LA MEJOR DEFENSA ES UN BUEN ATAQUE

César Alierta se dispone a cruzar el Rubicón de las ‘telecos’ europeas

Telefónica se ha situado en la vanguardia del proceso de consolidación de las telecomunicaciones europeas.Tras E-Plus el siguiente paso es Telecom Italia

Foto: El presidente de Telefónica, César Alierta (dcha.), junto al de La Caixa, Isidro Fainé, en la última junta general de accionistas (Efe)
El presidente de Telefónica, César Alierta (dcha.), junto al de La Caixa, Isidro Fainé, en la última junta general de accionistas (Efe)

Las propuestas de la Agenda Digital avanzadas esta semana por la vicepresidenta comunitaria Neelie Kroes han supuesto algo parecido a un 'quiero y no puedo' sobre la conveniencia de ese mercado común de las telecomunicaciones que Europa necesita más que el comer. La aversión de los Estados miembros a ceder soberanía sigue siendo la nota predominante cada vez que hay que ventilar cambios estructurales en sectores de alto contenido estratégico dentro de la Unión.

Las distintas sensibilidades que se mezclan en el Colegio de Comisarios, y las presiones a las que se ven sometidos los componentes del Gobierno de Bruselas han deparado un reglamento descafeinado que suaviza el coste del célebre roaming de las llamadas móviles entre unos y otros países socios, pero no garantiza su desaparición efectiva con carácter inmediato, tal y como se había anunciado. La idea del regulador único también se ha abandonado, aunque la Comisión Europea ha admitido, al menos, la excesiva fragmentación del mercado como punta de lanza para saludar un proceso de consolidación que deberá imponerse a pesar de los intereses políticos y empresariales.

El sector de las telecomunicaciones evidencia como ningún otro el galimatías anacrónico del Viejo Continente, donde actualmente compiten 339 operadores móviles y 55 redes diferentes. Para comparar la escasa eficiencia de esta oferta baste señalar que Estados Unidos trabaja únicamente con nueve players, en tanto que China reduce a tres el número de jugadores dentro del denominado mercado celular. La comparación es aún más odiosa si se observa que en Europa coexisten hasta un total de 27 marcos regulatorios mientras que Estados Unidos o China trabajan con uno solo.

Las operadoras han venido insistiendo en la urgencia de una mayor flexibilidad que no puede ampararse con medidas orientadas exclusivamente a la liberalización comercial o de frecuencias. Los problemas de fondo no se arreglan con parches ocasionales y de ahí que Europa siga siendo la única región del mundo en la que un crecimiento de tráfico, especialmente de datos, no garantiza la evolución equivalente de los ingresos. No en vano, los estudios de previsión para el periodo que va entre 2008 y 2016 señalan una caída de las ventas para las empresas comunitarias del 10%. Por el contrario, las operadoras de América del Norte aumentarán su facturación un 35% y las de Asia y Pacífico lo harán en un 40%.

La vicepresidenta comunitaria Neelie Kroes (Efe)
La vicepresidenta comunitaria Neelie Kroes (Efe)
El avance tecnológico en una industria intensiva de capital da lugar a una pérdida de competitividad vertiginosa que puede convertir en estatuas de sal a todos aquellos que se duerman en los laureles de un proteccionismo anacrónico a anquilosado. Mirar al pasado es ciertamente peligroso porque el retrovisor únicamente sirve para identificar, que no frenar, a los que vienen pegando fuerte desde los otros lados de los océanos.

La macro operación de Verizon y Vodafone ha sido el último toque de corneta que anuncia un zafarrancho de combate en el sector de las telecomunicaciones. La calma chicha de estos últimos meses es la antesala de una tormenta sin precedentes en la que no existe otra opción que subirse a la ola para encarar con las máximas ambiciones el proceso de integraciones, fusiones y absorciones que se avecinan en Europa.

Telecom Italia o la conquista de Roma

La próxima en pasar por la quilla es Telecom Italia, cuyo futuro tiene en vilo al sector, sobre todo después de que su presidente, Franco Bernabé, haya reconocido que la empresa precisa una nueva inyección de capital de entre 3.000 y 5.000 millones de euros. Bajo dicha amenaza, la compañía celebra este jueves en Roma un consejo de administración que puede resultar decisivo en la configuración de su estructura accionarial.

El desenlace de Telecom Italia depende muy mucho de lo que vaya a decir Telefónica porque no en vano la operadora española es el socio de referencia más destacado de Telco. En este consorcio, creado exclusivamente para manejar los resortes societarios de la operadora transalpina, participan también los propios intereses italianos representados por las grandes entidades financieras del país.

