LA VENTA DE ONO CAMBIA EL MAPA SECTORIAL

Vodafone, la consolidación de las ‘telecos’… y la némesis de Castellano

La compra de ONO por Vodafone representa el punto de partida de un proceso de consolidación que va a cambiar el mapa de las 'telecos' en España

Foto: Vodafone, la consolidación de las ‘telecos’… y la némesis de Castellano

Cuando a finales del pasado diciembre los venezolanos de Banesco se hicieron con el control de NCG Banco, nadie entendió que el feliz acontecimiento para los intereses de Galicia implicara la salida de José María Castellano de la entidad bancaria que agrupa a las viejas cajas regionales. Feijóo me lo dio y Feijóo me lo quitó, porque el presidente de la Xunta terminó actuando con su paisano más o menos como el rey de Hamelín con el flautista del cuento.

Está visto que nadie es profeta en su tierra, pero Castellano no ha buscado ninguna revancha más allá de la que obliga un cierto y merecido descanso para curarse en salud de tan tremendo desgaste. Con el tiempo, tres meses escasos, su apasionado carácter de gestor irredento le ha brindado la oportunidad de resarcirse como presidente que también es de ONO. La empresa de cable ha supuesto ahora la némesis particular del empresario gallego, una vez confirmado el acuerdo de venta a Vodafone en una operación que va a cambiar, sin duda, el mapa de las telecomunicaciones en España.

Se acabaron las miserias. La multinacional que dirige Vittorio Colao ha echado el resto por la empresa que fundó Eugenio Galdón en 1998 bajo la denominación de Cableuropa y que quince años largos después se asemeja a la actual ONO como un huevo a una castaña. La reconversión llevada a cabo en el último lustro ha sido decisiva para llevar a la novia hasta el altar después de un aparatoso proceso de saneamiento financiero, reestructuración laboral y pacificación societaria. Los resultados están ahí y se resumen en los 7.200 millones de euros que finalmente se ha comprometido a pagar el operador británico.

El consejero delegado de Vodafone España, Antonio Coimbra. (EFE)
El consejero delegado de Vodafone España, Antonio Coimbra. (EFE)
La llegada de José María Castellano a la presidencia de ONO en noviembre de 2008, seguida del ‘fichaje’ de Rosalía Portela como consejera delegada medio año después, permitieron el viraje de una compañía que llevaba tiempo embarrancada por el típico conflicto de agencia que enfrentaba a los accionistas de control con un gestor plenipotenciario. La crisis que empezaba a arreciar en España terminó por agotar la paciencia de los fondos de capital riesgo que estaban hartos de luchar contra los molinos de viento de Telefónica en una de esas batallas desenfrenadas de victoria en victoria hasta la derrota final.

Reestructuración laboral y financiera

La incorporación de los nuevos gestores permitió la reestructuración de empleo mediante un ERE pactado con los sindicatos que redujo la plantilla en 988 trabajadores durante el año 2009, primer ejercicio que la empresa cerró con números negros en su cuenta de resultados. Pese a todo, la entrada en beneficios no podía ocultar la grave enfermedad de una compañía atacada por el virus endémico de un alto endeudamiento acumulado en esa Arcadia engañosamente feliz del llamado easy money. La conclusión era que, Lisa y llanamente, ONO estaba al borde de la quiebra.

El rescate financiero se abordó a cara de perro en una doble banda de actuación. Castellano consiguió en primer lugar convencer a los sufridos socios de ONO para que se rascaran un poquito más el bolsillo como gesto de confianza en el proyecto. La predisposición de los dueños, que aportaron 200 millones en préstamos participativos, sirvió como reclamo indispensable para lo más importante, que era, en última instancia, el respaldo de los bancos. Los acreedores financieros acordaron a mediados de 2010 la renegociación de la deuda de 3.600 millones, que habían sido invertidos en la compra de Auna Cable durante los tiempos de vino y rosas, allá por el año 2005.

Una vez estabilizadas las relaciones con las entidades de crédito y sofocadas las discrepancias entre los accionistas promotores, la operadora de cable ha ido adecuando poco a poco su modelo de negocio a las nuevas tendencias del mercado español de las telecomunicaciones. ONO ha lanzado nuevos servicios de alta velocidad de 50, 100, 200 y 500 megas reales con una clara segmentación comercial tanto en el mercado residencial como corporativo. En los últimos años ha crecido hasta un millón de líneas de móvil y más de 323.000 usuarios de televisión online, poniendo también en marcha la primera red nacional de wifi en nuestro país.

Amparada en una infraestructura propia HFC, que combina la fibra y el cable coaxial, la compañía ofrece una singular dote en su enlace con Vodafone, que se traduce en más de siete millones de hogares conectados a la red de ONO. La empresa que surja de la gran fusión presentará una tarjeta de visita de casi 2,5 millones de clientes de banda ancha y otros 15 millones de telefonía móvil. En definitiva, un challenger de primer nivel y nada despreciable para el gran rival a batir que es Telefónica.

Otras operaciones en ciernes

Salvo mejor opinión en contrario de las autoridades de competencia, y no caerá esa breva, la primera gran fusión sectorial puede ser el banderazo de salida de otros movimientos análogos que se vienen fraguando en la parrilla de salida de la gran carrera de las telecomunicaciones. La heredera del antiguo monopolio ha salido al quite de sus competidores con una cuidadosa preparación artillera que le ha llevado a comprar E-Plus en Alemania al tiempo que sitúa sus alfiles en el tablero de esa partida de ajedrez que se juega desde hace tiempo en Telecom Italia.

Telefónica ha vuelto a reestructurar su organigrama directivo en una típica ‘operación Lampedusa’ orientada a cambiarlo todo para que todo siga igual bajo la égida incontestable de César Alierta. El liderazgo de la operadora por excelencia está por ahora a salvo, pero la competencia será más dura con la nueva entente cordiale de Vodafone con ONO y se complicará aún más si Orange remata la compra de Jazztel, que los observadores más avezados empiezan a descontar para un futuro próximo.

José María Castellano, entre tanto, puede reconfortarse como modelo académico de directivo capaz de crear valor del bueno para el accionista. Es cierto que John C. Hahn, director general de Providenceha sabido desplegar las cartas de ONO en las negociaciones maratonianas de estos pasados días, pero las 10,5 veces ebitda que la operadora británica ha terminado pagando no habrían sido posibles sin la labor callada, silenciosa pero extraordinariamente eficaz, del equipo que ha dirigido la compañía en estos últimos y convulsos tiempos económicos.

Aseguran sus más cercanos colaboradores que el todavía presidente de la operadora de cable ha vuelto a subirse a la bicicleta para practicar su deporte favorito después de recuperar las fuerzas que se había dejado tras dos años de vertiginosa y no siempre bien reconocida actividad. Castellano ha sabido abarcar y apretar al mismo tiempo, demostrando que en cuestiones de negocio sigue en perfecto estado de forma. Si no, que se lo pregunten a Vodafone. O mejor, a los socios de ONO, que además de sacudirse deudas de 3.300 millones se van a repartir otros 3.900 millones de euros en el deal más importante y trascendente del año.

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