las salidas a bolsa prescinden del tramo retail

De Aena a Gestamp, las OPVs tienen reserva de admisión: Minoritarios no, gracias

El 'campanazo' de Bankia en bolsa ha provocado que los nuevos emisores rechacen categóricamente la colocación de sus acciones entre ahorradores particulares

Foto: El presidente y consejero delegado de Gestamp, Francisco J. Riberas, durante su intervención en la salida a bolsa. (EFE)
El presidente y consejero delegado de Gestamp, Francisco J. Riberas, durante su intervención en la salida a bolsa. (EFE)

Unicaja ha dado el pistoletazo de salida a su pretendida oferta pública (OPV) que incluirá una ampliación de capital por valor de 625 millones de euros para devolver las ayudas del rescate bancario al grupo Ceiss y consolidar los niveles de solvencia. El consejo de administración de la entidad malagueña se ha cuidado muy mucho de hacer constar que la suscripción estará destinada a inversores institucionales cualificados o, lo que es igual, quedara fuera del alcance de cualquier pretendiente o ahorrador particular. El miedo guarda la viña y el que evita la ocasión evita el peligro porque desde los tristes episodios nacionales de Bankia nadie en su sano juicio se atreve a destinar un tramo minorista en sus colocaciones de bolsa.

Aunque pueda resultar un sarcasmo histórico a la luz de los acontecimientos más recientes ocurridos en el mercado financiero lo cierto es que fue el mismísimo Rodrigo Rato, en su etapa dulce como todopoderoso vicepresidente económico, quien puso en marcha allá por 1996 el ‘Programa de Modernización del Sector Público’. Un título rimbombante para hacer virtud de la necesidad obligada que España había contraído con la Unión Europea en su intento de cumplir el Tratado de Maastricht. La operación política diseñada por el Gobierno de José María Aznar al poco tiempo de tomar el poder suponía la privatización indiscriminada de todas las grandes empresas públicas que poco a poco fueron desfilando por la bolsa española.

La mayor desamortización desde los tiempos de Mendizábal puso en almoneda a las principales joyas de la corona, empresas nacidas en buena parte de servicios públicos gestionados en monopolio y que habían sido financiados por el Estado con los impuestos de todos los españoles. A la vista del negocio que se aventuraba, y para evitar suspicacias entre los contribuyentes, el entonces ministro de Industria, Josep Piqué, tuvo la feliz idea de impulsar el proceso con el estimulante eufemismo del llamado ‘capitalismo popular’, destinado a facilitar el acceso de las familias españolas a las acciones de las futuras sociedades cotizadas. Un invento que ensalzó la inversión en bolsa como mecanismo básico de ahorro para toda la clase media trabajadora.

El Gobierno limitó al mínimo el tramo minorista en la exitosa OPV de Aena porque no quería asumir riesgos políticos tras el escándalo de Bankia

La iniciativa exigía ciertas cautelas a la hora de transferir títulos tan sugerentes como Telefónica, Repsol, Endesa, Argentaria, Tabacalera, Gas Natural, Indra o Red Eléctrica, compañías que en algunos casos habían emprendido su privatización con el anterior Gobierno socialista de Felipe González. El plan de Aznar consistía en ‘blanquear’ desde el punto de vista político la venta mediante la ‘socialización’ de los beneficios, lo que propició un descuento en los precios de salida a fin de garantizar el recorrido de la acción en bolsa. Las OPVs se transformaron así en una especie de tómbola donde siempre toca y que algunos avezados inversores bursátiles utilizaban para realizar beneficios vendiendo sus posiciones desde el primer día de estreno en el parqué.

La inclusión del tramo minorista hizo las delicias de muchos particulares durante los años de esplendor, previos a la gran crisis económica, pero con el tiempo se fue convirtiendo en un verdadero engorro para los emisores a quienes realmente lo único que les interesa para colocar sus acciones son los grandes inversores y fondos de dinero. El tramo institucional es el que marca precio y el que define la calidad real de las salidas a bolsa. Los minoritarios no suponen mayor atractivo para los bancos de inversión encargados de asegurar la venta y desde el ‘campanazo’ de Bankia en julio de 2011 han sido prácticamente eliminados en la mayor parte de las ofertas públicas registradas en la bolsa española.

Tras los dos años de sequía padecidos en 2012 y 2013 el mercado continuo recuperó el pulso de las OPVs en 2014 con algunas operaciones estelares como las de Endesa, eDreams Odigeo, Applus+ y Logista aparte de la irrupción de las nuevas socimis como Lar, Hispania, Merlin Properties y Axiare. En todas estas comparecencias bursátiles los tramos minoristas brillaron por su ausencia y sólo la salida a bolsa de Aena, de largo la más exitosa de los últimos años, marcó la típica excepción en febrero de 2015. No obstante, y en prevención de males mayores, el Ministerio de Economía cortó las alas del gestor aeroportuario rebajando a la mínima expresión el paquete accionarial destinado al mercado retail.

A lo largo de 2015 saltaron también a la primera división bursátil, con mayor o menor fortuna, sociedades tan relevantes como Saeta Yield, Naturhouse Health, Cellnex Telecom, Talgo, Euskaltel y Orizon Genomics. Durante el pasado ejercicio hicieron lo propio Telepizza, Dominion Access y Parques Reunidos, además del listing de Coca-Cola European Partners en junio de 2016. En todos los casos, más de lo mismo; es decir ofertas alejadas de ese capitalismo popular de finales de los noventa y que a día de hoy parece definitivamente descartado en los manuales de los grandes bancos de inversión encargados de dirigir y asegurar los lanzamientos en bolsa.

Saracho no está dispuesto a tentar la suerte del Banco Popular con una nueva ampliación que pueda desatar la ira de los accionistas minoritarios

Para 2017 la tendencia no apunta mayores cambios y eso que los mercados de valores han protagoniza momentos de cierta euforia que podrían atraer el interés de los ahorradores particulares. Ni por esas. La OPV de Gestamp, la más importante llevada cabo este año en toda Europa, se ha destinado de manera exclusiva a los inversores institucionales con un supuesto descuento que no ha sido muy bien entendido por el mercado en su estreno de este pasado viernes. Quizá en los próximos días la acción experimente un recorrido en bolsa, pero lo cierto es que los gestores de la colocación han preferido no correr ningún riesgo que pudiera alentar una oleada de críticas en detrimento de la reputación y la imagen de marca empresarial de la familia Riberas.

Lo mismo ha ocurrido previamente con las dos salidas a bolsa realizadas primero por Prosegur Cash y hace escasos días por la inmobiliaria Neinor Homes. Ambas han prescindido igualmente del tramo minorista, un lujo demasiado costoso y que condiciona a día de hoy las estrategias financieras de algunos otros emisores obligados a reforzar su base de capital. Es el caso del Banco Popular y esa ampliación que los reguladores del Banco Central Europeo (BCE) vienen reclamando a Emilio Saracho pero que, a la vista está, puede resultar un remedio bastante peor que la enfermedad.

Si la entidad vuelve a rascar el bolsillo de los accionistas se arriesga a que alguien demande a su vez responsabilidades por los recientes aumentos de capital, 5.000 millones en total, realizados en la última etapa de Ángel Ron. Si, al contrario, el Banco Popular decide apelar exclusivamente al mercado institucional su nuevo presidente será acusado de diluir a los minoritarios. La voz del pueblo es ahora más poderosa que nunca en la bolsa y sus aledaños. De ahí que las sociedades cotizadas prefieran pasar de puntillas sin hacer mucho ruido en el mercado minorista no vaya a ser que el grito resulte luego atronador.

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