Tras dos décadas de fracasos

Se busca un nuevo modelo de crecimiento para la reconstrucción de Europa

Los problemas de déficit, deuda y desempleo son consecuencia del modelo de crecimiento de los países del sur. Los economistas ponen el foco en el crecimiento como el camino imprescindible

Foto: Tienda de Prada en Milán. (Reuters)
Tienda de Prada en Milán. (Reuters)
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Cuando acabe el año, Italia tendrá una deuda pública próxima al 160% de su PIB, esto es, casi multiplicará por tres el límite de deuda permitido en la Unión Europea. En números absolutos, son más de 2,6 billones de euros de deuda pública (2.600.000.000.000 euros). El coste anual en intereses de financiar tal volumen de deuda supera ampliamente los 60.000 millones de euros, una cifra que es casi equivalente a toda la recaudación del IVA en España a lo largo de un año.

El coste anual de los intereses de la deuda es tal lastre que ahoga las cuentas públicas de Italia, y no es una situación derivada del coronavirus, ya que durante los años de la crisis del euro, la factura llegó a superar los 70.000 millones. Los economistas no se ponen de acuerdo en cuál es el umbral de deuda a partir del cual es insostenible, pero lo que está claro es que la situación de Italia es realmente complicada. El coste financiero resta recursos para la inversión en infraestructuras, en I+D, en desarrollo empresarial, o simplemente para rebajar los impuestos y fomentar el crecimiento del sector privado. Estos más de 60.000 millones anuales ahogan todo el país. En España, la situación no es tan grave, pero en ningún momento es favorable, ya que la deuda pública se situará este año en el entorno del 120% del PIB.

La posición fiscal de los países del sur de Europa es tan delicada que los planes de consolidación fiscal están condenados al fracaso si no van acompañados de una política más amplia. Los economistas se han dado cuenta de que las subidas de impuestos y los ajustes del gasto no servirán de nada si estos países no encuentran una vía para estimular un crecimiento intenso y sostenible. Justo el punto en el que llevan décadas fracasando. Esta es la principal coincidencia del informe del comité de expertos formado por el Gobierno de Italia y también de la propuesta para la reconstrucción que ha realizado el grupo de economistas agrupados por Fedea en España.

"Hay que poner en primera posición las reformas que liberen el potencial de crecimiento de la economía española"

La responsabilidad fiscal de los gobiernos será importante para contener el déficit público y reducir la deuda, pero no logrará ningún objetivo si no se consigue revisar el modelo económico. De ahí que cualquier pacto para la reconstrucción tenga que centrar los esfuerzos en mejorar el crecimiento potencial de las economías. Macroeconomía pero, para ser más exactos, microeconomía. Para lograr el objetivo, es necesario estimular el crecimiento desde las empresas que permitan obtener resultados agregados.

Rafael Doménech, coordinador del primero de los informes publicados por Fedea, lo explica así: “El principal problema que tenemos que resolver es cómo ampliamos la tarta [el PIB]”. Con un PIB per cápita más elevado, será sencillo ampliar las bases imponibles, incrementar los recursos públicos y mejorar la inversión en I+D. “Hay que poner en primera posición las reformas que liberen el potencial de crecimiento de la economía española”, señaló durante la presentación del informe, “esto no se hace de la noche a la mañana, sino que necesitamos un plan de reformas a medio y largo plazo”.

En los últimos años, en España se ha debatido muchísimo sobre el gasto público (pensiones, sueldos públicos, prestaciones, recortes, etc.) y sobre impuestos (a los ricos, a las tecnológicas, a la banca, a la contaminación...), pero se ha dejado de lado la reflexión sobre las reformas estructurales. De hecho, se han ignorado las propuestas que realiza año tras año la Comisión Europea y las políticas públicas se han encaminado a elevar el gasto o recortar los impuestos. El único debate al que los líderes políticos han dedicado tiempo y esfuerzo es el de la reforma laboral, con el objetivo de su derogación o revisión. Proyectos como la unidad de mercado, el crecimiento de las pymes, la mejora de las políticas activas de empleo o la formación profesional llevan años enterrados.

