La bazuca del BCE evita un golpe millonario a la banca española
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Freno al repunte de los CDS financieros

La bazuca del BCE evita un golpe millonario a la banca española

El Banco Central Europeo (BCE) ha desactivado un golpe millonario a la banca española con el plan extraordinario presentado por su presidenta, Christine Lagarde

Foto: Pantallas de la Bolsa de Madrid. (EFE)
Pantallas de la Bolsa de Madrid. (EFE)

El Banco Central Europeo (BCE) ha desactivado un golpe millonario a la banca española. El plan extraordinario presentado en la noche del miércoles por la institución que preside Christine Lagarde representa un cortafuegos a una crisis que amenazaba con azuzar en Europa los viejos fantasmas del sistema financiero continental.

La decidida acción del BCE, que presentó un plan de compra de deuda enorme (750.000 millones hasta final de año) y flexible para combatir el impacto de la crisis del coronavirus, aplacó de raíz este jueves la tensión que en las últimas jornadas se venía reflejando en la deuda periférica europea. En solo una sesión, el interés del bono griego a 10 años se redujo en casi 150 puntos básicos, mientras que el recorte del italiano rondó los 70 puntos. La deuda de España y Portugal también experimentó una considerable mejora, con sus respectivos bonos recortando en torno a 35 puntos básicos.

Estos movimientos supusieron un alivio nada desdeñable para el sector financiero europeo, que entidades como Bankinter, Natixis, CaixaBank o Commerzbank celebraron con repuntes en bolsa de entre el 12,5% y el 7%.

Pero más que sobre el parqué bursátil —donde arrastra, no obstante, un desplome cercano al 50% en solo un mes—, la inquietud de los inversores con los bancos se ha plasmado en los mercados de deuda. Si el índice Bloomberg Barclays European Coco Tier 1 ha sufrido desde el pasado 19 de febrero un hundimiento próximo al 30%, hasta situarse en niveles de 2016, más significativo ha sido el brusco repunte que han experimentado en los últimos días los CDS, que representan el coste de asegurarse contra el impago de las entidades.

Los CDS de Santander, BBVA, Bankia y CaixaBank habían alcanzado máximos desde 2016 tras repuntar más del 145% en las dos últimas semanas

Este movimiento ha sido especialmente destacado en el caso de las entidades de Italia, señalado casi sin excepción como el país que se enfrenta a una situación más delicada por la crisis del Covid-19. Pero los bancos españoles no han salido indemnes. En solo dos semanas, los CDS de Santander, BBVA, Bankia o CaixaBank han experimentado repuntes de entre el 190 y el 145%, situándose, en todos los casos, en sus niveles más elevados en más de tres años.

Los inversores han reflejado de este modo su temor a un contagio entre los problemas de la deuda soberana de los países periféricos y sus bancos. En una reedición del mismo círculo vicioso que tantos estragos causó en Europa tras el estallido de la crisis financiera, el gasto asumido por gobiernos como el italiano y el español para hacer frente al desafío económico presente —y que en muchos casos va destinado a tejer una red de soporte para que la banca pueda ejercer su misión de financiar la economía sin cortapisas— auspicia preocupaciones crecientes sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas, y estas, a su vez, siembran la duda sobre la estabilidad de los bancos.

Aunque son varios los caminos por los que las tensiones financieras actuales amenazan con golpear al sector bancario, la vía más directa de contagio entre las finanzas públicas y las entidades sigue siendo la misma que durante la pasada crisis: la deuda de los gobiernos que atesoran en sus balances. La fuerte pérdida de valor de estos activos amenaza con hacer un roto a las cuentas de los bancos más cargados de deuda, con impacto en sus márgenes, el resultado de sus operaciones financieras y hasta el capital.

Foto: istock

En el caso de la banca española, los últimos datos de exposición a deuda pública, a cierre de 2019, muestran que Santander contaba con una exposición directa neta total de 35.366 millones a España, tras una bajada de 14.000 millones en el último año, de 8.689 millones a Portugal y de 2.735 millones a Italia. Estas cifras incluyen principalmente bonos soberanos.

En el caso de BBVA, la exposición a España era mayor, de 55.575 millones, frente a los 7.810 millones de Italia y apenas 924 millones invertidos en Portugal. También tiene apuestas importantes en México, EEUU y Turquía.

El resto de grandes entidades centra sus inversiones en deuda principalmente en bonos soberanos españoles: 35.000 millones de riesgo soberano español en el caso de CaixaBank; 21.300 millones en el de Bankia, y 24.600 millones en el de Sabadell.

Estas cifras hablan a las claras de la relevancia que tiene para estas entidades la evolución de la deuda soberana. Y también explica los intentos que desde algunos países de la eurozona —y en especial desde Alemania— se han hecho para limitar este vínculo como requisito indispensable para concluir la unión bancaria.

El porcentaje de deuda pública sobre los activos totales de los bancos españoles es hoy considerablemente superior al de 2007

Sin embargo, como indican desde Capital Economics, al cierre de 2019 el porcentaje de bonos soberanos sobre el total de activos de la banca era significativamente superior al de 2007 en el caso de la banca española, así como en Portugal, Italia, Grecia o Irlanda.

En cualquier caso, el plan presentado este miércoles por el BCE parece llamado a contener la tensión en la deuda soberana durante la crisis desencadenada por el Covid-19, lo que, sin duda, supone un alivio para el sector bancario español. Y esto se reflejó este jueves en un notable descenso de los CDS, que se mantienen, no obstante, en niveles muy superiores a los de hace solo unas semanas.

Porque no se puede obviar que la de la deuda pública es solo una de las amenazas que se ciernen sobre el sector en una coyuntura tan delicada como la actual. No en vano, en un momento en que se habla de una profunda recesión en la eurozona —que entidades como ABN Amro cifran en hasta un 2,7% en el año—, las perspectivas de un sector tan dependiente del ciclo económico se nublan de forma especial.

La previsión de menor actividad y aumento de la morosidad se conjuga con la percepción de que el regreso a la normalidad de las políticas monetarias se ha alejado aún más si cabe para configurar un escenario nada halagüeño para los bancos.

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