Hace unos meses ATT llamó a la puerta de Telefónica con el puño, esta vez envuelto en guante de seda, del expresidente AznarGenerali, Mediobanca e Intesa Sanpaolo componen junto a Telefónica el núcleo duro que sostiene a Telecom Italia pero se da la circunstancia de que los dos primeros, la aseguradora y el banco de inversión, se han cansado de perder dinero en la aventura y están dispuestos a tirar la toalla como ya hiciera la familia Benetton hace ahora cuatro años. El tiempo pasa demasiado rápido y a Telecom Italia le ha llegado su hora porque precisamente a finales mes, el día 28, vence el pacto de accionistas que permite a los socios de Telco salir pitando del barco si no quieren echar más carbón a la caldera.

La solución afecta directamente a Telefónica, que está llamada a convertirse en garante de su homóloga italiana para evitar que otros inversores, allende los mares, asienten posiciones de privilegio en el corazón de las telecomunicaciones europeas. Al acecho de Telecom Italia han surgido recientemente algunos que otros socios capaces de poner patas arriba todo el mercado continental.

El primero en la lista es el magnate chino Li Ka-Shing, propietario de la operadora Hutchison Whampoa, con sede en Hong Kong y que ya trabaja en el país transalpino con la marca 3Italia. El segundo, menos filántropo que el anterior, es el multimillonario egipcio Naguib Sawiris, principal accionista de Orascom Telecom y buen conocedor igualmente del mercado italiano. Luego, como salsa de cualquier plato que se pretenda cocinar en el sector de las telecos, aparece el ínclito Carlos Slim y su holding mexicano América Móvil. En último lugar pero no menos importante asoma también por el horizonte la sombra de ATT, que hace unos meses llamó a la puerta de Telefónica con el puño, esta vez envuelto en guante de seda, del expresidente Aznar.

Los cuatro, y no sólo la multinacional estadounidense, han tratado de hacer sus pinitos en España, lo que supone un claro aviso a los navegantes de la operadora que preside César Alierta. Telefónica es consciente del momento crítico que vive España, con un Gobierno necesitado de revalidar su política económica en los mercados internacionales. La irrupción de inversores forasteros que acrediten con su dinero la confianza en la recuperación de nuestro país es un factor que ilusiona a los políticos al mismo tiempo que atormenta a los empresarios.

El objetivo para finales de 2013 consiste en reducir la deuda a menos de 47.000 millones, pero dentro de una estrategia que tiene que situar a la empresa en la vanguardia de los grandes movimientos de tierras del sectorDesarrollo corporativo con menor deuda

Para evitar sustos no queda otra que salir a la ofensiva demostrando que la mejor defensa es un buen ataque. Telefónica viene desde hace tiempo reparando en gastos, lo que ha permitido reducir la deuda en 8.000 millones de euros a lo largo del último año hasta un total de 50.000 millones. El objetivo para finales de 2013 consiste en bajar el listón a menos de 47.000 millones pero dentro de una estrategia de desarrollo corporativo que tiene que situar a la empresa en la vanguardia de los grandes movimientos de tierras que se van a producir dentro del sector.

Telefónica ha empezado a mover las fichas del dominó con un cambio de cromos que ha llevado a la venta del negocio móvil en Irlanda y a la compra de la filial alemana de KPN. La adquisición de E-Plus, financiada con una emisión de deuda subordinada sin vencimiento por importe de 1.750 millones de euros, ha supuesto un aldabonazo que ha llamado la atención de los analistas mundiales del sector.

La operadora española ha decidido cruzar el Rubicón de las telecomunicaciones, confirmando un proceso incipiente de meses atrás pero que ahora parece imparable al calor que transmiten las grandes multinacionales transoceánicas y dado el biotipo que actúa como modelo entre la alta especie dirigente de Bruselas. Una cosa es que la Comisión Europea se sitúe de perfil atenazada por las presiones que imponen los Estados miembros en el crepúsculo de la legislatura y otra muy distinta que el Gobierno comunitario renovado tras las elecciones de mayo esté en condiciones de colocar puertas en el campo de un mercado tan abierto y global como las telecomunicaciones.

La reducción de operadores en Irlanda o Austria de la mano de Hutchinson Whampoa, la fusión de Zon y Optimus en Portugal, la anunciada compra de Kabel Deutschland por Vodafone en una operación que se estima cercana a los 8.000 millones de euros, o la más antigua de Orange y Deutsche Telekom uniendo fuerzas en el Reino Unido con el nacimiento de Everything Everywhere marcan el trazo de lo que ha de ser el futuro mapa de las telecomunicaciones. Todo ello sin olvidar la OPA de Slim sobre la holandesa KPN. En suma, un movimiento de tierras generalizado e imponderable, casi un gaje del oficio, donde como reconocen los más avezados analistas, “o te aclimatas o te aclimueres”.

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