josé maría orihuela abandona el grupo

Manrique pierde a su número dos en Sacyr: dimisión sorpresa del CEO de construcción

José María Orihuela, un directivo con 26 años en la compañía, ha dejado las riendas de la división más grande de la multinacional para iniciar una nueva etapa profesional

Foto: Manuel Manrique, el presidente de Sacyr. (Reuters)
Manuel Manrique, el presidente de Sacyr. (Reuters)

Cambios relevantes en la cúpula ejecutiva de Sacyr. José María Orihuela, consejero delegado de la división de construcción, el negocio más importante del grupo, con el 40% de la facturación en sus manos, ha decidido dejar el grupo por sorpresa para dedicarse a otros proyectos profesionales. Así lo han confirmado fuentes oficiales de la compañía, que destacan la gran labor que ha hecho Orihuela durante sus 26 años en la alta dirección.

La decisión fue comunicada ayer por Orihuela a Manuel Manrique, presidente de la multinacional, que no esperaba su marcha, y a los otros cinco miembros del comité de dirección del que formaba parte. A falta de que el consejo de administración lo ratifique, su puesto será ocupado por Pedro Sigüenza, consejero delegado de Sacyr Industrial.

Orihuela, un directivo de la compañía de toda la vida, fue nombrado consejero delegado de Sacyr Construcción en enero de 2015, cuando Manrique reestructuró la alta dirección. El presidente puso a Orihuela, que dirigía la división de concesiones, al frente del negocio con más peso de la multinacional española en sustitución de Miguel Heras. Este último dejó su puesto por motivos personales.

El nombramiento de Orihuela no fue muy bien acogido por los ingenieros de obras de Sacyr, que preferían a alguien de su propio negocio. Pero Manrique confió en su mano derecha para que replicase en la constructora la internacionalización que había conseguido con las concesiones. El objetivo principal era buscar fuera el negocio que se había perdido en España por la crisis.

Y Orihuela lo ha conseguido. Hasta el punto de que la facturación internacional de construcción de Sacyr ya supone el 82% de toda el área. De la cartera de obras pendientes de ejecutar, 5.868 millones de euros, el 90% está firmado fuera de España, donde la compañía apenas tiene previsto ingresar 570 millones. Este parón en el ladrillo nacional llevó a Sacyr a implementar un expediente de regulación de empleo para 327 trabajadores, el 25% de la plantilla de construcción. La empresa hizo lo propio en Somague, la filial portuguesa.

Sin embargo, pese a esa mejoría en la consecución de contratos en el exterior, el negocio ha seguido dando una de cal y otra de arena al 'holding'. Sacyr facturó 1.225 millones de euros en construcción en 2017, un 2% menos, siendo la única división que decreció frente a los incrementos en concesiones, servicios e industrial. Por el contrario, el beneficio operativo o ebitda mejoró un 59,6%, hasta los 92 millones, mientras que el resultado neto dio unas ganancias de 22 millones, frente a los siete millones de pérdidas de 2016. Además, el margen sobre el ebitda subió desde el 4,6% hasta el 7,6%.

Litigios y conflictos aguas arriba

Otras fuentes señalan que Orihuela ha tenido un desgaste muy grande en Sacyr durante estos tres años para darle la vuelta al negocio de la construcción, donde el grupo tiene bastantes litigios abiertos. De hecho, el importe de la obra ejecutada sin certificar —sin cobrar— pasó de 670 a 806,5 millones de euros, casi un 30% de la facturación total. Algunos de los litigios más relevantes son la reclamación del viaducto Bio-Bio en Chile, donde la compañía española exige un pago adicional de 140 millones, el 40% del importe del proyecto.

La sociedad también ha tenido un conflicto en Colombia, donde paralizó la construcción de una de sus autopistas por diferencias con el Gobierno del país latinoamericano. Colombia llegó a retirarle el contrato de 275 millones, pero las partes han alcanzado un principio de acuerdo para retomar la obra. En cualquier caso, el litigio más grande sigue siendo el de Panamá, donde el grupo español ha llegado a reclamar más de 5.800 millones.

Su salida se produce en plena batalla accionarial entre José Moreno Carretero, Demetrio Carceller, Satocán, José Manuel Loureda y Grupo Fuertes (El Pozo) por la representación en el consejo de administración. Manrique se opone a dar a Carretero, que ya tiene el 16% del capital, los tres asientos que exige, al considerar que este paquete no es realmente suyo, sino de los bancos que le financian, postura que tiene el respaldo de Carceller y el resto de inversores canarios, que agrupan cerca del 15% de las acciones.

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