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Programa, provincias medianas y 35 días de omnipresencia: Iglesias arranca su campaña

La campaña, diseñada para ir de menos a más, parece arrancar con todo en contra pero se ve también como una oportunidad para desplegar el mantra discursivo de la "remontada"

Foto: El candidato de Podemos, Pablo Iglesias, durante un mitin en la plaza del museo Reina Sofía, donde arrancará la precampaña este sábado. (EFE)
El candidato de Podemos, Pablo Iglesias, durante un mitin en la plaza del museo Reina Sofía, donde arrancará la precampaña este sábado. (EFE)

Pablo Iglesias retomará la actividad pública este sábado en la plaza fetiche de Podemos, tras cumplir íntegramente con su permiso de paternidad para cuidar a sus gemelos, y lo hará como candidato a la presidencia del Gobierno a 35 días del cierre de la campaña electoral. Durante este tiempo su agenda estará desbordada, combinando encuentros con militantes y simpatizantes, grandes mítines, pequeños encuentros sectoriales y visitas a centros de trabajo, debates electorales y una constante presencia en medios de comunicación. "Muchos kilómetros", "mucha escucha", "mucho compromiso" y "mucha propuesta" o, lo que es lo mismo, 'programa, programa, programa', según explican desde su gabinete, que enfocan esta campaña como un punto de inflexión para la gobernabilidad del país. No solo porque los ejecutivos monocolor forman ya parte del pasado y sería inédito un gobierno de coalición progresista en la democracia española y transcendental en el actual contexto europeo, sino porque entienden que todo está por decidir en las próximas cinco semanas.

Las propuestas programáticas -algunas de ellas esbozadas en el fallido acuerdo presupuestario con el PSOE- serán el hilo conductor de una campaña electoral que irá de menos a más, que tratará de poner en valor lo cotidiano y la capacidad de la gente común para intervenir políticamente y cambiar la realidad. Una llamada a constante a la participación. Uno de sus principales objetivos pasa por "reconectar" con su electorado y movilizar a unas bases que en las últimas citas con las urnas ha dado síntomas de agotamiento. Especialmente en las elecciones autonómicas en Andalucía y con un desencanto espoleado por las continuas luchas internas que han tenido su principal y última expresión en la escisión del sector errejonista en Madrid.

Una campaña diseñada para ir de menos a más y que parece arrancar con todo en contra pero que, precisamente por las bajas expectativas y la generalización de un desánimo que ha hecho saltar las alarmas en la sala de máquinas del partido, se ve también como una oportunidad para desplegar el mantra discursivo de la "remontada". "Ahora ya conocemos nuestro suelo", explican uno de los principales responsables del diseño de la campaña, añadiendo que lo que falta por conocer es su techo electoral. Calculan que ganará las elecciones quien logre sumar entre seis y seis millones y medio de votantes. La apuesta pasa por formar un gobierno de coalición progresista y netamente socialdemócrata después de las elecciones generales del 28-A.

El modelo luso de gobierno de progreso se impone frente al griego. Para ello son conscientes en el entorno del secretario general y candidato a la presidencia de que será preciso mantener un grupo parlamentario fuerte. La campaña, por tanto, será conservadora en lo referente a intentar mantener los escaños obtenidos en provincias donde se juegan entre cuatro y cinco escaños.

La apuesta pasa por formar un gobierno de coalición progresista y netamente socialdemócrata después del 28-A

Se cuidarán las circunscripciones pequeñas en las que tanto en 2015 como en la repetición electoral de 2016 Podemos logró romper con el bipartidismo, pero también las medianas para asegurar su representación. Casi una decena de provincias repartidas por toda la geografía del país que tendrán especial relevancia en esta campaña. Entienden que marcan la diferencia. Circunscripciones que, dicen, "hay que cuidar", más allá de aquellas grandes con un perfil más urbano y donde las encuestas les otorgan unos resultados menos catastrofistas.

No son ajenos a la fluctuación a la hora de diseñar la campaña. La inédita concurrencia electoral de cinco grandes formaciones estatales, la extrema volatilidad por un sistema electoral poco preparado para el multipartidismo, y en el que unas décimas porcentuales arriba o abajo pueden trastocarlo todo. Hasta el punto de que un bloque llegue a la mayoría de los 176 escaños pero se quede varios puntos por debajo del 50% de los votos. El peso de Vox, difícilmente calibrado por las encuestas debido a la ausencia de recuerdo de voto, aumenta la incertidumbre.

Las medidas programáticas serán el hilo conductor de una campaña electoral que irá de menos a más, buscando reconectar con su electorado

En este contexto, los responsables de la campaña de Unidas Podemos son conscientes de que, en esta campaña más que en ninguna otra, "los últimos días serán fundamentales". La Semana Santa se cruza de lleno en el ecuador de la campaña, obligando a frenarla y de ahí que se crea que la elección de la fecha no es fortuita. Una estrategia del partido en el Gobierno, dicen, dado que la decisión de la convocatoria electoral es una prerrogativa exclusiva del presidente, para contener el despegue de sus rivales en el último tramo. Un momento de la campaña cada vez más importante al considerarse que el número de electores que deciden su voto en los últimos días se sigue incrementando comicio tras comicio.

Podemos no dejará de hacer campaña durante estas fechas, si bien tratará de afinar mucho a la hora de elegir tanto el lugar como el tipo de acto para evitar caer tanto en el riesgo del desprecio a las tradiciones como en el oportunismo. Un término medio sin que por ello se minimice el despliegue de la campaña ni la exposición mediática. La visibilización y las propuestas para reducir el trabajo precario y estacional, propio de estas fechas, será posiblemente uno de los ejes durante estas fechas.

La campaña tendrá asimismo un "tono impugnatorio" contra el poder, principalmente el económico, haciendo hincapié en las medidas respecto a la banca o las eléctricas, además de un fondo pedagógico para reivindicar el papel de Podemos a la hora de empujar a un hipotético gobierno de coalición progresista hacia "un horizonte de cambio".

Reivindicar así el papel de empuje al gobierno socialista de Pedro Sánchez durante estos meses, y que pese al fracaso de los Presupuestos, logró sacar adelante banderas que trata de enarbolar como propias Podemos debido a su presión, tales como la subida del Salario Mínimo Interprofesional a los 900 euros o el aumento a las 16 semanas de los permisos de paternidad. "El mejor voto útil al PSOE es votar a Podemos", reflexionan desde el comité de campaña poniendo en valor que el verdadero perfil socialdemócrata del PSOE no podrá salir a la luz si no es con el empuje de Podemos. Movilizar, feminizar y polarizar, teniendo en cuenta el alto porcentaje de voto indeciso, son así otros de los principales ejes de una campaña en la que el candidato, Pablo Iglesias, se juega su futuro en política al todo o nada.

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