de asuntos económicos en 2014 y, más adelante, se centró en la campaña de Jean-Claude Juncker para presidir la Comisión Europea dentro del sistema del ‘spitzenkandidaten’. Fue una apuesta personal del abogado, que echó toda la carne en el asador y logró que el luxemburgués fuera escogido presidente. Dirigió su equipo de transición y después fue nombrado jefe de gabinete de Juncker.

Durante cinco años el alemán ha sido la sombra del presidente de la Comisión Europea, el hombre que nunca se separaba del luxemburgués. Muchos funcionarios se quejaban de que Selmayr cortaba el flujo de información que le llegaba a Juncker, que impedía que mucha gente pudiera ver al presidente. Lo mantenía alejado y así controlaba su agenda a la perfección.

Junckr (i) charla con el negociador del Brexit (d) bajo la mirada de Selmayr (c). (Reuters)
Junckr (i) charla con el negociador del Brexit (d) bajo la mirada de Selmayr (c). (Reuters)

Las desavenencias eran más que conocidas. Se le ha acusado de dirigir la Comisión Europea de forma autoritaria, excluyendo a los que pensaban distinto y obligando a un buen puñado de altos funcionarios a dimitir por la incapacidad de convivir con su gestión de puño de hierro, que él siempre ha defendido explicando que lo hace en nombre de Juncker, y que las órdenes del presidente se deben cumplir.

La búlgara Kristalina Georgieva, ahora entre las favoritas para dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI), abandonó su cargo de vicepresidenta de la Comisión Europea a finales de 2016 para ocupar la dirección general del Banco Mundial. Y una de las razones que señaló eran las formas de Selmayr y la manera en la que Juncker tomaba las decisiones bajo su batuta.

No es la única persona de alto rango de la Comisión Europea que ha tenido problemas con el alemán. Cecilia Malmström, comisaria de Comercio, descubrió que Selamyr había modificado sus respuestas al Parlamento Europeo durante el proceso de audiencias al inicio de la legislatura, en 2014.

La caída del ‘Monstruo del Berlaymont’

El ascenso meteórico de Selmayr le llevó a dar un último golpe, el gran salto mortal. En febrero d 2018 y para estupor de la burbuja de Bruselas, incluidos algunos de sus defensores, el alemán se convertía en secretario general de la Comisión Europea, el cargo más poderoso de la capital comunitaria, manejando a los 30.000 funcionarios que hacen carburar el brazo ejecutivo de la UE.

La maniobra fue tan oscura que provocó un auténtico terremoto político. Ni siquiera los comisarios estaban al tanto de un movimiento que hizo que en cuestión de minutos, retorciendo todos los reglamentos y sobrepasando varias líneas rojas, Juncker convirtiera a Selmayr en secretario general de la Comisión Europea. Los comisarios aceptaron, pero muchos no daban crédito a lo que acababan de ver.

El proceso había estado completamente controlado. Se suponía que debía abrirse una oferta con otros competidores por el cargo, y al poco se descubrió que la única persona que peleó por el puesto fue la española Clara Martínez, que en esos momentos era la número 2 de Selmayr y que pasaría a ser la jefa de gabinete de Juncker al completarse el salto del alemán.

El Parlamento Europeo se lanzó al cuello de la Comisión Europea y de Selmayr. La prensa, que acostumbra a no hacerse eco de los ‘eurodramas’ de Bruselas, aireó una maniobra que estaba poniendo en duda la credibilidad del Ejecutivo comunitario. El alemán ni siquiera cumplía con los requisitos, por lo que se le ascendió primero a vicesecretario general, y después al puesto de máxima importancia de la esfera comunitaria. Todo en cuestión de minutos.

Aquello, su gran ascenso, su llegada a lo más alto, fue el inicio de su caída. La Eurocámara lo situó como blanco de sus críticas, señalando que el Ejecutivo comunitario no podía permitirse un proceso tan poco transparente. La elección de Von der Leyen como nueva presidenta electa de la Comisión firmó definitivamente su final: los grupos políticos y muchas otras voces se lanzaron a avisar de que no era sostenible tener a un presidente y a un secretario general de la misma nacionalidad.

Selmayr durante su periodo como secretario general de la Comisión Europea. (Reuters)
Selmayr durante su periodo como secretario general de la Comisión Europea. (Reuters)

Recientemente la Comisión Europea anunció que este 1 de agosto sería el final de la era Selmayr. El alemán pasa ahora a ser asesor especial de Juncker durante algún tiempo, para mudarse a Viena para dirigir la representación del Ejecutivo comunitario en Austria, un cargo muy menor para el hombre que llegó a acaparar tanto poder en Bruselas. Muchos dudan de que Selmayr vaya a aguantar mucho tiempo en Viena y creen que hará un regreso a la capital comunitaria.

Selmayr divide a la sociedad de la ‘burbuja europea’. Algunos defienden que es un proeuropeo convencido y que ha trabajado incansablemente a favor del proyecto comunitario, que es una persona disciplinada que ha cumplido con su papel y que ha sido una garantía para la UE. Otros ven en él un autoritario, que efectivamente estuvo en las reuniones clave de la crisis griega, la crisis de refugiados o el Brexit, y que el resultado de la gestión de dichos problemas demuestra que el alemán no ha hecho un buen trabajo.

Lo que está claro es que el último lustro de la historia europea estaría incompleta sin la figura del que ha sido el hombre más influyente de Bruselas, la persona encargada de hacer funcionar todos los engranajes de la Comisión Europea. Como Rasputín, muchos creen que hará falta darle más de un disparo para matarle.

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