60.000 millones

Si España lograse reducir en nueve puntos su tasa de paro estructural, pasando del 14-15% actual al entorno del 5-6% (en línea con el desempleo en Europa), la 'tarta' crecería tanto como para que al sector público le tocara un 'pedazo' de más de 60.000 millones de euros (seis puntos del PIB), según las estimaciones de Doménech. Sería el resultado de poner a trabajar a dos millones de personas sin variar la población actual, esto es, con un gran aumento del PIB per cápita.

Esta cuantía serviría para eliminar de golpe todo el déficit estructural de España y cuadrar las cuentas de la Seguridad Social, y seguirían sobrando recursos para apuntalar la sanidad pública, financiar y ampliar el ingreso mínimo vital e incluso hacer una rebaja de impuestos a las clases medias y bajas.

Es evidente que parece la vía más sencilla para lograr corregir la situación de las finanzas públicas, pero realmente es la más complicada. Es necesario diseñar y aprobar (pactar) reformas estructurales que logren estimular el crecimiento potencial, que lleva décadas mermado en los países del sur de Europa. Porque el problema de Italia no es que sus ingresos públicos sean muy bajos o su gasto público muy alto, sino que lleva dos décadas de estancamiento.

"Es esencial que España salga de esta crisis en condiciones de retomar la senda de la convergencia con las economías más avanzadas"

“En primer lugar, es prioritario llevar a cabo reformas que aumenten el crecimiento potencial de la economía española y reduzcan su desempleo estructural, con el consiguiente incremento de las bases imponibles y de la capacidad recaudatoria del sector público”, señala la comisión de expertos de Fedea. “Es esencial que España salga de esta crisis en condiciones de retomar la senda de la convergencia con las economías europeas más avanzadas y afrontar con éxito el reto de la transformación digital y de la sostenibilidad, con una economía más productiva, competitiva, eficiente, flexible e inclusiva”.

El consenso de los economistas en torno a la búsqueda de un modelo de crecimiento eficaz es evidente, lo que no es tan sencillo es cómo lograrlo. Europa llega tarde a la carrera tecnológica: no tiene grandes empresas innovadoras, ni fabricantes. Ni siquiera tiene la tecnología para el desarrollo de las redes 5G que sí tienen competidores como Huawei, Qualcomm o Samsung. Esto obliga a realizar un gran esfuerzo simplemente para situarse a la altura de las principales potencias del mundo.

Sin embargo, cuenta con ventajas comparativas. Una es la concienciación social sobre el reto medioambiental, muy superior a la existente en EEUU y China. Si el futuro es ‘verde’, entonces Europa está en una posición privilegiada para abordar esta transformación. La apuesta por la transición energética es uno de los puntos que enfatizan los expertos italianos liderados por Vittorio Colao.

En Alemania, la apuesta clara del Gobierno es la recapitalización del tejido productivo a través de inyecciones públicas y rescates. El objetivo es fortalecer el tejido empresarial, en especial a los ‘campeones nacionales’, esto es, las grandes compañías del país, para que puedan competir en la economía global. Su estrategia de capitalismo de Estado pretende, por una parte, defender las compañías estratégicas de posibles compradores internacionales y, por otra, dotarlas de recursos para invertir e innovar.

De esta forma, la reconstrucción del país se hará desde abajo, desde las empresas, lo micro. La canciller Angela Merkel considera que Alemania necesita que sus empresas compitan con las multinacionales estadounidenses y chinas para no quedarse atrás. España e Italia tampoco han podido seguir su estrategia porque no cuentan con el margen presupuestario suficiente. Su esperanza pasa por crear el entorno económico adecuado para estimular la inversión privada. Una vez más, la reflexión económica vuelve al inicio del artículo: se buscan esas reformas que estimulen el crecimiento.

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